Capítulo 3. Parte 2
E histérico como él solo
Kagome no se volteó, no habló ni se movió un centímetro cuando el hombre a su lado murmuró como para sí mismo algo que sonó como "qué pena", tampoco lo hizo cuando los cabellos temblaron y desaparecieron como en un espejismo, ni cuando los dos intrusos en su casa salieron de su campo de visión. Lo único que la sacó de su inmovilidad fue la visión de su abuelo y Souta acostados en el suelo. Sin los cabellos enredados en sus brazos, piernas y torsos, sin estar elevados del suelo, colgando, parecían dormir. Incluso sus pechos se movían suavemente con el ritmo de su respiración. Pero no estaban dormidos. Ni el de sueño más profundo podía permanecer en la inconsciencia después de tantos sacudones y luchas.
Kagome caminó hacia ellos lentamente, el corazón latiéndole en los oídos. Se arrodilló entre ellos, trató de acercar más a su abuelo (era pesado, a pesar de que siempre había sido un hombre de contextura pequeña) y apoyó la cabeza de su hermano sobre su regazo (él, en cambio, era liviano). Una gota cayó sobre la mejilla del niño y así Kagome se dio cuenta de que estaba llorando. De que estaba preocupadísima por su familia, de que a pocos metros de ella estaba su living medio destruido, de que sus muñecas, brazos, tobillos estaban cortajeados por el ataque de pelos, sí, pelos que se movían por sí mismos; de había sido salvada por dos extraños, uno de los cuales parecía medio animal, el mismo que había matado a una persona en su casa, en su casa; de que había un cadáver de una mujer desquiciada en la puerta de su cocina, de que aún habían fragmentos de cristal y espuma de matafuego diluyéndose, de que esa mujer desquiciada que había sido asesinada, sí, mutilada y asesinada en la puerta de su cocina había intentado matarla, cortarle el cuello, atravesarla con una cuchilla, ahogarla con esos repulsivos cabellos. Sus hipidos y sollozos aumentaron en volumen, sus lágrimas impidiéndole ver el rostro de su hermano. ¿Por qué por qué por qué por qué por qué? Estaba aterrada, nunca había estado tan aterrada en su vida.
El segundo hombre, el que llevaba el báculo que ahora parecía haberse esfumado, se agachó a su lado y le tendió un pañuelo. Kagome lo tomó, agradecida. No le importaba aceptar ofrecimientos de un desconocido. Ya no.
-Mi-mi mamá debe est-estar por venir- Dijo entre hipidos luego de soplarse los mocos, sorprendiéndose a sí misma. Tragó y continúo.- Sale del trabajo a las tres de la tarde. No puede enterarse.-
-No, por supuesto que no.- Asintió el hombre, antes de pararse y mirar el reloj de pulsera que tenía en la muñeca izquierda, la no enguantada.- Son y cuarenta y tres. Inuyasha, no se te ocurra irte.-
-Keh. No pensaba hacerlo.- Contestó la voz del otro más lejos. Kagome agachó la cabeza, esperando temerle. Pero no. No olvidaba que el tipo había perdonado la vida de su familia aún cuando le hubiera sido muy fácil ignorar sus ruegos, tampoco había olvidado como la había apartado para que no fuera apuñalada por Souta o cómo había cortado los cabellos que la apresaban. Sí, no era un santo, había matado a alguien, pero a Kagome se le hacía muy difícil juzgarlo cuando ese alguien era Yura.
También cayó en cuenta de lo que había dicho el otro: eran las tres y cuarenta y tres. Entre que ella había salido del colegio, había llegado a su casa, se había percatado de la presencia de Yura y había tomado lugar esa horrenda batalla en el pasillo, solo habían pasado cuarenta y tres minutos. Y gran parte de ese tiempo era el que había gastado en el viaje desde la escuela, que había sido medio a pie. Dios, eso parecía haber ocurrido hacía tanto tiempo…y solo había sido hacia poco más de media hora. ..
No podía pensar en eso ahora. Debía idear una excusa lógica y por la que no la enviaran a un loquero sobre por qué media casa se había derrumbado y por qué había un cadáver de una mujer sin manos. Se incorporó, tambaleante, secándose las lágrimas y oyó a su espalda a los dos hombres hablando.
-Inuyasha, ayuda a Kagome a vendar sus heridas mientras yo me encargo de este desastre-
-¿Por qué tengo que hacerlo yo?-
-Porque con esa excusa mantendrías a Kagome lejos mientras yo me deshago de Yura, evitando que la asustáramos más de lo que está innecesariamente. Pero, bueno, supongo que ya no importa ser sutiles, ¿no?-
-Está bien, está bien. No me sermonees.-
-Kagome, ¿te parece bien?-
La chica dio un respingo, aún sin animarse a darse la vuelta.
-Emh, sí, sí, eso creo.-
-Bien, luego…creo que mereces saber qué está pasando. Hablaremos de eso-
Qué está pasando. No "qué pasó" sino "qué está pasando". ¿Eso quería decir que la pesadilla no había terminado?
Inuyasha apareció a su lado y Kagome se sobresaltó ante lo diferente que estaba. Para empezar, no resplandecía levemente como su espada, que ahora reposaba en una vaina negra, colgando de la cadera del chico. Éste ya no tenía el pelo plateado, si no negro, y la parte mas distraída y tonta de Kagome se decepcionó un poco al ver que las orejitas de perro en su cabeza habían desaparecido para ser reemplazadas por una orejas humanas y ordinarias en su ubicación correcta. La herida en su cuello se había reducido a una fina marca blanca, y la apuñalada en su costado había dejado de sangrar, aunque podría estar disimulándose entre el vivo color del buzo, que hacía pasar casi desapercibo las manchas rojas en el borde superior.
-¿Tienes vendas o algo así?- Le preguntó. Su voz sonaba un poco más grave y diferente ahora que no estaba discutiendo ni en medio del fragor de la batalla. Tenía el ceño levemente fruncido, como si no le agradara hacer de enfermera. Aquella parte retardada de Kagome volvió a decepcionarse al ver que sus ojos se habían vuelto oscuros, como los suyos.-¿Y?- Dijo, impaciente ante su silencio- ¿Tienes o no?-
-S-sí, en el baño pero…¿qué hay de …?-Kagome miró a su abuelo y su hermano, ya mejor acomodados en el suelo. Aún no sabía cómo despertarlos. O si despertarían
-De eso me encargo yo. Creo saber lo que les hizo Yura y no es nada que no se pueda revertir con un simple…emh…remedio casero.- Contestó el hombre desde atrás. Kagome se esforzó en recordar cómo lo había llamado Yura.
-Gracias, Hoshi- Quería demostrarle su gratitud de alguna forma, pero tampoco quería voltearse y ver a esa mujer o lo que quedara de ella.
-Por favor, llámame Miroku, Hoshi es mi apellido. Y no agradezcas, no podría dejar a una señorita a…-
-Miroku, hasta yo sé que no es momento.- Lo cortó Inuyasha.
-Claro, claro, lo siento. Me dejé llevar. La fuerza de la costumbre. Muy bien, Inuyasha. No sabías que tenías tacto -
El aludido puso los ojos en blanco y tomó a Kagome de la muñeca.
-¿Dónde está tu baño?-
Inuyasha parecía saber bastante de primeros auxilios, lo cual era muy bueno, aunque Kagome suponía que la forma en la que los había aprendido no era tan buena. Al final, los cortes en sus muñecas no eran tan profundos como para "suicidarla", pero sí para doler muchos y correr el riesgo de infectarse, así que el chico ya-sin-orejas-de-perro-qué-mal se las vendó con cuidado. Fue un poco incómodo cuando Kagome tuvo que sentarse sobre la tapa del inodoro y tenderle el pie descalzo a Inuyasha agachado frente a ella para que le limpiara y vendara el tobillo, pero el joven lo hizo con tanta naturalidad que el pudor de Kagome se esfumó, al igual que gran parte de su angustia inicial. Esos dos sujetos aún estaban ayudándola. No tendría que lidiar con todo eso sola.
Desde el piso de abajo –pues se hallaban en el baño del primer piso, el único que tenía botiquín- se oyó un ruido extraño, como el viento en un día de tormenta, que Kagome reconoció como el mismo que había escuchado cuando Miroku había hecho su aparición en escena.
-¿Qué es eso?-Preguntó de repente, para llenar el silencio.
Inuyasha no levantó la vista del segundo tobillo que estaba vendando.
-Está absorbiendo el cuerpo. – Pareció darse cuenta de que lo que decía sonaba confuso así que trató de explicarse mejor.- Con su mano derecha, la del guante. Él…puede hacer eso.-
Kagome pensó un momento mientras notaba que el sonido cesaba casi al instante de cuando había empezado.
-Como hizo con la cuchilla que me lanzó Yura.-
Inuyasha asintió
-Esa espada era una wakizashi, por cierto. Una katana corta- La corrigió él distraídamente. Por alguna razón, a Kagome no le sorprendió que supiera de armas.-No la usaba bien.- Agregó.
-¿Y a donde van las cosas que absorbe?-
El chico se encogió de hombros mientras soltaba el tobillo de Kagome.
-Ni idea. A ningún lado, creo. Desaparecen para siempre.- Se incorporó, estirándose, y luego miró a Kagome.- ¿Dónde más te cortaste?-
Kagome por un momento pensó en su clavícula, pero el corte no era tan profundo como para requerir un tratamiento especial, y no iba a dejar que un parcial desconocido trabajara sobre una zona tan sensible y cercana a su pecho. Además, quería saber algunas cosas
-En ningún lado. ¿Y ese …poder de Miroku tiene algo que ver con tu espada? ¿Y con el peine de Yura?-
Inuyasha se rascó la cabeza mientras dejaba las vendas sobre la mesa del lavatorio.
-Sí y no. Mmmmh, Miroku es mejor explicando estas cosas.-
-¿Dónde están tus orejas?- Preguntó de repente Kagome
-¿Qué?- Ahora sí, parecía haberlo incomodado.
-Las orejas blancas que tenías.- Kagome hizo el gesto de llevar sus manos con los dedos índices extendidos a los lados de su cabeza, como haciendo cuernos.- ¿Qué pasó con ellas?-
- Haces muchas preguntas cuando no estás llorando.- Bufó el chico. Kagome miró sus pies descalzos y murmuró para sí misma.
-Bueno, es mejor que llorar.-
-Aparecen cuando desenvaino a Tessaiga.-
-¿Eh?-
-Estoy contestando tu pregunta, tonta. Las orejas, el pelo plateado, las garras, los poderes, todos aparecen cuando desenvaino mi espada.-
Kagome lo miró otra vez. Él tenía las manos en los bolsillos y había apoyado la espalda contra la pared de azulejos celestes.
-Aaah, yo pensé que eras una especie de híbrido o algo.-
-Je, que estupidez.-
-Sí, que estupidez.-
Quedaron en silencio un momento demasiado corto como para tornarse incómodo.
-¿Y por qué estás descalzo?-
Inuyasha la miró y una media sonrisa se dibujo en sus labios.
-Es cómodo.- Dijo, y luego agregó.- Y mis zapatillas explotaron la primera vez que desenvainé a Tessaiga, así que es mejor que me quede en patas.
-¿Explotaron?-
Inuyasha se encogió de hombros otra vez.
-Explotaron. Creo que fue por la energía liberada o algo así.-
-¿Y dónde conseguiste esa espada tan rara?-
- Deja de hacerme tantas preguntas. – Dijo Inuyasha, molesto, despegando la espalda de la pared, como recordando que no estaba obligado a responder a un interrogatorio.- Vamos, Miroku debe haber terminado.- Se volteó hacia la puerta y Kagome se vio obligado a seguirlo. Tomó sus zapatos, pensando en que debía desechar las medias cortadas y sucias, cuando recordó de repente un momento de la batalla
-¡Espera! ¿A ti no te habían apuñalado? ¿Y que hay de tu cuello?- Dijo saliendo de la habitación. Inuyasha, al pie de la escalera, la miró sobre el hombro con una expresión sorprendida, como si no supiera de qué estaba hablando.
-¿Eh? No es nada, sano rápido.- Distraídamente, se llevó la mano al costado, como comprobando que la piel y el músculo se habían regenerado y la herida había dejado de sangrar.
-¿Estás seguro?-
El chico chasqueó la lengua
-Claro, ¿crees que no conozco mis habilidades? Ahora deja de preocuparte por idioteces y bajemos de una vez.-
Kagome se encogió de hombros. No se veía como alguien sumamente herido o moribundo, y por supuesto que no sonaba como uno. Supuso que estaba bien, pero tomó nota mental de que luego debía bombardearlo con más preguntas al respecto, le gustara o no.
Abajo, se encontraron con que ya no habían trozos de cristal en el pasillo, y por supuesto, el cadáver de Yura había desaparecido (para siempre pensó Kagome). Tampoco estaba el matafuegos roto y parecía que Miroku había limpiado toda la espuma. Kagome miró apenada el agujero en la pared del living y los escombros desparramados. Eso no sería tan fácil de arreglar.
Volvió la vista Inuyasha y notó que él había estado mirándola. Al verse descubierto, él llevó la vista al living y señalo los destrozos con la cabeza, sin sacar las manos de los bolsillos de su buzo.
-¿Qué piensas hacer con eso?-
-"Eso" es tu culpa, te lo quiero recordar.-
-Si no hubiera hecho "eso", tú estarías muerta. Deberías estar agradecida-
-Claro, porque tú viniste hasta aquí solo para salvar a la damisela en peligro.- Kagome no sabía exactamente por qué él había irrumpido en su casa, pero tenía una idea. Y se asemejaba más a las intenciones de un cazador que a las de un caballero en corcel blanco
-No sabes por qué vine aquí-
-Explícamelo, entonces.-Repuso Kagome, cruzando los brazos.
-De eso me encargo yo. – Dijo Miroku, asomándose desde la puerta de la cocina.-Es mejor, en serio. Inuyasha tiene la capacidad narrativa de un niño de cinco años.-
-¡Ey!¿Me estás comparando con un niño?-
-Lo siento. Tiene la capacidad narrativa de un caniche toy. ¿Mejor?- Inuyasha gruñó.- Vengan, pasen.-
Alrededor de la mesa de la cocina, con la cabeza apoyada en ésta, estaban Souta y el Abuelo. Cerca de Souta, había un pequeño bowl (el mismo que Kagome debería haber usado esa mañana para tomar sus cereales de no haber estado tan somnolienta) con una sustancia color miel oscura. Miroku tomó una silla y la corrió, invitando a Kagome a sentarse. La chica obedeció, mientras Inuyasha se quedaba apoyado en el umbral de la puerta, cerrando los ojos como si estuviera cansado o molesto. Kagome apostaba su bici a que se trataba de la primera.
-¿Cuánto tarda tu madre en llegar del trabajo?- Le preguntó Miroku, devolviéndola a la realidad.
-Ummh, unos quince minutos. A veces menos.-
Miroku hizo una mueca
-Bueno, supongo que es suficiente por el momento.-Señaló.- Primero lo primero. Creo que Yura envenenó a tu familia usando los poderes de su arma.- Kagome abrió la boca para hablar pero Miroku la frenó con un gesto de su enguantada mano, la tela apenas tapando el resplandor que salía de ella.- Luego hablaremos de eso, paciencia. Si fue así, se supone que este antídoto sencillo que hice con cosas de tu cocina y con lo que tenía a mano bastará para reanimarlos. Yo ya les di de beber un poco, pero si no despiertan en media hora, dales un poco más. No están en peligro de muerte, ni mucho menos, es como si estuvieran en un sueño muy, muy profundo. El único efecto secundario es que probablemente tengan borrosos los recuerdos más recientes, pero eso en este caso viene muy bien.-
A Kagome todo eso le parecía muy bien, pero había un detalle que no le permitía aliviarse
-¿Cómo es que puedes hacer un antídoto con cosas que sacaste de una cocina normal? ¿No necesitas un laboratorio de química o algo así?-
Miroku sonrió divertido por su pregunta.
-Existen antídotos que se pueden hacer con lo que encuentras en el pasto, Kagome. No estamos hablando de un veneno químico si no de uno del tipo demoníaco, y las reglas son diferentes. Y ya que hablamos de eso. – Al fin, tomó asiento frente a Kagome.- es hora que te explique qué diablos acaba de pasar. ¿Estás lista?-
-No, pero por favor, explícamelo.- El otro asintió y comenzó:
-Primero, necesito que abras tu mente un poco, es esto mismo que te decía recién; la ciencia no lo ha descubierto todo y dudo que lo vaya a lograr algún día. Existen cosas que no pueden ser explicadas, o al menos no pueden ser con términos normales. Pero creo que eso ya lo comprobaste por las malas.-
Kagome miró sus manos apoyadas sobre sus muslos y murmuró un "sí".
-Dentro de estas cosas, digamos, sobrenaturales, se encuentran los youkais. Se tratan de objetos, armas, o hasta poderes que eligen a sus portadores y les otorgan poderes y habilidades sobrehumanas.-
-Como la espada de Inuyasha, tu mano o el peine de Yura-
-Exactamente. Y la forma de hacer al youkai más poderoso es alimentándolo con la sangre de un portador. A veces es en forma literal, pero generalmente quiere decir…-
-¿Que tienen que matar a otros que tengan esas armas para hacerse más poderosos?- Terminó Kagome, tratando de ordenar sus ideas. "¡Vine por ti!" le había gritado Inuyasha a Yura. Lanzó una mirada a la espada envainada del chico, que escuchaba la conversación con los ojos cerrados. Tessaiga ahora era más poderosa.
-Exactamente. Y existe un youkai, el primer youkai, llamado la Perla de Shikon, que, según cuentan, es el más poderoso de todos y tiene la habilidad de cumplir cualquier deseo. Pero, como se ha comprobado a lo largo de los siglos, esta Perla solo se le aparece al dueño del youkai más poderoso de su generación. –
-El que mató más portadores.- Aclaró Inuyasha, sin abrir los ojos.
-Y todos los que se supone que han logrado hallarla nunca aclararon dónde o lo que hicieron con ella. Cuando un youkai pierde a su portador desaparece y vuelve a aparecer cuando el nuevo dueño que eligió está listo para utilizarla. Esto siempre ocurrió y ocurre con todos los youkais al mismo tiempo, con solo unos días o semanas de diferencia. Como si el hecho de que un montón de gente adquiriera poderes al mismo tiempo no fuera lo suficientemente malo, muchos de estos nuevos portadores conocen la existencia de la Perla de Shikon y harían cualquier cosa por hallarla. Ahí es donde empieza lo que yo llamo "El Juego". Algunos portadores se pasean las ciudades buscando a sus presas, porque quieren la Perla o porque, como suele pasar, digamos que le tomaron el gusto a la cacería.-
Kagome permaneció en silencio. Toda esa información de repente era demasiada, pero cuadraba con lo que había ocurrido hacía unos momentos. De todas formas, le recordaba a la trama de un anime malo de los que les gustaban a sus amigas.
-Muchas personas se ven obligadas a participar en El Juego para garantizar su propia supervivencia, completamente ajenos a la Perla de Shikon y sus poderes. Suelen surgir muchas alianzas y treguas con este fin.- Miroku se rascó la cabeza, esforzándose por no divagar.- El Juego termina cuando la Perla elige a su dueño, el portador más poderoso, el que ha sobrevivido y ha alimentado mejor a su arma. A esa altura, la mayoría de los youkais ya desaparecieron. Luego de un período de tiempo que puede ir de un año a un siglo, comienza una nueva partida. Como podrás deducir, estamos en medio de una, que comenzó hace dos meses.-
Kagome levantó la mirada, recordando que desde hacía un tiempo, era como si lo único de lo que hablaran los programas de noticias eran de extraños accidentes y ataques violentos. Al principio le había llamado la atención, pero luego lo había atribuido al amarillismo de los medios de comunicación, que suele distorsionar la realidad para que parezca un morboso infierno sobre la tierra.
Ahora sabía que de hecho, podría tratarse de algo bastante parecido a un infierno.
-Entonces es…¿matar o morir? Pero ¿esto que tiene que ver conmigo? Yo no sabía nada de lo que estaba pasando. No tengo ningún arma ni ningún poder.-
-A veces pasa que los que están destinados a recibir un youkai deben esperar un poco para obtenerlo. A eso se los llama los "desarmados", y su sangre es tan valiosa como la de un los más vulnerables a ataques de cobardes como Yura.-
-Apuesto lo que quieras a que le pediste que fuera tu aliada.- Dijo Inuyasha.- Parecía que te conocía.-
Miroku puso los ojos en blanco.
-Sí, tal vez se lo pedí, pero eso fue antes de saber que estaba loca.- Luego miró a Kagome y agregó- En serio, yo nunca mantendría una alianza con alguien que ataque a inocentes, ¡aún si se trata de una mujer hermosa!-
A Kagome en ese momento, no le importaba con quien escogiera aliarse Miroku. Solo quería terminar de entender qué era todo eso.
-Te creo. Entonces, ¿yo soy una desarmada?-
-Sí, y Yura de alguna manera lo descubrió y vino por ti. Ignoro si lo hacía por la Perla o por diversión, pero tú la escuchaste, había matado a muchas personas, por lo que se trataba de una portadora poderosa. –
-¿Cómo me encontró, cómo sabe que puedo ser una portadora? –Kagome hizo una pausa.-¿Cómo…lo saben ustedes?- Su cuerpo se tensó, lista para correr si era necesario. Si toda esa historia era verdad, tal vez esos dos hombres tenían el mismo objetivo que la bruja de los cabellos. Se imaginó siendo absorbida por lo que sea que estuviera escondido bajo ese guante, o siendo atacada por el chico en el marco de la puerta como le había ocurrido a Yura, primero sus manos, luego el golpe final.
Inuyasha olisqueó el aire.
-Se asustó. Y no fue mi culpa.- Dijo, triunfal.
Miroku le lanzó una mirada severa
-Claro que se va a asustar, estoy contándole que su vida está en peligro. –
Ella ya lo había entendido, pero su situación actual expresada con esas palabras solo ayudaron a asustarla aún más. Inuyasha lo notó, otra vez .
-No creas que te vamos a atacar. De haber querido matarte, lo podría haber hecho en cualquiera de todas las buenas oportunidades que se me presentaron. –
No era muy tranquilizador.
-¿Eso te preocupa, Kagome? Si es así, juro que no tengo la más mínima intención de hacerte daño. Y estoy seguro de que Inuyasha tampoco, por el simple hecho de que no matamos inocentes.-
Kagome apretó el borde de la silla en la que estaba sentada. ¿Podría creer en esas palabras?
-Deja de asustarte, tonta, tu olor me está mareando. Si te decimos que no queremos hacerte daño es porque no queremos hacerte daño. Así que deja de temblar y confía en nosotros de una vez, ¿quieres?- Reaccionó Inuyasha, abriendo sus ojos y fijándolos en la chica. Ella descubrió que éstos no tenían que ser de un color extraño para dar la sensación de brillaban.
-Retiro lo que dije antes sobre que tenías tacto.- Dijo Miroku, apretándose el puente de la nariz.
-Está bien, confiaré en…-Empezó a decir Kagome, dejándose convencer por las bruscas y torpes argumentaciones del espadachín- Espera, ¿olor?-
-A eso iba.- Dijo Miroku.- Es la respuesta a tu pregunta de antes. Todos los youkais son diferentes y los poderes que te otorgan varían en naturaleza e intensidad. Muchos agudizan los sentidos de sus portadores durante el tiempo que lleven su arma cerca, y uno de los más comunes es el sentido del olfato. Así, el portador puede captar el olor de otros youkais y sus portadores, entre el resto de todas las cosas que huelen, como las feromonas que libera tu cuerpo cuando tienes miedo.-
De repente Kagome se puso incómoda. Eso había sonado demasiado animal para su gusto, pero de alguna manera pegaba con el estilo de Inuyasha. Por otro lado, el hecho de que el chico tuviera un sentido del olfato tan avanzado le hacía recordar que no había podido lavarse los dientes ni ponerse desodorante esa mañana. Debía apestar.
-Yo sentí un olor fuerte a youkai y uno extraño, el tuyo, el de un desarmado. Así que simplemente lo seguí.- Le explicó Inuyasha.
-Lo seguiste hasta aquí y atravesaste la pared de mi casa, listo para matar a quien estuviera adentro, solo para hacer un tu espada más poderosa. –Ató cabos Kagome. No le gustó la oración que salió de su boca.
Inuyasha se enfadó de repente, separándose de la pared y sacando las manos de los bolsillos.
-¿¡Y qué si hice eso!? ¿¡Me vas a decir que Yura no merecía morir!?¡Su olor demostraba que había matado a muchas personas!-
Kagome se sentó de costado en la silla para mirarlo cara a cara
-¿Y qué vas a hacer cuando huelas igual?-
El joven apretó los puños y dijo entre dientes.
-No es lo mismo.-
-Chicos, basta. No es momento para discutir. Tenemos poco tiempo y aún faltan asuntos de los que hablar.-
-¡No me importa! Yo no tengo nada que hacer aquí.- Dijo Inuyasha y luego volvió a mirar a Kagome- Y tú, tonta, deberías estar más agradecida. No es mi obligación salvarte y tampoco lo era no lastimar a esos dos, pero lo hice de todas formas. Pero ya aprendí la lección, no volveré a meterme donde no me llaman.- Y con esas palabras, se fue por la puerta hacia el pasillo. Kagome oyó sus pasos hasta que estos desaparecieron, y asumió que debió haberse ido por donde había entrado.
Miroku suspiró.
-Perdónalo, es un poco…histérico. –
Kagome quisiera haber respondido "sí, me di cuenta" pero era consciente de que sus palabras habían sido duras. Ella no conocía su situación, no sabía por qué había tenido que pasar, metido en ese Juego, y por supuesto, no sabía por qué quería hacer su espada más poderosa. Y además, él la había ayudado. ¿Y cómo se lo recompensaba? Juzgándolo y comparándolo con esa mujer demente.
Bueno, él había hecho un agujero en la pared de su living. ¿No estaban a mano?
No, para nada.
Lo seguiría para pedirle disculpas de no encontrarse tan confundida, asustada y aún enfadada, si no estuviera ansiosa por seguir escuchando a Miroku y si no faltaran unos pocos minutos para que llegara su madre.
-Fue mi culpa, no debí haberle dicho todo eso. Cuando lo vuelva a ver, le pediré disculpas. Estabas diciendo que algunos portadores pueden oler la presencia de otros…-
- Esa es la forma más común. Otros, como yo, pueden sentirlo en el cuerpo, como con escalofríos o dolor de cabeza. Así fue como mi instinto me dijo que aquí había una lucha de portadores y vine a curiosear…-
Kagome se acordó de repente de su migraña, a la que se había acostumbrado de forma que le era fácil ignorarla. Pero ahora ésta estaba feliz de que la nombraran y no iba a perder la oportunidad para hacerse notar. Maldita
Un momento. Le había empezado a doler la cabeza cuando había entrado a su casa, donde la esperaba Yura, youkai uno. Luego, el dolor había aumentado considerablemente segundos antes de que irrumpiera Inuyasha, youkai dos, y luego había llegado a un punto insoportable cuando había aparecido Miroku, youkai tres.
-Creo que yo puedo hacer lo mismo.-
-Y no solo eso. Kagome, los cabellos que utilizaba Yura se suponía que eran invisibles, sin embargo, tú los viste. Sin tener tu arma aún.-
-¿Eso es malo?-
-Depende. Puede significar dos cosas, la primera, que tu youkai es del tipo parásito, como el mío.-
-¿Qué es eso?- No sonaba para nada bien.
- Es un youkai que aparece directamente en tu cuerpo. Puede ser que tu cuerpo poco a poco va a adquiriendo ciertas habilidades a medida que el youkai se forma en tu interior. Los del tipo parasitario pueden establecer una relación simbiótica con su dueño, haciéndolo más poderoso a medida que lo utiliza, o una relación en la que el youkai termina consumiendo a su portador. El mío, por ejemplo, es una especie de agujero negro en miniatura llamado Kazaana que entraría dentro de éste grupo. –
-Espera, ¿quieres decir que esa Kazaana te va a matar?- ¿Habría alguna forma de evitarlo? Miroku había sido tan amable con ella…
-Sí, si asesino a muchos portadores. Por lo que tuve que aprender otros trucos para defenderme, como pudiste ver.-
-Entonces, si mi youkai es del tipo parasitario, ¿no podré usarlo?-
-No nos adelantemos. Dije que era una posibilidad de que fuera parasitario, y aún así, los del tipo negativo son muy raros. Solo te lo dije porque me preguntaste si tener un youkai parasitario era bueno o malo. La segunda posibilidad es que simplemente, seas muy poderosa y el youkai te haya elegido por eso mismo. La proximidad al momento que lo encuentres amplifica tus sentidos, preparándote para la batalla.-
-Esa posibilidad me gusta más.-
-Alto ahí. No sé cómo te encontró Yura, pero le llamaste mucho la atención a pesar de que estés desarmada. Si eso es porque eres una portadora con potencial, te aseguro de que te acostumbraras a tardes como éstas.-
Kagome dejó caer los hombros. Llorar un poco más la hubiera ayudado a descargar aquel nudo que tenía en el estómago, pero no estaba de ánimos. Solo quería volver a su plan antes de llegar a su casa, antes de que esa loca, que en paz descanse, le dijera que tenía cabello bonito y ella le agradeciera el cumplido, antes de que su vida se convirtiera en un estúpido juego de supervivencia cuyo premio final no le interesaba en absoluto. Es decir, quería comer hasta que reventara la cintura de su pollera, ir al baño un par de horas y luego ducharse, para finalmente tirarse en su cama y dormir hasta Navidad del 2047. En cambio, apoyó la frente contra la mesa y preguntó a sí misma, a Miroku, a su Abuelo y su hermano dormidos, a Dios que la miraba, la señalaba y se partía de la risa, tomando unas birras con Satanás.
-¿Y ahora qué hago?-
-Señorita Kagome- Dijo Miroku con una voz con la que se notaba que una sonrisa estaba aflorando en sus labios.- ¿Podrías ser mi aliada?-
Kagome levantó la vista.
-¿En serio? ¿Pero de qué te voy a servir si no tengo youkai?-
-No sabemos cuándo aparecerá tu youkai, solo te puedo asegurar que será pronto. ¡Tal vez mañana mismo! Además, ¿qué clase de hombre abandonaría una señorita en apuros?- Kagome estuvo a punto a saltar de la silla y darle un enorme abrazo al hombre del guante cuando este agrego, con una expresión apenada.-Por cierto, no me digas que tienes quince.-Señaló el uniforme en mal estado que llevaba puesto.
-Tengo diecisiete.-
-Bueno, no eres tan chica. Puedo esperar.-
Kagome abrió los ojos como platos.
-¿Qué …?-
-Era un chiste, era un chiste. No te asustes.- Rió Miroku. Justo cuando la chica relajó los hombros por primera vez en el día, se oyó desde afuera:
-¡OH DIOS MÍO! –
Kagome se puso pálida y Miroku borró su sonrisa.
-Ahí llegó mi mamá.- Informó, aunque no era muy necesario.
Bien, las cosas se complican, no? Si te parece que Miroku explicó mal, deja el review con tu duda/queja. Si no, también deja review.
Gracias, gracias, gracias por leer!
