EL TORNEO DE LOS TRES MAGOS
Por Cris Snape
Disclaimer: El Potterverso es de Rowling.
Este fic participa en el minirreto de diciembre para el Torneo de los Tres Magos del foro La Noble y Ancestral Casa de los Black.
3
El orgullo de mamá
Augusta nunca ha sido una amante de la Navidad. Desde que se emborrachara por culpa del ponche de huevo cuando sólo tenía diez años, aborrecía esa época del año. Pese a ello, se esmeraba por decorar la casa familiar y preparar la cena de Nochebuena más deliciosa de toda Inglaterra. Y sin ayuda de ningún elfo doméstico. Porque, aunque Augusta odie la Navidad, le gusta impresionar a los Longbottom y mostrarse ante ellos como la mejor anfitriona del mundo.
Aunque Frank considera que ayudar a su madre es la tarea más tediosa que puede existir, todos los años adornan juntos el árbol. En esa ocasión, Augusta ha escogido cintas doradas y bolas rojas y ciertamente tiene un aspecto elegante y discreto. Aburrido, vamos. Frank sabe que a los Longbottom les gustará y ya puede ver a su madre alzando la cabeza con orgullo pero él no está contento. Ni con el árbol ni con tener que cenar con la tía Enid.
—¡Pero qué alto estás, Frankie! —Dice mientras le planta dos babosos besos en las mejillas—. Te pareces tanto al abuelo Longbottom, que en paz descanse.
—No seas absurda, Enid. Frank es idéntico a mi padre.
—Te recuerdo que tu padre era un tapón.
—¡Media más de un metro y sesenta centímetros!
Frank pone los ojos en blanco y suspira. Siempre es igual. La misma decoración, la misma comida, las mismas discusiones familiares. Sin duda necesita salir de allí pero su madre acaba de agarrarlo del brazo y tira de él.
—¡Claro que estoy segura! —Su madre parece indignada por algo—. Lo que pasa es que aún no es tiempo de recibir su carta.
—Mira que si es el primer Longbottom que no es admitido en Hogwarts… Sería por tu culpa, sin duda.
Augusta se pone roja como un tomate y suelta a Frank, quien aprovecha para alejarse de la pelea que está a punto de iniciarse. Termina junto a la mesa de los aperitivos, justo donde el tío Algie ha empezado a dar buena cuenta de los canapés de salmón noruego.
—Ya estamos otra vez —Comenta sin inmutarse.
—Pues sí.
El tío Algie le sonríe con afecto.
—Feliz Navidad, Frank.
—Feliz Navidad.
Y mientras ve a su madre y a su tía tirarse de los pelos (literalmente) piensa que la próxima Navidad posiblemente sea distinta a las de siempre. Ésa y todas las demás.
