Harry potter y sus personajes son propiedad de JK Rowling
Away, away in time
every dream´s a journey away
away to a home away from care
everywhere´s just a journey away
Nightwish / Away
Alianzas y pactos
Señor Regulus Black:
Estimado señor Black, como alfa de la manada de laycans más grande de Gran Bretaña respetuosamente solicitamos su presencia en el Consejo de la Luna, debido a que asuntos de suma urgencia y gran importancia estarán tratándose en breve por el Consejo de la Luna Azul, por lo que es menester la presencia de los clanes tanto antiguos como jóvenes para su discusión.
Deberá presentarse en una semana, dentro del sobre hallará un traslador que le permitirá viajar junto con tres compañeros hasta el lugar de reunión.
Esperando su asistencia se despide el consejo, que la luna ilumine su camino.
Atentamente,
El Consejo de la Luna.
Regulus releyó la carta y se dejó caer sobre su espalda, el Clan de la Luna solicitaba su presencia, el Clan de la Luna lo consideraba representante de los lobos de Gran Bretaña. No sabía si sentirse alagado o asustado. Miró por la ventana, fuera estaba nublado pero no parecía que llovería pronto.
—Alfa, los demás esperan para cenar —dijo una tímida voz.
—Iré enseguida Claire —respondió.
Regulus suspiró debía, contactar a Remus y prepararse para viajar más la pregunta era a quiénes llevaría. Abrió la puerta y más de veinte pares de ojos se posaron en él, aunque de todos ellos casi la mitad eran niños entre los diez y dieciséis años que fueron mordidos por Greyback y que Regulus recogió e integró a su manada. Greyback tenía la estúpida idea de que mientras más jóvenes mejor podría enseñarles y dominarlos convirtiéndolos en máquinas asesinas.
El lobo se sentó y empezó a comer un filete semi crudo con deliciosas especias. En esa cuestión Regulus había sido muy diferente a Greyback, el viejo lobo tenía la costumbre de mantener a los jóvenes y a su manada en el bosque haciéndolos pasar frio y sobreviviendo con apenas lo necesario, decía que así ganaban resistencia y fuerza pero Regulus había visto otra cara de la moneda cuando estuvo en Bucarest, los lobos se mezclaban con muggles en aquel lugar y eso no los hacía menos fuertes sino todo lo contrario, unía más a la manda. Aún recodaba a Gabriel, aquel sujeto era tan sanguinario como Greyback pero su manada tenía más cincuenta miembros activos, todos fuertes dispuestos a luchar y también todos más astutos y aquella forma de vida era lo que Regulus quería para los suyos así que comenzó por sacar a todos del bosque, ahora vivían en una gran mansión donde Remus les había estado enseñando a todos a interactuar con los humanos sin arrancarles la garganta, también les enseñó a mantener la comunión y paz con su lado salvaje. Ahora estaba muy orgulloso pues hasta el más pequeño de su manada era capaz de transformarse sin la necesidad de la luna llena, también habían aprendido a controlar al lobo, incluso en un par de ocasiones los mayores acompañaron a Regulus en algunas misiones y había salido todo bien, pero ahora el lobo pensaba en las posibilidades de un ataque o cualquier otra cosa mientras él no estaba, su manda era fuerte pero habían muchos cachorros y Remus no estaba.
—¿le preocupa algo, alfa? —cuestionó un joven de cabello rubio con mechas verdes.
—He recibido una invitación para asistir a una importante reunión pero deberé ausentarme por lo menos una semana —respondió el lobo.
—Nosotros podemos cuidar la casa, no te preocupes Reg —dijo un niño de cabello negro y ojos castaños sonriendo, los mayores lo fulminaron con la mirada.
—Sé que lo harán Jaime, pero en estos momentos la comunidad mágica está muy inestable, con la caída del Lord Oscuro los mortífagos están desesperados —respondió el mayor mirando al cachorro.
Era un pequeño que Regulus había llevado no hace mucho, el único sobreviviente de un ataque de licántropos a una casa de campo donde todos murieron menos Jaime, aunque Regulus no creyó que el niño sobreviviera pues era un muggle y la maldición parecía estar matándolo Remus cuidó del niño durante días hasta que el pequeño abrió los ojos, desde ese día el niño se pegó a Remus y a Regulus y para molestia de los mayores al último no lo llamaba alfa, aunque a él no le molestaba pues aquel chiquillo era un cachorro, de hecho era el más pequeño. Al mayor le daba una extraña sensación dejarlos solos, sobre todo ahora que Remus no estaba.
—Alfa ¿el señor Remus cuándo volverá? —los demás habían dejado su comida y veían a su líder esperando una respuesta.
—James, el mejor amigo de Remus fue trasformado hace poco en vampiro y ha perdido a su esposa durante una batalla así que Remus ha estado todo el tiempo a su lado y no sé cuando regrese —suspiró el lobo.
—¿Cuándo deberá marcharse? —preguntó Claire.
—En una semana —volvió su mirada al plato pero su apetito había desaparecido, los demás también estaban silenciosos viendo sus respectivos platos.
»Sigan con la comida —dijo el pelinegro poniéndose de pie y dejando el salón.
Unas horas más tarde en la biblioteca los más jóvenes continuaban con el plan de estudios que Remus le había dejado, los mayores estaban fuera practicando hechizos y aquellos descendientes de muggles y que pasaban los doce años estaban en el gimnasio. Nick, el chico rubio con mechas verdes fue muggle antes de licántropo y a pesar de trasformarse no poseía magia así que practicaba horas y horas en el gimnasio, quería estar a la par con los que poseían magia y no ser un eslabón débil pero ahora no había sido capaz de dar un sólo golpe, su mente divagaba en qué pasaría si su alfa no volvía, qué ocurriría con los cachorros o con los más débiles si aparecía otra manada, matarían a los más débiles como Greyback intento hacerlo con él y sus compañeros. Aún podía oír la voz de sus amigos, los gritos antes de que Regulus apareciera, la manada de Greyback usaban a los pocos muggles que sobrevivían como sacos para mascar y si se lastimaban o herían los dejaban morir pues según ellos solo los más fuertes merecían vivir.
—Nick… Nicky… ¡Nicolas! —le gritó molesta una castaña.
—¿Qué pasa Claire? ¿Porque tanto grito? —preguntó frunciendo el ceño.
—El alfa te está buscando —la chica fue echada aun lado cuando el joven lobo salió corriendo.
En la casa de Grimmauld Place
Sirius recibió al fin una buena noticia. Hacía sólo una horas había sepultado en la cripta privada de los Black a Lily y Lucius; James y Narcissa habrían querido sepultar a sus respectivos cónyuges en las criptas de sus familias pero con la reciente orden de búsqueda y captura contra todos los miembros de la casa Black el animago no quiso arriesgarse. James estaba sentado abrazando a Oriana que dormía, Remus permanecía su lado, Narcissa se marchó directo a su recamara, Yaten, Taiki y Haruka junto a Sam, Enrique y Johan se fueron hacia la cocina; los seis vampiros estaban hambrientos. Sirius sonrió antes de desaparecer la carta que le había llegado, estaba seguro que aquella noticia le subiría el ánimo a su prima así que sonriendo subió al segundo piso, abrió la puerta de la habitación que fue de Regulus y vio a Carrie con un libro mientras Chris aún dormía, la transformación de Chris según Harry sería la más larga ya que la magia del chico se había apagado completamente para eliminar la maldición del juramento inquebrantable.
—Señor Black —dijo la joven rubia asustada dejando el libro sobre el escritorio.
—Puedes leer lo que quieras Carrie, no te preocupes —se apresuró a decir el pelinegro.
—Yo debo cuidar del hermano de mi maestro y…
—Tranquila querida, Harry no se molestará si lees un poco mientras vigilas a Chris.
—Pero…
—Además, no es como si él te hubiese prohibido que leyeras —la cortó.
—Gracias —susurró la chica tomando el libro nuevamente.
Sirius suspiró, no tenía idea de donde Harry había sacado a aquella niña pero por momentos se preguntaba cómo había sido su vida antes de que Harry la convirtiera pues a pesar de poseer un poder tan abrumador como el que había visto la chica era asustadiza y temerosa, siempre agachaba la cabeza y hablaba muy bajo.
Sirius sacudió la cabeza y se dirigió a la recamara de su prima, no era el momento de analizar a Carrie debía hablar con Narcissa y darle la buena noticia, tocó suavemente dos veces antes de recibir el permiso de ingresar.
—Sirius —saludó la mujer apenas él ingreso.
—Cissy te traigo buenas noticias.
—Ahora lo único bueno que podría pasar seria hallar a mi hijo —respondió ella.
—De eso te vengo a hablar, Harry encontró a Draco está bien pero para protegerlo se lo llevo al castillo negro.
—¿Es cierto lo que dices? —preguntó la mujer, Sirius sonrió y asintió suavemente— Llévame con él ahora Sirius, por favor llévame con mi hijo —suplicó sujetándolo de las manos.
—Iremos allá Cissy, nos marcharemos todos, Vald ha pedido que habiliten una casa cerca del castillo para poder movernos, por ahora lo mejor será que todos dejemos Gran Bretaña.
—¿Cuándo nos iremos? —preguntó la mujer, un nuevo brillo había iluminado sus ojos.
—En unas horas, ten todo listo —ella le dio un asentimiento.
En el castillo negro
Elizabeth y los otros dos nosfertus miraban al durmiente rubio sorprendidos, Harry sonreía mientras tenía su mano enlazada a la de Draco.
—¿Cómo… qué…? —Vald y Elizabeth balbuceaban sin creer lo que sus ojos veían.
—¿Qué ocurrió Harry? —preguntó Amon recuperándose de la impresión.
—Hotaru ya lo revisó, dijo que el crecimiento del bebé se vio acelerado porque Draco fue expuesto a una corriente de magia pura muy grande.
—¿Pero ellos estarán bien? —preguntó Elizabeth acercándose a Harry.
—Sí mamá, están bien, pero el bebé nacerá probablemente en un mes y medio —dijo acariciando con el pulgar el dorso de la mano de Draco.
—Debimos haberlo cuidado mejor cuando lo supimos —susurró la mujer.
—No es tu culpa mamá, Draco ya me contó todo… si sólo yo hubiese esperado un poco…
—Pues es más culpa del dragoncito, debió pensar y actuar de manera más sensata —comentó Vald.
—Eso ya no tiene importancia, ahora sólo podemos estar agradecidos de que ambos están bien y están junto a Harry, nosotros no vamos a permitir que nada malo les pase, ese bebé crecerá con su familia y protegido —respondió Amon y sus ojos negros brillaron de manera inusual al igual que los de Vald.
—Gracias —dijo Harry conmovido.
—No estarás solo, cuentas con nosotros, con todos, eso siempre tenlo presente —le dijo Elizabeth apoyando sus manos en el hombro del pelinegro que sonrió agradecido.
Fuera de la habitación Dante sonrió; su poderosa creadora estaría feliz si viera ahora a los jóvenes reyes tan unidos, tan fuertes y cercanos.
—Dante, todo está listo —informó Serafina.
—Bien, informales que ya todo está listo —dijo el vampiro.
Dumbledore estaba furioso, todo su perfecto plan desbaratado en sólo unos días, todo por culpa de un grupo de mocosos y como si eso no fuese suficiente Gellert había escapado hace casi un mes y recién les informaban. Quería maldecir a todos los que estuviesen delante suyo pero debía calmarse pensar con la cabeza fría, repasar los hechos, revisar todos sus fallos y descubrir porqué las cosas no salieron como fueron previstas; aspiró tratando de calmarse, en momentos como aquel extrañaba a Fawkes, el canto del fénix siempre lo había tranquilizado; maldijo a Cassiopea Black, esa niña y Harry Black habían torcido toda la historia, si sólo ella hubiese estado en Hogwarts…
El mago de repente se quedó en blanco, Cassiopea Black era una bruja entonces ¿porqué jamás apareció en la lista de nuevos alumnos? Ella y Harry no podrían haber engañado al libro. Iba a revisar el libro de registros pero apenas abrió la puerta de su oficina se encontró a Kingsley con la mano levantada.
—¿Qué ocurrió? —preguntó el anciano.
—Minerva descubrió a Tonks y la ayudó a escapar —dijo el hombre.
—Te dije claramente que sacaras del castillo a la chica después de borrarle la memoria —dijo exasperado el director.
—Dumbledore, la chica ha creado cierta inmunidad al hechizo obliviate.
—Malditos Black —dijo el anciano provocando que el auror diera dos pasos atrás—. ¿Han encontrado a Minerva y a la chica?
—Diggle la rastreó y su última parada fue la casa de Andrómeda Tonks.
—Uhm, tal vez la estupidez del ministro nos beneficie.
—¿A qué se refiere Albus? —preguntó desconcertado el auror.
—El buen Fudge aconsejado por su sub secretaria ha dado varias órdenes de captura contra la familia Black y sus allegados.
—Eso debilitará las protecciones de sus casa y se les confiscará todo —dedujo Kingsley sonriendo.
—Sí, en este momento quiero que llames a algunos miembros de la Orden y vayas a la casa de Andrómeda, Nymphandora Tonks no puede hablar con Sirius Black.
Unas horas antes en el Ministerio de Magia
Fudge y Amelia Bones se hallaban dentro de la oficina del Ministro, la mujer estaba furiosa pues nuevamente el Ministro de Magia estaba tomando una decisión idiota que sólo los llevaría a una guerra contra los vampiros y en aquel momento no podían permitir algo así.
Hace sólo una hora el Ministro había ordenado que todos los Black fuesen aprehendidos argumentando que Harry Black secuestró a Christopher Potter ayudado por Sirius Black, ahora ambos estaban siendo buscados y Harry Black era el indeseable número uno.
—A estas horas probablemente el salvador del mundo mágico ya está muerto —comentó Fugde.
—Esos chicos son hermanos, no creo que él mate a Potter —respondió Amelia.
—Es una asquerosa criatura oscura, debería ser eliminado —intervino Umbridge con esa irritante voz que crispaba los nervios de Amelia.
—Cuida lo que dices mujer o acabaras en un oscuro callejón muerta.
—Me amenaza señora Bones ¿acaso está defendiendo a esa criatura oscura por sobre nosotros los magos? —dijo enfadada la sub secretaria.
—Sólo le doy un consejo y a usted también Ministro, esto que pretende es estúpido, perseguir a la familia Black sólo traerá graves consecuencias, si es cierto que Harry es un nosferatu no sólo se echará encima a la mayoría de los sangre pura fanáticos, sino también a la comunidad vampírica.
—No puedo permitir que ese chico siga suelto, no después de lo que presenciamos en San Mungo —respondió el hombre apretando el borde de su sombrero.
—Ministro, ahora no es momento de cazar vampiros, es el momento de perseguir a los seguidores de Quien-usted-sabe, aprovechar ahora que aún están desorientados por la pérdida de su líder —insistió Amelia pero Fugde cerró los ojos y ella terminó rindiéndose—. No pienso dirigir a mis hombres en una cacería absurda contra los Black, enviaré a dos grupos a examinar las posibles guaridas de los mortífagos —sentenció.
—¿Acaso estás desobedeciendo órdenes directas? —chilló Dolores poniéndose roja de coraje.
—Amelia, te he ordenado enviar a los aurores a las mansiones de la familia Black —gruñó el Ministro.
—No seguiré junto a usted en esta locura —respondió la mujer antes de salir dando un portazo.
—¿Ministro qué vamos a hacer ahora?
—Llama a Kinsgley, los aurores necesitan un líder.
La mujer asintió y salió dejándole solo, el hombre se quedó con la mirada perdida en la puerta hacia unas horas había ordenado la captura de los Black pero después de oír a Bones no estaba seguro que fuese lo correcto; Dumbledore no dijo nada cuando se lo mencionó, simplemente lo miró sin decir una palabra, Fudge estrujó su sombrero más, todo era un caos; el mago oscuro había perecido pero sólo unas horas después él había perdido al salvador del mundo mágico, la gente pronto le perdería la confianza y cuando menos lo esperara perdería el poder.
—No lo permitiré —decidió poniéndose de pie, se dirigió a la chimenea y de su bolsillo sacó un puñado de polvos púrpuras, los arrojó al fuego y unas llamas azules crecieron—. Señor Hellsing —llamó el mago temeroso.
—Pero si es el buen Cornelius ¿qué quieres mago? —preguntó un sujeto surgiendo de las llamas, vestía botas militares, un pantalón de camuflaje y una gabardina violeta, en su cinturón tenía una espada en su vaina, era un hombre alto y fornido de mirada despiadada con una gran cicatriz en el rostro que hacía aún más hosco su gesto.
—Necesito su ayuda, los seguidores del mago oscuro deben ser capturados al igual que Gellert Grindelwald y Harry Black, por favor bríndeme su ayuda —pidió el mago encogiéndose temeroso.
—Dame un buena razón para ayudar al idiota mago que intentó engañarme cuando yo tan gentilmente le obsequié la fórmula del dominio —dijo el cazador cogiendo una botella de whisky de fuego, lo olfateó y le dio un trago, Fudge lo miro sobrecogido.
—Lo que quiera —respondió finalmente.
—¿Estás seguro lo que yo quiera, mago? —los ojos negros del cazador se fijaron en el mago analizándolo, estudiándolo.
—Sí —respondió Fugde.
—Bien, te enviaré a mis cazadores pero quiero el control de Azkaban con todos los prisioneros que estén tanto dentro como fuera.
—Pero eso es imposible, sin la prisión a dónde enviaré a los mortífagos.
—Es un trato justo, yo me haré cargo de la seguridad de la comunidad mágica y en cuanto a tus mortífagos créeme, no te tendrás que preocupar por ellos, mis chicos los atraparán.
Fudge miró a los ojos predadores de aquel hombre, Hellsing era un cazador, uno que quería eliminar el mal del mundo ¿qué podía perder?, aquel sujeto se encargaría de eliminar a los mortífagos y de esa manera él podría centrarse en recuperar el apoyo de las familias más influyentes de la comunidad mágica.
—Tenemos un trato —aceptó el mago sonriendo.
—Claro que lo tenemos Fudge —rió el cazador antes de darse la vuelta y desaparecer dentro de las llamas azules.
Veinte minutos después varios fogonazos se produjeron en el atrio del Ministerio y todos salieron a ver qué ocurría. En medio aparecieron quince hombres y uno de ellos se acercó hasta Fudge.
—Cornelius Fugde, mi nombre es Luck, el maestro me ha enviado —se presentó, el Ministro dio un asentimiento asombrado por la rapidez con la que actuaban los cazadores.
En la mansión Black, ajenos a los acontecimientos, todos se despedían de Zealand, el joven naga debía volver a casa y los cuatro generales habían llegado para escoltarlo, todos echarían de menos al chico de cabello púrpura.
—Señorita Hermione, cuide de la sanguijuela molesta —dijo el chico.
—No te preocupes Zea yo cuidaré de él —sonrió Hermione.
—Querida Luna, fue un verdadero placer conocerte.
—Visítanos en otra ocasión Zea, a Harry y a Draco les alegrara verte.
—No estoy muy seguro si al dragón albino le agrade verme pero ten por seguro que con Harry no me rendiré —sentenció el naga alzando un puño al aire.
—Ahora volviste a perseguir a mi hermano —dijo Cassiopea arqueando una ceja divertida.
—No te pongas celosa mi hermosa valquiria, que tú tienes un lugar muy especial en mi corazón y si algún día te cansas de las copias siempre puedes llamarme y yo vendré veloz hacia ti —dijo él sujetándole las manos y viéndola directo a los ojos lo que ocasiono que un gran sonrojo cubriera su rostro.
—No estoy celosa —desvió la mirada.
—Cuídate mucho Cassiopea —se despidió el naga, Cassiopea giró rápidamente, era la primera vez que la llamaba por su nombre, el pelipúrpura sonrió y antes que la chica se apartase acortó la distancia y le dio un casto beso dejando a la pelinegra paralizada.
—¡Quita tus manos de ella, serpiente! —protestaron los gemelos pelirrojos.
—A ustedes copias, más les vale cuidar de ella —respondió el naga lanzándoles una mirada amenazadora.
—Eso no tienes que pedirlo —respondieron los pelirrojos a la vez.
—Señor y señora Granger, fue un placer conocer a dos muggles tan amables y comprensivos con las criaturas mágicas —dijo inclinado la cabeza.
—A nosotros también nos alegra haberte conocido jovencito —respondió la madre de Hermione, el chico sonrió y se acercó a Mizuz.
—¿Listo para irte, chico? —preguntó el peliplata.
—Cuando quieran.
Unas horas más tarde Sirius apareció junto a Elizabeth, las chicas les informaron de la partida de Zealand y el animago suspiró, Harry había dicho que era solo cuestión de tiempo antes que los generales fuesen en búsqueda del naga, entonces los ojos del animago se fijaron en los gemelos pelirrojos, no podían retenerlos más, había pasado más de una semana y seguro que su familia estaba desesperada, Elizabeth lo entendió con sólo ver los ojos de su pareja, era momento de usar su hipnosis.
—¿Qué pasa papá? —preguntó Luna.
—El Ministerio ha emitido órdenes de arresto para toda la familia Black y en estos momentos lo mejor para nosotros será dejar Gran Bretaña —dijo el hombre.
—¿Pero y mi hermano? —preguntó Cassiopea.
—Él está bien linda, no hay de qué preocuparse ahora sólo necesito que empaquen.
—Señor, señora Granger, nos gustaría que ustedes también nos acompañaran, no sé cuánto tiempo será pero por su seguridad creo que es lo mejor —dijo Elizabeth.
—Aceptamos su invitación señora Black —respondió Daniel Granger.
—Nos marcharemos en una hora —añadió la vampiresa.
—¿Y que pasara con ellos? —pregunto Cassy mirando a los gemelos que se habían mantenido en silencio.
—Nosotros…
—Volverán con su familia —respondió Sirius interrumpiéndolos.
—Pero el anciano podría intentar que revelaran lo que saben, lo que vieron —dijo la pelinegra.
—No hallarán nada Cassy pues ellos no vieron ni oyeron nada importante —refutó Elizabeth.
—Pero…
—Es mejor que ustedes vuelvan con su familia, seguramente su madre está desesperada buscándolos —insistió Sirius interrumpiéndolos nuevamente, Cassiopea miró a sus dos pelirrojos, su relación había subido y bajado pero en aquella semana de convivencia ella y los chicos hicieron las pases y volvían a estar juntos, aunque por el momento preferían mantenerlo en secreto.
A Elizabeth no le pasó desapercibida la mirada de su hija pero de momento lo mejor era alejarse de todo, suspiró y se acercó a Cassiopea.
—Ellos estarán bien Cassy, me encargaré de devolverlos a salvo a su casa —la adolescente se giró y asintió.
—Lo se mamá es solo que…
—Todo irá bien, pase lo que pase todo irá bien —dijo la vampiresa besando la frente de la chica.
La rubia vio directo a los ojos violetas de sus hija y recordó a la pequeña niña de cabello negro asustadiza que conoció, aquella que pequeña que quedó sorprendida la primera vez que recibió más de un obsequio en navidad, esa niña había crecido, se había trasformado en una hermosa jovencita y ella no podía estar más orgullosa, no tenía hijos propios pero la vida le había permitido tener tres niños a los que ella ayudó a formar, tres chicos que aunque no llevasen su sangre siempre serían sus queridos niños.
—Sí —respondió la pelinegra dándole un abrazo.
—Ahora prepara tu maleta —apuró para después dirigirse a su pareja—. Sirius voy a llevar a estos chicos a su casa, tú encárgate de que las chicas y los demás se vayan trasladando.
—Ten cuidado —dijo el animago besando a la rubia.
Ella sonrió y después desapareció junto a los pelirrojos. Fred y George aparecieron directo en los límites de su propiedad, ambos se miraron y se giraron para ver a la rubia vampiresa.
—Olvídense de Cassy, lo mejor para todos es que la olviden —dijo la rubia mirándolos retadoramente.
—Nosotros queremos a Cassy y no pensamos dejarla —dijo Fred.
—Guardaremos su secreto sólo si nos promete que cuando no haya peligro nos permitirá verla —completó George.
Elizabeth arqueó una ceja mientras pensaba en el par de insolentes magos que tenía frente a ella, entonces soltó una carcajada, realmente estos chicos se creían capases de chantajear a la gran Elizabeth Báthory, la temida "Condesa Sangrienta".
—¿Porqué creen que son dignos de mi hija?
—La amamos y aunque se opongan… —comenzó uno.
—No nos alejaremos de ella —terminó el otro.
—Par de insolentes mocosos —gruñó la vampiresa revelando sus ojos negros con un anillo rojo y sus colmillos— ¿qué saben ustedes del amor? —preguntó haciendo que ambos pelirrojos quisieran retroceder pero no lo hicieron, Elizabeth podía oler su miedo, oía sus corazones latir apresurados.
—No nos asusta señora —se animó a decir George.
—Hemos visto cosas peores que un vampiro —agregó Fred intentando sonar convincente.
—Niños insolentes —repitió la rubia volviendo a la normalidad.
—¡No nos alejaremos de Cassy! —gritaron ambos cuando la condesa les dio la espalda y se alejó. Ella se detuvo y lentamente giró observando analíticamente a los pelirrojos, luego les arrojo dos pequeños sarcillos de oro blanco con un grabado muy extraño.
—Úsenlos si están en peligro —recomendó antes de desaparecer.
Ambos chicos sonrieron felices y se colocaron sus obsequios antes de entrar dentro de las barreras protectoras de su casa. A medida que se fueron acercando vieron la bizarra estructura de la madriguera y los gritos de su madre reprendiendo a Ron se oían hasta donde ellos estaban, los gemelos reconocieron que habían extrañado a su madre y a su extensa familia.
Elizabeth se apareció en Grimmauld Place con varios trasladores para transportar a los vampiros a su nuevo hogar pero en cuanto apareció en la sala un grito desesperado la hizo voltear y correr hacia la chimenea.
—¡Sirius donde estas!—se trataba de Andrómeda que gritaba desde la chimenea.
—¿Qué ocurre? —preguntó Elizabeth viendo el rostro de la mujer en la llamas.
—Lizy ayúdame, han rodeado mi casa y mi hija está herida —lucía desesperada.
—Voy para allá.
Andrómeda tenía la varita en la mano, junto a ella estaba McGonagall y en el sillón Nymphadora semi consiente. El medimago al que había llamado la mujer le había dado una poción que cerraría las heridas internas de la joven auror pero también la dejaban inmóvil temporalmente.
—El cuerpo y la magia se recuperan mejor cuando están en reposo —dijo el hombre antes de marcharse.
Aquello habría sido genial pero a los pocos minutos de que el sanador se marchó Andrómeda sintió como las primeras barreras caían, sólo la barrera de sangre que ella colocó a insistencia de Sirius se mantenía, supuso que no había caído porque era magia oscura evocada en un ritual que sólo las más antiguas familias sangre pura practicaban.
—Sirius tenía razón —dijo Andrómeda viendo como los aurores volvían a lanzar hechizos sobre su casa con la intención de romper el escudo.
—No resistirá mucho —dijo McGonagall.
—La ayuda ya viene…
—¡Abra la puerta señora Tonks, en nombre del Ministerio abran! —gritó desde el exterior Kinsgley.
—¿Qué ocurre? —preguntó la vampiresa saliendo de la chimenea.
—Elizabeth, quieren llevarse a Dora y…
—No es el momento, primero salgamos de aquí —apuró McGonagall.
—He abierto la red flu de ida, les permitirá el paso, vayan primero y yo llevare a Nymphadora —dijo la rubia.
—Pero si entran y…
—Tranquila profesora McGonagall, sé cuidarme sola —interrumpió la rubia sonriendo.
—Te encargo a mi hija, Elizabeth —dijo Andrómeda.
La mujer beso la frente de su hija y cogiendo una pequeña cantidad de polvos flu se metió en la chimenea desapareciendo rápidamente, McGonagall la siguió dando una última mirada a la sala. Apenas las mujeres cruzaron Elizabeth hizo estallar la chimenea.
—Espero que tu madre me perdone —dijo la vampiresa mirando el montón de escombros.
—Yo creo que se pondrá furiosa —rió la metamorfomaga aún agotada.
—Bueno, entonces me querrá matar por lo que voy a hacer.
—¿Qué…?
—Incendio —exclamó y de la punta de su varita emergió una serpiente de fuego que se trasformó en dragón y empezó a devorar todo a su paso—. Vámonos —cogió a Nymphadora en brazos.
—Hay barreras anti aparición —informó la auror.
—Lo sé pero tranquila, saldremos de esta —la rubia apunto hacia el techo—. Bombarda maxima – exclamó creando un enorme boquete en el techo.
Tonks no sentía su cuerpo entumecido, las pociones que le habían dado hicieron que perdiera su movilidad y aún estaban haciendo efecto pero para la rubia no hubo complicación, desplegando sus alas salió directo por el agujero, se elevó en el aire mientras los aurores del Ministerio observaban asombrados pero Elizabeth distinguió entre las capas y el olor de los magos algo diferente.
—Cazadores —dijo la rubia antes de desaparecer junto a Nymphadora
Elizabeth se materializó en el salón de Grimmauld Place, Andrómeda y McGonagall estaban rodeadas por los vampiros dirigidos por James, Remus estaba entre ambos grupos con los brazo extendidos intentando que los vampiros retrocedieran.
—¿Qué diablos están haciendo? —pregunto Elizabeth poniendo a la chica que llevaba en el sillón.
—Condesa —los vampiros retrocedieron pero antes de que la mujer dijese algo sintieron un escalofrió.
—Las barreras mágicas han sido traspasadas, lo mismo ocurrió en mi casa —dijo Andrómeda.
—En ese caso es mejor marcharnos ahora —la rubia hizo aparecer un larga cinta plateada que se fragmentó en cintas más pequeñas pero todas unidas a la principal —cojan todos un extremo.
—¿A dónde iremos? —preguntó James.
—A un lugar seguro e inaccesible para los magos —sonrió ella, James fue por Oriana y volvió rápidamente— nosferatus —dijo la mujer antes de soltar la cinta, el grupo entero desapareció y una vez sola la rubia sacó su espejo.
—Vald ve hacia allá —dijo a través del espejo.
—Yo me encargare, pero debes sacar a Chris y a Carrie también —respondió el conde.
—Enviaré a esos chicos directo al castillo.
—Informaré a Amon para que los reciba —dijo antes de desaparecer.
La vampiresa subió al segundo piso rápidamente y después de una rápida explicación envió a Carrie y a Chris que aún estaba inconsciente directo hacia el castillo negro.
En la mansión de los Black, Sirius había terminado de reunir a todos, Narcissa estaba con él, no había querido alejarse por temor a que al menor descuido el pelinegro se marchara y la dejara atrás. Sirius suspiró y miró al gran cerbero que dormitaba en el jardín.
—Papá ya estamos listos —dijo Luna.
—Iré enseguida —respondió el pelinegro.
Sirius se acercó a can que roncaba despreocupado, suspiró antes de acariciar una de sus orejas, Cassiopea que vio todo también se aproximó a acariciar a su mascota.
—Vamos chicas es momento ya —dijo Sirius apresurando a las chicas.
Harry observo una vez más a su novio, Draco aún no despertaba pero Hotaru le dijo que lo dejara descansar y después de que su madre y los otros nosferatu se marcharan el silencio nuevamente llenó la habitación, el pelinegro apoyó la cabeza en el cristal, y pensar que todo aquel desastre comenzó hacía no más de dos semanas, en ese tiempo habían pasado tantas cosas que Harry sentía que habían pasado meses desde que estuvo tranquilo. Miró el exterior, pronto Chris y James estarían allí junto a los demás, Vald había dicho que habilitaron una casa no muy lejos del castillo para que los humanos se acomodaran. Eran casi las seis de la tarde, el día se le había pasado veloz.
—Aurel…—susurró llamando a su guardián, como le gustaría que él estuviera allí, lo echaba de menos.
Repentinamente del techo cayó una cascada de arena y en medio de todo apareció Aurel con la cara y el cuerpo llenos de arena, los ojos azules del guardián se fijaron en el pelinegro y una sonrisa bailó en su rostro mientras sus ojos se llenaban de lágrimas, había pensado que tal vez no volvería ver a su creador pero allí estaba.
—Harry… —dijo el vampiro con los ojos cristalizados.
—Aurel —el nosferatu sonrió y en un segundo tenía a Aurel abrazándolo como si no hubiera un mañana. Harry estaba sorprendido pero muy feliz así que estrechó a su amigo fuertemente.
—Regresé —saludó el guardián llenado de arena a Harry.
—Bienvenido —respondió el pelinegro.
Luego de varios minutos de emotivos abrazos y demostraciones los chicos se separaron y Harry se rió del aspecto de su guardián: lleno de arena, con una especie de faldita y unas graciosas sandalias, para cuando Harry se pudo controlar el sol habían descendido y Aurel contemplaba a Draco dormido y cubierto, a Harry le llevo un rato más explicarle al vampiro donde se hallaban y lo que ocurrió luego de que se separaran aunque no mencionó las circunstancias en que Carrie fue trasformada.
—Eres un idiota —dijo el rubio dándole un golpe en la cabeza al pelinegro.
—Eso ya lo sé Aurel —gruñó el pelinegro.
—Lo importante ahora es cuidar de ellos y supongo que mi tarea será entrenar a los nuevos vampiros pertenecientes a; ¡las seis casa, a eso se refería! —dijo.
—¿Qué pasa Aurel, de que hablas? ¿Qué son las seis casas? —cuestionó el pelinegro.
—Es algo que me ocurrió mientras estuve en el pasado, pero creo que debemos hablarlo con los demás —respondió el rubio.
—Está bien aunque será en la cena, mi madre se marchó a casa para trasladar a todos, Vald fue a comprobar que todo estuviera listo en la casa que se mandó habilitar y Amon… creo que está recorriendo los jardines —le informó.
—Entonces se los contaré en la cena por ahora sólo quiero darme un buen baño ¡diablos, tengo arena en lugares a los que no les llega el sol! —comentó el rubio ocasionado nuevas carcajadas de Harry.
—Sí, ríete lo que quieras, pero cuando visites Egipto y la arena se te meta hasta en…
—Comprendí tu punto no necesitas especificarlo —lo cortó Harry sin borrar su sonrisa.
Para cuando Aurel salió del su relajante ducha Harry estaba en la sala junto a una chica que el ruso nunca había visto, la muchacha veía con adoración al pelinegro.
—Harry ¿los demás ya llegaron? —preguntó Aurel haciéndose notar.
—Oh Aurel, no aún no pero ven, te voy a presentar a Carrie Whait; Carrie, él es mi guardián Aurel Ivanov.
—Hola —saludó ella en un susurró
—Un placer conocerte Carrie —dijo el rubio.
—Aurel, sé que dijimos que tú entrenarías a los chicos pero yo me haré cargo de Carrie si no te molesta.
El vampiro lo miró intrigado, Harry quería estar junto a Draco todo el tiempo pero ahora quería enseñarle a esta niña, quiso preguntar el motivo pero decidió que preguntaría después, cuando estuvieran solos.
—Por mi está bien —respondió sonriendo ligeramente.
—Entonces todo solucionado Carrie, no tienes nada de qué preocuparte.
—¿A qué hora será la cena? —preguntó Aurel.
—Oh aún no lo sé, pero supongo que en cuanto los demás lleguen.
—Harry ¿qué pasará con James? Él no podrá quedarse en el castillo.
—Tienes razón no lo había pensado, él seguramente está cuidando de Oriana —dijo el pelinegro—. Entonces se quedará en la casa, allí estará junto a los Granger, la madre de Draco, mis hermanitas y Remus.
—¿Quiénes vendrán aquí entonces?
—Sam y su grupo, mis padres, Amon y Vald y claro, Chris y Carrie.
—Yo voy a volver a la habitación de Chris —dijo Carrie en un susurro.
—Tu habitación está al lado de la de mi hermano, Carrie, puedes pasar allí el rato hasta la cena —dijo Harry.
—¿Ya no es necesario que cuide de Chris?
—No es eso lo que quería decir, si quieres puedes pasar el tiempo con Chris aunque ahora no es muy hablador —aclaró Harry sonriendo.
La chica rubia asintió y se fue. Aurel miró intrigado a Harry, preguntado silenciosamente porque se comportaba de esa manera, el pelinegro resopló.
—Es una larga historia pero resumiendo; ella no confía en nadie a parte de mí, además su poder es algo peculiar y no me gustaría que nadie salga lastimado.
—Me tendrás que contar eso.
—Ahora solo quiero volver con Draco, sé que Hotaru dijo que lo dejara dormir pero…
—Ve, yo te aviso cuando los demás lleguen.
Aurel se quedó solo en el enorme salón del castillo, estaban a salvo aunque les habían pasado muchas cosas y su viaje hacia el pasado lo había dejado más intrigado todavía, Lilith había mencionado seis casas, suponía que podrían ser seis nosferatus pero ¿porqué ella se había sorprendido cuando él le dijo que no la conocía?, ¿qué había ocurrido en el pasado para evitar que ella estuviera con ellos?, ahora tenía muchas teorías pero nada concreto. Resopló y se dirigió hacia su habitación.
—¿Y dónde están Bellatrix y ese extraño anciano que decía ser el abuelo de Cassiopea? —comentó en voz alta más le restó importancia.
En algún momento de un futuro no muy lejano
Por las calles españolas de Madrid la luz del sol iba retrocediendo y las personas empezaban a apresurarse, corrían desesperados por llegar a sus casas, los negocios eran cerrados y las ventanas trancadas por gruesos barrotes de hierro, para cuando el último rayo de luz desapareció todo el lugar era tan silencioso y desértico que parecía más una ciudad fantasma. Desde detrás de un grueso cristal protegido por grandes cortinas negras una mujer veía hacia la calle tan silenciosa como un cementerio.
—Bella cierra esa cortina —dijo un hombre ya mayor.
—Aún no lo entiendo ¿cómo fue que esto paso?
—Ya se lo dijimos señora Black, no sabemos el momento exacto cuando esto comenzó, pero fue hace seis años cuando esas cosas salieron, luchamos pero fue una causa perdida, los nosferatu y la comunidad mágica formaron una alianza cuando los miembros del Wizengamot fueron exterminados, en ese momento Cassy y los demás decidieron intervenir también y han logrado controlar un poco la situación.
—Nosotros quisimos ir pero…
—Alguien debía cuidar a Pólux —respondió otra voz.
—¡Debemos volver! —exclamó la mujer.
—Es imposible, todos los monolitos druidas fueron destruidos, no hay manera de volver a nuestro tiempo —dijo Gellert.
—Ustedes deben conocer otra manera y si no hay, créenla —ordenó la pelinegra.
—No la hay, la Orden destruyó todos los giratiempos.
—Maldita sea —gruñó
Continuara….
