21. No se puede ocultar la verdad

Brienne y su padre estaban cocinando, su vuelo partiría a la mañana siguiente. Había sido una semana muy ajetreada. Las tardes que tenía libres de entrenamiento, lo había llevado a conocer las partes más importantes de la ciudad.

De pronto, escucharon el sonido de un timbre, ella sonrió.

Jaime había insistido en dejarle espacio y no había salido con ellos ni una sola vez, ella no lo presionaba porque sabía que lo ponía incómodo estar con personas a las que no conocía. Pero esta vez, le había insistido para que se les uniera.

—Hola—le sonrió él, mostrándole los dientes—, te dije que vendría.

—Menos mal—le respondió ella, con una leve sonrisa.

Él la atrajo hacia él y le dio un profundo beso.

—Entremos—le dijo al cabo de un rato, mientras trataba de recuperar el aliento y él sonreía pícaramente.

La cena transcurrió tranquila. En un principio, su padre no había estado muy contento con su relación, pero después de que ella le contara las extrañas circunstancias en las que se habían conocido y luego los hechos que los habían acercado, pareció ablandarse.

Ahora hablaba con él entusiastamente, contándole de Tarth y, para su consternación, historias de su niñez. Jaime se reía, pero Brienne lo notaba algo ausente, como si hubiera ocurrido algo que ella no supiera. Hasta sus carcajadas sonaban forzadas. En un momento, sus miradas se encontraron, y él desvió la vista. Sin duda, algo estaba mal.

Cuando terminaron de cenar, se fueron al living. Su padre destapó una botella de vino dorniense, los tres bebieron (incluso ella) y en ese momento, Jaime pareció relajarse. Ahora le contaba anécdotas de él y Tyrion mientras su mano jugaba con la suya.

—La próxima vez que venga, se lo presentaré—le dijo Jaime a su padre.

—Desde luego, me encantaría conocerlo.

—Papá, recuerda el asunto de la flecha.

Al mencionar esto, Jaime se puso tenso nuevamente. Brienne se incorporó y fue a buscarla.

—Le mandamos una foto a mi maestro—contó él—, él nos dijo que este tipo de armas es usada actualmente por algunas academias de lucha.

—¿De dónde la sacaron? —preguntó su padre.

—Nosotros estábamos…—comenzó Jaime

—La encontramos tirada—lo interrumpió ella.

Ella no quería preocupar a su padre, contándole del ataque, porque aún no sabía si lo había sido o no. Le dedicó una rápida mirada de advertencia a Jaime. Sin embargo, esto no pasó desapercibido para él, frunció el ceño.

—Mmmm bien.

Pero Brienne sabía que no lo había convencido.

—Será mejor que me vaya—Jaime se incorporó.

—Te voy a dejar.

—No es necesario—le acarició la mejilla con el pulgar—, disfruta este momento con tu padre.

Ella asintió. Su padre también se incorporó y le tendió la mano.

—Adiós, joven—le dijo —. Cuídese y también a mi hija.

—Adiós—Jaime se la estrechó—, aunque le aseguro que ella no permite mucho que la protejan.

Él rió. Ella hizo un sonido de protesta.

Salieron de la casa, y él se dio vuelta para despedirse de ella. Pero justo en ese momento, Brienne vio que algo se desplazaba hacia ellos. Rápida como un gato, llevó a Jaime hacia el suelo, justo cuando el proyectil entraba a la casa y se clavaba en la pared.

Lo escuchó quejarse.

—¿Te hirieron?

En efecto, un hilo de sangre caía desde su hombro, a través de un agujero de su camiseta.

—Parece que les falló la puntería— se puso de pie y le dio la mano para ayudarla a incorporarse y a continuación se tanteó—, no es profunda.

Brienne observó la pared y vio que esta vez era un hacha pequeña lo que les habían arrojado.

Brienne observó la pared y vio que esta vez era un hacha pequeña lo que les habían arrojado. Y en el mango había un pedazo de pergamino enrollado. Lo extrajo y al leerlo, se lo mostró a Jaime:

"Robb Stark" decía.

Ambos se miraron.

—¿Qué ocurrió? —preguntó su padre. Vio el hacha clavada en la pared y a Jaime con el brazo en su herida. Su semblante se oscureció.

—Brienne, me tendrás que contar que está pasando.

—Lo haré—ella y Jaime volvían al living—, por favor tráeme algodón y alcohol del baño—le pidió.

Selwyn obedeció. Ahora sí ella miró a Jaime. Su expresión denotaba seriedad.

—Esto había ocurrido antes, ¿verdad?

Él asintió.