Capítulo 6 –La granja

-¡Son amistosos! –gritó Harry, a la vez que los más de cuatro hombres que les apuntaban bajaban sus armas y mostraban expresiones de relajo. Estaban entrando a la granja, y por primera vez el grupo se sentía aliviado en compañía de varias personas

Ya estaban a finales de otoño, y habían recorrido gran parte del trayecto a Salt Lake City, aunque aún quedaba mucho todavía. Habían pasado por mucho, y a veces en sus conversaciones bromeaban sobre cuán bien les había ido con el auto; esas cosas por lo general son una invitación a que te embosquen y te maten. Pero entre risas cada uno tomaba conciencia de la gran suerte que los acompañaba. Habían pasado hambre, y muchos tiroteos, pero entre la puntería de Julie y Liz con los rifles, la puntería de John y Dom, y la escopeta de Ethan, habían logrado pasar cada uno, no siempre intactos, no siempre limpiamente, pero de a poco Ethan se dio cuenta de lo que la supervivencia conllevaba: no era una lucha por quién era mejor disparando, o quién era más precavido, sino de quién estaba dispuesto a hacer más por sobrevivir. Lo lamentaba, pero había habido ocasiones en que actuaba como el anterior Ethan, el cazador; lo único que lo mantenía en una pieza era saber que ahora no atacaba por la espalda a turistas desprevenidos, ni a padres con sus niños, sino a personas que los intentaban matar, y que lo hacía para defender a su grupo, a su nueva familia.

Esa mañana habían estado desayunando, aprovechando unas latas que habían encontrado en un campamento atacado por infectados; podían ver las tiendas con manchas de sangre, algunos cuerpos medio comidos, y pistolas en el suelo e imaginar esos fatídicos últimos momentos.

-Uno creería que la mayoría de las personas viven en zonas de cuarentena –comentó Liz, viendo los cuerpos

-Los militares… apenas notaron que el porcentaje de la población que podría ser resguardado en las zonas sería ínfimo –le respondió John –empezaron a imponerse por armas; esos primeros años… entonces veías de todo, cuando se trataba de gente que quería entrar a las zonas de cuarentena

Ethan recordó la última zona segura a la cual había intentado entrar, y sólo se dio cuenta de cómo ese mundo se había establecido, pues ya no había más revueltas, excepto las de dentro de las zonas; la gente dejada atrás había aceptado que debían sobrevivir afuera, lo más que pudieran, luego el asunto sobre por qué sobrevivir, era problema de cada uno, así como una vez había sido su propio problema.

Pero fue en medio de esa merienda en la cual John y Julie escucharon algo en las cercanías: él por experiencia como Luciérnaga, y ella por su experiencia cazando animales. John hizo una seña a Ethan, quien inmediatamente entendió y le susurró al resto que se quedaran quietos, mientras John sacó su pistola y lentamente se acercó, para luego apuntar rápidamente. Era un joven de no mucho más de veinte años de pelo negro, un tanto asustado, pero que se veía aseado y en buen estado físico, el cual estaba con las manos en alto, en clara señal de que se rendía.

Algo detectó John, que lentamente bajó el arma, probablemente por su vida reclutando personas con sus valores férreos para los Luciérnagas, y lo cierto es que Ethan también pudo ver en ese muchacho a una persona de confianza; a partir de su vida con Mike había aprendido a ver eso por lo ojos, por lo mucho que diferían los de su amigo, con los de, por ejemplo, Francis.

-Sólo estaba viendo quiénes eran –respondió el joven finalmente –para ver si eran hostiles

John lo observó fijamente, notando que no llevaba arma alguna, tras lo cual guardó su pistola.

-¿Cuál es tu nombre?

-… Harry

-¿Qué haces acá? –John sonaba duro, pero no demasiado como para parecer agresivo

-Estaba simplemente paseando por los alrededores, cuando los escuché

Fue en esas palabras en las cuales él detectó algo implícito, por lo cual inmediatamente hizo la pregunta.

-¿Alrededores de qué?

Todo el grupo entonces miró a Harry sin saber qué esperar, pero tras una breve pausa, el joven finalmente respondió.

-De la granja de mi hermano… si quieren pueden venir

Tras eso, en vez de mirar sólo a Harry, se empezaron a ver los unos a los otros, en total incertidumbre sobre qué hacer, y que esperar de lo que eligieran. Pero fue Ethan quien avanzó unos pasos y, tras introducirse, responder que los guiara.

De todos modos, fueron precavidos y agradecieron el haber dejado el auto oculto entre unos árboles con anterioridad: como si se hubieran comunicado telepáticamente, de alguna forma acordaron, sin palabra alguna, dejar eso como secreto, esperando que Harry no lo hubiese notado.

El camino no fue ni corto ni largo, pero sirvió para que Harry se soltara y empezara a hablarles sobre su grupo y su historia: su hermano mayor, Nathaniel, había sido un militar, pero había sido expulsado de su zona por sus superiores, tras perdonar la vida a dos niños infectados en un control rutinario, los niños habían escapado gracias a él, con la promesa de que saldrían de la ciudad y pasaran sus últimos momentos jugando, aprovechando de su inocencia que les impedía tomar nota de lo que las heridas que les incomodaban significaban… no supo si no alcanzaron a salir, o no obedecieron sus órdenes, pero se convirtieron dentro de la zona e infectaron a varios civiles; de todas formas tuvo que dispararles a ambos, sólo para luego ser delatado por quien creía su amigo. Decir que había sido expulsado era otra forma de decir que lo habían amenazado de muerte. Nathaniel había intentado entrar en otras zonas, pero los militares ya conocían su rostro; en más de una ocasión le había propuesto a Harry que sólo él entrara en una zona, pues tenía amigos dentro que le podían ayudar, pero Harry nunca quiso separarse de él. Habían pasado por mucho, hasta que habían llegado a esa granja, momento para cual Nathaniel tenía un pequeño grupo conformado por antiguos amigos que casi anecdóticamente se había encontrado en el camino. De a poco levantaron empalizadas, luego murallas, consiguieron animales: chanchos, gallinas, cabras, plantaron verduras, y de a poco conformaron su hogar, el cual habían estado defendiendo de cada ataque de forasteros. Para cuando se había encontrado con el grupo de Ethan ya tenían un grupo de unas veinte personas, viviendo en aquella granja, en un pequeño paraíso que habían construido.

Ethan sintió eso como un pequeño golpe dentro de sí, pero uno bueno: si Harry decía la verdad, se encontraría con un grupo de personas que habían hecho lo que él en esencia quería: paz. Asimismo notó que nadie del grupo se mostró indiferente a lo que Harry había dicho.

-Allí está –exclamó, indicando unas murallas, tras las cuales se podía ver que sobresalía por lo alto una casa bastante grande -¡vamos!

Inmediatamente aparecieron varias personas apuntándoles, pero al ver al joven desistieron, y el aviso que éste les dio sólo hizo que confirmaran su decisión y abrieran la puerta principal. Cuando lo hicieron, Ethan y su grupo confirmaron cada palabra: podían ver un corral de chanchos, un gallinero, plantaciones; cada palabra que Harry había dicho era verdad. Un peso inmenso de Ethan de pronto se liberó, no supo qué precisamente era, pero lo había liberado.

Mientras avanzaban varias personas se acercaron a saludar a Harry, algunos con armamento, bajando desde torres de vigilia, y otros simplemente paseando por el lugar, era como una pequeña villa pacífica. Ethan casi quedó anonadado al ver que algo así podía existir, después de todo lo que él había visto… era obvio que debían proteger ese lugar de extranjeros, pero el que dentro pudiera vivir así lo sorprendió, pese a que ya le habían contado, por lo cual había podido esperar algo así. Realmente era un pequeño paraíso.

Y se acercaban de todos lados, algunos se veían más amistosos que otros, pero ninguno se veía agresivo, incluso una pequeña niña se acercó a saludar a Harry.

Caminaron por un camino de tierra hasta que llegaron a la casa, en donde Harry llamó de un grito a su hermano, y entonces del balcón apareció. Era rubio, y se veía un poco mayor que Ethan, aparentando casi cuarenta años, su cuerpo era fornido por su pasado como militar y ya mostraba unas cuantas arrugas en su cara que le daban un carácter más humano. Saludó agitando la mano y entró a su cuarto para bajar.

-Buenos días, me presento –dijo tras salir por la puerta principal de la casa –mi nombre es Nathaniel, supongo deben estar hambrientos… pasen, tenemos comida

-La verdad es que hace poco comimos –respondió Ethan, tras introducirse

Entraron a la casa, en donde Nathaniel les comentó en sí lo mismo que Harry les había dicho sobre el lugar: obtenían agua de un río y de lluvias en otoño, y la mayoría del alimento lo obtenían de lo que cultivaban y los animales.

-El mundo me rechazó, así que yo también lo rechacé y le demostré que puedo vivir sin él… y mira a tu alrededor; puedo decir que no me ha ido mal

Las palabras de Nathaniel ciertamente hicieron eco en la cabeza de Ethan, pero de la forma directa que hubiera querido, sino recordando lo que él había considerado su mayor error, al perder a Diane. Hace tiempo que no se encontraba con alguien que también hablara de "el mundo", y de cómo éste nos agredía.

-¿Y qué los trae por acá? –preguntó entonces, mientras se sentaba en un sofá y tomaba un vaso de agua

Entre todos se miraron, ya confiando, y Ethan decidió responder.

-Buscamos a los Luciérnagas, de hecho vamos camino allá ahora

Nathaniel lo miró de un modo extraño, agitando su vaso, viéndolo mientras el agua se movía en él.

-Muchas personas parecen creer en ellos… yo… ya no… sin contar con que en el pasado fuimos enemigos –agregó, con un tono de comedia

Ethan pensó en sacar a la luz que John era uno, pero entre la falta de una señal por parte de él que aprobara eso, y el hecho de que John no era de muchas palabras con desconocidos a la hora de mantener una simple conversación, decidió mantener ese dato en secreto; de todas formas John hacía tiempo había guardado su insignia de Luciérnaga por cualquier caso, y su colgante lo había visto sólo un par de ocasiones, pues pasaba oculto bajo su camisa.

-Parecen buenos tipos, y no creo que sus amigos Luciérnagas estén cerca de estos lugares… sonará apresurado, pero les preguntaré si se quieren quedar por acá –dijo, para notar la impresión de todo el grupo ante la pregunta –pueden salir a pensarlo, no deben responder ahora

Entre todos se miraron, buscando complicidad, pero sólo lograron confundirse, Ethan notó especial mirada en Dom. El ambiente se había vuelto tenso, tanto que no pudo soportarlo y pidió simuladamente que salieran a discutir.

-Bueno… qué dicen –preguntó Ethan, una vez habían salido, y estaban cerca del corral de los chanchos

En el fondo su pregunta sólo abordaba a tres personas, de las cuales una le preocupaba en demasía: Dom, Julie, y Liz. Por primera vez sintió a Dom y Julie lejanos, y entonces recordó el motivo por el cual él se había unido al grupo: quería justamente lo que ahí había, y en ese entonces sólo creían que lo conseguirían con los Luciérnagas: paz. Entonces sintió que aquella familia que él había creado artificialmente se partía a pedazos, pero al mismo tiempo estaba consciente de que eso no era para nada malo: Dom tenía sus propios fines, y por eso se había unido al grupo junto a Julie, pues ambos querían vivir en paz. Ethan no podía obligarlos a seguir en su grupo; tenía que desprenderse de ellos, aun con lo que lo doliera el aceptar que ellos tenían su vida propia que querían llevar a cabo, incluso si ésta fuera separados de ellos.

Pero fue cuando pensó en Liz que sus nervios se inquietaron. Una parte de él no concibió esa idea: verla partir. No podía, no podía pensar en eso, después de todo lo que le había enseñado, después de todo lo que habían pasado… recordó que incluso todavía no le contaba de Anna, ni aun después de todo ese tiempo. Tuvo un conflicto, una pelea en su mente, la cual era difusa y agresiva, sobre qué hacer, y sobre cómo pensar.

Pero todo eso se esfumó cuando volvió a enfocar su vista en lo que le rodeaba, y notó que si bien Dom y Julie seguían a unos metros de ellos, como contrapuestos, Liz estaba pegada a su lado; tuvo una pequeña sonrisa y supo con certeza que no se separaría ahí de ella.

El motivo por el cual para John no había espacio de dudas era lo bastante fuerte como para confiar en él el resto del viaje. Y lo sabía con absoluta certeza desde hacía una semana.

Fue en otra de sus conversaciones a solas en donde todo el tema de llegar a Salt Lake City había tomado un rumbo totalmente distinto en cuanto a su motivo final.

-Ethan, te debo una disculpa –fue con lo que comenzó, notando de inmediato la expresión de confusión de su amigo –me uní a tu grupo, pero en sí era pensando en que con los demás tendría más posibilidades de llegar a Salt Lake City… por eso les hablé de la ciudad, aprovechando que querías verlos

-John –respondió Ethan, mostrándose comprensivo –sé a qué vas, pero yo tenía la idea desde antes de encontrarte… sólo que no tenía rumbo, y además… está bien que quieras volver por sobre todo, después de todo allá están tus amigos, tu vida, todo lo que conoces… pero al final en esto todos ganamos; no te sientas culpable

-No es eso… es que ahora es inmensamente importante que vaya… no te he dicho esto en todo este tiempo por lo crítico que es… y por favor te pido que no le cuentes a nadie, ni siquiera a Liz

Ethan inmediatamente mostró una expresión de incertidumbre y cautelosa curiosidad, esperando la respuesta de John, que por algún motivo, pese a tardar unos segundos en llegar, pareció tardía.

-Hay una niña, que la Reina cuidó personalmente… quiero que escuches bien esto, y quiero que sepas que es la verdad… esa niña es inmune

Notó entonces que su amigo no supo bien cómo reaccionar; probablemente estaba en una batalla mental sobre si creer que hablaba en serio, de ahí a sobre si decía la verdad, y de ahí a sobre si era posible concebir eso. Y la verdad es que eso era lo que pasaba por la cabeza de Ethan, revuelto en sus propios pensamientos, intentando hallar sentido a algo así, pero si John decía la verdad, entonces todo se iba abajo; cazadores, muertes, y él se hallaba en el lado correcto para ese cambio. No podía ser, algo luchaba por lo que él creía era hacerle aterrizar, pero de a poco se fue haciendo a la idea, y las palabras de John de a poco lo calmaron.

-Supuestamente la iban a escoltar hasta un grupo nuestro, pero lo último que supimos fue que ese grupo quedó esparcido a su suerte… mira… hay una pequeña posibilidad, sólo una pequeña posibilidad, pero si la persona con la que la envió puede llegar de alguna forma hasta Salt Lake City, entonces estaríamos hablando de… una cura

Tanto John como Ethan estaban metidos hasta el fondo, y no iban a dejar esa misión sólo por haber encontrado un refugio a salvo del mundo y sus habitantes. Pero Dom y Julie eran otra historia; finalmente aceptó que si ellos elegían quedarse allí, no tendría otra opción sino continuar sin ellos.

-¿Liz te llamabas? –preguntó Harry a unos metros de ellos, asomándose amistosamente -¿quieres conocer nuestro huerto? Te puedo llevar a un paseo

Ella vio a Ethan, como pidiéndole autorización, pero a la vez como diciendo que aunque le dijera que no, iría igual; era una relación extraña, pero había aprendido a leer la mayoría de los gestos que ella hacía. Al final sabía que no se iría, que seguirían juntos, por lo cual no tuvo problemas en dejarla ir.

-Ethan –dijo Dom, viendo el ambiente un poco más relajado por lo de Liz -¿nos das unos momentos? Creo que con Julie debemos conversar esto… supongo entiendes

Movió la cabeza asintiendo, dando a entender que lograba comprender lo que pasaba por la cabeza de Dom, y que incluso lo hacía desde antes de la pregunta. Era doloroso, pero era lo justo, para todos.

-No se preocupen –dijo Nathaniel, apareciendo, mientras veía a Harry caminando con Liz en la lejanía –si necesitan más tiempo para pensarlo, pueden quedarse unos días

Pasó entonces por la cabeza de Ethan, entre la brisa agradable y hogareña, pese a la estación del año, el caminar de la gente y los sonidos hechos por los animales, el que eso sólo lo aferraría ma´s a ese lugar; dudó sobre si aceptar o no, pero al ver a Dom y Julie, e incluso a Liz, pese a que no la veía partir en ningún instante, se sintió culpable, como si estuviese haciendo algo malo, y que sólo él fuese el responsable.

-Supongo nos podemos quedar un día –respondió finalmente, notando una pequeña señal por parte de Dom, dando a entender que agradecía el gesto

-¡Preparen las camas! –gritó Nathaniel, indicándole a unos hombres, apuntando a la casa -¡Hoy tenemos huéspedes!

Era extraño, pues llevaba ahí poco más de unas horas, pero sentía cierto aire familiar y además un sentimiento extraño, como si debiera quedarse ahí. Vio la casa y las cuatro personas que entraron a preparar las camas y sintió un extraño deber.

-¿Quieres ir a dar un paseo? –Le preguntó Nathaniel –deja a tu grupo conocer el lugar

Caminaron lejos del centro de la granja, cerca de la empalizada; todavía no habían conseguido reemplazar todo el perímetro por muros, observando cómo todos se movían en la granja; nadie estaba quieto, ayudando al funcionamiento de todo.

-¿Cuál es tu historia, Ethan? Todos tenemos una

Tomó un poco de aire, agradeciendo que hubiera ciertas cosas que ya no se guardaba.

-Vivía en Jacksonville… recuerdo haber estado volviendo de la escuela, cuando escuché las primeras patrullas yendo a toda prisa al centro de la ciudad… Corrí a casa… mi padre armó un verdadero búnker ahí, pero cuando los alimentos empezaron a escasear la ciudad se volvió loca… perdí a mis padres cuando una pandilla atacó la casa… terminé escapando, y perdí a mucha gente importante, toda mi vida se fue a la mierda en cuestión de días, pero logré llegar a una zona de cuarentena en la que pasé varios años relativamente tranquilo, pero tuve que huir por una revuelta –fue entonces que dudó; si comentarlo o no, pero al ver a Nathaniel algo sintió, que sólo continuó sin seguir pensando –retomé el contacto con un viejo amigo, y pasé a una vida de la cual aún me avergüenzo

-¿Te cansaste de ser comido y empezaste a comer? –preguntó Nathaniel, con cierto aire, que le hizo estar seguro de que él no tenía problema con ese lado de su vida .tenemos por acá a un par de ex cazadores que acogimos ¿sabes? Este lugar les da un nuevo comienzo, una hoja limpia, y eso es algo que muchos quieren

-Uno intenta vivir de una forma, pero…

-Pero nadie sobrevive tanto con las manos limpias –completó Nathaniel –créeme, te entiendo

-Pero Harry nos contó… sobre por qué te expulsaron del ejército; tú te rebelaste, aun cuando significó cambiar toda tu vida

-Harry siempre ha sido bueno para hablar –notó cierta expresión en su rostro, ciertamente retrospectiva .eso no cambia todo lo que he hecho… siendo sincero contigo… lamento no haberme rebelado antes

Ethan entendió perfectamente lo que quería decir con eso, y en medio de esa caminata se encontró conectado con Nathaniel, comprendiendo sus dichos sobre saber cómo se sentía tener un pasado del cual avergonzarse; él como cazador, y Nathaniel como militar. A Ethan le había tomado cinco años darse cuenta: del granjero no tenía idea. Se preguntó hasta qué punto la supervivencia justificaba la vida.

-Muchas veces me dieron las ganas de mandar todo a la mierda… pero –continuó, esta vez viendo a lo lejos a Harry, quien estaba aparentemente jugando con Liz –hay ciertas cosas que uno quiere proteger… Harry tenía un año cuando todo empezó; sólo quería hacer que su vida no fuera peor de lo necesario… ahora tenemos incluso a Laura… unos cazadores mataron a sus padres cuando era muy pequeña como para recordar algo… habría muerto sola… la hemos visto crecer en esta granja, y siento que podemos tener esperanzas entre nosotros, aún con lo que hay afuera

-¿Por qué no confías en los Luciérnagas? –preguntó Ethan, notando el aire de la última frase

-He pasado más de una década siguiendo los pasos de Marlene, su líder… llevan todo este tiempo hablando de una cura… ¿Una cura para qué? Sólo ha llevado una pequeña guerra con incontables vidas perdidas por todos estos años… e incluso si encontraran una ¿a quiénes curarían? El mundo no se fue a la mierda por sí solo, lo que tocó fondo fue la humanidad; intenta imaginar cuántas personas quedan ahí afuera con sus valores intactos… piensa en todas las personas que han nacido en este mundo y esto es todo lo que conocen, yo salvé a Laura, pero ella es una en un millón… ¿a quién salvaremos? A violadores y asesinos: una guerra sangrienta por un fin que no vale la pena

La visión de Nathaniel era diametralmente opuesta a la suya, pese a cierta parte que fuera bastante similar: el primero había hecho lo que Ethan aún no se permitía hacer, ya que Nathaniel podía tener un refugio, podía cuidar de sus amigos, de su hermano y de niños que habían rescatado, pero todo eso en su refugio aislado de afuera; en el proceso había perdido la fe en la humanidad.

Se preguntó si valía la pena decirle sobre la niña inmune, pero había escuchado tal tono desahuciado en la voz del granjero, que prefirió guardarlo.

Pero entonces notó cierto detalle que le hizo ruido, que había pasado por algo.

-¿Por qué nos recibiste tan hospitalariamente?

-Agradézcanle a él –respondió con una leve sonrisa, indicando a Harry –tiene buen ojo con las personas, probablemente lo heredó de nuestro padre

Harry era una historia distinta de su hermano, quizá por haber sido protegido por él gran parte de su vida. No pudo evitar pensar en la similitud con la vida de Liz, pero a ella le había tocado más difícil: ella había perdido a su protector, y si bien él la había encontrado, no pudo evitar el enseñarle a defenderse: había dejado el hilo ir un tanto.

Pero tampoco lo había soltado.

Fue en ese momento en el que recordó todo por lo que habían pasado, desde Pittsburgh, desde el primer momento en el que había cambiado y establecido su nuevo rumbo, desde su encuentro con esos dos hermanos.

-Ya está anocheciendo –comentó Nathaniel –vamos a cenar

El grupo contaba con cocineros, por lo cual Ethan y los demás se hallaron frente a un banquete sin precedentes; llevaban meses comiendo comida enlatada. Y nuevamente se halló también ante ese aire hogareño, en donde había risas, conversaciones normales; era como volver en el pasado a aquel tiempo en donde la mayor preocupación era obtener buenas notas en la escuela y divertirse con los amigos tras salir; sus amigos, a veces los recordaba, en especial a uno.

Y ahí se encontraba, riendo con Liz y los demás.

John estaba serio, claro, como de costumbre.

-Nate me dijo que estaban pensando en si se quedaban o no –dijo Laura, acercándose por la espalda

Ya se habían acostado varias personas, y la granja estaba relativamente vacía y oscura, sólo iluminada por las velas de la casa y algunas lámparas en el terreno, contando sólo con los que estaban de turno para vigilar las entradas, por posibles invasiones. Ethan había salido para pensar sobre su conversación con Nathaniel, y sobre Dom y Julie: ya se había hecho a la idea de que se quedarían ahí. El grupo de granjeros habían ido a buscar el auto para meterlo en el terreno; les había dicho de él. Harry no lo había visto en la mañana.

-¿Por qué no se quedarían? –preguntó entonces, sentándose a su lado

No tendría más de doce años, le recordó al hermano de Henry, sólo que se dio cuenta de cómo Laura hasta parecía una niña antes de la infección, protegida por su ingenuidad; quizá Nathaniel tenía razón, y en ese pequeño paraíso era posible encontrar algo así. Pero también pensó en lo imposible que sería eso afuera, y que quizá ese pensamiento lo había llevado a ser tan pesimista respecto a la humanidad.

-Digamos que… tengo una misión, que yo elegí, y no puedo realizarla quedándome acá

-Suena bastante importante

-Sí… lo es

Lo era tanto por los motivos, como por todo lo que ya habían pasado en ese viaje: no podía simplemente interrumpirlo.

-La misión de Nate es protegernos de lo que hay afuera… me habla de que está lleno de monstruos, que muchos se parecen a personas, y que otros son iguales a personas, y que hasta hablan como una… si tu misión es tan importante como la de él, entonces supongo es justo que se vayan, aunque me gustaría que no, me agradan, aunque el moreno parece que está siempre enojado

Ethan se rio; se refería a John.

-Una parte de mí también quiere quedarse, pero cuando uno tiene una misión, pues tiene que llevarla a cabo

-Te deseo suerte

Él aún confiaba en lo que había afuera, confiaba en la cura, en que todo podía valer la pena, y si debía dejar a ciertas personas queridas, tendría que soportarlo. De reojo pensó en si la situación fuera con Liz, pero no quiso pensar en ello; necesitaba dormir.

-Hemos decidido seguir con ustedes –fue lo primero que dijo Dom al otro día, para gran sorpresa de Ethan –lo pensamos durante la noche… y nos dimos cuenta de que por primera vez no pensamos solamente el uno en el otro, sino que ustedes entraron en el dilema… y si eso pasa es porque no podemos simplemente dejarlos… hace dos meses los habríamos dejado de inmediato claro…

Nathaniel lo observó, y notó lo que eso significaba no sólo para la pareja sino para los cinco, y Ethan notó esa señal. Pero sólo se limitó a ordenar a unos granjeros a buscar las cosas del grupo, las mochilas, armas, y el auto, junto a comida extra que era obsequio, hasta que se hallaron en la entrada de la casa con todo listo para salir.

Ethan notó que Liz observó a Harry con cierta tristeza, la cual no podía articular en palabras, John se mantenía serio, sin poder ahondar en su mente. Dom y Julie se veían con cierto dejo de indecisión, pero a la vez sabía que ellos habían elegido, y planeaban mantener su postura.

-Cuida a tu grupo, Ethan –le dijo, cuando ya el resto del grupo estaba en el auto –afuera hay de todo, y lo has visto, te deseo suerte en tu travesía

-Nathaniel, llegaré y te enseñaré que puedes volver a confiar en los de afuera -John no podía oírlo a esa distancia; lo había calculado -han encontrado a una niña inmune, con la cual haremos una cura, y podrás ver cómo todo cambiará

-Aunque hables en serio, créeme, no hay mucho que puedan hacer, es una lástima -ni siquiera se inmutó al escuchar las palabras de Ethan, ni siquiera en broma, por lo cual no pudo leer bien su reacción, si es que había alguna siquiera

-¿Una lástima qué?

-Que si nos volvemos a ver, seremos enemigos, e intentarás entrar acá, y no te lo permitiré… planeas cambiar el mundo, pero siempre es el mundo el que te cambia

Quedó con esa última frase en su cabeza, pero eso no le evitó subir al auto, y en un ambiente hasta triste, encender marcha, como un adiós. Abrieron las puertas principales, y salieron.

Y cuando estaban bien lejos, se volteó para verla una última vez antes de perderla en el camino. Enfocó la mirada y vio por última vez la granja.