16. Asunto de Madurez
Jaime escuchaba las palabras de Barristan con aburrimiento, el maestro les hablaba sobre lo ocurrido en las Tierras de los Ríos, haciéndoles hincapié de que estos sucesos no debían manchar lo que eran las Artes Marciales. La única noticia era que Robb Stark estaba milagrosamente fuera de peligro, aunque la gravedad de sus lesiones le impediría seguir entrenando como antes. De los responsables aún no se sabía nada.
Él se sentía muy fastidiado, Kevan se había negado a creer en su versión de los hechos, sólo se había limitado a responder que el asunto se aclararía con los resultados de la investigación.
Ahora, sus ojos sólo recorrían continuamente el salón donde todos los alumnos estaban escuchando atentamente el discurso de los maestros. Casi todos en realidad, porque sabía que Brienne tampoco estaba prestando atención, sin embargo cada vez sus que ojos se encontraban, ella los desviaba.
"Maldición"
No cayó en la cuenta de que Selmy había dejado de hablar hasta que escuchó el bullicio, seguido de la llamada al orden de Kevan, que anunciaba el inicio del entrenamiento. La mejoría de su mano le permitía entrenar nuevamente cuerpo a cuerpo, siempre y cuando pusiera ésta detrás de su espalda. Estuvo practicando un rato con Gendry, pero luego lo dejó con Podrick, así él se iba a observar y corregir a los otros estudiantes.
—¡Eso Bri!— escuchó que decía Asha, mientras la chiquilla efectuaba una rápida combinación de patadas. Ella había mejorado mucho.
—Esas piernas están muy lentas aún—se escuchó decir, Brienne lo miró con los ojos entornados—. Postura encorvada y… esa guardia está muy baja—añadió mientras señalaba los defectos que encontraba.
Ella deshizo la posición de combate y avanzó un poco hacia él.
— ¿Qué pasa, Jaime?
—Sólo te estoy enseñando, como siempre chiquilla—se encogió de hombros—.Creo que las lecciones particulares en tu casa tomaron otro rumbo y no el qué deberían—añadió.
Ella enrojeció y él sonrió por dentro.
—¿Quieres probarlo? —su voz fue un susurro.
Jaime sonrió ampliamente.
— ¿Me permites? —le preguntó a Asha, quién asintió y se puso a un lado, mirándolos con diversión.
Y no era la única, otros discípulos se pusieron a cuchichear y suspendieron sus prácticas para mirarlos. Brienne lo notó también, pero estaba tan enojada con él que no le importó. Adoptó la posición de combate.
Él hizo lo mismo, escondió su mano derecha detrás de su espalda.
—Comencemos—dijo.
Y Brienne no dudó en atacarlo con sucesivos golpes de puño y patada. Él la esquivó, bloqueó y se lanzó a ella.
"Se ha vuelto aún más fuerte y rápida" pensó con orgullo.
Ambos se dejaron llevar en su danza, hasta que él de pronto le hizo una técnica de agarre, tomándola por la cintura y acercándola a él. A esa altura, un gran grupo de estudiantes se había congregado a su alrededor. Pero él sólo buscaba sus ojos.
"Mírame" pensó.
Brienne lo hizo, por unos diez segundos le mantuvo la mirada. Pero de pronto, ella se zafó de él y efectuó una patada circular que impactó fuertemente en su abdomen. Él no supo como de pronto estaba en el suelo y por lo menos a un metro de distancia de lo que había estado hace un segundo.
Hubo varios vítores y muchos lo apuntaban y se reían, entre ellos Renly, quién estaba a las carcajadas. Brienne lo miró con los ojos entornados, pero esbozando una sutil sonrisa de suficiencia que él no le había visto antes.
— ¿Qué pasa aquí? —se escuchó la voz de Kevan, la multitud lo dejó pasar.
Él se incorporó.
—Jaime, ¿Qué es esto de armar este alboroto en un entrenamiento oficial de la academia?
—Lo siento, tío. Nos emocionamos—le sonrió a Brienne con complicidad.
—Brienne Tarth, pensé que tenía más sentido común.
—Lo siento, maestro—su sonrisa había desaparecido y se veía avergonzada otra vez. Bajó la cabeza.
—Se solicita que todos los estudiantes vuelvan a sus entrenamientos—se escuchó la voz de Barristan.
Y de inmediato, todos se pusieron en pareja de nuevo. Él miró a Brienne riendo, pero ella sólo musitó un "Idiota". E ignorándolo, se puso a practicar nuevamente con Asha.
Luego del entrenamiento, se fue a dar clase. Los chicos estaban muy alborotados por su combate con Brienne y le hicieron muchas preguntas.
—Tío Renly dice que ustedes dos son novios ¿es cierto, maestro Jaime? —preguntó Shireen.
Él no contestó y los llamó a ordenarse, desde ahí la clase resultó más o menos tranquila.
Cuando por fin se disponía a partir, vio que la chiquilla se iba rápidamente por la salida principal. Corrió para alcanzarla y la tomó del brazo. Ella se volteó y lo miró molesta.
— ¿Qué quieres, Jaime? —le preguntó—¿Nuevamente planeas humillarme en público?
—Pero si fuiste tú la que me humilló, chiquilla—le respondió él, sobándose el estómago.
Ella negó con la cabeza.
—Todos hablan de mí, me miran y se ríen. No es agradable. ¡Y todo por tus burlas! —le reprochó.
—Sólo quería romper la tensión—repuso sonriendo pero a la vez algo preocupado por lo afligida que se escuchaba.
— ¿Y la única manera que se te ocurre es molestándome?
—Sé que cuando te enojas, me hablas—le respondió—¿O se te ocurre otra forma? —añadió sin pensarlo.
Ella se puso roja y meneó la cabeza.
—Definitivamente no se puede hablar seriamente contigo—le dijo—¿Cuándo vas a madurar?
Se volteó y se fue.
Su ánimo por la tarde había empeorado considerablemente. Sabía que había sido muy odioso con la Brienne, y aunque en ese momento sintió placer al hacerla enojar, ahora sabía que ella menos le hablaría.
Si las cosas hubieran sido distintas, lo más probable es que hubieran pasado la tarde juntos como lo habían hecho desde hace dos meses atrás. Conversarían, se reirían, tal vez verían alguna película o quizá Brienne se dejaría llevar como esa noche en el hotel. Aún sentía el sabor de sus labios gruesos, el contacto cálido de su cuerpo musculoso cuando terminaron en el sillón. Pensar en ello lo hacía sentir excitado nuevamente.
"Nunca hubiera dicho que iba a experimentar estas sensaciones con una mujer que no fuera Cersei."
Tomó nuevamente su celular.
"Mañana la buscaré y le hablaré".
Era la noche cuando llegó un correo:
"Clases suspendidas en Baelor"
Los Maestros Kevan y Barristan fueron citados a los Gemelos para atestiguar sobre el incidente ocurrido en la última edición del Torneo de las Tierras de los Ríos, por lo que los entrenamientos serán suspendidos. Se espera que en una semana todo vuelva a la normalidad.
Atte
Ros Nieve, Secretaria General Academia de Baelor.
"Mierda" pensó Jaime.
Pasaron tres días, Jaime estaba viendo televisión pero sin prestar atención. Aún no hablaba con Brienne, lo que lo hacía sentir un extraño vacío en su pecho. Miró nuevamente el celular y abrió la aplicación de mensajería instantánea, presionó su nombre.
Brienne - Última vez hoy hace un minuto.
Con la yema del dedo, tocó la pequeña ventanilla rectangular, desplegándose al instante, el diminuto teclado. Iba a teclear un "Hola" cuando se escuchó el sonido de la puerta y su pequeño hermano entró.
—¡Hola! —lo saludó, traía dos pizzas familiares que dejó sobre la mesa.
—Hola—respondió él, incorporándose. De pronto, se dio cuenta de lo hambriento que estaba.
Se sentaron a comer.
— ¿Has descubierto algo? —le preguntó a su hermano por enésima vez.
—Nada—respondió Tyrion—, padre no ha hablado más de sus proyectos en el norte, de hecho pasa horas encerrado en su oficina. No te imaginas la tranquilidad que se siente.
Su hermano compartía sus sospechas. Jaime suspiró con frustración. Él quería respuestas. ¿Tendría que ir a buscarlas él mismo a Lannister Corp? La idea le desagradable bastante, no se sentía preparado para un enfrentamiento con su padre y, además allí estaría su hermana.
Meneó la cabeza y miró el celular nuevamente, ya casi era un acto compulsivo.
"Nada".
— ¿Cuándo me vas a contar? —preguntó su hermano.
— ¿Qué cosa? — preguntó él distraidamente, tomando un segundo trozo de pizza.
—Si crees que puedes mantenerme engañado, significa que estás peor de lo que pensaba.
Jaime no respondió.
—Peleaste con Brienne, eso ya lo noté, ahora dime… ¿por qué?
—Me he comportado como un idiota…
Tyrion frunció el entrecejo.
— ¿Por qué? ¿Qué hiciste?
—Me burlé de ella.
—Siempre lo haces—meneó la cabeza—, no sé cómo te soporta…
—Lo sé, pero ahora es diferente…
Su hermanito le miró la expresión y sonrió ampliamente.
— Algo pasó en ese viaje ¿es eso?
Él asintió.
—¡JA! ¡Muy bien! —exclamó su hermano golpeando la mesa—. ¿Fue en el hotel?
—Sólo la besé…—le aclaró, sospechando que su hermano podría estar pensando en algo más—, ella es sólo una chiquilla.
—¿No tiene dieciocho? —inquirió él—. Pero bueno, ¿Cuál es el problema? ¿Ella te golpeó o algo? —rió.
Jaime puso los ojos en blanco.
—No es eso, pero no hemos vuelto a hablar del asunto.
—Déjame adivinar ¿Le diste un beso y ahora no sabes cómo actuar?
Él sólo se limitó a tomar un gran trago de cerveza. Tyrion empezó a reír fuertemente.
—¿Qué es lo chistoso?
Su hermano siguió riendo.
—Ay, hermano—le dijo mientras se enjaguaba las lágrimas—. Déjame decirte que en vez de un idiota, te estás comportando como un chiquillo de doce años después de su primer beso.
Volvió a reír. Jaime lo dejó, sabía que tenía razón. Pero por otro lado, él había estado sólo con su hermana y su relación se había dado sola, cuando menos lo quisieron ver estaban besándose apasionadamente en cada rincón oscuro de la Roca. Y luego, sin casi haberlo previsto se encontraron entrelazados en la cama. Nunca lo hablaron previamente, fue como si lo hubieran sabido desde que nacieron.
Pero esta vez se trataba de algo distinto y una persona completamente diferente también. Comió un último trozo de pizza en dos bocados. Tyrion dejó de reírse y lo miró con una seriedad repentina.
—Porque no creo que estés en este dilema a causa de nuestra hermanita ¿verdad?
Jaime negó con la cabeza.
—Lo sabía—él le guiñó un ojo—, desde que conociste a Brienne te noto diferente, hermano. Ella te hace bien. Deberías buscarla, porque es obvio que tendrás que hacerlo tú.
Jaime no respondió, pero sabía que su hermanito había vuelto a acertar. No hablaron más del tema y siguieron comiendo en silencio.
A la tarde, fue a su sesión de fisioterapia. Notó con júbilo que su mano tenía cada vez mayor movilidad. El doctor lo felicitó por su constancia, pero él sabía que era en gran parte debido a la insistencia de Brienne.
Después de salir, tomó un autobús que lo llevó a las afueras de Desembarco del Rey. Cuando estuvo afuera de su casa, dudó un poco antes de tocar el timbre, pero finalmente lo hizo. Y al rato abrió la chiquilla. Llevaba puesta su ropa deportiva: camiseta negra y calzas ajustadas del mismo color. Estaba sudando.
— Hola—la saludó con precaución.
—Hola—respondió ella, un poco insegura pero sosteniéndole la mirada.
— ¿Me dejas pasar?
— ¿Te comportarás? —le preguntó con los ojos entornados, pero por las comisuras de sus labios sabía que estaba reprimiendo una sonrisa.
—Trataré—le dijo sonriéndole.
Brienne asintió y lo invitó a entrar, volviendo al instante al patio para seguir entrenando. Él la siguió.
