28. Culpa
Era de noche y Jaime estaba acostado pensativo. Brienne se había marchado hacía un par de horas, al otro día tendrían otra dura jornada en Baelor. Los entrenamientos diarios eran efectivos y la chiquilla había progresado de forma sorprendente. Mientras tanto él, no lograba concentrarse en lo que tenía que hacer. Seguía entrenando a los chicos, pero no podía mantener toda su atención en el trabajo.
La muerte de su padre lo había afectado bastante, ya habían pasado dos semanas y la investigación no podía avanzar. Se había descubierto que el origen de la saeta provenía de una ballesta que pertenecía al gimnasio del Pez Negro, sin embargo no habían encontrado evidencias que relacionaran a éste o a uno de sus discípulos con la escena del crimen.
El antecedente de los ataques que habían recibido podría haber sido una prueba refutante, pero Cersei se había negado a hablar de esto ya que podía llevar a hablar del "incidente" del torneo. Su hermana estaba muy paranoica, ante los rumores que había y temía que terminaran por arruinarlos.
Sin embargo, Jaime tenía dudas de que el Pez Negro hubiera sido el culpable, por alguna razón, no terminaba de convencerlo.
De pronto, unas gotas cayeron sobre su rostro. Se dio cuenta de que había comenzado a llover y él tenía la ventana abierta. Se incorporó, pero cuando iba a cerrar la persiana, vio que una limusina se estacionaba frente al edificio. El chofer se apresuró a abrir la puerta y su hermana salió de ella, recibiendo el paraguas que él le ofrecía.
"No lo creo" pensó.
Cuando Cersei subió el último peldaño, él ya la esperaba apoyado en el marco de la puerta con los brazos cruzados. Ella pareció sorprenderse.
—Te vi por la ventana—se encogió de hombros—debo reconocer que me tomaste desprevenido, creo recordar que es la primera vez que me visitas.
Ella sonrió levemente, le tendió su paraguas y él lo dejó junto a la puerta.
—¿Café?
—Bueno—respondió ella lacónicamente.
Cersei le echó una mirada a su departamento, fijando su atención en sus sillones viejos, muebles usados y cuadros desgastados. Mientras tanto, él la miraba esperando lo que ella tuviera que decir. Ella lo advirtió y sacó una carpeta de su bolso.
—Hoy salió el testamento de padre.
—¿Me concierne a mí?
—La verdad es que sí.
Ella abrió la carpeta sobre la mesa y él advirtió que entre el nombre de Cersei y Tyrion salía el suyo.
—Me había desheredado…
—Claro que no lo hizo—los labios de Cersei estaban apretados a modo de reproche—, debes sentirte culpable ahora, tú renegaste de padre…pero él siempre te apreció.
No podía evitar sentir una aprensión en el pecho. Su atención se fue hacia la tetera, que ya estaba hirviendo. Sacó una taza del aparador y le sirvió.
—Tú sabes lo que pasó…
Ella bufó.
—Preferiste tus peleas antes que cualquier cosa…
—El choque era inevitable—susurró—, y ese momento me apoyaste ¿no recuerdas?
—Pensé que era cuestión de tiempo de que maduraras…sin embargo no has cambiado nada, sigues viviendo pobremente, y no has hecho nada por nuestra familia, ni por ti.
Él sintió un cansancio repentino, no quería oír reproches, menos de su hermana.
—Pero puedes remediarlo—le dijo al final—, si vienes con nosotros y nos ayudas. Te necesito. Hay un caos en la empresa y el gnomo no quiere saber nada, tiene una nueva puta ahora—bufó.
—Es su novia—dijo él fríamente—, y no es una puta. De hecho es la primera relación seria…
—Como sea—lo interrumpió—¿Vendrás?
Él se dirigió a la ventana.
—Jaime—insistió ella, más suavemente ahora—, aún es tiempo de dejar tu vida atrás y volver a nuestra familia. Si lo haces, lo honrarás.
Se dio la vuelta. Sus ojos eran más cálidos ahora, lucían casi amables. Se acercó a él.
—Yo no sé nada sobre esos temas, no tengo estudios…
Ella agitó la mano, minimizando la importancia.
—Yo te diré que hacer. No necesitas grandes conocimientos. Son asuntos importantes que no puedo confiar a cualquiera y tú tienes que opinar también hasta que yo me quede a cargo de todo.
—No puedo dejar Baelor…
—Sólo serán unos días, es lo mínimo que puedes hacer.
Él la miró.
—Mi oficina sigue en el mismo lugar, seguramente recuerdas donde está, en un tiempo fuiste muchas veces.
No respondió, decidiendo ignorar la insinuación.
—Piénsalo—le dijo—, no todo ha acabado.
Y se marchó.
—Cersei fue a mi departamento anoche.
Brienne lo miró, al parecer algo sorprendida. Era el día siguiente en la tarde y ambos estaban en un descanso de su entrenamiento vespertino.
—Fue a mostrarme el testamento—explicó.
—¿El testamento? —su mirada pareció tranquilizarse.
—Mi padre no me desheredó…
—Jaime, eso es…
—Inesperado sí—se mordió el labio, tal como hacía ella.
Sus ojos lo seguían.
—Era tu padre…y te quería—ella le acarició la barba.
—Sin embargo, yo fui…
—No te sientas culpable…
Él tragó saliva, ella lo entendía tan bien. La besó, suavemente.
—Cersei quiere que la ayude, hay un caos en la empresa y necesita mi opinión en algunos asuntos—prosiguió.
—Si piensas que deberías ir, ve…
—No podré ir a Baelor por unos días—le dijo—, luego ella asumirá la gerencia principal y yo quedaré libre.
Ella asintió, ¿qué más iba a decir? Él, mientras le contaba, ya sabía que estaba decidido. Aunque eso implicaba que la vería menos.
—Nos veremos en las tardes.
—Lo sé…
Jaime sonrió ampliamente y se inclinó sobre ella nuevamente.
Continuaron practicando una hora más.
—Hagamos combate ahora—le dijo él.
—Estoy un poco cansada—su voz tenían un poco de desánimo.
Él asintió y luego de elongar un poco, dieron por finalizado el entrenamiento. Luego de ducharse, cenaron algo rápido. Él advirtió que la chiquilla no hablaba mucho, sus ojos se veían apagados. Se incorporó y se acercó a ella, y en ese momento Brienne sonrió. Él le tomó ambas manos para ponerla de pie y que quedara a su misma altura.
Comenzó a besarla lentamente hasta que la respuesta de ella se volvió más insistente. Su timidez había menguado estas últimas semanas y él se entregaba extasiado a estos encuentros. Saboreó sus labios y acarició su cabello, el cual todavía estaba húmedo. Sin separarse, Jaime se sentó de nuevo en la silla y la acomodó sobre él. Sus piernas estaban alrededor de su cadera y él cada vez se sentía más excitado. Cuando rompieron el beso, vio que los ojos de Brienne brillaban con decisión y ya era evidente lo que ambos querían.
Terminaron en su cama, Jaime la acarició de la forma que sabía que a ella le gustaba. Su espalda se arqueó con cada uno de sus toques o besos. Lo hicieron con un ritmo más rápido y fuerte esta vez. Y él terminó primero, cuando ella empezó a susurrar su nombre. Cuando acarició la zona donde sus cuerpos se unían, Brienne gimió y se fue con él.
Jaime salió de ella y se quedaron mirándose lado a lado, le acarició la mejilla. Sus ojos eran ahora un remanso de paz y él quería fundirse en ellos.
—Extrañaré no verte en Baelor—le dijo. Ella sonrió.
—Todo irá bien.
—Seeh—rió Jaime—, no puede ser tan terrible.
