26.- Los vientos comienzan a cambiar

Esa mañana había un gran revuelo en Baelor, la noticia de la muerte del discípulo había causado gran conmoción.

Brienne no pudo dejar de advertir que, mientras caminaba junto a Jaime hasta la entrada, los demás no dejaban de echarles miradas. Lo observó de reojo, él también se había dado cuenta. Sus ojos se entornaron.

—Ahí están Renly y los demás—ella señaló hacia un rincón del vestíbulo.

Se aproximaron, Renly, Horas y Asha miraban algo desde el celular de Loras.

—¿Qué pasa? —preguntó Brienne.

—El sitio web del "Expreso de las Pulgas" tiene más información sobre la muerte de Anguy— le respondió el muchacho, pasándoles el celular.

Lunes 30 – 300 AC

"El día domingo 29 del presente año fue encontrado muerto en la rivera del Aguasnegras, un joven conocido como Anguy Ríos (36).

A continuación salían los mismos detalles que ellos habían escuchado en la radio y en el noticiero. Pero en una parte decía:

"Fuentes anónimas nos confirman que el sujeto había sido visto en la Alta Colina de Aegon, dos horas antes de que fuera encontrado por los pescadores. Es sabido que allí viven los propietarios más importantes de la ciudad. Sin embargo, éstos afirmaron no haber visto nada, mientras que otros no admitieron la entrada de nuestros reporteros a sus residencias."

Cuando terminaron de leer, los demás los miraban expectantes. Jaime sólo se encogió de hombros. Ella no sabía que decir tampoco ante las miradas interrogadoras de sus amigos. Pero estaba claro hacia donde se dirigían sus sospechas. En la Colina de Aegon era donde vivía Tywin Lannister.

Cuando se enteraron que el tipo era miembro de la Academia del Pez Pegro, para Jaime y ella había resultado evidente que había sido uno de los que los había atacado, como también estaban seguros de la causa de su muerte: lo había mandado a matar el mismo Tywin Lannister. A Jaime no le sorprendió y a ella tampoco, a decir verdad.

—¿El Pez Negro ha dicho algo? —fue lo único que se animó a preguntar.

—Todavía no ha aparecido—respondió Renly.

—Qué extraño…

La campana que anunciaba el inicio de clases sonó oportunamente.

—Vamos—le dijo Jaime, apretándole la mano.

Los demás los siguieron, pero mientras iban a tomar sus lugares, las miradas de los otros miembros aún apuntaban a ellos y murmuraban entre sí.

—Como todos deben saber, en la tarde de ayer fue encontrado muerto un compañero nuestro—anunció solemnemente el maestro Barristan cuando todos estuvieron en silencio—. Haremos un minuto de silencio por él.

Asha no le preguntó nada mientras entrenaban. Cuando la clase terminó, Jaime se fue enseguida con los chicos.

Él se despidió con la mano, mientras ella y su amiga se iban a la sala de ejercicios. Renly se unió a ellas.

Brienne no podía evitar sentirse tensa, aunque actuara con toda la naturalidad que podía demostrar, se daba cuenta que sus amigos la observaban de forma extraña.

—Bri—dijo Asha finalmente mientras tomaban un break—, tienes nuestro apoyo.

—¿A qué te refieres? —preguntó, mientras se secaba el sudor de la frente con l manga.

—Sabemos que estás involucrada en un asunto feo.

— Yo te lo advertí—le dijo Renly.

Asha le dedicó una mirada de advertencia.

—Ren, dijimos que….

—No sé de qué hablan—ella hizo el amague de ponerse de pie—, mejor sigamos entrenando.

Pero Asha la tomó del brazo.

—Nosotros hemos seguido la historia de cerca, la prensa pública no dirá la verdad, pero hay otros medios, allí se publicó que fueron los Lannister quiénes atacaron a Robb Stark.

Ella se sorprendió pero no pudo negarlo.

—Y lo de Anguy también fue obra de ellos.

—No sabemos si existe relación…

—Fue su respuesta a las amenazas que habían recibido el último tiempo—afirmó Renly tranquilamente.

Brienne se quedó sin habla. ¿Cómo lo sabía?

—Robert me lo contó entre copas la otra noche—Renly se encogió de hombros—, le hacía mucha gracia.

—Sea como sea, Jaime no tiene nada que ver.

Renly meneó la cabeza, pero Asha le pegó un codazo.

—Yo tampoco creo que él esté involucrado—sentenció la chica.

—Aún así—dijo él—, sigue siendo un Lannister… mató a Aerys, las miradas apuntan a él, al menos aquí, en el mundo de las artes marciales.

—Pero esta vez no es así, Jaime no tomó parte del torneo ni tampoco mató al luchador—respondió ella testarudamente.

"Esos días estuvimos juntos" pensó ella, recordando esa tarde.

—A lo que vamos, Brienne, es que los rumores también te rebotan a ti—le dijo Asha.

Ella se había dado cuenta de eso.

—Y tu reputación puede verse manchada—le dijo Renly—¿Quieres eso?

En realidad, no le preocupaba. Ella se parecía a Jaime en ese sentido. Toda la vida había lidiado con los comentarios de los demás: ya sea por su físico, su torpeza al intentar entablar una conversación, su fuerza descomunal y muchas veces envidia, cuando le ganaba a los chicos del gimnasio de Renly. Nunca había tenido buena reputación.

—Ellos pueden decir lo que quieran—respondió simplemente—Jaime también ha estado preocupado por mí, nosotros también hemos sido atacados…

—Nos imaginamos—dijo su amigo—con mayor razón, creemos que tú deberías…

—No me alejaré de él—lo interrumpió ella—, yo le dije que lo apoyaría.

Acto seguido, se puso de pie. Renly hizo lo mismo, decidiendo, al parecer, no opinar más. Hizo una broma, tratando de ser el siempre. Asha tampoco agregó nada, también se puso de pie y luego de echarle una mirada perspicaz, asintió con la cabeza como si comprendiera.

Cuando salió de la academia, Jaime ya la esperaba en la puerta. Ese día fueron a almorzar a su departamento. Brienne le contó lo que le habían dicho Asha y Renly.

—Ellos saben bastante, Jaime.

—Mi padre cree taparlo todo, pero no sabe que la mierda siempre se descubre en algún momento. Aún así, mientras los grandes poderes protejan sus intereses, a él no le importa…aunque nos arrastre a todos.

Ella no le mencionó que los demás lo creían involucrado, pero por su expresión, se notaba que él se refería a eso y que le molestaba.

—Pero estoy acostumbrado a tener un honor de mierda…

Brienne le tomó la mano.

—No digas eso…

—Y me sigue preocupando lo que digan de ti…—la miró a los ojos.

—¡No me importa! Te lo dije—ahora ella puso los ojos en blanco.

Jaime rió ante eso.

—Estás adoptando gestos míos—le acarició el labio.

Ella sonrió.

—¿Crees que haya más ataques? —le preguntó al cabo de un momento, mientras se ponían de pie para lavar la loza que habían ocupado.

Jaime negó con la cabeza.

—No creo, no después del aviso de Tywin.

A Brienne todavía le parecía extraño el modus operandis del Pez Negro, si esto había querido ser una venganza por el torneo, significaba que Catelyn también estaría involucrada, y a ella no le parecía la clase de personas que atacara a la gente.

—¿Qué pretendía el Pez Negro con esto? —preguntó ella, mientras fregaba los platos.

—Jugar con nosotros supongo, provocar a mi padre—respondió él mientras secaba la loza con un paño— Tywin tiene la policía comprada, ellos nunca van a obtener justicia por allí. Pero a él no le agrada que lo amenacen. En realidad, su plan de venganza me sorprende por lo estúpido que fue.

—¿Entonces todo se ha acabado?

—Mi padre ganó este round, con el método que él considera más efectivo. Dudo que los Stark y el Pez Negro quieran arriesgarse de nuevo. No estoy nada satisfecho cómo fue resuelto, desde luego. Pero ¿quién podría haberlo disuadirlo? A mi hermana no le importan los medios, mientras justifique el fin. A Tyrion no le confía todos los asuntos. Sólo quedaba yo…

Brienne sabía lo que estaba pensando, si él hubiera aceptado su ofrecimiento, tal vez podría haberse evitado este asesinato.

—Tu padre no te dio tiempo…—le dijo—, no te sientas culpable.

—Yo fui tajante en mi respuesta y él no es de esperar.

—Puede que de todos modos, no hubiera estado en tus manos.

Él asintió lentamente. Ella también podía sentir su amargura, también quería justicia. Se decía que Robb no había quedado bien y aún así, el caso quedaría impune. Pero por otro lado, también era un alivio de que nadie más los atacara y que pudieran estar tranquilos. Se sentía culpable por sentir esto, pero ella esta vez estaba de ese lado del mundo, junto a Jaime, tal como decían Asha y Renly, y lo había aceptado.

—¿Ocurre algo? —le preguntó Jaime. Ella salió de sus cavilaciones, no se había dado cuenta que aún tenía un vaso sin enjuagar en sus manos.

—Nada—negó con la cabeza.

Pero cuando iba a terminar de enjuagar el vaso, Jaime se lo quitó de la mano y lo dejó en el fregadero. Y tomándola de la cintura, la sentó en la mesa frente a él. Cuando comenzó a besarla, ella entendió porqué quería continuar en ese mundo.

Durante los días siguientes, no hubo más ataques ni advertencias, tal como Jaime había anticipado. Ambos se enfocaron nuevamente en el entrenamiento e hicieron caso omiso de los comentarios que había en el ambiente. Aunque sus amigos ya no le decían nada cuando entrenaban juntos, lo que Brienne agradeció.

Jaime y ella también leían ahora el Expreso de las Pulgas, no sólo salía información de su familia, sino de otras igual de influyentes, como los Tyrell quiénes estaban adquiriendo un gran peso en el mundo de los negocios de Poniente. Aunque a veces la verdad en este periódico estaba adornada con algunas exageraciones y mentiras, traía más verdad que la prensa convencional. Según lo que les contó Tyrion, a Tywin Lannister no le gustaba nada lo que se estaba diciendo, lo que a Jaime le alegró.

En tanto, el Pez Negro había aparecido en los medios. Parecía realmente contrariado por la muerte de su discípulo, aunque se negó a contestar muchas preguntas.

—Sabía con quién estaba jugando—había dicho Jaime—, no sé que esperaba.

Pero luego de eso, nada más se supo. Tywin Lannister ya había dado su aviso y quedó claro una vez más quién tenía el poder.

Brienne despertó temprano esa mañana, el sol ya había salido, llenando de luz su habitación. A su lado, Jaime dormía profundamente. Con suavidad, ella le acarició el pecho, iluminado por los primeros rayos de sol. Él despertó con su toque.

—¿Qué pasa, chiquilla? —le preguntó con voz soñolienta, tomando su mano—¿Tan temprano y planeando cosas?

Ella se ruborizó y él la arrastró hacia él, sus manos acariciaron la parte baja de su espalda.

—Dime, ¿qué quieres hacer? —insistió—.Es sábado en la mañana, no tenemos que ir a ninguna parte.

—¿Tú tienes planeado algo? —preguntó ella.

—Yo lo tengo muy claro—le susurró al oído.

En ese momento, sonó su celular.

—Mierda, chiquilla—le dijo—, siempre nos quieren interrumpir…

Con una mano, sin retirar la otra de su cadera, tanteó la mesita de noche buscando el teléfono.

—Es Kevan—dijo—¿Sí?

A las primeras palabras, su rostro se oscureció.

—Bueno…sí…está bien…

Cortó, ella lo miraba expectante.

—Mi padre—susurró.