15. Silencio
Brienne despertó de pronto, sentía ruidos de pasos por la casa. Abrió los ojos y se vio acurrucada en el sofá junto a Jaime, se ruborizó y se incorporó al instante. Su gesto hizo que él despertara también, la miró a los ojos. Ninguno de los dos decía nada. Brienne recordaba que se habían besado por lo que parecían horas hasta que habían quedado dormidos en el sillón.
— ¡Buenos días, chicos! —los saludó Asha con una sonrisa radiante.
—Hola—dijeron los dos a la vez, se volvieron a mirar.
—Anoche los vi muy…ocupados—se rió—, así que me fui a divertir un rato para darles más privacidad.
Brienne vio que estaba guardando las cosas en su maleta.
— ¿Ya nos vamos…?
—Seh, el torneo se suspendió…hasta que se aclare lo sucedido—suspiró enrabiada—. ¡Una mierda! ¡Después de prepararnos durante tanto tiempo!
— ¿Kevan dijo algo? —preguntó Jaime, desperezándose y bostezando.
—Hará una reunión cuando volvamos a Baelor. Ahora está hablando con Selmy…
—¿Qué fue de Robb Stark…? —preguntó ella.
—Está grave, dicen— contestó Asha—, Catelyn Stark mandó a buscar una ambulancia aérea para trasladarlo a un hospital de Invernalia.
—Tiene sentido—dijo, recordando lo que le había contado Jaime anoche.
Él se incorporó.
—Debo hablar con mi tío urgente.
Se desperezó, tomó su chaqueta y se dirigió hacia la puerta, pero antes de salir se volteó hacia Brienne.
—Te veo luego—le sonrió.
Ella asintió, mientras sentía un revoloteo de mariposas en el estómago. De repente, Asha le dio fuerte un codazo en las costillas.
— ¡Asha! —exclamó ella, sobándose.
—Cuéntamelo todo—los ojos de su amiga brillaban.
Brienne pensó que era complicado de explicar, había pasado de forma tan repentina.
—Sólo nos besamos…—se limitó a decir.
Su amiga rió.
—Es un comienzo—le guiñó un ojo.
—Supongo…—dijo—Iré a empacar.
Sin embargo, su cabeza estaba en otro lado. Ya no pensaba en Robb Stark y las intrigas entre todas esas familias poderosas. Ni siquiera pensaba en el torneo, parecía que había combatido hace años. Sólo en Jaime, sus cálidos besos y caricias.
Cuando estuvo lista, bajó junto a su amiga. Asha se fue junto con Horas Redwyne. Brienne buscó a Jaime pero no lo encontró, así que partió hacia su auto para esperarlo allí. Se quedó un rato sentada, mirando distraídamente por la ventana. Y al cabo de un rato, él apareció.
—Creí que te irías sin mi—le dijo bromeando.
Ella rió y se puso el cinturón de seguridad.
—Kevan se negó a escucharme…—meneó la cabeza y se ajustó el cinturón con la mano izquierda—, dice que debo esperar a que lleguemos a Baelor.
—Estoy segura que tendrán tiempo para conversar con calma—le dijo ella—, cuando pase el caos…
—Seeh
Brienne hizo partir el auto, había bastante congestionamiento por la cantidad de academias que estaban en la ciudad y que se disponían a partir también. Por lo menos pasó una hora cuando ella pudo salir por fin a la autopista.
Fue en ese momento, mientras recorrían tranquilamente el Camino Real, cuando se hizo patente el silencio. Ninguno de los dos hablaba, en aquellas ocasiones en que miraba a Jaime de reojo, él sólo tenía la vista fija en la ventanilla como si quisiera memorizar cada detalle del paisaje.
"¿Estará arrepentido?" preguntó una maldita vocecilla en su interior. "Es probable" se respondió a sí misma, se mordió el labio.
Abrumada por el silencio, prendió la radio. Fue cambiando el dial hasta que escuchó el nombre de "Robb Stark", lo dejó allí. Jaime perdió su expresión ensimismada y prestó atención.
"Así fue como Catelyn Stark se llevó a su hijo sin dar declaraciones" decía el locutor. "Sin embargo, Walder Frey contó a la prensa que ya se ha iniciado una investigación. Se cree que los responsables serían parte de un grupo terrorista de Essos, Roose Bolton agregó que…"
Jaime apagó la radio. Brienne lo miró.
—Me enferma este circo—le dijo.
Pasado el mediodía, pararon a comer a una estación de servicio. Como el silencio persistía, Brienne se dedicó a mirar a la gente: viajeros alegres, un grupo de hermanas silenciosas, pero por sobre todo había participantes de otras academias. Vio a Oberyn en la fila del mostrador acompañado de una hermosa chica y hablando por señas con un tipo bastante atractivo que estaba sentado en una mesa cercana, había una silla de ruedas a su lado, ambos tenían rasgos dornienses por lo que supuso que serían sus parientes. De pronto él y la chica se besaron apasionadamente. Ella apartó la vista y se encontró con la mirada de Jaime.
—¿Qué pasa, chiquilla? —sus ojos verdes la miraban penetrantemente.
—Nada—respondió ella, sosteniéndole la mirada.
De pronto él le quitó su hamburguesa de la mano y comió un pedazo. Brienne le dio una palmada en la mano para recuperarla, como siempre hacía. Él rió, pero ella por primera vez, se sintió aburrida del mismo chiste, por lo que siguió comiendo y observando a la gente. El silencio volvió.
Al rato, continuaron su camino. Ya era de noche cuando llegaron a la ciudad, Jaime canturreaba un tema de rock que estaban tocando en la radio, pero Brienne se sentía enfadada por lo que se dirigió directamente hacia su departamento.
—Nos veremos mañana, supongo—le dijo él, su voz era suave.
Lo miró y asintió con la cabeza, sus manos estaban aferradas al volante. Sabía lo que quería hacer, pero le molestaba que él no le hablara en todo el camino ni que sacara el tema.
—Hasta mañana—le dijo en voz baja, volviendo la vista hacia el parabrisas.
Él suspiró.
—Hasta mañana, Brienne—respondió, saliendo del auto.
Ella no pudo evitar mirarlo hasta que llegó a la puerta del edificio, pero antes de entrar él se dio la vuelta y le dijo adiós con la mano. Brienne se ruborizó, le respondió apenas y partió.
Condujo más rápido de lo normal, hasta que sin darse cuenta llegó a la puerta de su casa. Dejó su maleta un lado y fue directo a la ducha, dispuesta a olvidarse por un rato de estos extraños días. Pero fue imposible.
"Fue sólo un momento" reflexionó mientras el agua de la ducha corría por su cuerpo. "Ambos estábamos vulnerables, sobretodo él".
Ella nunca antes había tomado la iniciativa, pero era tal el nivel de intimidad, que se había acercado a él sin pensarlo. Y Jaime le había respondido, recordó lo cómoda y protegida que se había sentido en sus brazos mientras él le acariciaba la espalda y jugaba con su pelo. Ella le había acariciado su barba. Cuando creía que el momento se iba a terminar, Jaime la acercaba y la volvía a besar.
Pero ya la magia había pasado y aunque aún se sentía molesta con él, sabía que era absurdo pensar que iban a comenzar una relación o algo. Eran demasiado diferentes, desde sus familias e historias de vida. Además él tenía a su hermana.
"Él la sigue amando". Recordó que hace poco tiempo había visto una foto de ambos en su habitación, estaba hojeando una revista que tenía él en su mesita de noche y de pronto ésta cayó. Ella no pudo evitar quedarse hipnotizada mirándolos, ambos iguales, hermosos y perfectos. Sólo Cersei miraba hacia la cámara, él la tenía abrazada y besaba su cuello.
De pronto, Jaime había llegado con un bol de palomitas de maíz y la había descubierto.
—Lo siento—había dicho ella devolviéndole la foto—. Yo no quería…
Pero él le había sonreído.
—Es una lástima que hayas tenido que ver esto—. Con su mano buena la arrugó y la tiró a un tacho de basura.
—De todos modos, era la última—forzó una sonrisa radiante que no llegó a sus ojos.
Él había prendido el dvd y no tocaron más el tema. Pero la foto quedó grabada en su memoria. Luego había buscado a Cersei por internet y le salieron noticias actuales relacionadas al ámbito de los negocios y su vida en sociedad. Seguía realmente hermosa, ni siquiera su reciente embarazo había hecho mella en su cuerpo.
Brienne cerró el grifo.
"Podrá haber terminado con ella, pero no estará con ninguna otra mujer."
Salió de la ducha y se miró al espejo. Se notó más grande que nunca, su nariz torcida la saludó, al igual que sus dientes disparejos y su cabello lacio y sin gracia.
"Menos conmigo"
Cuando salió del baño, escuchó el ringtone de su celular desde el living. Cuando lo tomó, vio que era su padre.
—Hola, papá—lo saludó.
—Hija ¿Cómo estás? Supe lo que pasó.
—Estoy bien, papá. Ya volví a Desembarco.
—Me alegro—dijo él—, en las noticias dicen que el ataque fue provocado por un grupo terrorista de Essos ¿sabes algo?
Ella recordó lo que le había dicho Jaime y se mordió el labio.
—No lo sé, papá.
— ¿De veras estás bien? Tu voz se escucha extraña.
—Sólo estoy cansada, papá…el viaje fue muy largo.
—Ya hija, te dejo para que descanses. Goodwin te manda saludos y pregunta cómo te fue en el torneo.
—Saludos para él, cuéntale que clasifiqué a la semifinal.
—¡Esa es mi hija!
Se escucharon unos vítores, ella sonrió.
—Iré a dormir, papá.
—De acuerdo, descansa hija.
—Cariños para todos en Tarth, te quiero papá.
Colgó y luego de ponerse el pijama, prepararse unos sándwich en la cocina, se dirigió a su habitación dispuesta a dormir. Miró su teléfono, pero no tenía ningún mensaje. Se preguntó si su amistad con Jaime se arruinaría para siempre.
"Anoche a esta hora estaba con él". Recordó los dulces que fueron sus besos, a diferencia de su única experiencia previa con el idiota de Hyle.
Se estaba quedando dormida, cuando el celular vibró. Su corazón saltó.
JAIME: Que duermas bien
Se sentó en la cama, no sabía si contestarle. Pero al final, escribió:
YO: Tú también
