Capítulo 3 -Razones
Estaba sudando, y la herida por un roce de bala aun le dolía. Al menos el sol de esa tarde no era cruel como el de otros días, sólo veía el cielo rojo con un par de tenues nubes apenas visibles entre las delgadas pero numerosas columnas de humo.
Se levantó, miró la tierra revuelta que distinguía la tumba que acababa de terminar en el suelo una última vez, y empezó lentamente a retroceder, su expresión era vacía y algo en él se sentía vacío, aceleró el paso. Las calles estaban desiertas y no se escuchaba ruido alguno, lo cual lo hacía sentir en un pueblo fantasma; todo el humo que se extendía hacia arriba no ayudaba mucho a desvanecer esa imagen.
-¿Terminaste? –Le preguntó ella, cuando volvió a la librería –ahora sí, déjame vendar ese brazo, no quiero que se infecte con cualquier cosa que haya en el aire
Tras sentarse en lo que antes era un estante, Liz cuidadosamente empezó a tratar la herida de Ethan; éste se tuvo que aguantar el grito cuando le aplicó el anti desinfectante, pero ver la cara de Liz lo tranquilizó, verla concentrada vendando aquella herida que, si bien era superficial, se extendía por unos tres centímetros cerca del codo, por lo cual empezaba a doler al más mínimo movimiento.
-No seas tan obstinado, debiste esperar a que te vendara antes de ir a enterrarlos, prométeme que no volverás a ser tan apresurado, ¿ok?
Ethan la vio durante unos segundos, para luego mover la cabeza en señal de afirmación. Había pasado tan rápido: había aparecido un grupo de la nada que había empezado a dispararles, por lo que rápidamente se pusieron a cubierto; Ethan intentó convencerlos de detenerse… ni siquiera parecían cazadores, sino un grupo pequeño que quería sobrevivir. Probablemente habían visto al grupo de Ethan, y sólo pensaron en defenderse; probablemente pensaron lo peor de inmediato.
-Probablemente eran como nosotros, pero después de haber sufrido quizá demasiado
-Pudieron habérsenos unido… pero no nos dieron opción –comentó entonces Dom
Ethan entendía perfectamente esas palabras. Habían conocido a Dom y Julie de una forma similar, sólo que algo hizo que no acabaran en disparos; ninguno de los dos había hablado sobre ese tema en particular, ignorándolo en todas las conversaciones, pero aparentemente Liz había tenido algo que ver. Eran una pareja joven, de no más de treinta años; habían pasado gran parte de su vida como sobrevivientes en una zona de cuarentena, pero llegaron a un punto en que Dom se hizo de demasiados enemigos incluso en una zona segura, por lo cual tuvieron que huir desesperadamente.
-Te entiendo perfectamente –le respondió Ethan en esa ocasión –dicen ser zonas seguras… y muchas personas van allá pensando que tendrán paz, pero por lo general se convierte en una cadena alimenticia sólo un tanto mejor que la de afuera… si eres débil los problemas vendrán a ti por sí solos… si eres fuerte… tienes que causarle problemas a los débiles para que no te los causen a ti…
Para Dom había un caso especial: Julie. Su figura delgada, hombros rectos y cara con facciones delicadas la hacían hermosa a la vista, pero había aprendido que eso no era lo mejor para una vida; era un secreto a voces que las violaciones en zonas de cuarentena eran cosa diaria, y Julie no era excepcionalmente fuerte, pese a que lo compensaba con ingenio. Por sí sólo Dom habría vivido una vida regular, pero con Julie debía cuidar de ambos, y lamentablemente la mujer de la que se había enamorado le trajo problemas; tuvo incontables peleas con las pequeñas mafias que se formaban en las zonas de cuarentena, en más de una ocasión miembros del ejército casi lo habrían matado a tiros por dichas peleas, pero cuando terminó matando a quien aparentemente era un pez gordo todo acabó para esa vida. Huyeron corriendo entre ductos subterráneos y entre los bosques.
-Pero cada vez que te veo –dijo, mirando a Julie –sé que valió la pena
Pero el motivo final que los unió a Ethan fue su objetivo; Dom y Julie sólo querían poder establecerse en un lugar en el cual pudieran ser felices, rodeados de gente con sus códigos morales intactos, y eso era lo que encontrarían con los Luciérnagas; sí, era cierto que eran perseguidos por la milicia, pero también era cierto que eran quienes creían en una solución a todo eso, quienes tenían esperanzas.
John por su lado era callado, un tanto gruñón, no se relacionaba mucho con el resto, en resumen de pocas palabras y apariencias, pero había un detalle: pertenecía a los Luciérnagas. Lo habían encontrado moribundo entre una pequeña ciudad abandonada en una expedición por provisiones; John había terminado siendo un factor clave para Ethan y los demás, pese a que tuvieron que rescatarlo, llevarlo a un lugar a salvo, curar sus heridas, y darle alimento por un par de días para ganar su confianza, pues fue John quien finalmente le dio a Ethan lo que necesitaba: un destino físico, Salt Lake City.
Lamentablemente John también vino con una mala noticia: los Luciérnagas habían planeado con la Reina reunirse allí, pues era un lugar sin presencia de militares, y en donde tenían una zona de cuarentena propia, pero el viaje había demostrado ser demoledor para los pocos que quedaban; tras cada ciudad se iban separando más y más, entre emboscadas de cazadores e infectados. El equipo de John estaba formado por aquellos que habían quedado atrás en Pittsburgh; los demás los dieron por muertos, y llevaron a cabo el plan de entonces: huir por el puente principal, y volarlo con C4 para que no pudieran seguirlos. Habían escapado apenas, por unos ductos subterráneos.
-¿Hace cuánto fue eso? –preguntó Ethan, recordando a aquellos cazadores
-Unos dos meses
-Me pregunto por cuánto tiempos esos hijos de puta deben estar ahí esperando a desprevenidos… también me atacaron, hace un mes
Entonces un recuerdo ya un tanto lejano, en ese mundo, llegó a su mente: antes recordaba seguido a Henry y su hermano, en parte porque habían sido las primeras personas que no habían intentado asesinarlo después de haber abandonado a su grupo, pero ahora los recuerdos eran un tanto borrosos, de hecho no recordaba la cara de Sam, pero con lo que le tenía le bastaba para preguntarse cómo estarían.
-¿Estabas solo? ¿O con la muchacha?
-… Conocí a dos personas, pero nos separamos… iban a reunirse con los Luciérnagas…
-Deseo lo mejor para ellos… que no acaben como mis amigos –al final, Ethan había sido el único a quien John hablaba más
Ya llevaban dos semanas viajando a pie, como grupo, aunque el avance se hacía torpe dado que intentaban rodear la mayor cantidad de ciudades que encontrasen en el camino, entrando sólo a pueblos pequeños por provisiones. Por su lado Julie era buena cazadora, así que entre la seguridad un tanto mayor, y la hasta entonces no falta de comida, habían decidido siempre preferir zonas rurales y bosques. De hecho las pocas veces que se habían encontrado con otras personas, habían conseguido huir, o escabullirse. Ésa era la primera vez que habían tenido que entrar en un tiroteo abierto, y si bien ninguno del grupo había resultado dañado, Ethan no paraba de pensar en las vidas que se habían perdido, y más aún, en que vivía en un mundo en donde eso era normal, un mundo del que había formado parte.
El pasado de Ethan no era desconocido para nadie, y cada uno lo había tomado a su manera, pero algo los había mantenido juntos, y habían logrado formar una relación de confianza; no se peleaban a menudo, y podían trabajar en equipo, la comida se repartía de formas iguales; era tan distinto de su vida con Francis y los demás.
-¿Saben? Creo que son mi familia –comentó una vez, de la nada –no se sientan incomodados por eso… sólo quería decirlo –el silencio destacó entonces la pequeña risa de Liz
La noche ya estaba cayendo, y ya habían dejado atrás el pueblo del tiroteo, así que se adentraron en el bosque, buscando un lugar para dormir. Dom se alegró al encontrar una cueva desierta y lo suficientemente profunda como para esconderse; se suponía que esa noche era su turno de hacer guardia. En medio de la oscuridad sacaron unas latas de comida, y empezaron a tener la última merienda antes de descansar, casi ni se veían pese a estar a unos pocos centímetros de distancia, pero de alguna forma todos sabían dónde estaba el otro.
-¿Qué tienes en la cabeza? –preguntó Dom entonces, notando que Ethan había estado callado desde el tiroteo
-Yo fui un cazador… y te puedo decir que esas personas no pensaban como uno… me pregunto cuánto debe sufrir alguien, como para ser tan precavido… hasta yo a veces resisto de la idea de pulsar el gatillo de inmediato… me pregunto qué cosas deben de haber pasado… y empiezo a pensar que es mejor no ahondar en ello…
-No puedes salvarlos a todos –le respondió Liz, entendiendo lo que Ethan quería decir –somos pocos, pero recuerda que gracias a ti estamos acá, comiendo para luego tener un merecido descanso… si no hubieras aparecido, Dom y Julie estarían por su cuenta, John probablemente habría… muerto… y yo…
La verdad es que Liz se había fortalecido bastante; Ethan era protector con ella, pero también a veces dejaba el hilo suelto; además se había dado el tiempo de instruirla en el uso de armas, y en dos semanas, si bien no había cambiado, ya no era la chica aterrada que había encontrado en aquella armería.
-Gracias Liz, de verdad, pero estaré un rato afuera, necesito pensar un poco… no creo que suceda nada, pero si les doy la señal, ya saben qué hacer –la señal eran tres aplausos seguidos
Al salir y sentarse se dio cuenta de algo que le pareció extraño; estaba solo, en medio de un bosque oscuro y denso, y no se escuchaba nada más que el viento pasando entre las hojas. La última vez que había estado en una noche así, había sido la noche antes de entrar a Pittsburgh. Vio hacia la entrada de la cueva, y pensó en como en poco más de un mes todo había cambiado. Francis, o Mike ya no estaban, aquella vida se había ido, y ahora estaba rodeado de personas con las que realmente quería estar. Sí, no había sido fácil, y habían pasado por mucho, y era más que seguro que lo que seguía no sería mejor, pero el estar rodeado de personas como él; valía la pena.
Lo valía, y mucho.
-Sé cómo te sientes –escuchó detrás de él, era John
Entonces sintió de forma extraña a John como alguien bien cercano, como un amigo de años, de esos que jamás olvidas.
-¿Cómo era tu vida antes de unirte a los Luciérnagas?
-Vivía en una zona de cuarentena, y la verdad no me importaba mucho el resto… así era hasta que mi hermano murió… lo mataron porque era bueno para meterse en deudas… en ese entonces habría matado a aquel hijo de puta… de hecho esa noche no dormí, pero fue eso lo que me cambió… porque al otro día, mientras iba camino a verlo… recuerdo que en el camino observé a cada persona que me topé, y me imaginé cuántos de ellos habrían perdido familiares de forma similar… siempre ha habido gente como la que mató a mi hermano… pero matarlo no me lo devolverá… la única forma de parar esto es encontrando una cura…
Entonces un recuerdo pasó por la mente de Ethan. Uno extremadamente doloroso, que había reprimido por muchos años, sintió su garganta pesada por un instante, bajó la cabeza por otro, y luego la levantó, sintiendo que era el momento de dejar salir algo que una vez había pensado, pero que había ocultado.
-Yo acabé al revés… tenía una hermana… Diane –sintió que había pasado una eternidad desde la última vez que había dicho su nombre, y la verdad no difería tanto de la exageración –recuerdo que en nuestra zona… segura… hubo una rebelión… más bien una toma del lugar por unos pocos que querían controlarlo; huimos apenas junto a varios otros, y nos dispusimos a ir a la zona de cuarentena más cercana para buscar refugio ahí… estábamos acostumbrados a desconfiar del otro, sobre si te iba a robar tus tarjetas de racionamiento, o quizá los zapatos… ya habíamos olvidado lo que había afuera; estábamos hambrientos y cansados, así que entramos a una ciudad en busca de algo de comida… perdí a casi todo el grupo en manos de cazadores, incluyendo a mi hermana… entonces todo se cayó para mí… no me había enfrentado a esa pregunta hasta ese entonces… para qué sobrevivir… llegué hambriento y moribundo a la zona de cuarentena, sólo para que me dejaran afuera sin motivo alguno; rogué que me dejaran entrar, pero sólo recibí una amenaza, había sido un viaje en vano, mi hermana había muerto en vano… vagué por días literalmente esperando morir, esperando que alguien apareciera y me disparara… pero cuando por fin encontré a alguien que lo hiciera, resultó ser un amigo que había creído muerto, me llevó con su grupo y me presentó a ellos… eran cazadores… -entonces hizo una pausa, tan larga que John casi lo interrumpe –pero no pensé más allá de la muerte de mi hermana… no pensé más allá de eso, y decidí vivir de la misma forma, decidí venderme al mundo en que vivía, era como una forma de desafiarlo… que también podía hacerlo, podía vengarme del mundo jugando el juego que ellos me habían hecho jugar… -entonces dejó de hablar nuevamente, pero esta vez no reanudó sus palabras
-Querías venganza
-Y me vendí a ella; años después los encontramos y matamos… -entonces lanzó un suspiro profundo –pero tienes razón: no trajo a mi hermana de vuelta… lamentablemente me tomó demasiado darme cuenta de eso
Ethan no había comentado cuánto había pasado exactamente como cazador con nadie, pero John no encontró necesario saberlo tampoco. En ese entonces, más que en cualquier otro momento, Ethan se sintió como el que había fracasado como persona, estando junto a alguien que había tomado la decisión correcta ante una situación similar.
-No había hablado de Diane con nadie… ni siquiera con Liz
-Sólo ten en cuenta que, aun con todo lo que has hecho, aun con todo lo que te ha tocado vivir, ahora estás acá –John había detectado lo que pasaba por la mente de Ethan –sea como sea, has vuelto a ser tú mismo, Ethan
-Gracias, John
Pasaron un rato en silencio, hasta que Ethan notó que le pesaban los ojos, le hizo una seña a John para entrar, y emprendieron camino a donde estaban los demás. Antes de quedarse dormido sólo tuvo una cosa en su mente: las últimas palabras de Diane, que susurró tan bajo, que aun estando a un metro de cada uno, ninguno pudo escucharlo.
-Eres especial, harás grandes cosas
