Nota: Uff después de mucho tiempo, actualizo. No me había olvidado del fic ;)
Contexto: Ha pasado una semana desde que Jaime y Brienne comienzan una relación, pero la tranquilidad no dura mucho.
18. Un extraño mensaje
Era de noche, Brienne estaba apoyada en la puerta del auto, afuera del edificio donde vivía Jaime, era tarde y debía partir a casa pero él se resistía a dejarla ir.
—Mañana tenemos entrenamiento—le dijo cuando rompieron el beso.
Hace unas horas habían recibido un correo electrónico avisándoles que Baelor reanudaba las clases, luego de una semana. Brienne lo agradecía, no había entrenado nada. Y aunque estos días con Jaime habían sido lo mejor que le había pasado desde hace mucho tiempo, se sentía culpable de haber sido tan irresponsable.
—¿Y qué? —le susurró.
—Voy a estar terrible…lo sé…
Él se encogió de hombros, esbozando su sonrisa descarada y acercando nuevamente su rostro al de ella. Brienne se dejó llevar.
Al otro día, ella lo fue a buscar temprano. Cuando llegaron a Baelor, Jaime la tomó de la mano al bajar del auto y ella, consciente de que todos los miraban, iba roja como un tomate, mientras que él sólo sonreía.
Los maestros no dijeron nada acerca de la repentina reapertura de Baelor, ni menos contaron algo referido a la investigación. Sólo aseguraron que el torneo se retomaría algún día, por lo que ellos tendrían que seguir entrenando duro. Brienne se sintió extrañada de la falta de información y vio que Jaime miraba con el entrecejo fruncido a Kevan. Pero sin más preámbulo, las clases comenzaron.
Ella practicó junto a Asha, como siempre. Jaime pasaba constantemente por el lado de ellas, ya sea para tomarle una mano para corregir su guardia, o tomarle la cintura para bajar su postura. En otra ocasión se detuvo sólo para arreglarle un mechón de pelo, o simplemente le dedicaba una sonrisa radiante que la hacía ruborizarse y, a su amiga reírse con entusiasmo.
Cuando terminó la clase, la llevó a aparte, pero esta vez su semblante lucía serio.
—Me parece que hay algo que no quieren decir—le dijo.
—A mí también me pareció extraño que no nos contaran nada.
—Trataré de hablar con mi tío.
—Buena suerte.
Él le dio un rápido beso en los labios y partió a encontrar a Kevan.
Brienne estuvo el resto de la mañana entrenando con Asha. Luego de ducharse, se dirigió a la salida a esperar a Jaime. Él apareció poco después.
—¿Cómo te fue? —le preguntó.
—Mal—le respondió. La tomó de la mano y caminaron hacia el auto—, Kevan me dijo que no hiciera más preguntas.
—¿Tú piensas que…? —Abrió la puerta del conductor.
—Algo debe estar saliendo a la luz…—Jaime se acomodó en el asiento del acompañante.
—¿Aún crees que… tu familia está detrás…? — ella se abrochó el cinturón.
Jaime hizo lo mismo y suavemente le respondió:
—No lo dudo.
Brienne lo miró preocupada, pero él le sonrió y se acercó a ella.
—Descubriré la verdad, estoy seguro—le dijo mientras llevaba los labios a los suyos.
Ese día almorzaron en el departamento de Jaime, junto a Tyrion.
A la tarde, ella lo acompañó a su sesión de fisioterapia. El doctor le dijo que sólo le restaba una semana con la férula. Él quedó de bastante buen humor y cuando salieron del consultorio médico, la abrazó y le dio un entusiasta beso que ella respondió entre risas. La calle estaba llena de gente, ya que era la hora en que todos salían de sus trabajos. "Debemos vernos muy extraños" no pudo evitar pensar.
— ¡Vamos! —le dijo él, tomándola de la mano y sacándola de sus cavilaciones.
Terminaron en su casa, Brienne se había empecinado a que volvieran a sus entrenamientos vespertinos. A esa altura, el patio de su casa era prácticamente un gimnasio. Jaime le había ayudado a conseguir varios implementos, entre los que había un gran saco de arena. Brienne, por su parte había mandado a pedir de Tarth una pequeña plataforma en la que pretendían librar combates, ahora que él podía entrenar nuevamente cuerpo a cuerpo.
Más tarde, estaban cenando y viendo las noticias, cuando escucharon algo que llamó su atención.
"—Aquí tenemos a Brynden Tully, quién tiene mucho que decir del "Torneo Rojo"—decía el locutor.
Ambos soltaron sus tenedores.
—El Pez Negro—Jaime aumento el volumen.
Ella también estaba sorprendida, el Pez Negro era un famoso maestro del mundo de las artes marciales. Aunque ella ese día no lo había visto en el torneo.
—No creo en las mentiras de la policía—decía el viejo luchador—, la versión del ataque terrorista de ese grupo de Essos raya en lo absurdo.
—Pero todos lo daban por hecho—decía el entrevistador.
—Sólo fue un distractor—Brynden sacudió la mano en negativa.
—Se dice que usted no estuvo presente ese día.
—Y está en lo cierto—corroboró—, pero puedo decir que estoy bastante informado.
—¿Y puede darnos nombres?
—Todavía no—dijo él—, pero cuando tenga las pruebas, ni los más poderosos podrán tapar lo sucedido—miró a la cámara. La imagen se cortó y volvió a salir el conductor de las noticias.
"Y así fue como los hechos…"
Jaime y Brienne se miraron.
—Ahora entiendo—le dijo él—, el Pez Negro debe haber estado presente en la reunión y expuso sus sospechas—meneó la cabeza—, y Kevan se niega a creerlo.
—Debe ser difícil para él.
—Seeh, pero me temo que esto nos arrastrará a todos.
Jaime se fue tarde esa noche, luego de despedirse largamente en la puerta de su casa. Él se había negado a que ella lo fuera a dejar, aludiendo a que estaba muy cansada. Pero casi al momento después de que se fuera, ya estaban hablando por celular.
Jaime: Que haces?
Yo: Ordeno la casa
Jaime: Yo pensé que estabas pensando en mí
Rió
Yo: Siempre tan egocéntrico
Jaime: :D
Yo: Por donde vas?
Jaime: Recién tomando la carretera
Jaime: Hay un congestionamiento de la gran puta
Yo: Ya pronto podrás manejar
Jaime: (gesto de súplica)
Brienne ordenó, barrió y limpió mientras canturreaba. A pesar suyo, Jaime tenía razón. No podía evitar sentirse en las nubes la mayor parte del tiempo, ni sonreír cada vez que recordaba cada uno de sus momentos con Jaime, sus caricias y besos. No sabía cuánto tiempo iba a durar, pero estaba dispuesta a disfrutar el momento.
Antes de dormir, recibió una llamada de su padre, quién la llamaba mucho más seguido desde el incidente en el torneo. Luego de asegurarle que todo iba bien y mandar saludos para Tarth, se despidió. Aún no le contaba nada de su relación con Jaime, en realidad, nunca le había contado sobre él, no quería que lo juzgara por su pasado ni por su apellido, por lo que había decidido presentárselo en persona cuando viniera a visitarla.
En esos días, las cosas cambiaron en Baelor. Los maestros aumentaron los entrenamientos de los seleccionados de cada categoría, por lo que ella y Jaime se vieron de pronto más ocupados. Así, dos tardes por semana, Brienne entrenaba con Asha, Renly y los demás. Mientras que Jaime daba sus clases a los chicos.
Ese fin de semana decidieron tomárselo libre y pasar el tiempo juntos.
—Vamos a mi departamento—le dijo, era la noche del domingo. Habían estado afuera todo el día y ahora descansaban sentados en un banco, en una plaza cercana al edificio donde vivía Jaime.
Brienne lo miró, y vio que sus ojos verdes centelleaban. Ella se ruborizó, él lo advirtió y sonrió en respuesta, acariciándole el labio. Sintió un acceso de pánico, sabía que este momento llegaría.
Pero antes de que pudiera responder, algo pasó volando por el lado de ellos acompañado de un sonido silbante. Ambos se incorporaron y siguieron la dirección, advirtiendo que el objeto era una flecha que se había clavado en el tronco de un nogal.
Jaime se volteó buscando rastros del responsable, mientras que ella se aproximó al árbol y arrancó la flecha de un tirón. Había un mensaje enrollado.
—No se ve nada—susurró él.
—Mira—le dijo, mientras desenrollaba el mensaje, el papel era duro, como de pergamino antiguo.
Jaime se acercó a ella y ambos leyeron el mensaje.
"Los Lannister pagareis"
