Disclaimer: todos los personajes pertenecen a J. K. Rowling
Este fic participa del reto especial navideño "Navidad en pareja" del foro "Provocare Ravenclaw".
Pareja: James- Rose (una de mis favoritas en la TG)
Como todas las navidades, los Weasley y su extensa descendencia, se reunieron en la Madriguera. Como era usual, los primos y los tíos disfrutaban de una rica cena, organizaban juegos para todos mientras esperaban la medianoche y después abrían los tan ansiados regalos.
—Vamos a jugar —había propuesto el abuelo Arthur.
Nadie se lo hizo repetir y se acomodaron listos para divertirse. La abuela Molly estaba supervisando que todos tomaran asiento, para ir a buscar las bebidas y los postres, pero al ver a dos de sus nietos de pie, frunció el ceño.
—¿No van a jugar? —preguntó.
—No, abuela —respondió Rose — Siéntate, nosotros vamos por las cosas.
Al ver que su primo iba a protestar, la pelirroja le dio un codazo en las costillas para que se callara y se encaminó a la cocina.
James se paró frente a la mesa, tardando más de lo necesario para recoger la bandeja con las galletas que había horneado su abuela Molly. Rose lo alcanzó enseguida y se puso a su lado, sirviendo el chocolate caliente en unas tazas para acompañar el postre. La familia estaba reunida en el salón, ocupados en un juego de gobstones, y no los molestarían pronto.
Mirando hacia la puerta para asegurarse que nadie venía, Rose se acercó a su primo y le susurró en el oído que tenía un regalo especial que darle.
—¿Qué es?— inquirió él con un brillo de curiosidad.
Ella se puso de puntitas, rodeó su cuello y le dio un beso fugaz. James sonrió y quiso profundizar el beso, pero Rose no se dejó.
—Podrían descubrirnos —murmuró en voz baja.
El chico asintió, sabía que mientras estuvieran en casa no podían levantar sospecha con sus padres, pues no estaban seguros de cómo reaccionarían. Solo podían tener encuentros en Hogwarts, donde nadie sospechaba que hubiera algo más entre ellos que simples lazos familiares si los veían pasear juntos. Claro que, aún en el colegio, no se atrevían a tener muestras de afecto en público.
A James se le iluminó el rostro al tener una idea. Se acercó a Rose y le susurró en el oído que, si quería su regalo, fuera en la noche a su habitación.
—¡James!— exclamó dándole un pequeño golpe en el hombro.
Él soltó una carcajada, tomó la bandeja de galletas y salió rumbo al salón, seguido por su sonrojada prima.
En cuanto las charolas tocaron la mesa, los tíos y primos se abalanzaron sobre las tazas de chocolate y devoraron las galletas en un parpadeo, Estando ya satisfechos, dejaron el juego a medias y comenzaron a contar anécdotas de la familia. Rose y James estaban sentados juntos, sin mirarse demasiado, fingiendo poner atención a lo que el tío Percy estaba contando.
—Y si pongo un muérdago sobre ustedes, ¿se besarían? —la voz de Dominique los hizo sobresaltar y la miraron asustados. Ella rodó los ojos y añadió en un susurro —Pero si hasta alguien más ciego que el tío Harry se daría cuenta.
Ambos enrojecieron. Miraron a su alrededor pero parecía que nadie había escuchado la conversación con su prima. ¿Todo sabrían de lo suyo? No lo creían posible, pues seguramente alguien lo habría comentado. Teniendo la misma idea, la pareja se miró con una sonrisa. Había una manera de terminar con todo ese secretismo, y su prima Dominique les había dado una grandiosa idea.
