EL TORNEO DE LOS TRES MAGOS

Por Cris Snape


Disclaimer: El Potterverso es de Rowling.

Este fic participa en el minirreto de marzo para el Torneo de los Tres Magos del foro La Noble y Ancestral Casa de los Black.


5

Ludo, querido

"Ludo, querido. ¿Me puedes traer un par de pergaminos?"

"Ludo, querido. ¿Qué has preparado de cena?"

"Ludo, querido. Necesito un botecito de laca de unas. ¿Pues viajar a París para traerme uno? Ya sabes cuál es mi favorito"

"Ludo, querido".

Ludo querido y una mierda.

¿En qué momento decidió que casarse con esa maldita mujer era una buena idea? Porque ciertamente Rita era hermosa, tenía estilo y sabía ser encantadora cuando se lo proponía pero también era insufriblemente mandona y estaba empezando a estar cansado de ella. Tan cansado que fantaseaba con la idea de arrancarle la lengua de cuajo. Y con sus propias manos, sin nada de magia.

Claro que era bastante posible que Rita se las apañase para seguir dándole órdenes. Posiblemente escribiría sus peticiones en un pergamino o encantaría las vuelaplumas para que le vociferaran al oído. La mutilación no parecía algo efectivo pero, ¿y si iba un poquito más allá?

—Ludo, querido. ¿Puedes traerme un vasito de agua?

Era la gota que colmaba el vaso. Llevaba todo el santo día de un lado para otro, cumpliendo todos sus deseos como si fuera un puñetero genio de la lámpara y, tal y como señalamos anteriormente, estaba hasta los mismísimos de su "Ludo, querido"

—¿Por qué no conjuras uno con tu varita, querida?

—Porque el agua pierde facultades, ya lo sabes. No me gustaría que mi cutis se resintiera.

—Sería toda una tragedia, sí.

—¿Cómo dices?

Ludo no repitió las palabras pronunciadas a media voz. Se levantó como todo un mártir cristiano, fue a la cocina y llenó un vaso de agua. Seguía sin comprender cómo era eso de que perdía facultades pero no tenía más remedio. Era eso o la separación (o un asesinato que podía esperar). A esas alturas de su vida, Ludo estaba demasiado gordo y calvo para encontrar otra esposa, así que transigió de nuevo. Y ya iban… ¡Bah! Perdió la cuenta hace mucho.

Rita estaba en su despacho, preparando un artículo para una revista de cotilleos. A Ludo le encantaban ese pelo rubio y esas gafas de sabionda y esos aires de mujer fatal que se gastaba. Lástima que fuese tan mandona. Sin ganas de entablar conversación, depositó el vaso frente a ella y de dispuso a regresar a la salita de estar. Rita le detuvo agarrándole de la muñeca y le dedicó una de esas miradas que lo dejaban medio muerto.

—Sé que hoy he estado muy exigente. Los asuntos del trabajo absorben mi tiempo y tú me eres de gran ayuda encargándote de cosas que de otro modo no podría resolver.

—Sí, ya.

Para eso estaba, ¿no?

—Por eso he pensado en compensarte —Rita le guiñó un ojo—. Esta noche. Un montón.

Fue entonces cuando Ludo recordó por qué había decidido casarse con esa mujer y asintió como un tonto. ¡Oh, sí! Su querida Rita era absolutamente insufrible pero se le daba genial compensar y sólo por eso merecía la pena obedecerla en todo.

Ludo abandonó el despacho bajo la atenta mirada de su esposa. Rita sonrió mientras pensaba en lo básicos que resultaban algunos hombres. Y que siguiera así por mucho tiempo.