17. Otra oportunidad
Brienne había ido al cine junto a Jaime a ver una película de artes marciales. Él le había insistido que se tomara un respiro con el entrenamiento y la había invitado a salir. Era una película muy vieja y algo ridícula, los malos efectos le habían sacado unas cuantas sonrisas y a Jaime unas buenas carcajadas. Pero era un clásico y ambos querían verla desde hace tiempo. El cine estaba ubicado en el Lecho de las Pulgas, y era tan viejo como las películas que transmitía.
La tomó por sorpresa que él llegara repentinamente esa tarde, la última vez no habían quedado en buenos términos y ella lo único que había querido era golpearlo (y lo había hecho). Como no sabía que decirle, continuó con su entrenamiento hasta que él decidiera hablarle, pero Jaime suavemente la había tomado del brazo para que lo mirara.
La salida les había ayudado a romper un poco la tensión, pero no en partes iguales. Él se mostraba otra vez conversador y eufórico, pero ella todavía se sentía algo molesta.
—¿Vamos a comer?—le preguntó, cuando terminó la película y los pocos asistentes se paraban de sus asientos.
—De acuerdo—respondió.
Él le sonrió ampliamente. Continuaron caminando por la avenida principal, la cual estaba llena de locales de comida típica, bares y negocios de artesanía. Todo tenía un aire muy sencillo pero atractivo. Habían llegado en autobús ya que él le había dicho que era peligroso llevar el auto a ese barrio.
—Hay ciertas calles a las que mejor no asomarse, chiquilla—le dijo.
—¿Con quién vienes aquí?—le preguntó.
—Con Tyrion.
Brienne asintió. Estaba pensando que era improbable que su elegante hermana aceptara tener citas con él en este lugar. Aunque la salida de ellos tampoco podía llevar ese nombre, era evidente que Jaime se estaba esforzando por recuperar la relación de amistad de antes. No estaba interesado en algo más.
"Ojalá fuera así de sencillo para mí".
Pero no lo era. Y el hecho de que quedaran cosas sin cerrar entre ellos la inquietaba y la hacía sentirse molesta otra vez. Pero era Jaime quién tenía que sacar el tema.
"Él fue el que huyó" reflexionó.
—Aquí es—le dijo, sacándola de sus pensamientos.
Entraron a un pequeño local, no había mesas, sólo una barra. Él la condujo al fondo y le apartó uno de los altos bancos para que ella se sentara. Se sentía un aroma delicioso.
—¿Desde cuándo tan amable?
— Pago mis deudas.
Ella lo miró con el ceño fruncido, Jaime le sonrió.
—¡Hola, Jaime!
Brienne vio venir hacia ellos a una hermosa chica, vestida con un corto delantal.
—Hola Tysha—respondió él.
La chica se dirigió a ella y luego lo miró de vuelta.
—¿Una cita? —le preguntó sonriente.
—Seeh—respondió él—, ella es Brienne Tarth.
—Hola…—la saludó, desconcertada por lo que él había dicho.
—Tysha es amiga de mi hermano Tyrion—le dijo Jaime—, trabaja aquí desde hace años.
—Dile al ingrato que venga a verme—le dijo ella.
—Ok, le diré.
—¿Qué se van a servir?
—La especialidad de la casa—dijo él y se volvió hacia ella—, tienes que probar esos rollitos de pescado, chiquilla.
—De acuerdo, haré que se lo traigan cuanto antes—les dijo alegremente.
Cuando Tysha se fue, Jaime le dijo:
—A Tyrion le gusta, es la única chica con la que se muestra tímido ¿puedes creerlo?
Brienne apenas lo escuchó y asintió sin mirarlo.
—¿Qué pasa?—le preguntó.
—¿Por qué dijiste que era una cita?
—¿Acaso no lo es?
Brienne meneó la cabeza.
—¿Te estás burlando nuevamente?
—No, Brienne—le dijo con una seriedad repentina.
Ella lo miró con incredulidad, él suspiró.
—Sé que he sido un imbécil—comenzó—, pero esta vez hablo en serio…
Sus ojos la miraban intensamente. Ella no le respondió.
—Quiero que me perdones—continuó—, y que me vuelvas a tener confianza, te he extrañado—añadió.
Brienne se quedó perpleja. El local estaba lleno de gente y de fondo alcanzaba a distinguir la canción del Oso y la Doncella, pero de pronto parecía que sólo estaban los dos.
—Yo no entiendo que ocurrió—comenzó —, tú fuiste el que dejó de hablarme y cuando nos vimos nuevamente, sólo te burlaste de mí en público.
—Dame otra oportunidad—le pidió—, y todo será diferente.
Y para su sorpresa, Jaime de pronto se acercó a ella y le dio un suave beso en los labios. Brienne se sintió enrojecer, abrió la boca para decir algo pero justo apareció Tysha con el plato, que consistía en una montaña de esos rollitos hechos a base de pescado y arroz.
—¿También practicas artes marciales, Brienne? —le preguntó alegremente, mientras colocaba una botella de vino y dos copas.
Ella asintió.
—Siempre he pensado que las mejores relaciones se dan cuando la pareja tiene un interés afín—les dijo.
—Más si comienzan con un apasionante combate ¿cierto, chiquilla? —le preguntó él.
Brienne le sonrió.
Ninguno de los dos habló mientras comían, ella apenas notó lo delicioso que estaba el plato. Cuando terminaron, Jaime pagó y salieron del local. Fueron caminando hacia la parada de autobús. Sabía que él esperaba una respuesta y aunque ella sabía que quería decir, se sentía bloqueada. Mientras esperaban, él de pronto le acarició la mejilla y la volvió a besar, y esta vez Brienne le respondió, lenta pero decididamente, hasta que llegó el autobús.
—Vamos—le dijo ella, con una sonrisa tímida.
El viaje hasta su casa se le hizo muy largo, pero bastó que llegaran a la entrada para que retomaran lo que habían interrumpido. Jaime la atrajo hacia él, besándola profundamente y ella le respondió con ansiedad, saboreando su lengua mientras sus manos acariciaban su fuerte espalda. Él le mordió el labio inferior, haciéndola jadear. Sin romper el beso, Brienne consiguió abrir la puerta de la casa y lo llevó adentro, él cerró la puerta de golpe.
Momentos después, se encontraba sentada en la mesa de la cocina. Jaime besaba su cuello, y los dedos de ella estaban enredados en su cabello. Sentía el rostro ardiente y su corazón latía.
Cuando la miró, vio que sus ojos verdes brillaban.
—Debo suponer que es un sí—sus dedos rozaron sus labios.
Brienne sonrió y asintió.
