Capítulo 2 -Liz
Habían pasado dos semanas desde Pittsburgh, y la vida para Ethan había cambiado un tanto; sí, ya no tenía a Henry o a Sam, y a veces se preguntaba cómo estarían con su viaje a encontrar a los Luciérnagas, pero tenía a Liz, una veinteañera que había perdido a su grupo cuando, al acampar en un edificio para dormir, habían sido atacados por chasqueadores que no habían previsto en el lugar. Liz había sido la única superviviente, porque su padre, el líder del grupo, la había puesto en un lugar cercano a una de las salidas de emergencia, la cual sólo se podía abrir desde dentro. Nunca supo si su padre había tenido una corazonada respecto de lo que ocurriría esa noche, pero lo último que recordaba era de estar disparando para retener a algunos chasqueadores, mientras abría la puerta para salir, pero después de ella nadie salió del edificio, ni por las ventanas, ni las puertas. Corrió pensando que tras ponerse a salvo llegaría alguien, pero esperó hasta el amanecer sin señal de algún compañero. Una parte de ella se arrepentía de lo que hizo ese día: regresó con cuidado al lugar en donde habían acampado, sólo para encontrar a todos sus amigos muertos y desfigurados, su padre estaba muerto justo en la salida de emergencia. No había tenido el tiempo suficiente para escapar.
La relación entre Ethan y Liz había nacido accidentalmente una tarde en que él había estado buscando balas en una armería abandonada; gran parte del inventario ya había sido saqueado, pero logró encontrar unas cuantas balas y una escopeta que estaban escondidas bajo unos escombros que nadie había sacado para buscar. La primera reacción al ver a Liz fue que no podía ser una cazadora o alguien sin moral, pues su cara lo decía todo; estaba aterrada. Poco sabía entonces de su historia, por lo cual para poder calmar la situación no sacó su revolver ni su nueva escopeta, sino que se agachó, quedando totalmente indefenso, sacó su mochila, y de ahí le pasó un tarro de comida a aquella chica que se veía perdida. Ella dudó por bastantes segundos, lo cual le hizo pensar que en cualquier momento huiría o simplemente sacaría una pistola y moriría ahí. Se sintió como cuando había estado con Henry; se estaba jugando la vida, sólo para encontrar a otras personas como él. Pero finalmente aquella chica se acercó y tomó el tarro, sacó un cuchillo, lo abrió y comenzó a comer como si no hubiera comido en más de un día; desconocía que llevaba dos días solo bebiendo agua a ratos y con un poco de comida que llevaba consigo desde antes de la masacre de su grupo.
-Mi nombre es Ethan –esta vez él comenzó con la introducción de nombres -¿cuál es el tuyo?
-… Elizabeth –respondió, cuando ya hubo terminado su comida –pero todos me llaman Liz… me llamaban…
Sólo con esas palabras Ethan ya se pudo hacer una idea de a qué se refería su nueva compañera con esa frase; el mundo era cruel e injusto, lo peor era que cosas como ésas ya eran normales, y que al ser una vagabunda sin grupo no viviría mucho siguiendo así. Lo primero que se le vino a la mente fue un cazador, entonces vivió el espanto de recordar. Mike, Howard, Francis, Derek, y muchos más; recordaba sus cazas como persecuciones a víctimas que él hacía impersonales para no vivir con el remordimiento, pero ahora estaba frente a una chica hambrienta, sucia y asustada que probablemente había sido víctima de personas que habían elegido el mismo estilo de vida que él había vivido durante tantos años. Se preguntaba entonces a cuántas Liz había matado en el pasado, a cuantas personas perdidas y asustadas había disparado o degollado. Lo peor es que él había suprimido todo eso, probablemente para no caer en la locura, y de ahí salió algo: si había renunciado a los cazadores, entonces quizá ya había algo en él que estaba loco.
Pero ahora estaba en el otro lado, ayudando a una víctima, dándole comida. Ésta vez no sería como todos esos años, ésta vez protegería a Liz, y la verdad es que teniendo treinta y siete años no era difícil tampoco verla como una hermana menor.
-Diane…-susurró entonces, mientras la veía
No quiso recordar más, y se remitió a la situación en la que se encontraba. Si bien no habían cazadores en esa área, y no había encontrado ninguno en aquel pueblo, era probable que se debiera a que hubiese infectados en los alrededores, lo cual significaba problemas, así que le explicó que debían salir de ahí e ir a una estación de bomberos abandonada, la cual él había descubierto como buen escondite, pues tenía varias entradas bloqueadas; aparentemente alguien había vivido ahí, hasta que algo lo obligó a huir.
Si bien las entradas principales estaban cerradas, habían unas ventanillas que no. Era extraño, ver un lugar e imaginar la historia que había ocurrido ahí, probablemente por una de esas pequeñas ventanas había entrado un infectado y había acabado con una planificación de quizá meses. Tapó las ventanillas con tablas y bloqueó una puerta trasera, dejando como única salida una puerta que daba a un callejón interior, el cual había asegurado con candados para sólo poder abrir por dentro. Sin haber más entradas, podían darse un tiempo para descansar, y también dormir, dado que la noche ya estaba cayendo.
-¿También estás solo? –preguntó finalmente Liz, cuando ya la noche había caído, y apenas podían verse en la oscuridad de la noche
Era irónico; había renunciado a su vida de cazadores, pero por haber estado ahí podía vivir bien; ya había quedado solo dos veces, y por razones contrarias.
-Sí –respondió, mientras recordaba a esos hermanos que querían ayudar a cambiar el mundo –viajo solo, ¿qué fue de tus compañeros?
La pregunta había salido sin que él la hubiera pensado más de una sola vez, y se asustó en cuanto a la reacción que podía tener Liz, pero agradeció a la oscuridad que había, porque no podía distinguir bien sus rasgos o gestos.
-Unos chasqueadores nos emboscaron mientras dormíamos, todos murieron, hasta… mi papá…
Por una parte eso lo alivió; no fueron cazadores, como él, los que habían dejado sola a esa chica, pero al instante en que comprendió lo que eso significaba, sintió una desesperanza que hacía tiempo no sentía. No importaba que no hubieran sido cazadores, daba lo mismo, gente moría, ya fuera por cazadores, militares o infectados, el escenario se repetía una y otra vez, sin parar. Probablemente ellos también acabarían así, pensó entonces, y daba igual si eran asesinados a tiros por cazadores o militares, o despedazados por infectados. Morirían.
-Pero has sido la primera persona que he visto que me ha ayudado; mi grupo estaba conformado por mi papá y algunos de sus amigos, pero una vez nos conformamos, todas las personas que nos fuimos encontrando resultaron ser hostiles…
No se podía ver en la oscuridad, pero eso produjo una pequeña sonrisa en la cara de Ethan. No estaba para nada limpiando todas las crueldades que había cometido, pero por primera vez en cinco años, sentía por primera vez que hacía lo correcto, incluso cuando le había dado una lata de comida que en algunos días podía hacerle falta.
Y eso hizo que esa noche fuera la mejor que había tenido en mucho tiempo; había algo dentro de él que por fin descansaba, algo que desconocía, pero le agradaba sentirlo. Algo que llevaba demasiado tiempo contenido. No sabía qué nombre ponerle. Ni notó el momento en que se quedó dormido.
-Era un cazador –fue lo primero que dijo en la mañana, después de que ambos terminaran su comida –lo era… pero dejé de serlo
La expresión de Liz se tornó cautelosa, de a poco se alejó. Lo había hecho porque no quería ocultar nada esta vez, no quería que fuera como con Henry, había sido un cazador, pero ya no lo era. Si lograba convencer a los demás de que le repugnaba su pasado, y se avergonzaba, entonces podría vivir mejor consigo mismo, y podría generar un lazo con otras personas. Debía dejar atrás al cazador, y ser sólo Ethan, un vagabundo en busca de los Luciérnagas, o de cualquier persona que necesitase ayuda.
-Puedes odiarme si quieres, pero lo cierto es que dejé eso atrás… no puedo… no puedo vivir conmigo mismo a diario viviendo esa vida un día más, por eso los dejé… he vivido un infierno desde ese momento, pero al menos sé que por primera vez estoy haciendo las cosas bien… que por primera vez puedo ayudar a alguien que no sea yo
Liz se mantuvo alejada, y Ethan no podía averiguar qué pensaba en ese momento; si estaba a punto de huir por la única puerta disponible, o iba a darle una oportunidad, no había forma de descifrar aquella expresión, pero tenía miedo de acercarse o decir algo, pues podía apresurar aquella decisión. Si salía corriendo podía atraer infectados si es que había, poniéndola en problemas.
Finalmente se rindió, y tras ver que ella corría a la puerta con la llave del candado, se sentó en el suelo nuevamente, con la cabeza baja. No podía obligarla a perdonarlo, no podía obligarla a hacerle ver que había dejado eso atrás, no tenía el derecho. Cuando había asesinado por primera vez a una persona inocente para quitarle sus pertenencias había perdido todo derecho.
Recordó a ese turista, su camisa azul manchada y sucia, su expresión de terror mientras lo perseguían, y cuando él le disparó en la pierna, para dejarlo en el suelo, sólo para que Francis le diera el tiro de gracia en la cabeza. Su primera caza; desde ese momento había marcado todo su futuro, pero en ese momento nada de eso había pasado por su cabeza; sólo estaba 'sobreviviendo'.
Estaba perdido, pensando en aquel hombre cuya única culpa había sido pasar por donde Ethan y su grupo patrullaban, cuando su vista, que apuntaba al suelo, triste, vio dos piernas acercándose.
Era Liz.
Ella sólo lo miraba, con una expresión que, de alguna forma, expresaba lástima por él; entonces se dio cuenta de que estaba llorando. Intentó recordar la última vez que había llorado, pero era demasiado distante, muy lejana, más allá del momento en que decidió convertirse en cazador.
-Sé que no puedo deshacer nada de lo que hice, sólo quiero ayudar a todos los que pude haber abandonado –dijo, para luego cerrar los ojos
Entonces sintió que unos brazos rodeaban su cuerpo, Liz lo estaba abrazando, por compasión probablemente, pero eso sólo lo invitó a volver a llorar. El cazador que había sido había muerto, era Ethan, finalmente, para alguien que no fuera él mismo.
Vivir para alguien más; había olvidado cómo se sentía eso hace mucho tiempo, quizá demasiado.
