30. Distancia
Ese día, mientras entrenaba, no podía evitar sentir un vacío cuando veía que Jaime no se acercaba a ella como siempre solía hacerlo.
Ya habían pasado tres semanas desde que no asistía a Baelor, y aunque sus clases las había tomado Barristan, no dejaban de llegar los chicos a preguntarle cuando volvía su maestro Jaime.
Tampoco se veían mucho el resto del día, el trabajo había resultado ser más demandante de lo que Jaime había creído en un principio y siempre tenía que estar pendiente de contestar alguna llamada, escribir un mail o asistir a una reunión de improviso.
La primera semana lo había ido a buscar, luego de salir de Baelor, pero después de esperas de una a dos horas, había desistido y él llegaba a su casa, a la hora que podía.
Ella entendía lo que estaba haciendo, él se sentía en deuda con su padre y por ello, debía ayudar en lo que fuera para que la empresa siguiera a flote. Pero lo extrañaba y estaba preocupada y a la vez molesta por esta lejanía repentina.
Sabía que no era su culpa. Por lo que le había contado, la muerte de Tywin había conllevado gran inestabilidad y al sumarse la ausencia de Tyrion, el trabajo era demasiado. Él le decía que solo estaría hasta que Cersei ocupara el control, pero en realidad Brienne lo veía tan entregado al trabajo que en verdad dudaba si lo terminaría dejando. Y si él deseaba quedase, ella no se lo impediría. ¿Pero qué pasaría con su relación?
También, Jaime se había puesto a cargo de la investigación de la muerte de su padre. La policía interrogó a los miembros del gimnasio de Aguasdulces, incluidos al Pez Negro y Edmure, los maestros, pero en sus declaraciones no hubo nada que los asociara a la escena del crimen, aparte de la ballesta encontrada.
Ese día almorzó sola en casa, mientras veía televisión. Jaime no la había llamado ni escrito ningún mensaje. El día anterior se habían despedido fríamente. Ella decidió que tampoco le escribiría, seguramente estaría trabajando y ella no quería molestarlo. O quizá estaría almorzando. Se lo imaginó junto a Cersei en un lujoso restaurant y desechó el pensamiento.
Sentía que sus celos eran muy egoístas, pero por otro lado, tenía fuertemente en su memoria la mirada que habían compartido en el funeral de su padre, la cual sólo podía indicar que nada se había apagado entre ellos. La relación entre ambos parecía ir bien, las veces que ella lo había ido a buscar, los veía salir juntos del edificio, conversando. Como esa noche, en la fiesta de la empresa en honor a Tywin Lannister. Habían subido juntos al escenario y lucían tan bien, en sus trajes de gala, dos figuras esbeltas, hermosas y con gracia. Mientras que ella, no dejaba de sentirse incómoda y torpe en el vestido que había decidido a usar. Era imposible no captar la diferencia.
Miró de nuevo su celular. Ninguna llamada ni mensaje.
De pronto, este sonó. Su corazón saltó pero vio que era Tyrion.
—Hola, Brienne.
—Hola Ty—lo saludó. Del otro lado de la línea se escuchaba el sonido del oleaje.
—¿Está mi hermano ahí? El desgraciado no me contesta el teléfono.
—No…él iba a estar en la empresa…
—¿Acaso duerme ahí también?
Ella rió un poco.
—Jaime está extraño…
— Tiene mucho trabajo…
—Mmm—dijo—, te llamaré después…
A la tarde, partió de nuevo a Baelor al entrenamiento de los seleccionados. Sus maestros la felicitaban constantemente y ahora más que nunca añoraba entrenar para desviar sus malos pensamientos. De hecho, estaba más mentalizada que nunca.
Apenas llegó, se le acercó Shireen.
—¡Hola Bri! —se acercó sonriéndole.
—Hola Shireen.
—¿Va a venir el maestro Jaime?
—No lo creo hoy—respondió ella.
La chica se puso triste.
—Dile que lo extrañamos mucho, el maestro Barristan es muy pesado—dijo en un susurro.
Brienne le sonrió.
—Lo haré…
De pronto, Barristan llamó a Shireen.
—Me tengo que ir—se fue corriendo—nos vemos.
Brienne sonrió mientras la veía correr hasta la entrada de la sala en la que entrenaban.
Cuando salió del entrenamiento, vio que Jaime le había mandado un mensaje.
Jaime: Reunión de última hora, no podré ir. Lo siento.
Yo: Ok
Ella suspiró, guardó su celular en el bolso y fue hacia el auto dispuesta a irse a casa. Se le había ocurrido que dormir le haría muy bien, cuando de pronto Asha la agarró del bolso.
—¿Te juntas con Jaime ahora?
Ella negó con la cabeza.
—¡Vamos a beber! —le dijo.
Y ella respondió que sí.
En el pub, Asha habló todo el rato, contándole de sus últimas aventuras. Luego de un breve amorío con Horas Redwyne, había conocido a otro chico, Qarl, con quién decía que lo estaba pasando bastante bien.
—Nos divertimos, sin ningún compromiso—le dijo—. Nos entendemos bastante bien, tú sabes…en la cama.
Brienne asintió en silencio. A veces le pasaba que le gustaría ser así de decidida como su amiga, sin tanta inseguridad y traumas, más libre.
—Estás callada esta tarde, Bri—le dijo—más de lo habitual, digo…¿Cómo están las cosas con Jaime?
Brienne procedió a contarle todo lo que pensaba, de cómo veía que él se estaba alejando, y que por otro lado se sentía egoísta por pensar así.
—Me gusta que Jaime vuelva a estar en paz con su familia…pero no veo que haya espacio para mí allí—terminó.
Su amiga negó con la cabeza.
—¿Has hablado de esto con él?
—El poco tiempo que nos vemos, no conversamos mucho.
—Entiendo—la miró a los ojos pícaramente, pero ella negó con la cabeza.
—No es eso tampoco…
La última vez que tuvieron sexo fue la misma noche de la fiesta de la empresa, y en ese momento, todo lo demás había pasado a segundo plano: la lejanía, el recuerdo de él y su hermana, las miradas despectivas que Cersei le había dedicado en la fiesta, su incomodidad con su aspecto, todo. Sin embargo a primera hora del otro día, recibió una llamada y tuvo que irse. Las siguientes ocasiones que habían intentado un acercamiento, siempre eran interrumpidos y no podían disfrutar las pocas horas que estaban juntos. Y ella no podía evitar sentir que algo había cambiado entre ellos.
—Lo primero que deben haber hacer es hablar—le dijo su amiga—.Él está enamorado de ti…
Ella se removió incómoda.
—¿Tú crees? —la miró, pero Asha lucía más seria que nunca.
—Por lo que creo que te incorporará a su familia sin dudar—prosiguió—, pero debes hablarle de tus temores. Ustedes son una pareja seria, no son Qarl y yo.
Ella asintió, pero Asha no sabía de Cersei ni su historia con Jaime. Era algo que no podía compartir.
Era tarde cuando llegó a casa, Jaime no le había vuelto a escribir. Ella se duchó y luego se acostó. Recién estaba conciliando el sueño, cuando él la llamó.
—Tengo que hablarte—le dijo.
