23. En Mansión Casterly

Cuando Brienne aparcó a las afueras de Mansión Casterly, Jaime se dio cuenta que en estos cinco años nada había cambiado.

—Buena suerte—le dijo, ella. Sus ojos azules lo miraban con calidez.

—Gracias— le dio un rápido beso y salió del auto.

Lenta pero resueltamente, abrió la verja y recorrió el camino principal que subía en pendiente hasta las grandes puertas. Sólo el antejardín tenía la misma cantidad de metros cuadrados del condominio en el que vivía actualmente. Los pastos eran regados a diario, y había numerosos setos con forma de leones apostados en diferentes lugares, además de esculturas y fuentes de mármol.

Abrió las puertas y de inmediato llegó el mayordomo corriendo.

—Usted no puede…—se detuvo en seco al reconocerlo—, mi señor…lo lamento, es que hace mucho tiempo….

—No importa, Balon—le respondió —, quisiera hablar con mi padre.

—Enseguida…iré a anunciarlo, mi señor.

Jaime se quedó en el ancho vestíbulo, mirando distraídamente la fría decoración que siempre había estado presente en la mansión. Hasta que una voz lo sorprendió.

—¡Jaime! — su tía Genna lo miraba desde el final del vestíbulo.

—Tía…

Ella se acercó y como siempre hacía, le pellizcó las orejas y le dio un beso en la mejilla. Pero de inmediato, su alegre mueca se convirtió en enojo.

—¡Cinco años! ¡Cinco años sin ver a tu familia! —le increpó con sus gruesas manos posadas en su cintura.

—Pasaron muchas cosas—dijo él de mala gana.

—¡Lo sabré yo! ¡Cuántas veces te llamé en el primer año!

—Te contestaba, tía.

—Sí, pero nunca me fuiste a ver.

—Yo…

—Mira Jaime—su tono cambió—, ya sé que Tywin es difícil, pero cometiste un gran error al alejarte de toda la familia.

Se hizo un silencio. Él en verdad, no sabía que decir.

—Bueno, pero es hora de dejar el pasado atrás—sonrió feliz y le tomó el brazo—, te llevaré a ver a los demás, estarán felices de verte.

—Yo preferiría…—intentó resistirse, pero su tía no le hizo caso y lo condujo por el pasillo principal hacia el salón.

—¡Miren quién vino a vernos!—anunció cuando entraron.

—¡Primo! —rugió Daven, su cara seguía igual, se levantó y le estrechó la mano.

Jaime miró alrededor.

A la izquierda, al lado de la ventana, sus primos Cleos y Tyrek jugaban a las cartas con tío Edwyn. Lo saludaron alegremente. En uno de los sillones estaba sentado Kevan con su tía Dorna, él lo miró con sorpresa. Detrás de ellos, de pie estaba Lancel, vestido con su ropa de novicio, lo saludó con una inclinación de cabeza. Y al centro de la sala, en un gran sillón, estaba Cersei. Tenía en sus brazos un bebé de abundante cabello negro, como el de todos los Baratheon. De rodillas al lado de ella, estaba su prima Gloria, jugando con el pequeño. Los ojos de su hermana lo miraron vivamente, casi con diversión.

—¡Jaime! —Su primo atrajo su atención—¡Tan flaco y con barba!

—La vida austera no le hace nada bien a mi querido hermano—dijo Cersei, sonriendo.

Él no le hizo caso.

—La gente cambia, primo— dijo con tono distendido.

—¿¡Sigues en tu mundo de las luchas!? — levantó los puños emulando a un peleador. Pero entonces, su mirada bajó hacia la mano de Jaime—Supimos lo que te había pasado…

—Estuvo mal…—la mostró— pero ahora casi ha mejorado.

—¿Cierto que Jaime fue un ingrato al dejar de vernos? —Intervino su tía, nuevamente—Pero hoy fue una maravillosa coincidencia, nos reunimos varios, incluso Lancel tuvo permiso este fin de semana del seminario—su primo lo miró con una sonrisa.

Él también sonrió vagamente.

—Jaime—de pronto todos se callaron, él se volteó. Su padre lo miraba desde la entrada de la sala.

Estaba más calvo desde la última vez que lo había visto, el poco cabello rubio casi había sido reemplazado por el blanco.

—Sígueme—Y sin esperar una respuesta, se dio la vuelta y salió al pasillo. Jaime se encontró obedeciéndolo. Entraron por un estrecho corredor, las paredes estaban adornadas por los mismos oleos de la última vez, cuándo él había cruzado ese camino en sentido opuesto, a zancadas y furioso.

La puerta de su estudio ya estaba abierta cuando él llegó.

Tywin Lannister abrió un minibar que tenía en la esquina y se sirvió un vaso de whiskey. Le ofreció a Jaime con un gestó pero él negó con la cabeza.

Se sentó en su escritorio y lo miró.

—Te esperaba—le dijo distraídamente, mientras ponía sus papeles en orden.

Él arqueó las cejas.

—¿Ahh sí?

—Sin duda los últimos hechos te harían volver—lo miró.

—¿Últimos hechos? ¿Te refieres a las amenazas?

—Sí, me imagino que quieres protección—repuso.

Jaime quedó por un momento anonadado. Tywin lo trataba como si los cinco años sin verse ni hablarse no hubieran pasado.

—En realidad vine porque quiero que detengas esto, tú lo provocaste…

— ¿Qué te hace pensar eso? —preguntó tranquilamente, dejando el vaso de whiskey en la mesa.

Le mostró el último mensaje recibido, en el cual el nombre de Robb Stark destacaba con sus grandes letras negras. Tywin lo miró fijamente.

—Estas son repercusiones del torneo, padre—le dijo—. Y sé que tú lo organizaste…

—Bien—.Su padre lo miró de nuevo, sin inmutarse ante su acusación—¿Y se puede saber cómo llegaste a esa conclusión?

Jaime bufó. Pero había llegado el momento de hablar y llegar al fondo de la situación.

—Todo comenzó desde que me atacaron—empezó él— no sabíamos quiénes eran esos tipos y la policía no parecía avanzar en la investigación, durante dos meses no supimos nada de ellos, hasta que de pronto, éstos son encarcelados.

—Me encargué personalmente del asunto—afirmó.

—Luego resulta—levantó la voz—, que estos hombres eran discípulos de la academia de Roose Bolton. Y después me entero, me lo dijo él mismo, que tú estabas en conversaciones con él.

—Un socio oportuno, sí.

—Comienza el torneo y Robb Stark es atacado, ahí es sencillo adivinar lo que pasó—suspiró—: tú acarreabas problemas con Catelyn Stark desde hace un tiempo atrás, ya que ella se oponía a tus proyectos en el Norte, por otro lado, los Bolton siempre han tenido rivalidad con la esa familia. Y Walder Frey no necesita estar enemistado con alguien mientras le ofrezcan un trato generoso.

—Vaya—dijo su padre—, veo que sabes bastante de los asuntos de nuestra familia a pesar de tu…desinterés en la misma.

Tywin se puso de pie y lo miró desde arriba. Jaime casi sintió el mismo miedo de su niñez, cuando éste les daba solemnes discursos a él y a sus hermanos mientras ellos lo escuchaban sentados bien juntos sin atreverse a hablar.

—¿Tú informante te dijo también que nosotros habíamos sido atacados antes de eso?

—Lo supe…pero nunca confirmaste que fueran los Stark los responsables, y aún así los atacaste…—lo siguió mirando a los ojos, no quería dejarse amedrentar.

Su padre tomó el papel.

—¿Qué me dices de esto?

Jaime tenía un par de nombres. La misma Catelyn Stark o el Pez Negro y sus discípulos, pero era venganza y había sido su padre quién había dado el primer paso.

— Es su respuesta a tu ataque, padre. Tú comenzaste y ahora pagamos las consecuencias…puede ser un juego, pero no estoy seguro hasta cuando lo será—.Se puso de pie para mirarlo frente a frente—. Tú tienes que detenerlo, pero sin violencia…

—¿Y ahora me darás un discurso moral? —La idea pareció divertirlo, al menos a su manera—Te gusta parecer honorable, pero parece que se te olvida que yo tapé un crimen tuyo hace diez años atrás.

Eso lo enfadó. No dijo nada. Tywin se sentó y volvió a tomar un sorbo de whiskey tranquilamente como si supiera que él había ganado la conversación.

—De todos modos yo no tengo que ver con esto—susurró—. No esta vez padre. Y sin embargo una persona importante para mí ahora está involucrada. Anoche nos atacaron, mira—le mostró su herida.

—Tú también puedes colaborar — repuso Tywin, adoptando el aire práctico de quién hace negocios—, regresa con nosotros. Te daremos protección a ti y a quién quieras. Eres mi hijo.

Eso lo desconcertó.

—No fue lo que dijiste la última vez—susurró—, me desheredaste.

—Podemos olvidarlo todo, regresa y te pondrás a cargo de la investigación, y podrás aplicar tus métodos honrados para solucionar la situación actual. Algún día moriré y tú podrás ocupar mi lugar.

Hubo un momento de silencio. La conversación había dado un giro inesperado. ¿Por qué lo querría de nuevo?

—Creo que es demasiado tarde para eso—le dijo finalmente—, y a Cersei no le gustaría nada…

Partió hacia la puerta.

—Adiós…

—Aún así sigues siendo uno de nosotros…—fueron sus últimas palabras.

Jaime lo miró y cerró la puerta.

Tomó uno de los pasillos interiores, no quería volver a la sala. No tenía nada contra sus tíos y primos, pero el encuentro con su padre lo había dejado sin ánimos de conversar. Quería irse y partir con Brienne.

—Hermano.

Se quedó rígido por un momento, luego se volteó. Cersei lo miraba desde la puerta que llevaba a una de las terrazas de la mansión.

—Hola Cersei—. Ella se veía igual que hace tres años atrás: el cabello rubio rizado le caía sobre los hombros, llevaba puesto un vestido verde ceñido y en su mano llevaba una copa de vino—. Estás igual.

—Y tú tan cambiado…—bebió un sorbo.

Él atravesó la puerta y llegó al amplio balcón, desde allí se veía el Aguasnegras en todo su esplendor, siempre le había gustado esta vista. Ella lo siguió.

—Sabía que vendrías por aquí para no encontrarte con los demás—le dijo—, te conozco.

Se situó al lado de él.

—Es una lástima lo que las malas decisiones le hacen a las personas—lo miró de arriba abajo.

Él no se inmutó.

—¿Dónde está tu marido?

—En Essos, Dorne o donde sea.

Jaime bufó.

—¿Y me hablas a mí de malas decisiones?

Ella rió ásperamente.

—Fue sólo un arreglo conveniente para nuestra familia— le dijo en un tono brusco como si fuera obvio—, al contrario de ti, hermanito, asumo mis responsabilidades. Traté de explicarte, pero nunca lo entendiste, fuiste tan idiota…

—See, lo fui…

—Y así perdiste todo

Él sonrió para sí sabiendo a lo que se refería. Su hermana nunca hablaría explícitamente en la misma mansión de su padre, siempre había tenido miedo de que los descubrieran. Ella era quién fijaba los lugares de sus encuentros y él siempre iba, claro, como un león obediente…

—No quiero hablar del pasado, Cersei…— la miró a los ojos.

Ella de devolvió la mirada por un momento, luego desvió su vista hacia el paisaje.

—¿Padre te ofreció regresar?

Jaime no respondió y ella rió.

—Lo sabía, y obviamente una idealista causa te obligó a rehusarte.

—Mis ambiciones son diferentes a las tuyas, hermana.

—Se nota.

Él suspiró y se dirigió otra vez hacia la puerta.

—Adiós Cersei.

Salió del corredor y abriendo una puerta, llegó directamente al vestíbulo. Se escuchaban voces provenientes del salón, medio amortiguadas por la melodía de un arpa, seguramente tocada por Gloria. Jaime se dirigió a la puerta principal sin mirar atrás.