Harry potter y sus personajes son propiedad de JK Rowling
The wise man said just walk this way
to the dawn of the light
the wind will blow into your face
as the years pass you by
hear this voice from deep inside
it's the call of your heart
close your eyes and your will find
the passage out of the dark
here i am
will you send me an angel
here i am
in the land of the morning
Scorpions / Send Me An Angel
Draco
Nadir, Colin y Dennis estaban en la casa del primero jugando videojuegos cuando el teléfono sonó. Nadir se puso de pie y fue a contestar, quedó muy sorprendido al oír la voz de su madre y su rostro perdió el color cuando escuchó mencionar a un mago, en aquel momento los magos eran peligrosos.
—Nadir ¿qué pasa? —preguntó Colin cuando el rubio subió corriendo a su habitación, cogió una chaqueta y se cambió los zapatos por unos tenis.
—Es mi mamá, cree que un mago fue llevado a su hospital.
—¿Crees que pueda ser alguna clase de trampa o ataque? – preguntó preocupado Dennis.
—No lo sé, pero no me quedare a esperar.
—Iremos contigo —dijo Colin.
—Bien, hay que apresurarse —respondió Nadir cogiendo una mochila y poniendo dentro el traslador que Serena le había dado en caso de una emergencia.
El grupo bajó a al primer piso y Nadir llamó a Ewon, el búho ártico voló sobre ellos antes de posarse sobre el brazo de su maestro Colin colocó su mano sobre el hombro de su amigo al igual que Dennis y los tres chicos desaparecieron. En el Ministerio de Magia hubo un pequeño pico de magia cerca de una residencia muggle pero fue tan minúsculo que nadie le prestó atención.
Juliane Blake miró una vez más por la ventana nerviosa, Nadir le había dicho que iría enseguida y ella no quería meter en problemas a su hijo sobre todo cuando la amable directora de la academia Avalon les había prevenido sobre la guerra que se llevaba a cabo en el mundo mágico, pero aquello tampoco podía dejarlo pasar. Sus ojos volvieron al joven que yacía en aquella cama de hospital con una intravenosa, conectado a un monitor que marcaba sus latidos, las vendas en la cabeza del chico cubrían la mitad de su cabello negro y a juzgar por su rostro aniñado ella estaba segura de que aquel adolescente apenas y llegaba a los quince años y todo sería normal si no fuera por lo que se ocultaba bajo las sabanas.
—Lo que dices es imposible Sherny.
—Eso mismo pensaba yo esta mañana pero después de ver a este paciente estoy empezando a creer que las locuras sobre conspiración gubernamental y experimentación de las que mi sobrino habla tanto son reales, por que esto es un caso único y si eso no es producto de un experimento o un error ya no sé qué sea Mayers —dijo el doctor que había recibido al paciente de la habitación 38 esa fría noche de lluvia.
—Bueno, entonces vamos a ver a tu paciente milagroso —respondió el otro médico con sonora.
La puerta se abrió haciendo que Juliane girase rápidamente a ver a ambos médicos ingresar, los doctores eran amigos y Juliane los conoció cuando ingresó a trabajar en aquel hospital, el doctor Mayers era un hombre de unos 46 años, especialista en oncología, por otro lado el doctor Sherny tenía 35 era médico general y el médico de emergencias que había estado de guardia cuando el chico llegó.
—Velo por ti mismo —dijo el más joven retirando las sabanas que cubrían el cuerpo del paciente, ella contuvo la respiración.
—¡Esto es imposible! —exclamó el de más edad viendo el abultado vientre del joven.
—Te lo dije, este muchacho está gestando un bebe ¡y es un chico!, ya hice todas las pruebas y todo indica que es real; este sujeto está… embarazado —dijo Sherny pasándose la mano por el cabello
—¿Julie, esto no es una broma? —preguntó el doctor Mayers sin apartar la vista del paciente.
—No doctor, no es ninguna broma y no hay error —corroboró la enfermera que disimuladamente volvió su vista a la ventana.
Fuera del hospital aún llovía a cantaros y las pocas personas que había en la calle llevaban grandes paraguas pero en el mar de colores oscuros y opacos se vio a tres adolescentes, caminaban bajo la lluvia sin molestarse como si el agua y el frío no los afectara.
—Quiero hacer una ecografía y nuevos análisis de sangre, debemos revisar este caso —dijo el doctor Mayers, los ojos del hombre brillaban de manera extraña. Juliane dio un paso atrás, de repente sentía que el doctor Mayers se había vuelto peligroso.
—Ya hablé con el director, vamos a mantener a este paciente en el anonimato, además no parece haber nadie preguntando por él y entre sus cosas no traía ni una identificación y debido a su… estado tan especial vamos a mantenerlo lo más aislado posible, sólo Juliane y Emma serán las enfermeras que nos asistan y aparte de ti y el director nadie más debe saberlo —explicó Sherny emocionado.
—¿Pero si alguien llegara buscándolo? —preguntó Julie casualmente.
—Simplemente jamás fue registrado —respondió el doctor Mayers.
Ella asintió y salió de la habitación con calma cerrando la puerta tras ella para después apresurarse a llegar hasta la sala de descanso, su turno había terminado hace unas horas pero no había podido irse, no quería dejar a ese muchacho solo allí.
—Mamá ¿qué pasó? —preguntó repentinamente una voz a su espalda, la mujer pegó un salto y se sujetó el pecho.
—¡Nadir! ¿¡Es que acaso quieres matarme del susto!?
—Lo siento, es sólo que no pude resistirme —respondió el chico, la enfermera parpadeó confundida, no podía ver nada e incluso estiró su mano y dio un par de manotazos en el aire.
—¿Cómo es que…?
—Usé un hechizo desilusionador para evitar que me vean, pero eso no es lo importante ¿qué ocurre mamá? —preguntó preocupado sujetando la mano de su madre.
—Nadir, tengo que preguntarte algo pero quiero que me respondas con sinceridad —respondió apretando la mano invisible del adolescente.
—Claro, pregunta.
—Nadir ¿tú sabes si... bueno, si en la comunidad mágica, los chicos…? —Nadir parpadeó, su madre estaba balbuceando y no comprendía nada— Nadir ¿en el mundo mágico existen los embarazos masculinos? —soltó finalmente, Nadir abrió los ojos sorprendido, esa era un pregunta que no se había planteado, jamás se había preguntado si eso era posible.
—La verdad... es que yo realmente no lo sé —respondió algo aturdido tratando imaginarse a un mago embarazado.
—Sí existen —susurró Dennis haciendo que la enfermera diera otro pequeño salto al oír otra voz venida de aparentemente ningún lado.
—Chicos, podría por favor quitar esos hechizos, me estoy empezando a poner nerviosa.
—Finite incantatem —recitó Colin y los tres volvieron a ser visibles—. Señora Blake, buen día —saludó el chico sonriendo nervioso.
—Hola Colin, Dennis. Ahora ¿me pueden explicar eso de los embarazos masculinos por favor? —pidió y ella, Colin y Nadir miraron al más joven, Dennis se quiso hacer chiquito y desaparecer pero suspirando se armó de valor.
—Haydent me lo explicó hace algún tiempo, me dijo que en las familia sangre pura hay algunos varones capaces de concebir un bebé, por eso en la comunidad mágica no hacen tanto drama cuando ven a una pareja compuesta dos hombres o mujeres, incluso dijo que San Mungo estaba desarrollando un tratamiento para lograr copiar esta especial condición en los hijos de muggles y mestizos.
—¿Y porque te contó sobre eso? —preguntó Colin.
—Bueno... él y yo…
—Okey no quiero oírlo, no ahora —dijo el mayor de los hermanos Creevey.
—Mamá ¿porqué me preguntas sobre eso? —cuestionó ahora Nadir.
—Anoche unos paramédicos trajeron a un paciente, tenía varios cortes y una sangrante herida en la cabeza pero eso no era todo, cuando Emma y yo le quitamos la ropa fue completamente evidente, era un chico y esta embarazado, además entre sus cosas halle esto —abrió un cajón y sacó la varita, Nadir la cogió y sintió el núcleo mágico latir dentro de la madera.
—Es real, es una varita real.
—Pero si es real eso significa que ese paciente es un mago, Nadir no podemos dejarlo aquí o los muggles lo verán como bicho raro y no sabemos que podrían hacerle si no lo entienden —dijo el Dennis.
—Hablas como si los médicos fueran insensibles y...
—Hijo, en eso Dennis tiene razón, el doctor Sherny ya ha ordenado otra serie de exámenes y el doctor Mayers ha ordenado que se mantenga aislado al paciente, si lo dejamos aquí más tiempo quién saben que le harán.
—Chicos no podemos confiar en este mango ¿qué tal si es enemigo? —protestó Colin.
—Bueno, sobre embarazos masculinos no sé pero hace tiempo lady Black dijo que cuando las brujas quedan embarazadas no pueden usar la magia con normalidad así que suponiendo que ese también sea el caso para los embarazos masculinos lo máximo que podría hacernos este sujeto es lanzarnos unos desmaius —Nadir razonó.
Juliane parpadeó confundida, cuando su hijo mayor hablaba de magia era como si le hablara en griego ya que no comprendía nada de nada.
—Bueno ¿entonces como lo sacamos? Porque él aún no despierta —les informó la mujer.
—Podemos usar el traslador, nos llevara hasta la casa y después ya veremos —dijo Nadir.
—No es un plan muy elaborado Nadir ¿qué haremos nosotros con un mago embarazado?
—Sí, ya lo sé pero creo que una vez en la casa de seguridad podría llamar a Cassy, ella podría ayudarnos después y si no sólo habrá que llevarlo a San Mungo y ellos se harán cargo, porque ahora lo importante es sacarlo de aquí pero ya.
—También deberíamos llevarnos sus cosas, ya sabes, tal vez allí tenga algo una insignia o alguna identificación mágica, por lo general los sangre pura tienden a llevar el escudo de sus familias en sus prendas o joyas —opinó Dennis.
—Ahora que lo mencionas este chico traía un medallón pero creo que estaba roto.
—Mamá, trae las cosas de este mago, Dennis acompáñala; Colin, tú y yo iremos a la habitación y esperaremos allí —Nadir dio las instrucciones.
Juliane salió de la sala de descanso algo aturdida, se cruzó con otra de sus compañeras e intercambiaron un par de palabras antes que siguiera su camino hacia el sótano, donde guardaban las cosas de los pacientes que ingresaban sin identificación.
Draco sentía algo helado sobre su estómago, se estremeció al sentir otro objeto extraño contra su piel. Sus sentidos poco a poco despertaban y lo primero que oyó fue un ruido largo que fue volviéndose más claro hasta que lo reconoció, se trataba de un pitido constante. También sentía los brazos entumecidos y la cabeza le dolía, quiso recordar que pasó pero su mente estaba algo perdida, hizo un esfuerzo para abrir los ojos, los parpados le pesaban pero aún así lo logró.
—Sí, está comprobado —dijo una voz desconocida presionando más aquella cosa extraña y fría sobre su vientre.
—A juzgar por el tamaño diría que tiene seis meses —comentó otra voz.
Draco parpadeo e intentó moverse, aquello logró hacer que los sujetos que hablaban se callaran y lo vieran asombrados, el chico los miró extrañado ya que no tenían las típicas túnicas verde lima de San Mungo ¿entonces quiénes eran?
—Hola muchacho, debes estar desconcertado pero no te preocupes, estás a salvo —saludó el hombre más joven.
—¿Do-dónde estoy? —logró decir Draco aunque su garganta estaba tan reseca que le costaba hablar.
—Estás en el hospital ¿recuerdas algo de lo que te paso antes de llegar aquí? —cuestionó el hombre.
Draco cerró los ojos, claro que lo recordaba; Voldemort, Potter, él huyendo, la magia golpeándolo y finalmente él desapareciendo y dejando atrás a Chris. Pero entonces notó algo nuevo, alzó una mano y la puso en su vientre, sus ojos se abrieron asombrados, eso era imposible, debía ser un jugarreta o su imaginación pues hacía sólo un día él no tenía una panza tan grande ¿cómo es que él bebé había crecido tanto en una sola noche?
—Tranquilo, aún estamos analizando tu caso —dijo mayor esperanzado en tranquilizar al joven pero fue todo lo contrario pues Draco se puso tenso y repentinamente la imagen de la ecografía desapareció.
—Debo irme, tengo que irme —el chico dio un jalón a la intravenosa arrancándola y después se quitó los cables a los que lo habían conectado.
—¡Tranquilo! ¡Chico no hagas nada estúpido! —exclamó Mayers.
—¡Rápido hay que sedarlo!
Draco intento zafarse del agarre del médico pero su cuerpo aún estaba débil y no pudo luchar, entonces sintió un pinchazo en su brazo y todo se puso raro de repente, sus ojos se cerraron quedando inconsciente a los pocos segundos.
Los médicos nuevamente colocaron la intravenosa y los monitores pero ahora también le ataron las manos, no querían que el chico escapara si despertaba nuevamente.
—Vamos, he tomado otra muestra de sangre, vamos a analizarla y después lo trasladaremos de habitación —dijo Mayers.
Cuando finalmente salieron de allí, Nadir junto a Colin, Juliane y Dennis pudieron entrar, los chicos vieron a mago atado a la cama pero por mucho que quisieran hacer ahora sólo podían sacarlo de allí.
—Hay que apurarse —dijo el rubio.
—Creo que deberían sacarle eso —sugirió Colin señalando la intravenosa.
—Pero son medicinas y...
—Los magos se recuperan rápidamente gracias a la magia, nuestro núcleo mágico cura las heridas y acelera el proceso de recuperación así que las medicinas muggles no son efectivas en nosotros —explicó Dennis sonriendo.
—Está bien pero hay que apresurarnos —Juliane le retiró la intravenosa y lo cubrió mejor con la sábana— cuando desconecte el monitor las alarmas saltaran y sólo tendremos unos segundos así que prepárense.
Nadir asintió y de su mochila sacó un viejo guante de cuero, todos los sujetaron y Nadir pasó un brazo alrededor de los hombros del inconsciente mago.
—Ahora —ordenó, Juliane asintió y retiró los cables que conectaban al chico con el monitor, al instante las alarmas se dispararon— portus —Nadir pronunció alto y claro, el guante brillo y todos desaparecieron en un remolino de colores.
La puerta de la habitación se abrió en ese momento, las enfermeras ingresaron pero no había nada más que el monitor y la cama revuelta, revisaron todo pero no encontraron nada.
Nadir y los demás cayeron de rodillas en una casa desconocida, por suerte la alfombra amortiguó un poco el golpe. El hechicero de hielo aún tenía al mago inconsciente fuertemente sujeto, lo miró más detenidamente ahora que estaba un poco más calmado y se le hizo extrañamente familiar pero no sabía de donde, trato de ubicar a alguien con el cabello negro y el rostro en forma de corazón pero nada le venía a la mente.
—¿Dónde estamos? —preguntó Juliane mirando la elegante decoración.
—En las afueras de Plymouth, este fin de curso Serena entrego a cada uno de los chicos que viven en gran Bretaña un traslador pues con la actual guerra entre los mortífagos y el Ministerio no se podía estar seguro así que ella habilitó varias casas aquí, todas protegidas por hechizos antiaparición y rastreo, aparte de que se levantaron poderosas protecciones y en caso de que alguna familia sea atacada el traslador nos traería aquí y estaríamos a salvo —explicó.
—Pero Nadir, tu padre y Nadia ¿cómo vamos a ir por ellos?, además la familia de Colin y Dennis.
—Tranquila mamá, llamaremos a casa y le diremos lo que paso a papá.
—Por nosotros no se preocupe señora Blake, llamaré a mi madre para pedirle permiso de quedarme unos días —sonrió despreocupado Colin.
—Bien, entonces creo que ahora debemos llevar a este jovencito a una recamara —ordenó Juliane como buena enfermera.
Nadir usó un hechizo e hizo levitar al mago inconsciente hasta una de las habitaciones del primer piso, Juliane lo revisó y después de comprobar que aparentemente estaba estable dejaron al mago bajo la vigilancia de Raisa, el lobezno se sentó en la puerta con la mirada fija en el mago que dormía sobre la cama.
Después de dejar un mensaje en la contestadora de la casa de los Blake los tres chicos se reunieron en la sala para revisar las cosas del mago que Juliane recuperó mientras la mujer les preparaba algo de almorzar. Dennis tenía tendido sobre el suelo la ropa que a pesar de estar maltratada se notaba que era de buena calidad.
—Bien eso comprueba que nuestro niño embarazado es un sangre pura —concluyó el menor de los Creevey.
—Y no hay nada más aparte de esta varita.
—No es posible —soltó Nadir interrumpiendo a Colin.
—¿Qué? ¿Qué no es posible? —preguntaron los hermanos, Nadir alzó su mano y les mostro el medallón roto.
—Eso se parece al que Harry lleva.
—No solo eso mira —Colin se acercó y pudo ver claramente la letra D aunque el resto de lo escrito estaba perdido.
Draco abrió los ojos una vez más pero todo a su alrededor había cambiado otra vez, ya no habían paredes blancas y sentía las sábanas cubriéndolo por completo, tampoco estaba esa cosa que hacía ruido pero la cabeza aún le dolía y se sentía cansado.
—¡Está despierto! —exclamó una voz conocida para Draco, tres chicos lo miraban con recelo pero aquellas caras... como olvidarlas pues dos pertenecían al dúo que seguía Harry a todos lados.
—¿Draco Malfoy? ¿Tú eres Draco Malfoy? —preguntó Nadir, Draco lo miró unos minutos analizándolo. Primero pensó en que podría ser una trampa, tal vez los mortífagos lo habían vuelto a capturar, pero por otro lado si estos realmente eran los mocoso que seguían a Harry tal vez al fin estaba a salvo, más la duda era persistente ¿como confiar en ellos?
—Creo que no te entiende, Nadir —dijo Dennis.
—No sé, parece estar muy confundido —opinó Colin.
—¿Que sugieren entonces? —preguntó Dennis.
—Llamar a Cassy, ella nos dirá si su primo está perdido o no —decidió Nadir, Draco finalmente se decidió, iba a confiar una última vez.
—Yo soy Draco —habló con algo de esfuerzo pues su garganta estaba reseca y sentía la boca pastosa.
—Nadir ¿le crees? —preguntó Colin desconfiado.
—Si no es él siempre podemos eliminarlo —respondió el rubio.
—Espera Nadir, durante la última prueba Harry, su hermano y Draco Malfoy desaparecieron —recordó Colin.
—Sí lo sé pero después Cassy me dijo que ellos habían reaparecido, aunque no he hablado con ella en semanas, además hay algo familiar en él.
—¿Y si es un impostor que sólo quiere llegar a Harry ?
—Vamos Colin, si fuese una trampa Harry es fuerte y nosotros podremos manejarlo —respondió el rubio, Draco rodó los ojos, aquellos mocosos estaban hablando como si él fuese sólo un artículo de la habitación mas.
—Vale, entonces creo que hay que llamar a Harry.
Nadir llamo a Ewon y una vez más el ave se posó sobre el brazo del chico y sus grandes ojos celestes se unieron a los de su dueño.
—He hallado a Malfoy —susurró y los ojos del ave brillaron—. Ewon, busca a Harry y entrégale el mensaje —ordenó antes de dejar al búho ártico salir por la venta.
Harry al fin halló una pista sobre el paradero de Draco. Amon, Vald y Elizabeth lo acompañaron hasta un pequeño hospital en el centro de Londres pero cuando llegaron ya no había nadie sólo un rastro de magia imposible de seguir y cuatro aromas se mezclaban con el desinfectante y los medicamentos.
—¡Maldición llegamos tarde! —exclamó el pelinegro golpeando la pared.
—Tranquilo Harry, lo vamos a hallar.
—Quisiera tener la certeza de que así será pero la conexión que tenía con Draco está tan débil que ya ni siquiera puedo sentirlo —dijo frustrado.
—Hijo, tal vez Zea pueda rastrearlo usando esas sabanas —dijo Elisabeth ingresando a la habitación donde el olor del mago desaparecía.
—Mamá, Zea sólo...
Un golpe en la ventana hizo callar a los nosferatu, Amon se acercó y la abrió un poco, la lluvia aun caía en Londres y el frio se coló en la habitación pero a ellos no les importó. Cuando un búho de plumaje blanco con garras azules ingresó en la habitación voló directo hacia Harry.
—¿Ewon? —preguntó el pelinegro, el ave agitó las alas y Harry extendió el brazo permitiéndole posarse, de repente los ojos del búho brillaron de un azul más claro.
—He hallado a Malfoy —dijo, Harry parpadeo confundido al igual que los demás.
—Ese pájaro... ¿acaba de hablar? —preguntó Elizabeth.
—Sí... —respondió Amon.
—Ewon llévame con él —pidió Harry sin pensar.
—Harry espera… —frente a ellos el más joven se desvaneció envuelto en un montón de copos de nieve— Hay que encontrar a ese niño —dijo Amon, los otros dos asintieron y el trío desapareció. Fuera los médicos y enfermeras siguieron con su rutina mientras que en la oficina del laboratorio un sonriente adolescente albino terminaba de borrar toda la información que los muggles habían conseguido del joven mago.
—El señor Draculea debería de dejar de llamarme sólo cuando necesita hacer limpieza y control de daños —refunfuñó el chico antes de lanzar los documentos que tenía en la mano a un cesto donde ya ardían otros papeles.
—Señor Milos, hemos terminado —le informó una mujer de unos treinta años vestida elegantemente.
—Bien Voica, pueden marcharse —dijo el adolecente, la mujer hizo una reverencia y dio dos paso hacia atrás antes de dar media vuelta y salir de la oficina, junto a ella otros dos sujetos se marcharon. Milos revisó una vez más el laboratorio asegurándose de que no quedara rastro de nada, todas las muestras de sangre y otras cosas habían sido eliminadas, no quedaba nada más que hacer así que el chico salió tranquilo pero una vez en el pasillo se topó con dos médicos que iban discutiendo.
—Te digo que eso es imposible Mayers —decía uno.
—Creo que tienes razón Sherny —respondió el otro.
Milos sonrió. Oh, los humanos, ellos eran felices en su pequeño y controlado mundo donde no necesitaban saber más de lo necesario y eso hacía su vida feliz pues como guardián del conde Drácula su deber era mantener a su señor y sus secretos a salvo, aunque en los últimos cien años más que un guardián y miembro de la realeza parecía el conserje, pero bueno, esos eran detalles, después de todo Draculea era su creador. Desenvolvió una piruleta creada por él a base de sangre y se lo metió en la boca, se acomodó mejor la gorra y salió del hospital.
Draco se despertó una vez más, sobresaltado en esta ocasión pero las cosas seguían igual, aún estaba en aquella habitación en compañía de ese lobo que desde la alfombra lo observaba intrigado. No pudo evitar llevar sus manos hacia su ahora abultado vientre, tenía muchas dudas sobre aquel bebé como porqué se había desarrollado tan rápido en pocas horas, si sería porque era mitad vampiro y si para cuando volviera despertar él bebé estaba a punto de nacer, qué pasaría si Harry no volvía, si por haber usado magia imprudentemente había acortado su vida, y si… eran preguntas e hipótesis que repentinamente lo habían convertido en un manojo de nervios y las terribles ganas de llorar no estaban ayudando a su estado de ánimo, se sentía abandonado, solo, sin nadie salvo unos mocos que no servían para nada. No estaba Harry, su padre estaba muerto y probablemente el estúpido hermano de Harry también, todos lo habían dejado solo, abandonado con un bebé por nacer.
Sus ojos se llenaron de lágrimas ¿acaso no había nadie que lo quisiera o que lo ayudara? El bebé creciendo dentro suyo necesitaba a Harry y él también lo necesitaba, no podía atravesar ese proceso solo, quería compañía y sentirse a salvo otra vez. Una patadita del bebé dentro de él logró que se terminara de quebrar y las lágrimas fluyeran descontroladas.
—Harry estúpido ¿dónde estás? —sollozó aferrando la colcha.
—¿Dónde está? —aquella voz lo hizo estremecer, parecía que no la había escuchado en siglos.
—Harry, si esperaras.
—¡Draco! —el grito se oyó claro en toda la casa.
—Harry... —susurró y sus ojos se dirigieron hacia la puerta que se abrió repentinamente.
El nosferatu entro y parpadeó sorprendido, en la única cama de la habitación estaba un chiquillo de rostro aniñado con el cabello negro y los ojos de un raro color marrón verdoso pero a pesar de su apariencia el dulce aroma a tormenta era inconfundible para él y en un segundo estuvo junto al mago, Nadir quería hablar pero quedó en silencio al ver como Harry besó al mago, el nosferatu sintió como su magia respondía a la presencia de su compañero, su pareja, sólo quería proteger a Draco y nunca soltarlo. En ese momento las alas de Harry se manifestaron envolviendo a su pareja protectoramente, Draco quedó sorprendido cuando aquellas grandes alas lo cubrieron pero antes de poder preguntar Harry notó algo diferente, aquello que Chris, su madre y los demás no le habían querido decir, parpadeó confuso al notar el abultado vientre del chico.
—¿Cómo es posible? —preguntó incrédulo.
—¿Es necesario explicarlo? —desvió la mirada.
—Pero solo han pasado unas semanas y…
—Es una larga historia...
Harry sujeto la mano de su compañero y Draco comenzó a contarle lo que había pasado desde que se separaron en la mansión Black, al principio Harry estuvo tranquilo pero a medida que Draco le relataba lo ocurrido con los mortífagos y Voldemort los ojos del nosfertu se volvieron rojos y sus colmillos aparecieron. Para cuando le contó la manera en que Chris lo había sacado de allí Harry se clavó las garras tan profundo que por sus puños cerrados bajaban delgados hilos de sangre.
Fuera de la habitación Nadir, Colin, Dennis y Juliane permanecían en silencio oyendo todo; Draco se calló al ver las manos ensangrentadas de Harry.
—Debí estar allí —la amargura y arrepentimiento pintaban la voz del joven.
—Ahora estas aquí con nosotros —susurró Draco colocando una mano de Harry sobre su vientre, los ojos verdes volvieron a aparecer, el pelinegro sonrió dulcemente y con su otra mano tocó la mejilla de Draco, el hechizo glamur que lo había cambiado desapareció devolviéndole al mago su apariencia real.
—Bien nos vamos —decidió, alzó al rubio en brazos y se dirigió hacia la puerta.
—¿Harry a dónde piensas ir? —preguntó Nadir cuando el pelinegro salió de la habitación con Draco en brazos.
—Me llevo a Draco y a mi hijo al único lugar seguro para nosotros ahora —respondió entonces su mirada se suavizó un poco y viendo a Juliane y a los jóvenes magos sonrió—. Gracias por todo —dijo antes de cubrir a su pareja con sus alas y desaparecer envuelto en sombras.
Las puertas del castillo negro se abrieron, dentro lo esperaban Dante y Serafina que se inclinaron cuando el pelinegro ingresó llevando a Draco aún cubierto por sus alas.
—No esperábamos tenerlo tan pronto de regreso —dijo Dante.
—Las cosas cambiaron así que estaremos aquí un tiempo —respondió el pelinegro.
—Nueva vida se gesta —susurró Serafina mirando a Draco.
—Tomaré una recamara para mí y mi pareja pero pronto el castillo recibirá a otros ocupantes así que me gustaría que pudieran preparar algunos cuartos.
—No hay problema joven rey.
—Y Dante ¿no hay alguna manera de permitir que una persona sin sangre de los reyes pueda pasar? —preguntó Harry.
—Si lo dice por los humanos me temo que no.
—Me refiero a las hechiceras de Avalon – aclaro Harry
—Aun las jóvenes hechiceras son Humanas, señor solo una hechicera que haya ascendido podría dejarse de considerar una humana – respondió Serafina
—Creo que ella no entra en la categoría de humana entonces, de hecho me refería a Hotaru ella es un oráculo y una hechicera perteneciente a los pilares de Avalon — aclaro Harry
—La aprendiz de la señora Morgana, creo que su magia la podría proteger de la toxicidad del castillo. — Dijo Dante
—¿A qué te refieres? —cuestiono Harry colocando a Draco en un sillón, Serafina rápidamente se acercó y le ofreció algo de comida que el rubio rechazo, en aquel momento solo quería respirar tranquilo y relajarse.
—Verá el castillo produce una toxina que solo los nosfertus y la nobleza resisten, la señora Morgana lo creó de esa manera para que nadie ajeno pudiera ingresar.
—¿Esto no afectara a Draco y al bebé de alguna manera? —aquello lo preocupó.
—Para nada al contrario, el castillo protegerá al niño y fortalecerá a su pareja para que los riesgos de su embarazo sean mínimos —respondió ella dándole una vez más tranquilidad al pelinegro.
—Aun así ¿podría venir entonces Hotaru?
—Sí, pero creo que sólo sería conveniente que este una hora, más tiempo podría afectarla.
—Entendido —Harry agitó su varita y una esfera de luz salió del castillo.
Serafina entonces sugirió que para mayor comodidad se quedaran en una de las habitaciones del primer piso mientras Dante andaba preparando todo para sus futuros huéspedes.
La habitación que le dieron a Harry era amplia con una inmensa cama de cobertores azules y mobiliario tallado, dos grandes ventanales dejaban entrar la luz del medio día iluminando la habitación.
—Oye, no soy un enfermo terminal —protestó Draco cuando Harry no le permitió levantarse de la cama para estirar las piernas.
—Pero Draco no sabemos nada sobre tu estado aun y…
—Tranquilo dragón, Harry sólo actúa como todo padre primerizo además… woooh, no sabía que estabas en un estado tan avanzado —dijo una recién llegada pelirroja de ojos verdes.
—¡Molly! ¿Cómo es que tú estás aquí?, el castillo...
—Tranquilo Harry, el castillo no atacara a Molly porque ella es la guardiana de los libros negros, en otras palabras ella es casi parte del castillo —respondió tímidamente Hotaru.
—Señorita Hotaru —dijo el pelinegro acercándose para darle un abraso a la joven oráculo.
—Recibí tu mensaje por eso le pedí a Molly que me acompañara, pero primero que nada felicidades a ambos.
—Gracias —dijeron Harry y Draco a la vez, el rubio se sentía extraño pues era la primera vez que lo felicitaban desde que supo que iba a tener un hijo sentía una calidez rara en el pecho, un confort único y con una gran sonrisa sujeto la mano de Harry el pelinegro le devolvió la sonrisa dándole esa sensación de seguridad que tanto había buscado.
Hotaru sonrió enternecida al ver al nosferatun con esa mirada tan devota hacia el pequeño dragón como le decía Molly. tal vez ambos chicos eran muy jóvenes y tendrían muchas cosas que afrontar, pero estaba segura que ellos superarían cualquier cosa y serian magníficos padres.
—Bueno, bueno Hotaru haz tu magia —dijo la pelirroja empujando a la chica cerca de la cama.
Harry y Molly retrocedieron mientras la pelinegra examinaba a Draco, las manos de la chica estaban encendidas con una cálida luz blanca que cuando colocó sobre el vientre del rubio cambió a diferentes colores haciendo que Molly sonriera Hotaru entonces toco la frente del rubio con una palma, Draco sentía todo el cuerpo entumecido y aletargado, los parpados empezaron a pesarle y pestañeó un par de veces antes de caer en un sueño profundo.
—Déjalo dormir hasta mañana Harry, los últimos días han sido demasiado estresantes para él y para su cuerpo —recomendó la pelinegra.
—Pero tiene que comer, ahora más que nunca.
—Draco está sobrecargado de magia, de alguna manera se expuso a un estallido de magia pura tan grande que el bebé absorbió por completo desarrollándose al triple de la velocidad normal para un híbrido, el cuerpo de Draco lo ha resistido sólo porque la magia absorbida por su hijo ha fortalecido su cuerpo haciendo que sea capaz de soportar el drástico cambio —explicó Hotaru acariciando los cabellos rubios del chico.
—¿Qué quiere decir? —preguntó Harry preocupado.
—Tu hijo nacerá más pronto de lo que imaginas —Molly explicó sonriente.
—¿Cuándo?
—Calculo que un mes y medio a partir de ahora —respondió la oráculo dejando a Harry en shock.
En momentos como aquel definitivamente necesitaba el apoyo de Aurel o Chris pero no había nadie, estaba solo y tenía que reponerse rápido por Draco y por su bebe no nato.
En el antiguo Egipto
Aurel escuchaba en silencio oculto en las sombras a los sacerdotes del consejo, aquellos hombres hablaban de Amon.
—El faraón es débil. Es solo un niño que se ha dejado influenciar por la reina.
—El faraón es el hijo de Ra y lo que sugieren es una blasfemia —dio otro hombre.
—Seamos realistas, ése es sólo un niño que ahora se interpone entre nuestros planes, el imperio debe ser guiado por una mano firme no por un mocoso enfermizo —refutó el primero.
—Pero si el faraón desaparece quién tomara su lugar, él aún no ha sido capaz de darnos un heredero —habló un tercero más calmado.
—Y no nos dará nada pues es infértil, como el desierto.
—Cuida tus palabras Haji, pues si Tarik te escucha tu garganta será cortada y tu alma maldecida.
—Tarik es la única defensa de ese mocoso pues ha ascendido tan pronto al trono que el pueblo aún duda de su capacidad para gobernar —volvió a hablar el segundo.
Aurel estaba sorprendido pero repentinamente una pálida mano le cubrió la boca y lo arrastró hacia la pared tras él, el guardián sintió su cuerpo hundirse en la pared y atravesarla sin ninguna clase de impedimento, salió en otra sala pero antes de poder decir o hacer algo fue lanzado contra la pared, con una sorprendente fuerza sus muñecas quedaron aprisionadas por dos delgadas manos pálidas.
—¿Quién eres? —preguntó una voz dulce.
Aurel parpadeó sorprendido sobre todo al ver a la persona frente a él, era completamente lo opuesto a cualquier mujer egipcia, aquella delicada chica era pálida, de estatura baja y con un completamente fuera de lugar cabello rubio que se iba haciendo más oscuro hacia las puntas volviéndose castaño, sus ojos eran bicolor, uno de un extraño color cian y el otro era ámbar, su rostro tenía una forma de corazón dándole un aspecto aniñado pero la fiera forma en que aquellos ojos lo veían provocó un escalofrió al chico, ella aspiró y entonces su postura de ataque se relajó completamente.
—¡No puedo creerlo, eres un guardián alfa de una de las seis casas! —exclamó dando un paso atrás.
—¿Las seis casas? —preguntó Aurel confundido.
—Claro, puede que aún no estén todos despiertos, pero eso no es importante dime ¿cómo llegaste aquí?
—¿Quién eres?
—¿No me conoces? —la chica lo miro confundida y su sonrisa se volvió un poco nostálgica— Supongo que ellos tampoco, pero tú eres prueba de que las seis casas se alzarán una vez mas.
—¿Qué son las seis casas, quien eres tú? —preguntó Aurel nuevamente.
—No te puedo decir mucho, aún no es tiempo pero dime ¿cómo te llamas y cómo se llama el nosferatu que te convirtió?
El vampiro no sabía cómo contestar, hubo un largo silencio mientras el decidía que responder sin alterar el futuro, la joven noto la confusión y sonrió.
—Eres leal, un buen guardián y seguramente tu creador te necesita —dijo ella sonriendo—. Puedo enviarte de vuelta pero antes cuéntame un poco de ellos, no te preocupes yo más que nadie daría su vida por proteger a las seis casas —Aurel no sabía el motivo pero sentía que podía confiar en ella, a su lado se sentía en calma, relajado, era la misma sensación que tenía cuando estaba con Harry, sentía que podía confiarle su vida a ella.
—Mi nombre Aurel Ivanov y fui transformado por Harry Black…
Durante unas largas horas el joven guardián le contó sobre su creador y los otros tres nosferatus, le habló de Avalon, de cómo conoció a Harry y su amistad. Ella tenía los ojos cerrados imaginado cada una de las cosas que el guardián le relataba, suspirando en varias ocasiones. Aurel se detuvo en el momento en el que una puerta se abrió y Tarik ingresó llevando una antorcha encendida, su expresión era de confusión al ver a Aurel y a la chica.
—¿Cómo es que saliste? La puerta estaba cerrada —dijo el guerrero sujetando su espada.
—Duerme Tarik —respondió la joven y en un parpadeo estuvo frente al guerrero, sopló un polvo a su cara y el cayó inconscientes desplomándose hacia delante pero la chica lo sostuvo sin ningún esfuerzo—. Creo que tu tiempo aquí debe terminar Aurel, vamos, te enviare devuelta.
Ambos se pusieron en pie y salieron del salón, a medida que se alejaban se oyeron gritos y la voz de Amon, Aurel no lo pensó y corrió pero cuando llego hasta la recamara real era muy tarde, Amon estaba en el suelo y al lado de su cabeza había un gran charco de sangre.
—Esto no tenía que pasar así, se suponía que tú eras el primero en despertar —dijo Aurel acercándose.
—¡Por Ra! —exclamó el asesino dejando caer la maza con la que había cegado la vida del joven faraón.
—Tuh ¿por qué? —dijo la chica de ojos bicolor que cambiaron volviéndose negros, dos colmillos se asomaron por sus labios y largas garras negras suplieron a las uñas— ¡Vas a pagar lo que has hecho! —rugió.
—Skemeth, diosa de la guerra —el asesino retrocedió pero la chica lo detuvo clavándole sus garras en el abdomen y de un tirón rasgo la piel en tiras hasta el mentón, la sangre brotó a borbotones y ella desapareció en las sombras. Aurel estaba seguro que aquella mujer daría caza a los que habían ordenado la muerte del faraón.
Aurel no sabía que hacer, había alzado al joven y lo colocó sobre la cama, limpió la sangre que había en su cabeza y se apoyó en la pared preguntándose como cambiaría ahora el futuro, suponía que Amon jamás aparecería en sus recuerdos, tal vez el ni siquiera existiría y Harry ¿qué iba a pasar con Harry? Rodeó sus piernas con los brazos y ocultó su cara pero entonces algo asombroso ocurrió: un crujido de huesos seguido de un latiente corazón. Aurel se puso de pie velozmente y se acercó hacia el faraón sólo para contemplar como la herida se estaba cerrando y la sangre desaparecía, el cabello negro del joven brotó en toda su cabeza y creció hasta llegar a los hombros, sus músculos se tonificaron, su piel empalideció un poco y para finalizar sus ojos se abrieron mostrando un negro tan profundo como la noche sin luna; se puso en pie y lanzó un gruñido profundo y amenazador hacia Aurel pero luego sacudió la cabeza desconcertado y salió a gran velocidad de la habitación dejando solo al chico que parpadeó confundido, realizando que acababa de ver como Amon, el primero de los nosferatus, despertaba después de haber muerto como humano.
—Vamos niño, es hora de irse —llamó la misteriosa mujer rubia reapareciendo en el salón.
—Pero Amon…
—No te preocupes por él, yo lo cuidare —tiró del chico hasta el templo de Osiris, los jeroglíficos cubrían las paredes y en el suelo había un gran circulo con runas. —Saluda a todos de mi parte cuando llegues allá ¿quieres?
—Pero no sé cómo te llamas —respondió provocando que ella riera divertida.
—Pero mira que desconsiderada he sido. Puedes llamarme Lilith —Aurel abrió los ojos como platos, no era posible—. Camino que has sido cerrado ábrete una vez más para devolver al perdido a su hogar —los símbolos del suelo brillaron y los jeroglíficos volaron alrededor del vampiro llevándoselo de vuelta a casa.
McGonagall se apareció en el patio de la casa de los Tonks junto con Nymphadora, sólo Andrómeda podría ayudarlas ahora. Prácticamente arrastró a la chica y tocó la puerta, hacía dos días cuando encontró a la auror y decidió ayudarla tuvieron que escapar de Hogwarts pues Kingsley y Diggle las descubrieron. La joven metamorfomaga y la profesora lograron huir por un pasaje que hallaron detrás de una estatua pero los hombres las encontraron, Tonks entonces voló el pasaje pero el derrumbe había ocasionado que la chica saliera gravemente lastimada.
—Vamos niña, ya casi estás en casa —la alentó Minerva afianzando el agarre en su cintura.
—Profesora no se culpe si no sobrevivo —susurró la chica que apenas y se podía mantener en pie.
—No digas estupideces Nymphadora, que no hemos llegado tan lejos para que te mueras en la puerta de tu casa —respondió molesta.
La profesora volvió a aporrear la puerta y finalmente las luces se encendieron, Minerva recordó que eran casi las tres de la madrugada mientras pasos y un gruñido molesto se oyeron dentro.
—¿Pero porque tanto escan… dalo…? —Andrómeda soltó su varita que llevaba solo por emergencia pues sabía que quienquiera que hubiese pasado las protecciones tenía que ser de su familia, además de que un mortífago no aporrearía su puerta, pero en aquel momento prefería que hubiese sido un mortífago— Dora… —susurró la mujer incapaz de aceptar que aquella piltrafa que apenas se mantenía en pie fuese su preciosa hija.
—Hola mamá… sólo quería decirte que tenías razón… —"saludó" con algo de trabajo, alzando un poco la cabeza.
—Andrómeda mejor entremos —pidió Minerva, la mujer reacciono y ayudó a la profesora a llevar dentro a su hija, McGonagall cerró la puerta con un movimiento de su varita.
Andrómeda acomodó a la chica en uno de los sillones y pudo apreciar los cortes y heridas que tenía su hija, aparte de la mancha de sangre que cubría todo la túnica en la parte del abdomen y el brazo izquierdo, luego se fijó en la profesora, ella también tenía heridas, cortes y uno que otro hematoma. Por aquel motivo nunca quiso que su hija fuese auror, no después de que su querido esposo muriera hace ya varios años en una batalla contra los mortífagos.
—Voy a llamar a…
—¡No a San Mungo! —exclamaron las recién llegadas provocando que Andrómeda parpadeara confundida pero ya después haría las preguntas pertinentes, ahora sólo quería asegurarse de que su hija llegara al amanecer.
—Jamás he confiado en San Mungo, de hecho los Black jamás visitamos ese lugar —respondió la mujer.
McGonagall suspiró, llevaban huyendo un día y una noche pero Kingsley y Diggle siempre lograban encontrarlas y estaba segura que también lo harían ahora, más por unos minutos cerró los ojos, estaba cansada, abrumada, sucia y su cuerpo pedía a gritos un descanso.
En una vieja casa de apariencia tenebrosa un grupo de hombres estaban reunidos viendo a otros dos trabajar, uno de ellos tenía el pelo color paja y una mirada demente.
—Y querido Severus ¿el buen Ruck te ha servido de algo? —pregunto al par de magos que tenían en la mesa toda una serie de calderos e ingredientes.
—La poción tomará tres meses en estar lista Crouch —respondió fríamente Snape.
—Está bien pero más te vale que esté lista pues como vez nosotros el círculo interno pensamos traer de vuelta a nuestro señor y esa poción que tienes allí será de utilidad.
—Esto no revivirá al señor oscuro Crouch —dijo el pocionista.
—Esa poción servirá para otros propósitos, pero eso a ti no te incumbe pelo grasiento —espetó antes de darse media vuelta y salir junto a los demás que rieron escandalosamente.
Snape quería lanzar el caldero contra la pared pero hacer algo así de estúpido sólo lo llevaría a la tumba, él era astuto y hallaría la forma de huir de esos estúpidos usaría todo su conocimiento para salir de aquel lugar.
Continuará…
Alfin el capítulo terminado gracias a mi beta por corregirlo
Y a los rewies maravilloso que ayudan a mi musa a no ir de paseo muy seguido jejej
Bay bay
PD: los rewies maravilloso fuente de toda inspiración siempre son bienvenidos al igual que las criticas constructivas que ayudan a mejor el fic
