27. Los cuervos graznan
Era un día frío, y Brienne presenciaba junto a Jaime, Tyrion y Tysha la ceremonia de despedida a Tywin Lannister.
El suceso había sido extraño: esa mañana de sábado el cuerpo del señor de Roca Casterly había sido encontrado en el baño de las oficinas de Lannister Corp, una saeta le atravesaba el hígado. Nadie pudo explicar lo que había pasado. Cuando Jaime llegó al lugar, las cámaras de seguridad estaban apagadas, los guardias habían sido noqueados y fuera del baño no había ningún indicio de que allí se hubiera cometido un asesinato. Fuera quien fuera el autor, se había encargado de no dejar rastros. Brienne había esperado a a Jaime en el auto y pronto vio llegar a Kevan, a Cersei y a otros miembros de la familia a quiénes no supo identificar. Estuvieron un buen tiempo allí hasta que Jaime había regresó al auto y le contó lo poco que sabía.
Volvió al presente, había mucha gente en la ceremonia: los familiares más cercanos que se distinguían fácilmente por su cabello rubio y ojos verdes, como los de Jaime. También estaba la familia de Robert, Renly acompañado de Loras y el hermano de éstos, Stannis junto a su esposa y Shireen. También había otras personas importantes que Brienne estaba segura de haber visto en la prensa pública.
Una tía de Jaime pronunció unas palabras de honor y luego el septón comenzó a entonar un cántico. Jaime le apretó la mano. Ella lo miró, él se veía aún conmocionado e inconfundiblemente dolido. Podría haber tenido muchos problemas con su padre en el pasado, pero seguía siendo su sangre.
Cuando el cuerpo hubo descansado por fin bajo la urna de mármol, los Lannister se comenzaron a dispersar. Ella no había podido evitar observarlos con curiosidad durante la ceremonia y en ese momento no le habían parecido tan fríos y orgullosos. Excepto, claro está, Cersei Lannister. No había podido ver su rostro, ya que estaba tapado por un velo de tul, pero su figura se erguía altivamente junto a su marido, Robert Baratheon.
La tía de Jaime se acercó a ellos. Era una mujer de mediana edad, de rostro amplio y contextura gruesa. Durante el discurso, se había expresado con una voz firme y clara, que denotaba una fuerte personalidad.
—Mi tía Genna—presentó—Brienne, mi novia.
—Un gusto—le dijo y le dio un beso en la mejilla, tal como había hecho con Jaime.
—Igualmente…—respondió ella tímidamente.
—Tus primos me están esperando—le dijo a Jaime, se veía triste—, pero te llamaré.
Él asintió.
En ese momento advirtieron que Cersei se había quedado atrás. El velo de tul ya no cubría su rostro y los miraba. El gesto era una mezcla de incredulidad y burla. Jaime le devolvió la mirada desafiante, pero era tal la intensidad y tensión entre ambos que Brienne se sintió como fuera de lugar, a pesar de que la mano de él todavía sostenía la suya. Le dolió el estómago y miró hacia el suelo.
—Vamos—le dijo al cabo de unos segundos, aunque a ella le habían parecido horas.
Cersei ya se había adelantado, alcanzó a su marido y le tomó el brazo. Pero antes de dirigirse a la limusina que los esperaba, miró a Jaime una vez más.
Hicieron el camino de vuelta, Tyrion y Tysha se habían unido a un grupo de primos jóvenes y se fueron conversando con ellos hasta la entrada. Pero Jaime y ella iban en silencio, a Brienne la había invadido un sentimiento de incertidumbre, se preguntó qué ocurriría en los días siguientes. De pronto, cuando llegaron a los portones, Jaime se volvió hacia ella, su rostro se veía tranquilo. Le acarició la barba con ambas manos y entonces él acercó su rostro y comenzó a besarla suavemente. Entonces, unos cuervos graznaron.
