Brienne despertó de pronto, se había quedado dormida recostada en la cama de Jaime. Él no estaba allí, pero podía escucharlo caminando por la cocina. Se escuchaban unos sonidos, como si estuviera manipulando vajilla. Bostezó y se desperezó.
Ya había anochecido ¿cuántas horas habrían pasado? Recordaba haberse quedado dormida, mientras Jaime leía a su lado unos documentos de la oficina que le había entregado Cersei.
Dio una mirada por su habitación. Su traje de oficina estaba colgado en una esquina, al lado de su uniforme de artes marciales. Esos días había tenido que ir a trabajar nuevamente a la empresa, para mantener las apariencias. Había pasado una semana desde su viaje a Fuerte Terror.
Al otro día, partiría nuevamente al Norte, en una misión oculta junto a los Bolton. Brienne se mordió el labio, preocupada. Quería cortar lo antes posible la relación con esa gente. ¿Y si lo descubrían? ¿Qué pasaría? Ella los veía capaz de cualquier cosa.
—Al fin despertaste, chiquilla—. Jaime asomó la cabeza por el marco de la puerta.
Brienne se incorporó.
—¿Pasó algo? —inquirió él, notando su expresión sombría.
—Nada…
Jaime sonrió, se acercó a ella y la besó.
—Todo va a salir bien.
—Quisiera ir contigo.
—Tú debes estar en contacto con Catelyn, recuerda que ella no confía enteramente en mí, aún.
—Lo sé…pero me preocupa que te pase algo.
—Estaré bien—él le acarició la mejilla con el pulgar.
Ella comenzó a besarlo, Jaime le respondió al instante. Brienne le rodeó el cuello con sus manos mientras profundizaban el beso. Estuvieron así unos minutos, hasta que él lo rompió.
—¡Mierda, chiquilla! —exclamó riendo.
—¿Qué ocurre? —ella lo miró desafiante.
Él suspiró.
—Antes debo mostrarte algo.
La tomó de la mano y la arrastró con él fuera del dormitorio, hasta la cocina.
Sobre la mesa, había dos platos con una humeante porción de tallarines recién servidos. En el centro, una botella de vino y otra de refresco, acompañadas de dos copas. Y en el centro un candelabro con dos velas.
—Jaime ¿en qué momento lo hiciste?
—Mientras dormías, chiquilla perezosa.
Brienne se quedó de pie mirando, anonadada. Sus nervios ante lo que vendría aumentaron. "¿Por qué hacer una cena especial justo ahora?"
Él la miró serio.
—¿Por qué esa cara?
—¿Por qué ahora? —preguntó—¿Crees que las cosas podrían salir mal y…?
Jaime puso los ojos en blanco y dio un largo suspiro.
—¡Hoy es el día del amor, genio!
—¿Qué hoy es el día del…? —se interrumpió, claro que sí y ella lo había olvidado por completo. Por un instante se sintió muy tonta, mientras él la miraba seriamente. Ella nunca le había prestado atención a ese día antes. Una vez le había hecho a Renly una tarjeta, pero nunca se la había entregado, por supuesto.
—Jaime, yo no tengo nada, no sabía…—balbuceó avergonzada.
Él de pronto se echó a reír.
—Yo nunca había celebrado este día, me parecía una pérdida de tiempo—se encogió de hombros—pero ahora me pareció divertido hacerlo.
Ella asintió y le sonrió.
Se sentaron y cenaron. Ella se permitió un poco de vino para el brindis.
—No sabía que cocinabas—inquirió ella.
—¿Pensabas que siempre me alimentaba de pizza y hot dogs, aparte de tu comida saludable?
—Sí.
—Hay cosas de mí que aún no conoces, chiquilla.
Para después de cenar, Jaime tenía lista una película de artes marciales, la cual disfrutaron viendo comiendo palomitas.
La velada terminó en su cama, entre caricias y besos, algunos delicados y otros más atrevidos. Finalmente, Brienne rodeó firmemente su cadera con sus piernas mientras él entraba en ella.
Terminaron tendidos, Jaime sobre ella, mientras se besaban entrecortadamente al tiempo que recuperaban el aliento.
La alarma los despertó al mismo tiempo, al otro día. Se besaron hasta que la alarma sonó una segunda vez. Entonces se levantaron, se ducharon y se vistieron. Brienne lo ayudó a ordenar los últimos detalles de su equipaje.
—¿Qué harás hoy? —le preguntó él—Podrías quedarte aquí, te dejé una llave.
—Iré a Baelor y luego te esperaré aquí.
—Me parece.
Se despidieron en la entrada. Un chofer de Lannister Corp lo estaba esperando para llevarlo al aeropuerto.
—Todo saldrá bien—le aseguró Jaime.
—Lo sé.
La tensión del día anterior había pasado. Y Brienne confiaba en que pronto podrían superar todos los obstáculos, así por fin lograrían llevar una vida tranquila, juntos.
