Capítulo 5 –Querer

Bastó un tiro para que el ciervo cayera desplomado, Y para asombrar a Dom, quien se dio cuenta de que acababa de perder la apuesta hecha con Julie. Entre Dom y Ethan llevaron el ciervo, hasta echarlo dentro del auto, mientras John preparaba una fogata.

-John divisó un pueblo al norte -indicó entonces Ethan -vamos a tener que ir a buscar gasolina… ya no nos queda mucha

Ya llevaban un mes en el auto, el cual si bien había aumentado el ritmo al que avanzaban de manera sobresaliente, también los había metido en varios problemas por obvias razones; John aún se estaba recuperando de un tiro en la mano izquierda. Habían tenido que enfrentarse a infectados y personas por igual; lamentablemente no habían nuevos integrantes, pero Ethan comenzaba a ver de distinta forma todo al ver a su grupo, pues ya había pasado mucho tiempo desde aquel Ethan solo y atrapado en Pittsburgh. Ahora tenía una responsabilidad para su grupo, el cual de alguna forma lo había cambiado: tenía una nueva causa.

Había habido una ocasión en que los habían emboscado en una carretera, haciendo que casi volcaran; había sido en ese tiroteo en el cual John había sido herido, pero la puntería de Julie y su rifle habían demostrado ser esenciales. Liz también había ayudado con el rifle sin mira, con el cual había mejorado. Ethan veía a su grupo y veía cómo de a poco se hacían más fuertes, tanto en equipo como habilidad: lo lograrían, llegarían a Salt Lake City.

Y fue esa sensación la que le daba esperanzas, porque era algo nuevo para él; cuando Mike lo había encontrado durante una noche lluviosa, primero apuntándole gritándole que se tirara al suelo, para luego llevarlo con Francis, quien en un comienzo había estado en desacuerdo con su integración al grupo, pese a que por respeto a Mike había dicho que permitiría que se fuera sin más si así resultaba, cosa que ocurriría años después; cuando todo eso había pasado, había sido distinto pues el grupo de Francis ya estaba más que establecido. Entre las adquisiciones más raras del grupo figuraba incluso un tanque, que sacaban cuando las cosas se tornaban complicadas. Ahora había comenzado solo, hambriento, cansado y con una pistola sin balas, y de a poco había ido cambiando, no sólo por fuera, sino también por dentro.

La noche estaba cayendo, y la fogata sirvió de fuente de calor confiable. El clima se había tornado más frío, haciéndoles ver que estaban en otoño: las hojas ya sonaban con el viento, y en ocasiones se desataban lluvias que los obligaban a buscar refugio, de a poco el clima se tornaba más cruel, pero ya iban a medio camino a su objetivo: John se reuniría con sus camaradas, y Ethan encontraría lo que buscaba

-Yo iré al pueblo esta noche a buscar gasolina –comentó Ethan mientras comían –es más fácil que uno se escabulla en medio de la noche; llevaré un par de bidones y los traeré llenos

-¿Y qué haras si hay personas y te atrapan? –Liz fue la primera en interrumpirlo –no tienes ninguna oportunidad tú solo

-Liz tiene razón, Ethan –dijo Dom, apoyándola –John aún se está recuperando y no podrá disparar bien si nos descubren –detalle era que John era zurdo –yo iré contigo

-Ni creas que me quedaré acá si vas –era Julie, quien de inmediato reaccionó

Dom entonces la observó buscando disuadirla con la mirada; no quería tener una discusión en frente de todos, pero tampoco estaba dispuesto a dejarla ir con ellos en total incertidumbre sobre lo que les esperaba. Mas tras unos cuantos segundos, notó aquella mirada en ella, aquella que siempre tenía cuando era imposible hacer que cambiase de opinión; era la misma mirada que había tenido cuando ella le había dicho que huyeran de su zona de cuarentena, una hez Dom se vio sobrepasado.

-Está bien –le dijo rindiéndose –pero prométeme que sólo estarás en las afueras dándonos apoyo con tu rifle en caso de que algo salga mal; tu puntería nos irá bien

Liz miró a John, pese a que no hablaban mucho, y luego a Ethan y agachó la cabeza; Ethan había aprendido a entender los gestos, algunas veces infantiles, característicos de ella.

-No te sientas así, Liz -le dijo, dándole una palmada en la cabeza -necesitamos que alguien proteja el auto en caso de que alguien aparezca, de hecho parece que ahora también tendrás que cuidar de John –este último lo miró serio, pero con una leve sonrisa –te has vuelto buena con el rifle, de hecho…

Se dio cuenta de que era la primera vez que iba, de cierta forma, a dejar a Liz sola. Entonces recordó algo que por un momento lo detuvo al punto tal que ella notó que algo pasaba por su cabeza. Fue al auto, y entre varias cosas sacó algo que había guardado, y que en ese entonces no había sabido el motivo claro: el chaleco antibalas de Anna. Durante los incontables tiroteos que habían tenido pudo haber sido bien útil, pero las pocas veces que lo había visto lo había guardado inmediatamente; no sabía si era culpa, u otra cosa, pero lo que sí sabía era que en ese momento sabía qué hacer con él. Lo sacó, causando sorpresa en más de uno al ver que tenían un chaleco que jamás habían usado, fue donde Liz, y gentilmente se lo puso él mismo.

-¿Y eso de dónde salió? –Fue Dom el primero en enervar las palabras -¿desde cuándo tenemos un chaleco antibalas?

-Lo encontré anoche entre unas cosas en el auto –se apresuró a improvisar, cuidando de no dar espacio a dudas –pensé en quién debería tenerlo, y ahora creo que Liz es la más indicada para ello

-Gracias… supongo –respondió Liz, observando el chaleco que entonces llevaba puesto, mientras se aseguraba de que nadie se sintiera en desacuerdo con la decisión, cosa que no se vio

En el fondo Ethan ya sabía por qué había hecho eso, pero nadie más lo sabía, ni siquiera Liz; eso lo incomodó un tanto, pero a la vez lo reconfortó, pues consideró que sólo eso era necesario, al menos en ese momento, y que él también sólo necesitaba verla vistiendo aquel chaleco.

Anna seguiría protegiendo a Liz, así fuera sólo de esa forma.

-Dejen todo lo innecesario en el auto, en lo posible las mochilas completas –ordenó Ethan, cuando ya estaban próximos a partir –Julie, te nos separarás cuando lleguemos a aquel árbol –le indicó uno bastante grande, fácil de notar –nuestra señal será simplemente un grito, pues de todos modos nos habrán descubierto… si no puedes vernos, súbete al árbol y apunta desde ahí; es lo suficientemente alto como para ver todo el pueblo

Partieron a la medianoche, Liz y John se quedaron en los alrededores del auto, para que, en caso de que alguien apareciese, poder emboscarlos fácilmente; John no era buen tirador con su brazo derecho, pero podía darles a unos cuantos. Ethan por su lado llegó al punto del árbol y dejó a Julie ahí, sabiendo que podía confiar plenamente en la puntería de ella en caso de cualquier emergencia. Vio a Dom, como recordándole que debían ser sumamente cautelosos si querían volver enteros, y partieron.

-Si nos metemos en un tiroteo, y me tienes que abandonar, hazlo –le dijo Ethan en el camino –tienes a Julie esperando tu regreso

-No digas tonterías –le respondió, riéndose –tienes a Liz; llevó casi dos meses con ustedes y ¿crees que no me he dado cuenta? Son inseparables, me recuerdan a unos hermanos que una vez conocí, hace mucho claro…

La palabra quedó dando vueltas en su cabeza, pero en ese momento sólo podía concentrarse en lo que estaban pasando. Llegaron al pueblo, escabulléndose entre las sombras, asegurándose siempre de que Julie los pudiera ver con la mira telescópica, pero a los minutos se dieron cuenta no sólo de que no se encontraban con nadie, o peor aún, nada, sino que además no había sonido alguno que no fuera causado por el viento. La posibilidad de que fuera un pueblo fantasma, que no era raro, era agradable, pero aun así ambos sentían que, por algún motivo, eso sólo los inquietaba. Siguieron caminando hasta que hallaron unos cuantos autos; dudaron de si salir de las sombras para ir a extraer gasolina, ante lo cual Dom subió al techo de una casa para examinar el área.

-He visto zonas de cazadores con más gente que esto –comentó tras varios segundos inspeccionando los alrededores –no hay absolutamente nada acá, o nadie

-Date una última vuelta por el techo –le susurró Ethan, que seguía desconfiado, para luego ver al árbol y notar que Julie seguía ahí, preparada

Finalmente se concluyó que era un pueblo vacío, completamente, lo cual en sí hasta desilusionó a Ethan, pero les dio un respiro y el tiempo y calma para poder buscar autos con gasolina y extraerla sin prisa alguna; de un momento a otro una tensa expedición había pasado a ser un simple paseo. Ethan hasta se reía de la situación.

-Creo que me he vuelto demasiado pesimista –comentó, mientras llenaban el primer bidón –después de todo este tiempo defendiéndonos de literalmente todos

-Quizá siempre lo hemos sido; desde que huimos sin rumbo con Julie a eso se limitaban nuestras relaciones con las personas con las que nos encontrábamos… hasta que los encontramos

-Solía ser igual con Emily… mi… novia –la imagen de su rostro se implantó en su mente, a tal punto que no pudo sino detenerse, quedando sin habla

-No hables más si no puedes por ahora –le dijo Dom, captando el mensaje

Dom entendió perfectamente lo que significaban esas palabras; pudo haberle dicho a Ethan que sentía lo que le había pasado, pero sintió que el simple silencio era más personal con su amigo; no podía imaginar cómo sería vivir eso, y sólo la idea lo hacía temblar, a la vez que miraba a Julie, recordando el día en que se habían conocido, en una fila para comidas en una zona de cuarentena, con ella siendo extremadamente desconfiada con él en un principio.

Cuando terminaron se sintieron hasta aburridos, pues después de todo habían hecho todo un plan para terminar conversando mientras conseguían gasolina en medio de la noche, que de a poco se tornaba más y más fría. Ya con los bidones listos, se dirigieron nuevamente al auto; por suerte no había noticias nuevas con Liz y John, aunque habían mantenido la guardia todo ese tiempo; ella se había escondido en un arbusto, y él estaba a su lado. Al final Ethan y Dom se vieron, y se dieron cuenta de que perdían tiempo; vaciaron los bidones y fueron nuevamente al pueblo por más.

-Esto es lo que llamo una buena noche –comentó Dom, mientras iban en camino por segunda vez, esta vez ni siquiera pidiendo la ayuda de Julie –en donde no hay que arriesgar la puta vida para poder estar seguro de que al otro día despertarás descansado

Aun para una noche de otoño, la temperatura no era tan fría, de hecho era hasta fresca, por lo cual la caminata les sirvió para liberarse de tensiones, manteniendo silencio entre ambos a ratos, en una especie de consenso no hablado entre ambos, y en otros momentos hablando unas cuantas palabras.

-¿Sabes? –Le aconsejó Dom, cuando ya casi llegaban –déjale el chaleco a Liz… le sienta bien

En el fondo Ethan ya había considerado la idea de decirle eso al grupo cuando acabaran con los bidones, pero lo reconfortó el saber que al menos ya uno no se negaría; por su lado Julie tampoco lo haría, y John probablemente guardaría silencio dando su aprobación. Fue en ese momento en el que se dio cuenta de que todo ese tiempo el único que había podido haberse negado, había sido Dom, pero justamente fue el primero en aceptar.

-Sí –respondió, pensando nuevamente en lo que el chaleco significaba –se lo dejaré, le puede ser bien útil

No obstante fue mientras llenaban los bidones que Ethan logró escuchar unas pisadas, ante lo cual inmediatamente le dijo a Dom que guardara silencio y se agachara: había alguien merodeando el lugar, y dado que habían estado hablando, lo más probable era que ese alguien supiera que estaban ahí.

Pero sólo segundos después, logró distinguir detrás de Dom a una figura temblorosa en su caminar. Era un chasqueador que se acercaba sigilosamente por su espalda.

-¡Dom, cuidado! –gritó, al momento que, al segundo después de que Dom se retirara, le disparara al infectado

Ambos quedaron agitados, pero supusieron que ese no podía ser el único; advirtieron un tanto tarde que las calles se estaban llenando de ellos y, peor aún, con el disparo de Ethan iban directo hacia ellos.

-¡A esa casa! –corrieron a una que había visto, la cual, poseía unas cuantas ventanas bloqueadas con tablas de madera

Entraron, bloqueando inmediatamente la puerta con un mueble que estaba a un costado. En un inicio iban simplemente a disparar a todos los que vinieran, pero cuando se dieron cuenta, notaron que eran demasiados, muchos más que las balas que tenían en ese momento, y aun si Julie y los demás llegaban por los disparos, sería demasiado tarde.

Entonces recordó un truco que le habían enseñado hacía cinco años, un truco que Francis le había enseñado. Le ordenó a Dom que buscara cualquier tarro de metal, ya fuera una olla, tetera o tarro, y luego botellas vacías de vidrio; ambas cosas que por lo general nadie saquea, al no encontrarles un uso, por lo cual era frecuente encontrarlas en todas partes tiradas. Tomaron las botellas, procediendo a quebrarlas, echando todos los pedazos en un tarro de metal que habían encontrado; se aseguraron de que estuviera bien cerrado, y procedieron a lanzarlo desde la ventana, por una colina hacia abajo; el truco era que girara unos cuantos metros, y con la pendiente que había eso estaba más que asegurado; esperaron a que los chasqueadores estuvieran lo bastante cerca como para oír el estruendo.

Lo malo era que aun con los chasqueadores en los alrededores, tenían que escabullirse fuera de ese lugar, para volver con Liz y los otros.

-Esa es una de las pocas cosas que rescato de mi vida como cazador –comentó, cuando estuvieran en el segundo piso, pensando en un camino fuera de ese lugar; el que su anterior vida no tuviera tanto peso le permitía poder mencionarla cuando fuera necesario –hacer bombas de ruido con lo que encuentres… me salvó en más de una ocasión… no distinguen el sonido de una víctima inmediatamente, por lo cual siempre les puedes engañar con distintas cosas que tengas a mano

-Parece que te manejas bien con esas cosas

-La verdad no –respondió, recordando varios episodios de su vida –si te soy sincero, es la primera vez que lo hago yo mismo… por lo general siempre iba con un… compañero… - Mike –el cual hacía estas cosas cuando nos encontrábamos con infectados… la verdad es que… no…

Se detuvo; Dom no supo si responder con un tono cómico o comprensivo, pero por algún motivo optó por el primero.

-Vamos… ¿qué? –le preguntó

-Me desagradan esas cosas… y lo peor es que me han enseñado a lidiar con ellas… e igual el sentimiento no se va… me dan miedo…

Quizá en otras circunstancias, Dom se pudo haber reído, sobre todo al considerar que Ethan había tenido una vida agitada; alguien que lleva dos décadas sobreviviendo no podía tenerle miedo a los chasqueadores. Pero en ese momento, no sólo no lo pensó, sino que ni siquiera lo consideró. Más aún si estaban rodeados por ellos y atrapados.

Por su lado Ethan se había perdido por unos instantes: recordaba haber dicho eso antes, recordaba que había habido una persona con su mismo temor, pero en ese momento no lo pudo recordar.

Ya habían pasado unos veinte minutos, cuando los chasqueadores se empezaron a retirar justamente hacia el lado opuesto de donde estaba el auto; Julie y los demás no habían escuchado el disparo de Ethan. Vieron una salida totalmente despejada, que sólo contenía unas cuantas calles a atravesar, para luego adentrarse en el bosque y volver: era la oportunidad perfecta.

Sigilosamente, ambos salieron al jardín, para luego escapar, pero ninguno sospechó que había un chasqueador detrás de la puerta de la reja; Dom vio su vida pasar cuando éste casi lo muerde, siendo detenido por otro disparo de Ethan. Pero eso fue lo que alertó a todos los demás; al menos esta vez tenían el camino libre de vuelta.

Comenzaron a correr, disparando a los que se acercaban demasiado, para luego finalmente escuchar disparos de Julie dándoles apoyo, quien finalmente había escuchado que algo no andaba bien. Ya estaban llegando a la entrada, cuando algo salió por una ventana, Dom no supo qué decir, dado que nunca había visto algo así.

-¡Gordinflón! –Gritó Ethan, indicándole a su amigo que se alejara inmediatamente, cambiando de ruta -¡nada servirá contra él ahora! ¡Ven!

Dom estaba desconcertado, sólo sabiendo que debía seguir los consejos de Ethan, tras los cuales la primera bomba de esporas explotó; su vista se nubló de inmediato, pero pudo seguir corriendo.

La segunda bomba explotó, haciendo perder la dirección y cayendo al suelo. Ethan se detuvo por él, para intentar levantarlo; justo cuando el tercer proyectil iba a ser lanzado, escuchó un disparo: era Julie quien le disparaba al infectado, logrando captar su atención, lanzando bombas de esporas que, al estar ella tan lejos, quedaban en el camino.

Fue ese instante el que él aprovechó para cargar a Dom fuera del pueblo; también estaba afectado por las esporas, pero podía continuar su camino. Sólo recordaba que era raro encontrarse con uno de ellos, y que él sólo se había encontrado con dos en su vida, el primero en su viaje con Diane, y el segundo cuando ya era cazador, aunque en esa ocasión Francis había acabado con él sin la ayuda de nadie, en una expedición a un sótano. Recordaba eso, y que matar a uno era dificilísimo, requiriendo por lo general gran cantidad de armamento con el que no contaban en ese momento; ni siquiera con el rifle Julie podría matarlo, pero al menos les serviría para escapar.

Lo último que recordó entonces fue ver a Julie a unos metros de él, mientras el peso de Dom se había cada vez más grande, y su vista ennegreciéndose, hasta finalmente colapsar. Pensó en que no podía caer, no en ese momento, pero su estado le impidió continuar.

Lo próximo que recordó fue haber estado en el auto, en marcha, con Dom a su lado, y Liz abrazándolo con lágrimas en sus ojos extendiéndose desde el asiendo de copiloto hasta él, que estaba en el asiendo trasero. Aún estaba aturdido y confundido, pero al ver a Julie pudo saber que todo estaba bien; habían estado cerca de morir, pero ambos estaban bien.

-Por un momento creí que los habíamos perdido –le dijo Liz, secándose las lágrimas –pero entonces John nos dijo que esas esporas no te infectaban, sino que sólo dañaban tus sentidos

En efecto así era, entonces se dio cuenta de que sólo él y John los habían visto, explicando la primera reacción de Dom ante uno. Se repuso, y vio que Dom también estaba despertando, con su cabeza en las piernas de Julie. La cabeza le dolía todavía, así como el cuerpo, como un escalofrío; era como estar recuperándose de un mal resfrío.

La primera vez que había visto a un gordinflón había escapado completamente, sin saber nada de aquel infectado: ya dos veces agradecía a su vida con Francis y los demás. Algo de conocimiento había sacado al menos de esa vida, y eso le había salvado la vida ya dos veces esa noche.

El resto de la noche pasaron entre unos árboles, ocultos a varios metros de la carretera, con ambos necesitando aquel descanso.

Pero a la mañana siguiente, fue John quien pidió hablar con Ethan a solas mientras desayunaban; los demás los vieron sospechando, pero sin llegar a desconfiar de ninguno de los dos. Liz simplemente los observó durante unos segundos, para luego seguir comiendo.

-Bueno, ya estamos aquí –comentó Ethan, ya alejados del grupo, cerca de una pequeña laguna

-Ayer me dediqué a buscar más en el auto… después del chaleco antibalas, quizá qué estaba oculto bajo los asientos, o entre la basura que hay atrás… y hallé esto –entonces le mostró una carta sucia y arrugada

Ethan extendió la mano, y la tomó, para abrirla. Cuando lo hizo sus ojos se abrieron, y aun sin haber leído la primera palabra, pudo saber de inmediato que era una carta de Anna, de quien había ocultado existencia por poco más de un mes.

-¿Cómo obtuviste todo esto? –le preguntó John, esta vez con un tono un tanto agresivo, de sincera desconfianza

"Mi Liz"

Guardó inmediatamente la carta en su bolsillo: no resistió el seguir leyendo, pues en parte tenía una idea sobre qué contenía la carta. Pero no pudo predecir lo que John hizo luego.

-Busqué en tu mochila, y encontré esto… -le mostró la foto en que aparecía Anna y Liz, acompañadas de quien probablemente era el padre de Liz

Fue en ese momento en que, de alguna forma, Ethan se sintió como un criminal, pero una parte le decía que era incorrecto pensar eso; estaba en un dilema. Qué habría pasado si…

-John –respondió finalmente, sabiendo perfectamente qué quería dar a entender el Luciérnaga con sus preguntas –yo no la maté, fueron unos cazadores… pensé que decirle a Liz que la había encontrado, sólo para hacerle saber que la había visto morir… la haría retroceder… ella quedó muy afectada por la pérdida de su grupo, pero acá ha crecido nuevamente… yo lloré sosteniendo su cadáver –recordó el fatídico momento en que se dio cuenta de que ella no había alcanzado a escuchar el nombre de Liz salir de su boca –yo le di un entierro digno

No supo si fue porque sus ojos se estaban humedeciendo, o sus palabras, pero John calmó su agresividad, aunque tampoco pudo decir si le había creído o no. Sólo supo que las cosas estaban menos tensas.

Las siguientes palabras de John, sin embargo, le hicieron eco en la cabeza.

-Esa mujer intentó reemplazar a su hija muerta con Liz, pero finalmente se dio cuenta que Liz no era su hija; aprendió de su error, y comenzó a quererla como Liz, la admiro por eso, por todo lo que luchó por ella… pero tú estás haciendo lo contrario: ella es Liz, y debes decirle sobre esto, tiene el derecho a saber… no puedes mantenerla encadenada a ti... ella no es Diane