19. Una visita

Jaime estaba tomando desayuno con Tyrion, cuando le extendió el pergamino.

Sin embargo, su hermano pequeño apenas le echó un vistazo, se paró al instante y buscó en su maletín. Sacó tres y se los extendió. Él apenas se mostró sorprendido.

—Ayer a la compañía llegaron a raudales, padre está furioso.

—No es sólo eso…

Le contó sobre la flecha y el supuesto ataque.

—Alguien quiere jugar con nosotros—repuso Tyrion.

—Me parece que es más que eso.

—No me extraña luego de lo ocurrido en el torneo.

Él asintió y se quedó pensando mientras su hermano preparaba sus cosas. Hasta que el sonido de la bocina del auto de Brienne lo sacó de su ensimismamiento. Tomó su bolso y tras despedirse de Tyrion bajó para encontrar a la chiquilla.

—¿Qué es esto? —Kevan sostenía el pergamino.

—Una amenaza, tío—respondió él.

Antes de que comenzara la clase, se habían asegurado de ubicarlo.

—¿De quién?

Brienne y él le contaron lo sucedido, la chiquilla le mostró la flecha. Kevan la examinó.

—¿Sabes de donde proviene? —le preguntó.

—A simple vista parece una flecha común y corriente, de las usadas en la antigüedad—se encogió de hombros—, puede ser una broma de mal gusto.

—Mi padre y hermanos también han recibido amenazas.

La expresión de su tío cambió.

—¿Desde cuándo?

—Desde hace unos meses, pero después del torneo la situación se agudizó.

Kevan carraspeó, lucía incómodo.

—Mi padre estuvo implicado, algo sabes—le dijo.

— ¿Qué cosas dices?

—El Pez Negro habló de ello ¿verdad? En esa reunión.

Su tío lo miró y él supo que estaba acertando.

—No hay pruebas…—susurró—, y te rogaría que lo olvidaras.

Miró a Brienne de soslayo y le dedicó una corta pero profunda mirada.

—Tengo unas teorías qué harías bien en escuchar—repuso y tomándole la cintura a la chiquilla añadió— Brienne lo sabe todo también, no tengo secretos para ella.

—Jaime, tu padre es un poderoso y temido empresario—le dijo al fin—, pero no es un asesino.

Él meneó la cabeza, dudando.

Barristan llegó.

—Es hora de comenzar—les dijo.

—Vamos.

—Sólo hazme saber si recibes amenazas también.

Él asintió.

—Lo haré.

—Al menos sabemos que estamos sobre la pista—le susurró a Brienne, mientras se dirigían hacia la gran sala de entrenamiento.

—He estado pensando en enviarle la flecha a mi maestro Goodwin—le dijo ella—, él sabe mucho de armas y puede darnos detalles de su procedencia.

—Buena idea—le sonrió.

Luego se despidió rápido de él y se dirigió al centro de la sala, donde la esperaba Asha. Mientras él tomaba su puesto entre los estudiantes antiguos.

"Y siempre quedará hablar con mi padre" continuó pensando mientras saludaba con una inclinación de cabeza a Loras y a los demás.

Jaime sabía que en Lannister Corp encontraría las respuestas que buscaba desde el ataque a Brienne. Y además le exigiría que se hiciera cargo de lo que había hecho. Pero no terminaba de cumplirlo, para él significaba enfrentarse con un pasado que quería olvidar.

Esa tarde, tal como el médico había anunciado, le sacaron la férula. Ahora sólo le restaba hacer ejercicios para recuperar la movilidad y fuerza de la mano. Ese día no tenían entrenamiento en las tardes, por lo que se fueron a la casa de la chiquilla.

Ahora estaban de rodillas sobre la plataforma de combate que Brienne tenía en su casa, el beso que estaban compartiendo era ansioso. Habían estado practicando combate, pero el desenlace terminó de forma muy distinta. No por primera vez.

Le mordió el labio inferior, y ella jadeó. Sus manos acariciaron sus muslos, ese día ella usaba su short y a él le gustaban mucho sus piernas. Brienne se puso rígida , como ocurría cada vez que la tocaba pero al segundo se relajó, y suavemente le acarició su pecho desnudo. Él disfrutó la sensación. Pero cuando comenzó a besar su cuello, sonó el celular de Brienne.

Ella se sobresaltó, parándose al instante. Él suspiró y se incorporó.

—Dejó de sonar—dijo ella—, era mi padre.

Intentó marcar de vuelta, mientras él la abrazaba por detrás.

—No hay tono—repuso extrañada.

—Ya llamará—la dio vuelta para que lo mirara de frente—¿En qué estábamos?

Ella sonrió y sin contestar, lo volvió a besar. Fueron adentro de la casa y terminaron en el sillón, ella sentada sobre él, sus musculosos brazos rodeando su cuello mientras sus manos tomaban su cintura.

—Brienne—le susurró, mirándola a sus ojos azules. Sus mejillas estaban coloradas y su respiración agitada, igual que la de él.

Ya habían pasado dos semanas desde que estaban juntos y él ya quería entrar a un nivel más íntimo. Sabía que ella no era Cersei y no había querido presionarla, pero no podía evitar preguntarse si ella quería lo mismo. Eso le llevó la noche anterior a proponérselo, pero no le había alcanzado a responder. Después ocurrió el ataque y el momento se había roto.

Ella captó su mirada, sus ojos vacilaron un momento mientras le acariciaba la barba, pero luego una casi imperceptible sonrisa asomó a sus labios, como en respuesta. Jaime la acercó más a él, pero justo en ese momento, el teléfono de Brienne volvió a sonar.

"Mierda" pensó.

—No responde—Brienne salió al antejardín, él la siguió.

—¿Tu padre te dijo que vendría?

—Me dijo que me avisaría primero, pero…—se mordió el labio y meneó la cabeza—, será mejor que vaya a ducharme.

Él asintió. Brienne lo miró dudosamente antes de ir.

Jaime fue al living y se sentó en el sofá. Suspiró. Prendió la tv, pero no podía prestar atención. De hecho, lo único en que podía pensar era en Brienne en la ducha.

El sonido del timbre, lo sacó de su ensimismamiento. Fue a abrir y se encontró cara a cara con un hombre de edad media, menor que su padre. No era alto, pero sus ojos azules brillantes, clavados en él con extrañeza, le permitieron reconocer su identidad.

—Creo que me equivoqué—le dijo.

—Si busca a Brienne Tarth, llegó al lugar correcto.

El hombre lo miró con el ceño fruncido, su expresión recelosa era tan idéntica a la de su hija, que estuvo tentado de soltar una carcajada, pero se contuvo. Se apartó de la puerta y lo dejó pasar. Selwyn Tarth entró.

—¿Dónde está mi hija? —le preguntó.

—Está tomando una ducha.

Lo volvió a mirar extrañamente. Jaime se volvió a sentar en el sillón y el padre de Brienne se sentó al frente de él.

—¿Puedo preguntar quién eres? —le preguntó.

—Jaime Lannister.

—¿Lannister?

"Empezamos" asintió.

—¿Eres… amigo de Brienne?

Antes de que pudiera responder, escuchó que la puerta del baño se abrió y la chiquilla llegó al living.

—Jaime, será mejor que te bañes antes que…

Cuando vio a su padre, se quedó muda y se puso como un tomate. Estaba únicamente envuelta con su toalla.

—Papá…no sabía que vendrías.

—Quise darte una sorpresa, pero—lo miró—, creo que tú me tienes unas cuantas, hija—sonrió.

Ella caminó hacia atrás.

—Iré a vestirme—dijo rígidamente.

Él se puso de pie.

—Iré a ducharme.

Antes de entrar, ella lo alcanzó. La toalla apenas la cubría y él podía oler el perfume de su piel. Ella se ruborizó nuevamente.

—¿Por qué no me avisaste? —le susurró.

—No quería ponerte nerviosa—se encogió de hombros.

Ella puso los ojos en blanco y entró a su habitación, cerrando la puerta.

Jaime se tomó su tiempo para ducharse. Cuando salió, Brienne hablaba animadamente con su padre. Al verlo, se puso de pie y le tomó la mano.

—Te presento a Jaime, papá—se puso roja otra vez—, mi…novio—añadió.

Selwyn lo miró seriamente un segundo, pero al cabo sonrió.

—Lo imaginé—le dijo—, supongo que hay unas buenas historias que escuchar.

Brienne les hizo a ambos una cena y Selwyn alabó el plato de su hija. Luego conversaron, Jaime notó que su recelo hacia él pareció atenuarse, al menos un poco. Ya estaba la noche bien avanzada, cuando se puso de pie. Selwyn se despidió con una cortés inclinación de cabeza. Ella lo acompañó hasta la puerta.

—Parece que no le caigo muy buen a tu padre—le dijo.

—Hay que darle tiempo—se mordió el labio—, yo no le dije nada…pensaba que si le decía quien eras, te juzgaría sin conocerte.…

—Y que me odiaría como tú al principio—le sonrió abrazándola.

—Nunca te odié—le tomó la cara con las manos—, sólo me fastidiabas un poco, bueno, bastante…

—Entonces le terminaré agradando, tal como tú caíste rendida a mis encantos.

Ella se puso seria y se apartó de él.

—Idiota.

Él rió.