33. Leones, truchas y lobos

Brienne conducía por la autopista, Jaime iba al lado suyo. Todo había resultado más rápido de lo que creía. El maestro Barristan no había hecho muchas preguntas cuando ella le pidió el teléfono de Brynden Tully por un asunto personal relacionado a su padre y cuando tres días después, le mostró el número a Jaime, él se había sorprendido.

Los planes eran que él se entrevistara con Brynden Tully, quién lo recibiría sin saberlo. La única manera en que todo se detendría sería aclarando las cosas cara a cara.

Los días posteriores a su renuncia a la empresa, Jaime se había reunido con Varys, quién dirigía la investigación de la muerte de Tywin Lannister, y su respuesta había sido concluyente: no había forma de relacionar al Pez Negro y a Catelyn Stark con la escena del crimen.

Él en un principio se había mostrado reticente al plan, pero ahora iba decidido, habían planeado juntos la conversación. Ella misma se había puesto en contacto con Brynden, manifestando un repentino interés en su academia. La mentira le había salido natural.

"Estás aprendiendo de mí, chiquilla" le había dicho él.

Se mordió el labio.

Habían partido con las primeras luces del amanecer, y era el medio día cuando llegaron a Aguadulces. No se dirigirían a la mansión de los Tully, sino al gimnasio liderado por el Pez Negro y Edmure. Este se encontraba en una de las avenidas principales, en la rivera del Forca Roja. No les costó mucho llegar y al cabo de unos diez minutos, ella estacionó.

Jaime la tomó de la mano, y entraron.

Los gritos de los discípulos mientras entrenaban llamaron su atención. Vieron a Thoros de Myr arbitrando un combate entre dos jóvenes, mientras los demás miraban.

—Lannister—llamó una voz a su derecha.

Edmure Tully se acercaba a ellos, vestido de traje de combate. Con una toalla, se secaba el sudor de la cara.

—¿Qué estás haciendo aquí? —le increpó.

De pronto la atención de todos, se volvió hacia ellos.

—El Pez Negro aceptó recibirnos…—comenzó ella.

—Tú eres Brienne Tarth…

—Así es…

—Pero la reunión no era con él…—lo apuntó.

—¿Crees que soy estúpido, Edmure?

Éste se volteó y de pronto apareció Brynden Tully, se paró al lado de su sobrino.

—Yo sabía que eras tú, Matarreyes—le increpó—. No me sorprende, los Lannister siempre quieren hacer las cosas de forma encubierta…pero a mí no me engañan.

Jaime frunció el ceño.

—No estoy seguro de que sea nuestra forma de actuar…—empezó a decir.

Ella le apretó la mano. Sabía que a él le iba a molestar la forma que el Pez Negro se estaba refiriendo a él y detestaba que lo llamaran con ese apodo.

—Pero ya que estás, pasemos adentro…

—¿Lo recibirás? —la mirada de Edmure rebasaba aversión.

—Me intriga lo que tiene que decirme…

Se dio vuelta y les hizo una señal para que lo siguieran hacia el fondo del gimnasio, donde estaba su oficina. Los demás aún no dejaban de mirarlos y los cuchicheos se habían convertido en gritos "¡Asesino!" decían, aunque no se acercaban más que a una distancia prudente. Cuando entraron, advirtieron que ya había alguien allí: Catelyn Stark.

Tanto ella como Jaime, se quedaron de piedra.

—¿Pensabas que nos ibas a engañar, niña?

Le dijo Brynden.

—Le hablé a Catelyn de usted, señorita Tarth, ella afirmó haberlos visto a ambos en el torneo—agregó.

—Cuando atacaron a mi hijo, ambos estaban ahí—corroboró ella.

—¿Y por qué nos aceptaron? —preguntó Jaime.

—Quería ver que nos tenías que decir—dijo el Pez.

Ella miró a Jaime, pero él ya no estaba molesto, más bien su expresión denotaba de cansancio.

—Tomen asiento—dijo Catelyn.

Se sentaron frente a ambos en unas sillas de madera. Las miradas que intercambiaban estaban llenas de tensión y el aire se podía cortar un cuchillo.

Ella suspiró, y finalmente dijo:

—Vinimos porque Jaime quiere negociar con ustedes.

El Pez Negro rió sardónicamente.

—¿Con que quiere negociar? ¿Y tú hablas por él ¿Qué pasa Lannister? ¿Ahora te escondes detrás de tu novia?

Jaime suspiró.

—Antes de comunicar lo que quiero decir, es necesario que aclaremos algunos puntos.

Catelyn se adelantó.

—¿Tú y tu familia atacaron a mi hijo?

Él se puso en modo alerta.

—Yo no tuve nada que ver…

—Pero huele a Tywin Lannister…—dijo Brynden.

Jaime no lo negó, Catelyn y el Pez Negro se miraron.

—¿Mataron ustedes a mi padre? —preguntó Jaime, al fin.

—No fuimos nosotros—dijo Catelyn.

—No es nuestra manera de actuar—dijo el Pez.

Y la respuesta parecía sincera. Jaime asintió lentamente.

—¿Y qué me dicen de los ataques? Ese tipo, Anguy, pertenecía a tu gimnasio.

Ambos se miraron.

—Mis muchachos pensaron que era una muy buena idea asustarlos, ya que la policía no hacía nada—dijo el Pez—, pero nunca pensamos hacerles un daño real a sus pieles de león.

—Debo admitir que el asunto se les fue de las manos—dijo Catelyn.

—Vaya que sí, pensé que ambos eran más inteligentes, no fue buena idea tirar de la cola del león—les dijo Jaime—. ¿Y qué me dices de las amenazas que recibió mi padre antes del torneo?

—No fuimos nosotros —dijo ella.

Brienne vio que él fruncía el ceño, en esto también parecían decir la verdad "Pero entonces ¿Quién fue el que mandó esas amenazas y comenzó todo?" pensó.

—Yo le di la idea a Jaime de juntarlos, para que pudieran negociar—dijo.

—¿Negociar qué? —preguntó Catelyn—Las cartas ya están tiradas ¿qué nos ofrecerás? ¿Justicia?

—Ustedes están en peligro—dijo Jaime al fin.

—¿Es una amenaza? —ladró el Pez.

—Mía no—él dijo—, pero tengo razones para decirlo.

—¿Por qué nos avisas? —agregó Cat.

—Ya lo dije, no quiero que siga esto. No le hace bien a nuestras familias. Quiero que hagamos una tregua.

—¿Qué razones tenemos para confiar en ti? ¿De qué forma estamos en peligro?

—No sé los detalles…

—¿Quiénes están detrás de esto?

—Roose Bolton y Walder Frey están planeando algo, por iniciativa de Cersei.

—¿Traicionas a tu propia melliza? Tú no tienes honor—dijo el Pez.

Jaime empuñó su mano buena.

—Ya sé que piensan que mi honor es una mierda. Pero esta situación no le hace bien a nadie, si lo detenemos a tiempo, nadie más saldrá herido.

—Intentas salvarnos, sin ofrecer nada a cambio…parece difícil de creer—repuso Catelyn.

—Walder Frey y Roose Bolton atacaron a tu adorado hijo y siguen impunes. Si hacemos una tregua podemos idear un plan para delatarlos y que paguen.

—Tendrás que ensuciar la memoria de tu querido padre ¿estás dispuesto a eso? —preguntó el Pez.

Jaime agachó la cabeza, Brienne sabía que esto era duro para él, le tomó la mano y él se la apretó. Finalmente asintió.

—¿Desde cuándo que sabes esto?—dijo Cat —¿Cómo estamos seguros de que no es una trampa?

—Lo sé hace menos de una semana, me lo contó mi propia hermana.

—¿Y tú te negaste? ¡Qué encantador! —se burló Brynden.

Jaime se estaba enfadando.

— Pueden elegir no creerme—dijo gravemente—, con Brienne nos vamos y cuando ustedes se hundan en la mierda, yo estaré tranquilo porque dije la puta verdad.

Hizo el amago de pararse, pero Catelyn dijo:

—Dices que estamos en peligro y que alguien nos atacará ¿no?

Él asintió.

—Me da para pensar que el ataque puede estar ocurriendo ahora, mientras conversamos..

Él negó con la cabeza.

—Según mi informante, nada se ha ejecutado aún…

—De ser cierto ¿Cuál es tu plan para detener esto? ¿

Brienne advirtió que a pesar de su desconfianza, ella empezaba a ablandarse. Mientras que el Pez Negro aún lo miraba con burla. Jaime la miró a los ojos y comenzó a hablar.

La conversación se prolongó unos treinta minutos más. Para ese entonces, Catelyn estaba un poco más convencida, aunque aún lo miraba con suspicacia. El Pez Negro no agregó nada.

—Nos reuniremos de nuevo—les dijo Jaime, incorporándose.

Le tomó la mano, pero Catelyn lo interrumpió.

—¿Puedo hablar con la chica Tarth un momento?

Jaime la miró, ella asintió.

—A solas…

Él captó el mensaje y se dirigió a la calle. Ella se volvió a sentar, nerviosa.

—Pareces una chica sana y con tacto y sin embargo…—miró en dirección a la puerta, la pregunta era: "¿Qué haces con él?"

—Conozco bien a Jaime, él me ha salvado la vida y no ha tenido que ver con nada de lo acontecido.

—Tú dices que podemos confiar en él.

Ella asintió vehementemente.

—Él sigue siendo un Lannister—señaló el Pez Negro—, aunque lo que digas es verdad, no podemos confiar en que le dé la espalda a su familia al ayudarnos en esto. No parecía muy convencido ahora.

—Deben entender que para él es difícil…pero lo que les contó ahora es verdad…

—Cuesta confiar en alguien que traicionó a su propio maestro…

Brienne no contestó.

—Si él nos trae lo que pedimos, lo evaluaremos—dijo Catelyn al final.

Ella se puso de pie.

—Lo haremos.

Y se marchó.

—¿Te interrogaron sobre mí? —le preguntó él, cuando ella subió al auto.

Brienne asintió.

—Nunca me tendrán confianza, está claro.