24. Enfrentando lo incierto
—¿Cómo te fue? —le preguntó ella, apenas Jaime se subió al auto.
—Vámonos primero—susurró él.
Ella asintió. Puso el auto en marcha y partió hacia su departamento. Jaime iba silencio, pero le tomó su mano derecha y así se fueron el resto del camino.
Cuando llegaron, Tyrion aún no había vuelto. En tanto, Jaime seguía pensativo, se acercó a la ventana y se quedó mirando fijamente. Brienne se puso a preparar un café, esperando que él iniciara la conversación. No quería presionarlo, sabía lo duro que debió haber sido para él reencontrarse de nuevo con su familia, luego de las circunstancias en las que se habían separado. No sólo con su padre, sino también su hermana, era muy probable que hubiera estado allí también. Se mordió el labio.
Sirvió dos tazas de café.
—Jaime—lo llamó sutilmente, el pareció sobresaltarse, pero se lo recibió con un asentimiento de cabeza.
Luego siguió mirando hacia la ventana, con aire ausente. Ella se tomó su café en silencio hasta que lo dejó en la mesita de centro.
—¿Me contarás o no? —dijo al fin.
Él pareció sobresaltarse de nuevo.
—Disculpa—le dijo con una sonrisa.
Se acercó, sentándose a su lado y con un brazo le rodeó la cintura. Le contó todo lo que había hablado con su padre: cómo éste había admitido tranquilamente que había atacado a Robb Stark, cómo le había exigido él que acabara con todo y finalmente, el ofrecimiento que le había hecho Tywin para incorporarse de nuevo a la familia.
—Me dijo que siempre quiero parecer honorable, pero que sigo siendo uno de ellos…—con un dejo de amargura en la voz.
Ella negó con la cabeza.
—Puedes ser honorable…tú eliges…
— Pero soy un Lannister—sonrió duramente—, eso siempre será así. Y he actuado como uno, tú lo sabes, he matado.
—Tú me contaste porqué…no es necesario…—le dijo atropelladamente—, si no lo hubieras hecho, toda esa gente...
—Aún así, siempre estaré involucrado en cosas así, y por ende tú también—la miró a los ojos—tal vez deberías alejarte de mí.
—Otra vez con eso—ella se separó de él, enfadada—, ya te dije que no me importa, yo sé que tú…
Él no la dejó terminar y tomándole una mejilla, comenzó a besarla ansiosamente y ella se encontró respondiéndole de la misma manera.
Le incomodaba que Jaime dijera estas cosas, los últimos sucesos lo tenían mal. Y ella no podía evitar sentir que el apellido Lannister era un muro entre ambos, el cual se elevaba cada vez más. En un sentido, él tenía razón, aunque quisiera alejarse de ellos, muchos lazos los unían inevitablemente. Su padre le había dicho lo mismo en la mañana, aunque ella se había negado a admitirlo. Hasta ahora habían sorteado bien el obstáculo, su relación iba bien, ¿pero cuánto tiempo seguirían así? ¿A la sombra de esa gran familia, un mundo lleno de misterios y traiciones? Y además, Brienne sabía que si Jaime decidía regresar, no habría espacio para ella allí, indudablemente terminarían separados.
Ella le acarició cabello con ambas manos, mientras sus lenguas se encontraban con entusiasmo.
—Dioses, chiquilla—susurró cuando se separaron.
Brienne sintió su cara ardiente, pero no le importó.
—No vuelvas a decir eso…
—No lo haré—su mirada era cálida—, es que me preocupa que estés involucrada y que te hagan daño…
—Podré con ello…—le dijo decididamente.
Jaime la miró a los ojos, casi como si la viera por primera vez. Y entonces volvió a besarla, ella se entregó al momento, sin la desazón de un instante atrás. Al cabo de un rato, él la recostó en el sillón y se inclinó sobre ella.
—Me encanta cuando te sonrojas—le susurró al oído—, quiero ver más ese color en tu rostro.
Su mirada era cálida ahora, si bien aún se veía algo triste. Brienne le tomó la cara con ambas manos y esta vez ella comenzó a besarlo, lentamente al principio, disfrutando la sensación hasta que la respuesta de Jaime se volvió más insistente. Sus manos fueron hacia su nunca y luego hacia su espalda. Él se acomodó más cerca de ella y comenzó a lamer su cuello.
Hasta que de pronto, Brienne sintió necesario un mayor contacto. Cuando Jaime le acarició un pecho por arriba de la ropa, ella le llevó la mano por debajo de su camiseta. Él sonrió y ella jadeó cuando él le frotó un pezón. Luego, sin dejar de mirarla a los ojos, llevó su mano hacia el otro pecho.
—Brienne, quiero estar contigo—le susurró.
Se besaron otra vez. Ella también quería.
—¿Tienes protección?
Sus ojos se abrieron y sonrió asintiendo.
La levantó del sillón y Brienne se dejó conducir hacia su habitación. Cuando la sentó sobre su cama, a ella le entró el pánico, pero él llevó otra vez los labios a los suyos y éste desapareció.
Jaime la fue desnudando de a poco, Brienne estaba preocupada por la fealdad de su cuerpo y más de una vez hizo el amago de cubrirse, pero él no la dejó. Ella le sacó su camiseta tímidamente y luego el resto hasta que sus ropas estaban en el suelo. "Su cuerpo es tan perfecto" pensó, pero cuando Jaime la acarició por lugares a los que nadie había llegado, sus dudas pasaron a segundo plano y sólo se dedicó a disfrutar el momento. Mientras sus propias manos viajaban por el cuerpo de él, deseando que fueran menos torpes e inexpertas.
Momentos después, él estaba dentro de ella. Sus empujes eran suaves y lentos primero, pero cuando ella rodeó su cadera con sus piernas, él aumentó el ritmo. Se escuchó gemir, él la besó nuevamente, para luego seguir embistiendo, sus caderas se movían al unísono ahora, coordinadas. Hasta que en un instante una ola de placer la invadió y supo que había llegado al climax. Y apenas un segundo después, él jadeó fuertemente y quedó derrumbado sobre ella.
"Brienne" susurró a su oído. Ella podía sentir su corazón latiendo al mismo ritmo que el suyo mientras ambos sudaban profusamente.
Cuando abrió los ojos, vio que él la estaba mirando. Le sonrió.
—Por fin despiertas—le dijo.
Ella le sonrió de vuelta, Jaime se acercó a ella y la besó suavemente.
De pronto sonó un timbre y ella se sobresaltó.
—Tranquila—le dijo—, debe ser el tipo de las pizzas.
Se levantó y se puso un short.
Ella se sentó en la cama y se abrazó las rodillas, pensativa. Se preguntó qué hora era, había perdido la noción del tiempo. Miró por la ventana y vio que aún no comenzaba a oscurecer.
Jaime volvió con una caja de pizzas y una bebida. Se sentó junto a ella y comieron entre risas y miradas.
—¿Tyrion vendrá? —preguntó, cuando hubieron terminado y se recostaron nuevamente, mirándose frente a frente.
Él se encogió de hombros, y la atrajo hacia sí.
—Si viene y nos ve, se alegrará mucho.
Ella sintió sonrojarse. Él rió. Sus ojos la miraban relucientes.
—Pero no te preocupes—le susurró, su brazo buscó su celular que estaba en el suelo a un lado de la cama—, él me dijo que volverá a la noche—le mostró su mensaje.
La acercó nuevamente.
—Así que seguimos solos, chiquilla…
