Harry potter y sus personajes son propiedad de JK Rowlin
Hey, once upon a younger year
When all our shadows disappeared
The animals inside came out to play
Hey, When face to face with all our fears
Learned our lessons through the tears
Make memories we knew would never fade
One day my father he told me
Son, don't let this slip away
He took me in his arms, I heard him say
When you get older
Your wild life will live for younger days
Think of me if ever you're afraid
Avicii/The Nights
Estrellas
Amon fue el primero en volver de su paseo pero al cruzar la puerta percibió un aroma familiar. Aurel se sobresaltó cuando las puertas de la biblioteca se abrieron y Amon ingresó.
—Faraón —dijo el chico sorprendido.
—Has vuelto Aurel.
—Si yo...
—Lo que viste en el pasado, mi despertar ¿podrías mantenerlo en secreto por ahora?
—¿Me recuerda? —preguntó el ruso sorprendido.
—Claro que te recuerdo, Tarik y yo te recogimos solo tres días antes de que ellos me asesinaran, aún recuerdo tu olor ¿cómo olvidarlo? Tu esencia protegida por la de Harry.
—¿Y a ella? ¿Recuerda a…?
—Lilith, la gran emperatriz, madre de los vampiros, la diosa de la guerra… así la conocí en Egipto.
—Ella es real ¿cómo es posible faraón, cómo?
—Esto lo hablaremos en la reunión de esta noche, después de la cena. Hasta ese momento por favor no menciones nada.
—Yo esperare si eso es lo que desea, pero tengo una pregunta.
—Dime —respondió cordial.
—¿Cómo se acostumbró a tanta arena? —la pregunta del joven guardián tomó por sorpresa al egipcio que parpadeó desconcertado para luego dejar escapar una carcajada.
En la mansión donde Vald y Elizabeth habían instalado a los humanos Cassy se hallaba en el jardín, un inmenso espacio rodeado de rosas desde donde se podían ver a lo lejos las torres negras de una imponente fortaleza, en aquel lugar estaba su hermano y su primo pero todo parecía estar en silencio allá.
—Lo veremos pronto Cassy —animó Luna llegando con ella, Fowes voló sobre la rubia y se posó en su hombro.
—Sí, estoy esperando para poder lanzarle un par de maldiciones por hacer que nos preocupáramos por él —respondió Cassiopea.
Hermione se rió cuando la oyó, luego fijo sus ojos en las estrellas, el cielo estaba poblado de constelaciones que brillaban deslumbrantes, esos brillantes astros le recordaron a los ojos de Aurel, su estúpido novio vampiro al que iba a jalar de la oreja en cuanto lo viera pero por el momento sólo iba a esperar y continuar con el trabajo que ella y las hermanas de Harry iban haciendo.
Cerca de las nueve de la noche la gran mesa del comedor se llenó de exquisitos platos con toda clase de potajes; los nosferatu y Sirius procedieron a servirse mientras que los demás vampiros tenían sendas copas de plata rebosantes del líquido carmesí, la cena pasó entre charlas triviales y amenas. Para cuando terminaron de cenar Amon llamó a los nosferatu y los demás vampiros se marcharon, Sam y su grupo fueron a recorrer la isla, Carrie volvió a su habitación, y Sirius se marchó hacia la casa donde los humanos se estaban quedando.
—Quiero hablar con Tonks y Mcgonagall —comentó antes de marcharse.
—Nos vemos después entonces —respondió su pareja para luego besar al animago.
—Vamos, hay mucho de qué hablar —la apuró Amon cuando Sirius se marchó.
El grupo ingresó a un salón circular y cada uno se fue sentando en las grandes sillas que rodeaban una mesa circular también, el silencio era igual al que precede a la tormenta, a una gran tormenta. Elizabeth suspiró y sus ojos recorrieron a los presentes.
—Tenemos un gran problema.
—¿Cuál? —preguntó Vald arqueando una ceja.
—Cazadores, hoy los vi junto a los aurores del Ministerio de Magia.
—¿Hay alguna manera de que den con Avalon? —preguntó Harry, su corazón se había acelerado con la sola idea de que aquellos sujetos pudiesen poner sus manos en Draco.
—Avalon es una isla mágica completamente inaccesible para los que no son invitados —explicó Vald.
—Aquí estaremos seguros, pero quién sabe lo que esos sujetos puedan hacer estando allí fuera —añadió la rubia.
—En estos momentos nuestra prioridad es mantenernos a salvo, por eso voto porque cortemos todo lazo con la comunidad mágica, por lo menos hasta que averigüe que quieren los cazadores —Amon dejó a todos en silencio.
—Pero ¿y la Proclamación de la Sombras que están buscando Serena y Seiya? —preguntó Vald.
—Aquellas leyes demorarán al menos tres o cuatro meses en ser efectivas nuevamente si son encontradas —respondió el faraón, los demás guardaron silencio, su esperanza radicaba en unas viejas leyes promulgadas por un antiguo consejo, leyes que estaban perdidas por ahora.
—Habrá que hablar con los demás, informarles lo que ocurre —dijo Harry después de un largo silencio.
—Creo que será lo mejor pero ahora, hay algo más que debo contarles —interrumpió Amon.
—¿Qué ocurre? —preguntó Harry
—Es sobre el sitio a donde fui cuando caí en el vórtice temporal y la persona que conocí —Aurel miró a todos los allí presentes a los ojos a excepción de Amon, se podían ver las interrogantes.
—¿A qué te refieres? —inquirió Vald.
—Cuando caí por el vórtice fui al pasado a un punto tan lejano en el tiempo que aun el más antiguo nosferatu no había despertado todavía, pero eso no fue todo, también la conocí a ella, una mujer de cabello rubio, piel de porcelana y ojos heterocromáticos, ella nos conocía y dijo que su nombre era Lilith…
—¡No es posible! ¡La emperatriz de los vampiros, el origen de nuestra raza, ella sólo es una leyenda Aurel! ¡No existe! —exclamó Elizabeth.
—En eso te equivocas querida Lizy, Lilith es real, tan real como cualquiera de nosotros, la más antigua de los vampiros, el origen mismo —interrumpió Amon nuevamente—. Cuando era humano una vez me perdí en el desierto y hubo una tormenta de arena, yo aún era un niño insensato, acabé en medio de la tormenta y cuando creí que ya visitaba el reino de Osiris ella apareció; en medio de la arena se alzó una hermosa mujer de cabellos de oro, su piel era blanca y sus ojos de colores diferentes, me dijo que era mi madre, que cuidaría de mí y así lo hizo, me llevó de regreso a casa de mi padre y se quedó a mi lado aunque nadie parecía verla, me habló de los nosferatu, de los vampiros y me relató nuestro origen, siempre creí que eran sólo viejas historias que se inventaba, lo creí de verdad hasta el día en que desperté.
—¿Porque no lo dijiste antes Amon? —cuestionó Harry.
—Porque aún recuerdo que cuando cumplí diecinueve años Tarik y yo salimos a escondidas del palacio y en el desierto hallamos a un chico vistiendo ropas extrañas, un chico de cabellos dorados y ojos azules tan pálido como ella pero desapareció cuando yo me transforme, durante años estuve buscando a ese misterioso personaje. Nunca lo hallé hasta que Harry ingresó a Avalon y yo tuve que venir. Cuando vi a Aurel lo comprendí, era el chico que yo conocí cuando aún era humano tres días antes de que despertara, si se los contaba corría el riesgo de cambiar el curso de la historia.
—¿Entonces Lilith es real? —preguntó Vald.
—Sí y me contó una historia. Solía decir que una vez fue prometida a un hombre que quiso su obediencia pero ella se negó y por eso fue expulsada, condenada a vivir siempre entre los mortales, pero nadie contó conque un caído caería hechizado bajo su belleza, dos seres malditos que se amaron, el cielo no podía permitir tal aberración así que después de eliminar al caído persiguieron a la mujer, mas ella se cobijó en la oscuridad de la noche oculta en una cueva donde tuvo seis niños. Niños de belleza sobrenatural y fue nuevamente feliz pero entonces enviaron cazadores tras ellos y una noche los niños fueron capturados y asesinados, la oscuridad consumió el corazón de la mujer y llorando lágrimas de sangre llamó al caído que desde su prisión oyó su llanto y le prestó su magia, con ella invocó un hechizo para evitar que las almas de sus hijos cruzaran al otro lado dándoles así una nueva vida, nacerían humanos pero con el tiempo despertarían transformándose en hijos de la noche.
—¿Si ella es real entonces porque no está con nosotros? —preguntó Elizabeth.
—No lo sé, mis únicos recuerdos de ella son de cuando yo aún era humano, después de mi despertar no sé porque desapareció —respondió Amon.
Hubo un largo silencio en el que todos se perdieron en sus pensamientos, Harry fue el primero en fruncir el ceño recordando a la misteriosa mujer que según Carrie le había dado el hechizo para poder volver ¿acaso sería posible que esa misteriosa persona fuese Lilith?
—Ella menciono a las seis casas —Aurel rompió el silencio.
—Son seis nosferatu, si contamos con que Harry ya es uno de nosotros faltan dos más por despertar.
Los vampiros se quedaron nuevamente en silencio, faltaban dos nosferatu más y si empezaban a contar que entre los dos últimos no hubo mucha distancia tal vez el nuevo nosferatu ya habría nacido o estaría por nacer.
En el ala este del castillo dentro de la habitación ocupada por Chris el chico empezaba a salir de la inconciencia, sus ojos se abrieron lentamente y pudo ver el techo de su habitación, parpadeó confundido, lo último que recordaba era a Harry diciéndole que lo esperaría del otro lado.
—Has despertado —dijo una tímida voz, él giró la cabeza y pudo ver en la oscuridad a una jovencita rubia de piel pálida y ojos grises, su único pensamiento coherente fue "es un ángel".
—Hola —atinó a decir.
—Hola Chris —saludó en respuesta.
—¿Cómo sabes mi nombre? —preguntó.
—Mi maestro me lo dijo, también me pidió que cuidara de ti —respondió ella.
—¿Tu maestro?
—Sí, Harry, él es mi creador —Chris suspiró y volvió a preguntarse si su hermano tenía alguna clase de imán de rubios incorporado. Volvió la mirada a la chica y sonrió.
—¿Cómo te llamas?
—Carrie White.
—Mucho gusto Carrie, yo soy Christopher Potter pero puedes llamarme Chris —la sonrisa que le dedicó a la vampiresa hizo que ella agachara la cabeza algo avergonzada.
—Debería ir a decirle que has despertado… —Chris se movió tan rápido que sintió algo de vértigo.
Carrie lo miró sorprendida pero no dijo nada esperando a que el castaño pudiera comprender lo que le acababa de pasar, Chris parpadeaba muy asombrado, había leído sobre la velocidad sobrehumana de los vampiros pero era muy diferente leer sobre el tema y experimentarlo de primera mano, la sensación de que todo a su alrededor dejaba de moverse era casi como sentir al tiempo detenerse por un instante.
—Eso… ha sido asombroso —dijo al fin mirando los ojos grises de la chica.
—Lo sé, la sensación es grandiosa —concordó la rubia sonriendo
—Carrie, ¿podríamos esperar hasta mañana para ir con Harry? —preguntó poniendo ojitos de cachorro abandonado.
—Pero él dijo que le avisa en cuanto despertaras.
—Sí, pero quiero prepararme mentalmente para la paliza que me va dar… por favor concédeme ese último deseo —suplicó poniendo sus manos sobre los hombros de la rubia y viéndola con súplica.
—Yo supongo que podrimos esperar —accedió Carrie desviando la mirada.
—¡Gracias! —exclamó feliz abrazándola en un impulso.
Carrie se tensó al sentir al chico abrazándola. Muy pocas personas la habían abrazado a lo largo de su vida, su madre en contadas ocasiones aunque sus abrazos eran fríos y carentes de emoción y alguna vez la maestra Desjardin le había rodeado los hombros en un gesto cariñoso, luego Harry la abrazó transmitiéndole una sensación de tranquilidad y seguridad. Pero el abrazo de Chris era muy diferente, provocó en ella un sentimiento extraño y no sabía cómo reaccionar.
—Lo siento —dijo el chico cuando notó la incomodidad de la joven rubia.
—Será mejor que me vaya —Carrie se apresuró hacia la puerta y salió veloz hacia su habitación, se sentía muy confundida y estaba segura de que si su corazón fuera humano estaría latiendo desenfrenado.
En la habitación del castaño, Chris se quedó viendo la puerta por donde la chica había desaparecido sintiéndose un completó idiota, la había asustado, vio la sorpresa y el shock en esos ojos grises, unos ojos que le recordaron a los ojos de Draco. Sacudió la cabeza, no, los ojos de Carrie tenían un color gris que destellaban de celeste como un cielo que se va aclarando después de una tormenta mientras que los ojos de Draco eran la tormenta misma.
—¿Y dónde estoy ahora? —preguntó observando toda la habitación, la gran cama adoselada, las paredes color azul y los ventanales cubiertos por grandes cortinas.
Se acercó hasta la ventana más cercana desde donde pudo ver un hermoso jardín lleno de rosas rojas bañadas por la tenue luz de las estrellas, al mirar hacia el cielo fue como si le hubiesen quitado una venda de los ojos pues con todo detalle pudo ver el firmamento salpicado por un mar de estrellas que sus ojos humanos jamás le permitieron apreciar, ahora desde aquella ventana podía ver maravillado aquel hermoso firmamento y por primera vez en mucho tiempo se sintió en paz y seguro.
En una mansión italiana Aldrichs estaba sentado leyendo una carta, Luna le había escrito contándole que se trasladarían. El chico suspiró y miró hacia fuera donde su madre estaba tendida tomando el sol, se puso de pie, debía hablar con ella.
Al llegar a las puertas de cristal vio a su padre junto a madre y sonrió, sus padres se amaban y él anhelaba tener una relación igual con su amada, con una sonrisa en los labios se fue acercando, el hombre se giró y Aldrichs vio el juvenil rostro de su padre, ese cabello negro y los ojos azules siempre alegres ahora lucían algo apagados.
—Papá —llamó dudoso.
—Ald —el moreno sonrió pero la alegría no le llegó a los ojos.
—Cariño, tenemos que hablar —intervino la dama poniéndose de pie, su largo cabello castaño dorado le cayó como cascada por la espalda.
—¿Qué ocurre?
—Vamos dentro —dijo su padre tendiéndole una mano a la dama, Aldrichs los miro intrigado.
Entró detrás de sus padres y quedó sorprendido al encontrarse con sus tres tías, las sirenas sonrieron al verlo.
—Cariño, pero que grande estas —dijo la mayor, una hermosa mujer de cabello rubio intenso y ojos verdosos.
—Tía Marina ¿qué está pasando?
—¿No le has dicho nada aún, Coral? —pregunto ésta.
—Se lo íbamos a decir ahora —se excusó su madre.
—¿Qué ocurre? ¿Por qué tanto misterio? —insistió poniéndose nervioso.
—Cariño, tus tías y yo debemos asistir a una reunión convocada por los hijos de la luna.
—Los lobos ¿pero por qué?
—Viejas leyes serán renovadas y se requiere la presencia de los líderes de las diferentes comunidades —respondió el pelinegro.
—Endimión, tú como hechicero blanco también debes estar allí —dijo Marina.
—Lo sé, pero hace poco Hellsing se ha puesto en movimiento otra vez, algo planea y mi deber es darle caza ya que fue mi culpa que él encontrara la forma de ser inmortal.
—¿Papá de que hablas? —preguntó Aldrichs.
—Hijo, hace mucho cuando yo era joven me mezclé con los cazadores y ayudé a su líder a conseguir una piedra filosofal, cuando comprendí lo que había hecho ya era muy tarde, Hellsing asesinó a muchos, cazó y persiguió a los vampiros queriendo vengarse de Draculea ya que por él, Morgana lo desprecio.
—¿La mamá de Serena?
—Así es, yo cuidé de ella y después de que Serena se reuniera con su padre fui en busca de Hellsing acompañado de Darien, mi nieto, pero las cosas no resultaron como yo quería, cuando conocí a tu madre Darien se marchó por su lado molesto porque decidí quedarme con ella. Pero hace poco me volvió a contactar Hellsing, está en Gran Bretaña… pero también un hechicero blanco debe ir a la reunión del consejo.
—¿Qué quieres decir? —preguntó el chico.
—Aldrichs —Endimión materializó su báculo—, a partir de ahora eres mi sucesor como hechicero blanco —extendió su mano, el aturdido castaño sujeto el báculo que brillo en sus manos.
—Pero papá…
—Tranquilo hijo, todo irá bien sólo debes presentarte en la reunión del consejo, tu madre y tus tías te respaldarán y en cuanto yo pueda me uniré a ustedes.
Poco después Aldrichs miraba por la ventana de su cuarto, sobre su cama estaba el báculo que parecía estar hecho de cuarzo blanco.
—¿Estas preocupado Ald? —preguntó una vocecilla y sobre sus hombros se posó una nutria de pelaje blanco.
—No sé qué hacer Nikos, papá se ha marchado y mamá ya tiene todo listo para ir a Rumania pero ¿y si cometo un error y provoco un desastre?
—Tu padre confía en ti y no te habría dado esta responsabilidad si supiera que no podrías con ella.
—Tienes razón, yo puedo hacerlo —dijo con convicción.
—Así se habla —animó el pequeño familiar albino.
En las afueras de una finca española tres chicos corrían haciendo parcou, la única mujer del grupo pegó un salto y en rápidos movimientos trepó por las sobresalientes de una pared desde la que se impulsó para acabar sobre un viejo roble.
—Admítanlo soy la mejor —dijo la chica desde lo alto.
—Eso no se vale Daniela, es hacer trampa —protestaron los dos chicos.
—Bah, esas son excusas de perdedores —respondió ella.
—No tientes tu suerte hermanita —gruñó uno de ellos mostrando sus colmillos y cambiando sus ojos a dorado antes de convertirse en un gran lobo de pelaje rojizo, a su lado el otro chico también se trasformó en un lobo de pelaje marrón con patas blancas y orejas verdes.
—David, a mamá le va a dar un ataque cuando vea que te has teñido el pelo y ahora tienes orejas verdes —se burló ella riendo.
—Baja ahora pequeña sabandija —ladró el lobo rojizo pegando un salto con el que alcanzó a la chica.
—Parece que los cachorros quieren pelear —rió la chica y dio un salto, cayendo de pie frente a los lobos.
—Transfórmate —gruñó David.
—No queridos hermanos, les voy a demostrar que no importa la forma en la que este soy su alfa y me deben respeto —respondió la chica, los dos lobos saltaron.
Desde la ventana de la casa una mujer observaba el espectáculo, su hija había crecido para ser una gran alfa, algún día lideraría la manada y ya iba siendo hora de que los demás clanes y manadas conocieran a la heredera de España.
En Rumania, Seiya tenía los ojos algo irritados pero finalmente habían logrado dar con la última ubicación de los sagrados pergaminos, volteó para darle la noticia a su querida Bombón pero la vio completamente dormida, sonrió, habían sido los días más largos de su vida pero finalmente lo habían conseguido.
En un lujoso hotel de Bucarest un grupo acababa de llegar, lo encabezaba un hombre de cabello negro y ojos azules acompañado de dos jóvenes.
—Buenas noches señor tenemos una reservación —dijo al recepcionista mostrando la tarjeta, el hombre asintió y le dio tres llaves.
—Disfruten de su estancia —se despidió cuando el grupo se alejó.
Minutos después un grupo de damas también se apareció, cuatro mujeres de gran belleza presentaron su tarjeta y el recepcionista entregó nuevas llaves, entonces un joven se acercó y también mostró su tarjeta, el recepcionista miró al chico y volvió la mirada a la tarjeta, hizo eso en dos ocasiones.
—¿Hay algún problema? —preguntó el chico.
—Ninguno señor, ninguno —respondió el hombre y rápidamente le dio su llave.
La rutina se repitió varias veces con diferentes grupos que iban llegando. Más tarde, en la noche, algunos de los más jóvenes salieron a conocer la ciudad, los humanos ajenos a todo el movimiento de criaturas mágicas que ocurría en su ciudad seguían con su vida sin mayor alteración y alguno que otro se extrañó por la gran cantidad de turistas que habían comenzado a llegar pero tan rápido como lo pensaron lo olvidaron.
Daniela sonrió mientras salía a pasear por las calles de la ciudad, sus hermanos se tardarían un poco más así que ella podría ir dando un par de vueltas y con una sonrisa salió corriendo.
—Nick, no creo que a Regulus le guste que nos salgamos sin decirle nada.
—Relájate Claire, de seguro él estará dormido cuando volvamos, además dijo claramente "disfruten de la ciudad".
—Pero no creo que se refiriera a esto —protestó la chica.
—Vamos, no pasa nada —insistió el rubio y salió corriendo seguido por la castaña.
—¡Cuidado Nick! —pero ya era tarde, el chico había chocado contra otra joven y terminado en el suelo.
—Daniela ¿pero qué le estás haciendo al chico? —preguntó Diego.
—¿Por qué asumen que yo le hice algo? —preguntó ella molesta.
—Hermanita, estás sentada sobre él —respondió David riendo, la chica miró al rubio y se puso en pie de un salto.
—Te dije que no debías correr Nick —regaño una molesta Claire.
—Ya no hagas tanto drama, no pasó nada grave —respondió el rubio poniéndose de pie—. Hola soy Nick y ella es Claire ¿ustedes cómo se llaman?
—Yo soy David, él es Diego y la salvaje es Daniela —los presentó el castaño con mechas verdes.
En una casa de dos pisos una mujer de unos veintiocho años miraba con tristeza la fotografía a blanco y negro.
—Señora Soare, el Consejo se reunirá dentro de dos noches, al parecer el joven Atoris y la señorita Draculea han encontrado la ubicación de los pergaminos —informó una mujer más joven.
—Gracias Nia —respondió la mujer.
—Abuela ¿no piensas hablar con Seiya Atoris? —preguntó una chica de cabello rubio y ojos azules.
—Mi querida Valeshka, no creo que él me quiera ver —dijo la mujer.
—Pero abuela, tú eres su madre.
—Lo sé, así como que también sé que lo deje con Amon cuando apenas era un recién nacido, no pude oponerme a la manada y no fui capaz de defenderlo, lo deje con su padre y me marche sin mirar atrás.
—No tenías opción, él era un hibrido, si no lo hubieras entregado a su padre la manada lo habría asesinado.
—Pude luchar por quedarme con él, no estuviste allí querida, la mirada aterrada que tenía Amon aquella noche cuando puse al bebé en sus brazos, ni siquiera sabía cómo sostenerlo y temía que si lo sujetaba con demasiada fuerza se rompería pero a pesar de todos sus temores lo tomó en brazos y lo vio con amor y devoción, me pidió que me fuera con él, me prometió protegernos… sé que él lo habría hecho después de todo Amon es un nosferatu pero yo fui cobarde, no quise dejar mi manada y dejé a Seiya, me quede aquí… ahora ya no tengo el derecho de ir con él —volvió la mirada a la fotografía mágica donde un niño de cabellos oscuros sonreía feliz saludando en los brazos de un joven.
En la casa de la séptima isla de Avalon, Sirius miró a Remus y a James, los tres ex merodeadores suspiraron, cuando eran tan sólo estudiantes jamás imaginaron que algo así les iría a pasar a ellos.
—¿Entonces te irás? —preguntó Sirius dirigiéndose a Remus.
—Regulus me envió una carta pidiéndome que me haga cargo de la manada por ahora.
—Tienes que tener cuidado con Dumbledore, después de lo que dijo Tonks ya no me queda duda que ese viejo está loco y Fudge está completamente a su disposición.
—Deberíamos derrocar al Ministro y también al director de Hogwarts —comentó James.
—No sería mala idea, ese par ha cometido suficientes errores como para que no se les permita seguir en el poder —agregó Sirius.
—¿Y quién sería el nuevo Ministro? —preguntó el castaño.
—Amelia Bones sería una buena Ministra y estoy seguro de que McGonagall haría de una gran directora —respondió James.
—¿Las mujeres al poder entonces? —comentó divertido Remus.
—Pues ya iba siendo hora de que reconocieran que nosotras somos mejores que ustedes —intervino Andrómeda acercándose junto a Narcissa.
—Pero si son las "princesas serpiente"—bromeó Sirius.
—Pero si son los "gatos callejeros" —respondió Narcissa sarcástica.
Los cinco se miraron fulminándose con la mirada para finalmente romper a reír, en sus días de estudiantes solían molestarse y gastarse bromas. Finalmente Narcissa se acercó y sus ojos vagaron hacia las estrellas, toda la familia Black llevaba nombres de estrellas, eso les hacía sentirse superiores, intocables, cercanos al cielo; sonrió con nostalgia, extrañaba a su hijo y también a su hermana a Bella. Andrómeda le colocó una mano en el brazo y le sonrió, Sirius suspiró, sus ojos mejorados por su condición eran capaces de ver el firmamento en su completa belleza y se preguntó qué dirían sus primas si pudiesen ver lo que él veía.
—¿Mañana podré ver a Draco? —preguntó Narcissa interrumpiendo los pensamientos del animago.
—Sí, mañana podrás verlo.
—Y Harry ¿él está con Draco?
—Sí.
—Bien, así podre cocer a maldiciones a ese chiquillo por haberle hecho eso a mí inocente hijo —sentenció.
—Hermana, Draco será todo lo que tú quieras pero inocente definitivamente no —contradijo Andrómeda.
—Para una madre su bebé siempre será inocente.
Andrómeda pensó unos minutos y finalmente asintió, ella pensaba lo mismo de su bella Dora, su hija para ella aún era dulce e inocente. Sirius se rió atrayendo las miradas de las mujeres y sus amigos.
—¿Cuál es chiste, chucho? —preguntó Andrómeda.
—Yo no lo intentaría Cissy, Draco le tiene mucho apego a Harry y si tú se lo quitas hará un buen berrinche.
La mujer lo miro sorprendida y después sonrió, era cierto, Draco amaba al pelinegro y Narcissa había sido testigo del amor con que el pelinegro miraba a Draco pero ya mañana vería que pasaba.
En un futuro cercano
Una mujer de cabello castaño y revuelto vestida con una capa sucia y roída iba junto a otra de cabello negro con puntas rojas, ambas montadas en un par de motocicletas y a pesar de que el paisaje se volvía borroso ellas aumentaban la velocidad cada vez más conduciendo por la autopista.
—Han pasado casi seis meses desde que viste a Polux ¿verdad? —preguntó la de cabello castaño.
—Sí, no sabes cómo lo extraño.
—La última cacería nos ha tomado más de lo que pensamos —añadió la castaña.
—Esos murciélagos se vuelven cada vez más astutos.
—Lo sé, pero al fin hemos logrado librarnos de ellos, aunque sea temporalmente.
Al frente empezaron a ver una ciudad y aceleraron, las personas que las vieron llegar se hicieron a un lado cuando las motocicletas pasaban hasta que finalmente aparcaron en una casa blanca, la puerta se abrió antes de que las chicas se bajaran, un niño de cabello rojo oscuro salió corriendo.
—¡Mamá! —gritó el pequeño, la pelinegra se agachó y abrazó al niño.
—¿Cómo has estado cariño?
—Muy bien mamá pero...
—Tenemos visita amor —dijo un pelirrojo.
—¿Quién? —preguntó ella mirando a los chicos de cabello rojo que habían aparecido.
—Hola —los ojos de la mujer recién llegada se abrieron sorprendidos.
—Madre… —fue lo único que atinó a decir.
En la actualidad…
En Azkaban los gritos se iban elevando mientras que un grupo de cazadores custodiaban la entrada jugando poker, los cuatro hombres fingían que aquellos desgarradores gritos provenientes de la prisión de magos no eran nada aunque por dentro ellos rogaban por no acabar igual a esos pobres condenados.
Sentado en una habitación pequeña Hellsing bebía de una copa de vino mientras Regina lo miraba en silencio, a su lado estaba una mujer pelinegra afilando una espada corta.
—Maestro ¿cree que funcione? —preguntó la mujer mayor.
—Mi querida Regina, claro que funcionará porque que sólo un monstruo puede cazar a otro, pero solo un humano puede librar al mundo de ellos y pronto yo tendré mi propio ejército de demonios listos para erradicar el mal de este mundo —rio el hombre y bebió otro sorbo de su copa.
La mujer suspiró y salió de la habitación, ella seguiría a su maestro hasta el mismo infierno, no le importaba que él se estuviera equivocando ella juró seguirlo pero tenía un muy mal presentimiento con lo que estaban haciendo.
Continuara…
