Capítulo 5
OelcapítulodetransicióndondeSangopreguntaconvenientementetodoloqueellectornecesitaparaseguirlatramayMirokulerespondedetalladamenteOhDiosSalveAlGranMonjeLibidinosoYSuInfinitaSabiduríaAmén
El camino a la casa de Miroku fue corto pero tortuoso. Kagome estaba tan agotada que no le importaría acostarse allí mismo en la acera y tomarse una siesta, pero la perspectiva de algo que aliviara el dolor insoportable de sus manos y su cuello la animaba a continuar. También esperaba que no fuera mentira lo del ramen, porque se moría de hambre, como si hubiera pasado un año desde que había comido en el hotel con su familia. ¡Más tarde tenía que llamar a su mamá! Esperaba no olvidarse. Se le hacía raro pensar en todas aquellas cosas mundanas, lo que podría pensar cualquier adolescente de su edad en una situación cotidiana. Como si no existiera la posibilidad de que en un día de estos ella o alguna de las personas que la acompañaban muriera de una forma tan horrible como los hermanos dementes. No, sería mejor que no pensara en eso, no ahora. No estaba lista para quebrarse allí, delante de todos.
Cuando Miroku los alcanzó insistió en volver a ocuparse de ayudar a Sango, y ésta aceptó, ya que Inuyasha, aún con esa capacidad de sanar rápidamente, parecía padecer heridas más graves que las del otro hombre. Inuyasha farfulló que estaba bien, pero aceptó de todos modos. Oyó que Sango le contaba a Miroku cómo se había topado con Kirara y los dos llegaban a la conclusión que no se trataba de un youkai de ningún tipo, sino de algo más misterioso. Pues la misteriosa gata mágica era muy confianzuda, y al ver que su dueña estaba inhabilitada, había maullado a Kagome hasta que ésta comprendió que quería que la llevaran en brazos. No la culpaba, la había visto rebotar de un lado al otro por las calles, empujada por los rayos, era un milagro que hasta pudiera exigir que la alzaran.
Miroku vivía en un departamento ubicado en el quinto piso de un viejo edificio. Por suerte, el pasillo principal estaba desolado. Kagome decidió seguir a Inuyasha por las escaleras, a pesar de su cansancio; El ascensor era algo pequeño, y el tener que esperarlo la ponía en peligro de cruzarse con algún vecino curioso. No era como si no pudiera encontrarse con uno en las escaleras, pero por lo menos estaba un poco más oscuro y sería más fácil disimular sus heridas.
Era consciente que el aspecto de cualquiera de ellos llamaba la atención. El único que podría pasar desapercibido era Shippo, ya que solo tenía un poco de polvo en el pelo y una palidez enfermiza. A Sango le sangraba la pierna y Kagome le había notado varios moretones y quemaduras en los brazos. A Miroku en algún momento se le había quemado parte de su campera y tenía la nuca y parte de la espalda manchadas de sangre. Kagome aún tenía algunos rasguños en diferentes partes del cuerpo y los tobillos, muñecas y una palma vendados, cortesía de Yura, pero a eso le agregaba su cuello y manos al rojo vivo y nuevos golpes para lucir. Aún llevaba su uniforme escolar y no estaba tan sucio como creía en un principio, solo un poco de polvo y unas pequeñas manchas amarronadas en la espalda provenientes del pecho de Hiten. Quería lavar esa remera cuanto antes, llevar la sangre de ese chico sobre su cuerpo la hacía sentir de cierta forma como si fuera su asesina.
Pero el asesino era el que se encontraba varios tramos de escalera más arriba, avanzando mucho más rápido que ella. El buzo de Inuyasha estaba lleno de cortes y agujeros. Su brazo presentaba un mejor aspecto, pero tenía el pecho empapado de sangre. Su jean estaba aún más roto y deshilachado en el dobladillo, y al parecer insistía en su filosofía de no usar calzado. Como Sango, el también tenía el pelo hecho un desastre por la exposición a energía estática. En pocas palabras, se veía como un mendigo que la había pasado bastante mal, y aún así, a Kagome le daba la sensación de que era el más poderoso de los cinco.
Recordó su charla con Sango y Shippo. Esta vez sí había visto cómo Tessaiga se llevaba una vida, y no pasó por alto el hecho que Inuyasha la haya envainado sucia. Kagome podía apostar que si la desenvainara su espada en ese momento, la hoja se vería tan limpia e inmaculada como siempre. Inuyasha había matado dos personas en los últimos tres días y así había fortalecido su espada. El recuerdo del llanto de Yura y el sonido que había hecho Hiten antes de morir le daban náuseas. Pero también recordaba la expresión desolada del joven espadachín cuando creyó que Kagome había sido rostizada viva, recordaba cómo en su casa él había evitado que Souta-zombie la apuñalara y recordaba el alivio que había sentido cuando lo había visto aparecer montando en Kirara. Inuyasha había logrado que Kagome de alguna forma se sintiera segura cerca de él, aún con todo lo que había pasado. Y con todo eso, la última vez que habían hablado lo había tratado muy despectivamente.
Kirara, adormilada en sus brazos, soltó un maullido cuando detuvo su marcha, jadeando. Al final del pasillo a su derecha, la esperaba el resto, incluyendo a Inuyasha. Cuando Miroku abrió la puerta les dio una extraña advertencia:
-No pisen la sal.- Porque en efecto, en el piso del otro lado de la puerta, había una gruesa franja de sal. Una vez que la evadió, Kagome notó algo extraño;la migraña, que había llegado a un punto en el que le pasaba desapercibida, desapareció súbitamente. Por un segundo, se sintió borracha, como con la cabeza llena de aire, pero al instante se acostumbró. Inuyasha frunció el ceño más que de costumbre y Shippo se llevó la mano a la nariz.
-¡No huelo nada!- Dijo, alarmado.
-Es por los pergaminos.- Dijo Miroku, cerrando la puerta tras ellos.- Y la sal, por supuesto, aunque sola no es suficiente.-
Kagome de repente comprendió a lo que se refería; las paredes alrededor de la entrada y en la que estaba situada la ventana más próxima estaban cuidadosamente empapeladas con raídos trozos de pergamino en diferentes gamas amarillentas, con símbolos de un idioma desconocido escritos con lo que debía ser una antiquísima tinta.
-Nos hacen indetectables para otros portadores.- Explicó Miroku.- Lo malo es que también nos aísla, haciendo que ellos también sean indetectables para nosotros. Uno acaba por acostumbrarse al debilitamiento de los sentidos.-
-Yo no sentí ningún cambio.- Repuso Sango, que rápidamente se había sentado en una silla cerca de la puerta, apoyando el brazo sobre el respaldo.- Eso significa que no puedo detectar a los youkai, aunque sea un poquito.-
Miroku asintió.
-No todos desarrollan esa habilidad.-
Sango suspiró.
-Miroku, ¿podría llevarme alguno de esos pergaminos?- Preguntó Kagome muy bajito.- Creo que me serían de ayuda.-
El hombre la miró, apenado.
-Lo lamento, Kagome, pero los pergaminos están dispuestos de una forma específica, formando un…¿cómo lo explico?...una especie de dibujo. Si sacara aunque sea uno, la barrera dejaría de funcionar. Y eso que no es tan efectiva. Algunos youkais muy poderosos pueden descubrirla. Inclusive ahora voy a tener que reforzar las líneas de sal por si acaso. En cuanto más portadores se encuentran en el mismo lugar, más detectable es su presencia.-
El departamento estaba tan abarrotado que no podría decirse si estaba desordenado o no. Ante ellos tenían una pequeña sala con un escritorio, la silla de la que Sango se había apoderado, un televisor de aspecto muy viejo y un sillón como únicos muebles. En las esquinas, sobre el escritorio, en estantes e incluso sobre la TV se hallaban pilas y pilas de libros, papeles y pergaminos. Coronando algunas de éstas pilas habían extraños amuletos, entre los que Kagome pudo observar un collar con un dije de un pentáculo, un siniestro espejo de borde dorado,frascos de contenidos dudosos y cofrecitos o cajitas que parecían tener cientos de años. Viendo todo eso, lo primero que se le ocurriría a cualquiera sería que el dueño de casa estaba loco, pero a Kagome le hacía preguntarse de dónde Miroku había sacado esas cosas.
Kirara saltó de sus brazos y se recostó sobre el sillón, lamiéndose. Solo en ese momento, Kagome cayó en cuenta de que la gata tenía dos colas, en vez de una especialmente peluda como pensaba. También vio que allí donde se lavaba tenía el pelo chamuscado y pegajoso de sangre. Otra más en la lista de también pareció notarlo y en su entrecejo se formó una arruga de preocupación.
Miroku le preguntó a Shippo si se sentía bien o necesitaba algo, a lo que el niño respondió que solo estaba cansado y que quería ayudar en lo que pudiera. Cuando le hablaron al respecto, Inuyasha dijo de mala manera que estaba bien, que "se curaba solo". Kagome no terminaba de entender esa habilidad, aunque hubiera visto como su brazo mejoraba increíblemente rápido, no sabía si también ocurría con heridas internas. ¿Y si en algún momento , bueno, se le había roto algo, perforado algo? ¿Eso también "se curaba solo"? No lo sabía,lo único que tenía por seguro era que aquel chico también necesitaba descansar.
Teniendo todo eso cuenta, concluyeron que Sango debía ser la primera en ser tratada, a pesar de que ésta juraba sentirse bien. Kagome cruzó la sala hasta llegar a un pequeño pasillo con dos puertas. Siguiendo las indicaciones de Miroku, abrió la izquierda para encontrarse con el baño. A diferencia de la atestada habitación, ese cuarto se encontraba casi vacío. Se permitió sonreír un poco. Tenía la suerte de tener dos baños en su casa, y los dos siempre estaban desordenados por todas las cosas de ella y su mamá. Podía ser verdad eso de que los hombres viven con menos. Su espejo era de esos que tenían el botiquín incorporado y parecía estar preparado para situaciones como esa.
Kagome regresó a la sala cargando con vendas, alcohol, un poco de algodón, todo lo que pudiera ayudar a cerrar las heridas de Sango. Ésta se había arremangado lo que quedaba de la pernera derecha de su calza y la visión de su pierna le hizo cambiar de opinión sobre "que eso no era nada". En su afán de protegerse a ella misma y a su gato gigante de la explosión de la vidriera con su Hiraikotsu, había dejado descubierta parte del gemelo derecho. Se le habían clavado tres trozos y quien sabe cuántas astillas de cristal. Uno estaba muy profundo y entre la sangre apenas se lo veía. Los otros dos, uno de los cuales era bastante pequeño, sobresalían, brillando bajo la luz de la sala. Toda la piel alrededor se veía enrojecida y sangrante.
-Mierda, se ve muy mal.- Masculló Sango. –En otras circunstancias, tendrían que ponerme varios puntos- Uno de los tajos hasta dejaba ver parte del músculo, pero sería una locura llevarla a un hospital a que se lo trataran. No era bueno que un portador fuera a lugares tan ricos en potenciales víctimas colaterales de cualquier ataque.
-¿Y si está infectado?- Preguntó Kagome, haciendo una mueca de impresión.
-No lo creo- Dijo Inuyasha.- Se lo hizo recién.- Creía saber algo sobre heridas e infecciones. Antes de obtener su youkai, había tenido que lidiar con muchas de ellas. Además, si bien ahora no contaba con su olfato, hasta antes de entrar al departamento no había olido nada raro en la chica, aparte del hedor a sangre.
-Mientras limpie bien la herida, estará todo bien.- Dijo Miroku, mirando aún la pierna de Sango, sumido en sus pensamientos.- Inuyasha, ayúdame a acostar a Sango en el sillón. Kagome, ¿podrías pasarme los frascos que están ahí arriba? El de tapa blanca, el de tapa roja y el que está al lado de ese. Y de paso, trae también el de tapa amarilla y ese alto.-
Ayudaron a Sango a ponerse panza abajo en el sillón, la pierna derecha sobre el regazo de Miroku. La chica apoyó los codos en el apoyabrazos ante ella, irguiendo su torso, y miró sobre su hombro.
-¿Cómo vas a hacer? En serio se ve muy mal…y necesito poder volver a correr pronto-
-Confía en mí. Esos frascos que trae Kagome son milagrosos, Sango. Y resulta que yo también lo soy un poquito.- Respondió el otro, risueño. La cara de Sango reflejó un escepticismo tan palpable que a Inuyasha se le escapó media sonrisa. En verdad, lo único milagroso en Miroku era el hecho de que aún en esa ocasión, se permitiera echar un vistazo al trasero de Sango y que además, la chica no lo cachara.
Kagome apoyó los frascos en el escritorio y solo en ese momento Inuyasha se percató de lo que había en su interior; en la mayoría habían hojitas de diferentes formas y tamaños, todas verdes como si estuvieran recién cortadas. En uno habían unas pequeñas frutitas redondas anaranjadas y en otro unas raíces cortadas en pequeños trozos.
Se apoyó en la pared, cerca de la ventana, tal vez porque eso le daba la falsa sensación de que estaba un poco más alejado de la atmósfera asfixiante de ese lugar sin aromas. Si pudiera oler algo, hubiera identificado todos los contenidos en el momento que abrieran los frascos, pero al no ser eso posible, solo reconoció las frutitas.
-¿Esas no son las plantas de Jinenji?- Preguntó a Miroku, quién había empezado a limpiar la sangre alrededor de la herida con sumo cuidado.
-Sí. – El hombre miró a Sango, que parecía confundida.- Jinenji era otro portador, pero su youkai no se trataba de ningún arma, si no que era la habilidad de hacer crecer varios tipos de plantas mágicas con diversas propiedades, y las regalaba a quien se las pidiera. Esas las conseguí hace ya cinco años y siguen tan frescas como al principio. Servirán para desinfectar la herida, aliviarte el dolor y acelerar la cicatrización.- Sango solo parpadeó para luego dirigir su vista a los frascos.
Inuyasha notó algo extraño en las palabras del médico provisorio.
-¿Cómo que "era" un portador? ¿Su youkai no regresó a él esta vez?- Nunca había escuchado algo así, pero él tampoco sabía tanto al respecto.
Miroku se mordió el labio, sin despegar la vista de su trabajo.
-Umh… bueno, no. Aún no pude descubrir quién es el nuevo portador de ese youkai…-
-¿Y por qué no volvió a él?¿Está…?-
La cara que puso el hombre le valió como respuesta por sí misma, pero de todas formas el otro dijo
-Porque murió, Inuyasha. Lo asesinaron.-
¿Jinenji, muerto? ¿Quién sería tan estúpido y cobarde como para matar a ese grandulón? Era la persona más inofensiva que Inuyasha había conocido en su vida, incluso más que el enano ese, Shippo. A simple vista parecía amenazador, con esa enorme forma de monstruo que adoptaba para usar sus poderes, pero el tipo nunca la había usado para matar ni a una mosca. Nunca había alimentado a su youkai, por lo que su sangre no valía nada. Todo el que tuviera un poco de cerebro se daría cuenta de que era un tipo más útil vivo que muerto. El tonto era tan amable que le regalaba sus plantas a cualquiera, incluso a los que no se las merecían. La última vez que Inuyasha lo había visto, le había advertido que no ayudara a quienes olieran como si fueran muy poderosos, y el otro había respondido bajando la cabeza con timidez y mascullando unas palabras ininteligibles.
Esa indiscriminada generosidad le había servido de escudo, ya que, por lo que Inuyasha sabía, había sobrevivido a la partida de hacía cinco años, como él.
-¿Cuándo? ¿Sabes quién fue? ¿No habrá sido ese gordo amarillo contra el que peleamos hoy, no? Parecía que le gustaba atacar debiluchos- Inconscientemente, señaló a Shippo, quien abrió la boca para protestar, para luego cerrarla y encogerse de hombros.
-Lo mataron antes de que empezara esta partida, hace unos ocho meses. Me enteré hace poco, cuando quise localizar a los ex-portadores .-
-¿Quién querría matar a Jinenji?- Preguntó Inuyasha como para sí mismo.
Miroku negó la cabeza, como diciendo que no sabía. Le pidió a Kagome que le pasara una pinza que estaba en uno de los estantes y luego le advirtió a Sango que era mejor que tratara de no mover la pierna. Tomó el trozo más grande vidrio con la pinza y tiró suavemente, imitando la dirección en la que había volado para ir a parar al músculo. Sango no se quejó, aunque apretó los labios.
Inuyasha esperó a que acabara de sacar ese trozo para seguir preguntando
-¿Y la niña esa que estaba con él? Esa que era su aliada, la que tenía esa extraña bola roja…-
-Shiori. No hay noticias de ella. Desapareció, espero que por voluntad propia.-
El espadachín frunció el ceño. Matar a un tonto bonachón y a una niña. Eran actos tan cobardes que le daban náuseas.
-Kagome, Shippo, ¿me hacen el favor de moler las frutas naranjas y las plantas del frasco de tapa roja? Usen el mortero de allá.- Miroku levantó la vista para fijarla en Kagome. -Tuesten un poco las hojas, y agreguen agua a todo.-
La expresión y el tono de voz del hombre eran extrañas, pero Kagome pareció comprender su intención. Asintió, tomó los frascos y se fue con Shippo a la puerta cerca de la entrada, que llevaba a la pequeña cocina.
-Bien, no quería seguir alarmándolos con nuestra conversación, Shippo se veía pálido. Tal vez Kagome pueda consolarlo o algo así.- Se explicó Miroku, concentrado en limpiar el corte sobre el que estaba trabajando.- Lamento que a ti no te quede otra opción que seguir escuchando, Sango. Al menos podría servirte para distraerte del dolor.-
-Está bien, Miroku. Soy hija de un policía, he escuchado historias como esa toda mi vida, puedo con lo que estás contando.- Lo tranquilizó Sango.
-Si tú lo dices. A lo que quería ir es que creo que alguien estuvo cazando ex-portadores en los últimos meses. –
-Espera, a ver si entiendo todo bien.- Dijo la chica.-Con ex-portadores te refieres a los que sobrevivieron de la supuesta partida hace cinco años, y que se supone que debieron recuperar sus youkais para esta-
-Exactamente. Inuyasha, por supuesto, es uno de esos– Miroku se dirigió al otro chico- Por eso, quería saber si de casualidad no sufriste ningún intento de asesinato últimamente.-
-No que yo sepa-Contestó el susodicho, con aire distraído.
-¿No? ¿Ninguna situación extraña, nadie sospechoso, ningún accidente que pudo no haberlo sido?-
Inuyasha se esforzó por recordar, pero negó con la cabeza.
-Mmh. Necesitaré averiguar más, espero estar equivocándome.-
Cuando Miroku logró desenterrar el segundo trozo, Sango preguntó, con la voz un poco quebrada por el dolor
-Miroku¿Tú no eres uno de esos ex -portadores?-
-No, Kazaana es un youkai un poco caprichoso y puede saltearse algunas partidas. La de hace cinco años fue uno esos casos. Yo participé como mero espectador.-
-¿Espectador? ¿Cómo sabías todo lo que estaba pasando si no estabas metido en el medio? – Siguió Sango.
Justo en ese momento, Kagome y Shippo entraron a la sala con dos cuencos, uno con una pasta anaranjada y otro con una verdosa. Kagome miró a Miroku, como preguntándole si estaba bien que el niño entrara en ese momento, a lo que él respondió simplemente con una sonrisa. El hombre les agradeció y siguió trabajando la herida, lo que hizo creer a Sango que se había olvidado de su pregunta o había decidido ignorarla. La chica iba a insistir pero en ese momento, y sin levantar la vista del trabajo, él dijo
-Shippo, ¿tu apellido es Kitsune, verdad?-
Shippo parpadeó, sorprendido
-Ehm, sí. ¿Cómo…?- Parpadeó, de repente comprendiendo- ¿Lo dices por Fuego Mágico?-
Miroku asintió y luego miró a Sango
-Todos los youkai son diferentes y es casi como si tuvieran una personalidad propia. Ya mencioné que Kazaana puede ser caprichoso, bueno, los youkai también pueden ser caprichosos en cuánto a los portadores que eligen. Algunos, como tu Hiraikotsu, eligen portadores basados solamente en su habilidad o potencial, los que consideran dignos y fuertes como para utilizarlo- Sango desvió la mirada un segundo, y Kagome notó que se había sonrojado como si el otro le hubiera hecho un enorme cumplido. A juzgar por la pequeña sonrisita de Miroku, él también lo había notado, pero continuó con su explicación sin delatarla.- Otros eligen a cualquiera, otros a los…más desequilibrados, al parecer. Nunca en la historia hubo un portador de Raigekijin que no haya matado a nadie por diversión. Y hay unos pocos que eligen siempre a miembros de la misma familia, descendientes del primer portador de dicha arma. En el caso del Fuego Mágico, siempre pasó de Kitsune a Kitsune. Con Kazaana, es lo mismo, aunque es un poco más exquisito porque solo elige entre la descendencia masculina y se ha salteado generaciones enteras. En el caso de los Takahashi.- Miroku miró a Inuyasha, que de repente se encontraba muy pensativo, apoyado contra la pared y de brazos cruzados.- es siempre el primogénito el que recibe a Tessaiga.- Inuyasha lo fulminó con la mirada, como si hubiera hecho un comentario desafortunado, pero Miroku lo ignoró- Así que esas familias están bastante informadas sobre los youkais y eso. Muchos ya saben utilizar su youkai antes incluso de verlo por primera vez. Por eso, en la última partida de hace cinco años, yo conocía todo acerca del Juego sin siquiera participar.-
Sango asintió, como asimilando la información, pero justo cuando parecía satisfecha, otra duda apareció en su mente
-¿Y eso tiene que ver con que los youkai elijan hermanos? Quiero decir, Maten y Hiten eran hermanos, ¿no? Y los dos tenían youkais muy parecidos. No es coincidencia, ¿verdad?-
-Hay casos en los que un youkai se divide en dos a lo largo del tiempo, o casos de dos youkais con un origen común. Éstos suelen elegir personas cercanas entre sí para aumentar su poder mutuo, o a veces hasta eligen a la misma persona.-
-¿Una persona con dos youkai?- Dijo Kagome-¿No es bastante malo con uno?-
Miroku se encogió de hombros, como diciendo "¿qué se le va a hacer?"
Cuando terminó de limpiarle la herida, utilizó las supuestas hierbas mágicas y solo entonces permitió a Sango sentarse como corresponde, pero le dijo que no intentara pararse hasta que la pasta que tenía en la pierna se endureciera, y que evitara moverla. Luego, fue el turno de Kagome: las quemaduras en su cuello y manos se veían rojas y en algunas partes la carne estaba tomando un color rosado oscuro poco saludable. Lo peor de todo era la palma derecha, donde la chica tenía un fino pero profundo y largo corte, y la piel alrededor de éste estaba lacerada por el contacto con el metal mágico de la lanza de Hiten y el calor de sus rayos pasando a través de éste.
Shippo, que al parecer se aburría, decidió interrogar a Inuyasha.
-Así que esa es Tessaiga.-
-Mh-h-
-Mi papá me contaba cosas sobre Tessaiga y los guerreros de pelo blanco que la usaban. Cuando te vi peleando, mientras estaba invisible, me dije " debe ser uno de esos guerreros" pero cuando vi las orejas me dije "naah,me estoy confundiendo"
Inuyasha frunció el ceño, esta vez no en un gesto malhumorado, sino en uno más bien curioso
-¿Qué hay de malo con mis orejas?-
-Eran como de perro, pero no como las de esos perros policía o esos perros grandotes que dan miedo. Se parecen a las orejas de un cachorrito, de esos que tiemblan mucho. De los que las señoras llevan en sus bolsos- Eso pareció ofender en sobremanera al chico.
-¡Mira quién habla! No sé para qué te molestaste en hacerte invisible, si con tu youkai activado no eres más que una pulga.-
-¡No me convierto en pulga, me convierto en zorro!-
-¿Zorro? Te pareces más a un mapache-
La discusión de esos dos ambientaba la escena; Miroku estaba concentrado en las manos de Kagome y ésta le preguntaba cosas sobre las plantas que usaba y demás. Sango estaba sentada aún con la calza arremangada y la pasta fresca. Miraba sus rodillas mientras que distraídamente acariciaba la nuca de Kirara, que antes había abandonado el sillón para darle lugar a su dueña y ahora reclamaba su recompensa frotándose contra ella. La joven parecía perdida en sus pensamientos, con un brillo apagado en los ojos. De repente, llamó.
-Miroku. .
El aludido se volvió hacia ella
-¿Qué pasa? ¿Te duele o…?-
-No siento nada. Ni siquiera los dedos del pie.- Ella miraba su pierna con una ligera desesperación. Mientras tanto, Inuyasha y Shippo seguían discutiendo
-¿Mapache? ¿Qué eres, ciego?- Shippo cambió a un tono inocente, aunque parecía fingido- Espera, eso explicaría muchas cosas.-
-¿De qué hablas?
-A mí me contaron que Tessaiga es uno de los youkais más poderosos que existen, pero mientras peleabas con Hiten parecía que errabas todos los golpes. ¿Seguro de que no eres chicato?-
Sango continuaba.
-Ni un cosquilleo, nada. Como si me hubieran puesto anestesia o como si me hubieran cortado la pierna de la rodilla para abajo. ¿Es, emh…normal?-
-¿¡Querés ver que tan bien uso a Tessaiga, enano!?-
-Emh, sí, es por las hierbas medicinales. No sientes tu pierna, pero tampoco sientes dolor. No te preocupes, el efecto pasará pronto- Le decía Miroku a la chica del sillón, levantando la voz para que se oiga sobre los gritos de los otros dos. Se volteó para seguir trabajando en la mano de Kagome, quién escuchó que él decía para sí.- Eso creo.-
-¡No quiero, porque cuando erres puede que rompas algo!-
-¿Eh? ¡Mapache insolente! ¡Ya vas a ver!-
-¿Qué dijiste, Miroku?
-Inuyasha, no deberías pegarle a un niño. Tienes como diez años más que él, no seas infantil.- Lo regañó Kagome.
-Nada, no dije nada-
-¡Sí, hazle caso! ¡Eres un bebé gigante, Inuyasha!-
-Sí, te escuché. Dijiste "eso creo".-
-Cállate, niño mapache. ¡Y tú no te metas, tonta!-
-Yo no dije eso.-
-¡Qué grosero!-
-Sí lo hiciste.-
-Inuyasha, deberías tratar mejor a las ¡AUCH!-
-No. Lo niego. –
-¡INUYASHA!-
-¿Lo niegas? ¡Miroku, ¿se va a ir el efecto o no?!-
-¡Pero él empezó!-
-S-sí, Sango. Te lo aseguro. Confía en mí.-
-¡No me importa quién haya empezado, no le pegues!-
-Umh…esta bien, confío en ti. Pero no te guardes comentarios para ti mismo.-
-Sí, señorita Sango.- Sonrió encantadoramente Miroku.
-Ey, el grandulón dijo que huele algo.-
Dio un mordisco al sanguche, hambriento, y se volvió hacia su hermano.
-Pues yo no siento nada.- Dijo con la boca llena. Pero en ese momento, su corazón dio un vuelco y comenzó latir, acelerado. Sintió un cosquilleo en los brazos y piernas, y percibió como su cuerpo se llenaba repentinamente de energía. Tragó como pudo y esbozó una sonrisa. Su hermano lo miró confundido.
-¿Eh? ¿De qué te ríes…?-
No pudo contestarle, porque justo en ese momento salieron de las sombras cuatro figuras desde cuatro puntos diferentes. Una quinta y sexta aparecieron a espaldas de ellos. Tiró el sanguche al suelo y desenfundó su youkai.
Banryu también estaba hambrienta.
Luego de que se hubiera encargado de las heridas de todos, incluyendo las de Kirara, Miroku recibió la mirada fulminante de Inuyasha.
-¿Y bien? ¿De qué querías hablar?-
El hombre sonrió, satisfecho de haber despertado la curiosidad del otro. Se disculpó con las chicas y el niño e hizo que el espadachín lo siguiera a la cocina para que pudieran conversar a solas.
Una vez que entró, a Inuyasha le llamó la atención la bolsa de compras sobre la mesada. El resto de la habitación parecía casi vacía, y además, estaba seguro de que Miroku se alimentaba a base de té, por lo que aquello le resultaba sospechoso.
Había recuperado sus sentidos agudos desde hacía dos meses y su repentina desaparición dentro de aquel departamento lo hacía sentir ciego, sordo y manco. Era duro, aunque había sido diez veces peor cinco años atrás, cuando la partida acabó y volvió a convertirse en un simple chico de catorce años, justo cuando empezaba a acostumbrarse a al poder que manejaba.
En fin, si hubiera contado con su olfato, hubiera adivinado lo que había en la bolsa.
El misterio fue descubierto cuando Miroku metió la mano en la bolsa y sacó los envases de ramen instantáneo.
-Para que sepas que siempre cumplo- Bromeó mientras dejaba el pote en la mesada y llenaba una pava de agua.
Inuyasha era tonto pero no tanto. Y Miroku lo sabía, sabía que él encontraría extraña la bolsa, sabía que él notaría que el ramen había sido comprado de antemano. Lo que significaba que también sabía que él iba a acceder a venir y hablar, incluso antes de todo lo sucedido a la mañana. Inuyasha miró la nuca de Miroku mientras él ponía el agua a hervir. Maldito manipulador. Miroku sabía que tarde o temprano lo iba a terminar convenciendo y no se molestaba en esconderlo, dejando la bolsa y su contenido a la vista. Conocía a Miroku desde hacía cinco años y presentía que nada bueno podía venir de lo que él tuviera que decirle.
Con un bufido, Inuyasha se dejó caer en la silla frente a la mesa de la cocina.
-Si le pones el sobrecito de salsa picante, te corto una mano con Tessaiga.-
-Si me cortas la derecha, me estarías haciendo un favor.- Rió el otro, sentándose en frente.-Aunque no creo que funcione. Kazaana aparecería en mi muñón y acabaría por absorberme a mí junto con el departamento y tu ramen picante. Creo que uno de mis ancestros intentó hacer algo parecido…-
-Al grano, Miroku Sabías que tarde o temprano iba a venir. ¿Qué quieres?- El otro sonrió, como satisfecho por su impaciencia.
-Bueno, la última vez que te vi noté que te habías hecho mucho más poderoso. Más que la última vez. Sé que por ser portador dos veces seguidas cuentas con un poco de ventaja pero…Escuché que venciste a Hosenki, eso debió ser difícil. Y el otro día vi que Tessaiga había aprendido una curiosa nueva técnica. De las que imita al vencer a un enemigo poderoso-
-¿Y tú que sabes de Tessaiga?
-Mas que tú, supongo. En fin, ¿por qué te molestarías en atacar a semejante portador cuando antes te importaba un bledo lo que este hiciera?
-¿A dónde vas con todo esto?- A Inuyasha no le gustaba la dirección que estaba tomando la conversación.
-¿Por qué?-
-¿Eh?-
-¿Hay una razón particular por la cual estés tan activo esta vez? Hace cinco años tus aliados tenían que arrastrarte para que colaboraras.-
-No tenía aliados.-
-Al menos tenías a una.-
Inuyasha frunció el ceño. Un mísero envase de ramen no valía por ese interrogatorio. Como respondiendo a sus pensamiento, la pava emitió un silbido agudo. Miroku se paró, puso el agua en el envase de la comida y lo tapo para que no se escapara el calor. Se lo tendió a Inuyasha junto con los palillos que venían pegados con cinta al pote, y se volvió a sentar frente a él.
-¿Y bien?-
-¿Por qué te importa?-
-Porque si sigues haciéndote poderoso, tienes posibilidades de ganar y lo sabes.-
-¿Crees que quiero ganar este maldito juego?- A Inuyasha ya no le importaban los malditos tres minutos que faltaban para su ramen, ya no le importaba la estúpida comida. No quería estar ahí, en ese lugar sin olor, siendo interrogado y acusado por ese idiota.
-Sí, eso creo.-Continúo Miroku muy calmo.- Y esperaba a que me aclararas por qué.-
-No quiero ganar.-
-¿No? Entonces ¿por qué apareciste hoy? Lo de la casa de Kagome vaya y pase, pero lo de hoy…tengo entendido que te entrometiste en la pelea de Sango. Sé que no te agradan los lunáticos como Hiten pero ¿desde cuándo te dedicas a salvar pobres portadores en apuros? ¿Desde cuándo te importan las peleas ajenas? No le encuentro sentido, pero ahora que lo pienso el haber acabado con Hiten seguro que te hizo subir varios puestos en el tablero.-
Inuyasha no lo soportó más; se paró de un salto, debatiéndose entre pegarle un puñetazo a su interlocutor o largarse de allí.
-¡Tú eres el interesado aquí, Miroku, no yo! Ayudé a Sango porque se me dio la gana, ¿tú que sabes?- Optó por gritarle. Aún tenía curiosidad por saber qué quería ese tipo.
Miroku suspiró, irritándolo aún más.
-¿Puedes no gritar? No quiero que las chicas se alarmen. Tal vez tengas razón. Tal vez no tengas ninguna motivación en especial que te lleva a hacer lo que haces. Solo dime la verdad. ¿Quieres la Perla de Shikon?-
-¡No quiero la estúpida Perla!- Pero Inuyasha estaba atrapado. Sí, podría darse media vuelta, arrancar la puerta de las bisagras o simplemente marcharse por la ventana, pero una vocecilla en su interior le dijo que Miroku conocía sus intenciones, solo necesitaba su confirmación. Si se largaba ahora, era lo mismo que dársela, pero sin saber nunca por qué el otro la quería. Miró fijo a Miroku, tratando de escrutar sus intenciones pero su estúpida cara era inexpresiva.- Solo quiero saber qué pasa cuando aparece. Quiero saber qué pasó ese día.-
Miroku asintió, entendiendo sus palabras.
-Todos quieren saber qué pasa con quienes ganan la Perla. Por qué desaparecen.-
Kikyo no había desaparecido simplemente. Había sufrido, había muerto. Inuyasha recordaba el lejano olor a carne quemándose. Aquella fue la única vez que deseó no tener esos sentidos agudizados. Tenía que saber por qué, cómo, qué le había hecho eso. O quién.
-Inuyasha.- Lo despertó de su ensimismamiento Miroku. Se percató de que él le estaba diciendo algo pero no le había hecho caso.- Yo debo ser el único al que no le interesa qué es lo que pasa. Estudié miles de teorías al respecto, todas son pura mierda. Lo único en lo que coinciden es que si la Perla dejara de existir, también lo hará este juego de pesadilla.-
Eso tomó desprevenido a Inuyasha.
-¿Quieres destruir la Perla? Digo, ¿se puede hacer eso? ¿No es…no sé, súper mágica o algo así?- Miroku se hubiera burlado de él por las burdas palabras que había escogido para expresarse, pero en ese momento se lo veía muy serio.
-Tal vez no se pueda, tal vez sea indestructible. Solo hay una forma de saberlo: Ganando. Pero yo nunca podré hacerlo por mi cuenta.- Miró su mano enguantada.- No con mi youkai. –
Miroku sería absorbido por Kazaana mucho antes de convertirse en el portador más poderoso. Necesitaba a alguien que le asegurara la victoria. Ya sabía que quería ese tipo, estaba clarísimo, tan claro que lo indignaba
-¿Así que quieres que gane el juego por ti? ¿Para que puedas destruir la Perla?-
-Luego de que tú descubras lo que pasó hace cinco años, por supuesto- Asintió Miroku.
Inuyasha se percató de otra cosa.
-¿Y las chicas y el enano? ¿También quieres que peleen por ti? ¿Por eso los estás ayudando?-
Por primera vez en toda la conversación, Miroku se mostró enojado
-No quiero que nadie pelee por mí. Estoy dispuesto a luchar todo lo que sea necesario, pero si muero de forma tan estúpida como la mitad de mis ancestros todo será en vano. Alguien ganará, desaparecerá y en unos cuantos años se repetirá el ciclo. Sango,Kagome y Shippo simplemente aparecieron en el medio, si puedo ayudarlos lo haré y si ellos quieren darme una mano a mí, bienvenidos sean. Todos sus youkais tienen gran potencial y estoy seguro…-
-¿Potencial? ¿Un boomerang de hueso y un niño mapache? ¡Y la otra ni siquiera tiene youkai!-
-Hiraikotsu solo elige portadores fuertes y a lo largo de la historia, todos los que lo usaron llegaron lejos. Shippo es muy pequeño como para explotar todo el poder del Fuego Mágico, pero pregúntale a Kagome si sirve o no. Y hablando de Kagome, ella pudo ver los cabellos de Yura, ¿recuerdas? Muy pocos youkais permiten ese nivel de percepción aún antes de aparecer, y todos son extremadamente poderosos.-
-Así que sí, les vas a pedir que te ayuden.-
-Tengo buenos motivos.-
Inuyasha no lo dudaba. Si desaparecía la Perla, la competencia por la supervivencia perdería su poco sentido. Quién sabe, hasta era posible que los youkais desaparecieran. No más dementes sedientos de sangre, no más desaparecidos, no más muertos, no más Kikyos.
-¿Y bien?- Dijo Miroku.-¿Me ayudarás o no?-
-De acuerdo- Masculló Inuyasha. Después de todo, se trataba de hacer lo mismo que había estado haciendo hasta ahora.- Te ayudaré.- Agarró el ramen. El envase estaba tan agradablemente calentito que pudo imaginarse el olor que tendría si no fuera por los condenados pergaminos pegados a la pared. Antes de irse a comérselo en otro lado que no fuera cerca de ese idiota, lo señaló con la mano con la que llevaba el envase.- Pero ni se te ocurra darme órdenes y decirme lo que tengo que hacer, ¿entendido?-
-Afirmativo, señor.- Sonrió Miroku.- Gracias, Inuyasha. Eres un buen aliado.- Remarcó esa palabra con un aire triunfal, solo para molestarlo.
Inuyasha bufó una última vez y salió de la cocina. Sí, iba a ayudar a Miroku y todo eso, pero nadie lo obligaba a quedarse ni un segundo más.
Supuso que para largarse del edificio necesitaría las llaves del otro, pero no estaba dispuesto a pedírselas, y como, a pesar de lo que pensaran todos, era una persona considerada, descartó la posibilidad de arrancar la puerta de los goznes. En cambio, se dirigió a la ventana de la sala, la que estaba rodeada de esos ridículos pergaminos, apoyó el ramen en el alféizar y se propuso abrirla.
-Inuyasha…¿qué haces?- Lo sobresaltó una voz. Maldito sea ese lugar, de haber contado con su olfato, se hubiera percatado de la presencia de Kagome. Estaba tan concentrado en sus pensamientos que se había olvidado que estaba allí. La chica se incorporaba del sillón. Kirara aún estaba sobre el mueble, acostada sobre su espalda, jugando a atrapar con sus garras y boca la serpiente de madera con la que la tentaba Shippo.
-Me voy.- Dijo Inuyasha como toda explicación y abrió la ventana. Shippo y Kirara se detuvieron y se quedaron mirándolo.
-¿Te vas? Pero ¡estamos en un quinto piso!- Kagome se enderezó-¿No sería más fácil irte por la puerta?-
-Sí, pero no tan rápido.-
-¿Qué pasó? ¿Estás enojado? Escuché que le gritabas a Miroku…-
-No es tu asunto.- Masculló él sin voltearse. Se asomó por la ventana para ver cómo haría para escabullirse del edificio. No era tan difícil como sonaba. Inuyasha se había escapado por muchas ventanas. – Adiós- Nadie podría decir que era maleducado.
La chica se incorporó de un salto y lo agarró por la manga. Era más rápida de lo que él pensaba.
-¡Espera!-Le dijo - Todavía no te vayas. Tengo que decirte una cosa.-
-¿Tú también?- Inuyasha se separó de la ventana. Estúpida curiosidad que lo obligaba a quedarse cuando en realidad no quería. ¿Qué tendría Kagome para decirle?- ¿Y? Vamos, no tengo todo el día-
La chica se había quedado callada, mirándolo con esos enormes ojos oscuros que tenía. Parecía haberse acobardado. Vamos, ¿en serio? Se trataba de la misma chica que se había metido como una estúpida en medio de una pelea para ayudar al otro idiota, la misma chica que le había dado esa patética golpiza a Maten, la misma que trató de solucionar los problemas dialogando con el lunático. No era una chica inteligente, pero tenía un poco de coraje, quería creer. Pero ahora parecía un ratoncito asustado.
La chica le soltó la manga, como percatándose de que lo seguía sosteniendo.
-Emh…es que…bueno, te quería pedir disculpas.- Levantó el rostro y por la expresión de Inuyasha comprendió que tenía que explicarse. El joven notó que su cuello aún se veía como plastificado por la acción de las hierbas medicinales.- Por lo del otro día, en mi cocina. Te juzgué sin saber nada de ti, no te agradecí por haberme ayudado, en cambio te traté de asesino, te dije que ibas a terminar como Yura. No lo dije en serio. No estuvo bien.- Había empezado titubeante pero a medida que hablaba, su voz se volvía más firme y decidida. No bajó la vista en ningún momento.
A Inuyasha le costó un poco entender de que estaba hablando, y cuando comprendió,no pudo evitar fruncir el ceño, confuso. Las palabras de Kagome lo habían ofendido, sí, pero por un rato. Él era así, se enojaba con facilidad, se iba dando un portazo y en poco tiempo la ira descendía varios niveles. Ahora que ella le recordaba ese episodio, parte de esa ira regresó pero no pudo mucho contra la sorpresa. La gente no se disculpaba con él muy seguido.
Y Kagome seguía
-Y bueno, no tenía derecho a tratarse así porque en realidad no te conozco y no tendría que…-
-Ya entendí.- La cortó él, incómodo- Está bien.-
-¿Está bien? ¿Me perdonas?-
Inuyasha puso los ojos en blanco
-Sí, sí. Te perdono. No tienes que disculparte ¿Crees que me afectaron las palabras de una chica tonta?-
La sonrisa que empezó a formarse en los labios de Kagome se convirtió en una mueca de disgusto, similar a la que había puesto antes de regañarlo por ser malo con Shippo.
-¿Chica tonta?-
-Creo que eres adicta a meterte en medio de las batallas para ser carne de cañón. Tal vez con tonta me quedo corto.- Inuyasha recordó la frustración que había sentido cuando Hiten la había atrapado. La ira volvió a él, renovada- Hiten podría haberte freído viva. No solo dejaste que te usara como escudo sino que además tuviste la estúpida idea de hablar con él y dirigiste su atención hacia ti–
-Yo solo quise…-
-¿Qué pensabas que iba a pasar? ¿Que iba a tirar su estúpida lanza y decir "está bien, me convenciste, me rindo"? Si no fuera por el otro enano…-
-¡No me digas enano!- Protestó Shippo, que hasta el momento, había observado junto con la gata la discusión como si se tratara de un partido de tenis.
-¡Tú cállate!- Lo reprendió Inuyasha
-¡Ey, estoy tratando de ser amable contigo pero me la pones muy difícil con esa actitud!- Le espetó Kagome
-¡Yo también estoy trata…!Bueno, ahora no. ¡Pero antes sí!¿Sabes qué me la pone difícil! ¡Que seas una loca!-
-¡Puedo estar loca, pero al menos no pego a niños más pequeños que yo!-
-¡Argh!¿¡Sigues con eso!? ¿¡No te aburres de…!?-
-¿Qué es ese alboroto?- Dijo Sango, saliendo rengueando del baño. A juzgar por sus brazos húmedos y las zonas mojadas de su remera, había intentado quitarse la mugre de encima.
-Kagome quiso pedirle disculpas a Inuyasha pero él es un bebé gigante, así que…-Empezó a explicar Shippo, razón por la cual recibió un puño en la cabeza.
-¡Basta!- Kagome, con las manos en jarra, se interpuso entre él y el niño para que dejara de molestarlo.
-Bueno, ciertamente, es un bebé gigante- Asintió Sango, acercándose al sillón con ayuda de las paredes. Kirara observaba atenta la escena moviendo sus dos colas y manteniendo a la serpiente de juguete presa bajo sus patitas negras.
-¡Ey, yo no…!-Quiso protestar el chico, pero fue interrumpido una segunda vez.
-¡Y yo que creía que el bebé gigante se había ido!- Sonrió Miroku asomándose desde la cocina. Ignorando los insultos que le lanzaba el agredido, preguntó-Hice té. ¿Alguien quiere?-
-Uh, yo, por favor.- Dijo Sango, logrando llegar lo suficientemente cerca del sofá como para agarrarse del apoyabrazos.
-¿Qué haces parada, Sango?- Le dijo Miroku con el ceño fruncido.-Creí haberte dicho que no forzaras la pierna-
-Solo fui al baño.- Dijo ella inocentemente.-Pero estoy bien. No apoyo mi peso de ese lado.-
Kagome, mirando la pierna vendada de Sango y sintiendo su propia mano adolorida sobre la cadera, recordó.
-Miroku, tú también estabas herido. ¿Cómo está tu cabeza?-
-¿Eh?- Inconscientemente, el hombre se llevó la mano a la nuca.- Ah, sí. Está bien, no es nada.-
-¿Seguro?- Estaba preocupada; Miroku se había esforzado tanto en tratar las heridas de los demás que temía que descuidara las suyas. Hizo una mueca cuando vino a su mente la imagen de la sangre sobre el pavimento.- Se veía mal.-
-Es verdad, yo vi cómo saliste volando con la explosión de Maten.- Dijo la otra chica- Rebotaste contra el cordón. Deberías lavarte eso y ver qué tal está-
-Solo fue un golpe, en serio. Pero gracias por preocuparse, señoritas- Dijo él, salamero.
Sango frunció el ceño.
-Hace unos años, mi papá resbaló por las escaleras y se golpeó en el mismo lugar. El mareo se le fue al instante y él insistía con que se sentía bien, parecía lúcido y todo, justo como tú, pero a las pocas horas comenzó a sentirse débil y a tener náuseas. Tuvimos que llevarlo al hospital cuando empezó con los vómitos.-
Miroku levantó la mano enguantada, como en un gesto para detener su tren de pensamiento.
-No creo que…-
-Hay que lavar eso.- Dijo Sango, enderezándose, inexpresiva. –Inuyasha, ¿me das una mano?-
El espadachín la miró confuso un momento, pero cuando entendió sus intenciones, una sonrisa malévola afloró en sus labios.
-Será un placer.-
Miroku había dejado congelada la mano en alto.
-¿Qué…?No, esperen…- Sango e Inuyasha avanzaron hacia él, la primera con un poco más de dificultad. Miroku retrocedió un poco, sorprendido y confuso, pero Inuyasha, más alto que él, lo tomó de los hombros y lo metió a la cocina. Sango también entró, frunciendo el ceño.
Kagome y Shippo se miraron un momento, y sin decir nada, se asomaron para ver cómo los dos atacantes forcejeaban con el dueño de casa. Lograron sujetarlo e inclinarle la cabeza bajo el chorro del grifo, ignorando sus protestas.
-¡Ey, paren!¿Por qué…?-
-Estás herido - Dijo Sango, su voz fría como el hielo.
Inuyasha aún lucía su sonrisa malévola. Consideraba eso una pequeña y satisfactoria venganza por aquel interrogatorio molesto al que lo había sometido en esa misma cocina. Supuso que Sango había escuchado sus gritos y así se había dado cuenta de que Inuyasha la iba ayudar en cualquier intento de molestar a ese hombre. Pero, ¿de qué se estaba vengando ella?
La respuesta llegó a sus oídos cuando Sango se inclinó a la altura de Miroku y agregaba, con voz queda:
-Y no creas que no me di cuenta todas las veces en las que me miraste el trasero.- Sus ojos eran dagas.- Y tampoco pienses que no sentí tu mano en él mientras me ayudabas a caminar. Te hubiera pegado, después de todo lo que hiciste por mí, no sería agradecida – Sonrió ligeramente, pero sus ojos eran dagas.
Miroku parecía que iba a decir algo, desde abajo del chorro de agua, pero al ver el rostro de Sango se la pensó mejor.
-Supongo que me lo merezco.- Dijo antes de resignarse a su destino.
Apenas acababan de llegar a la ciudad y él ya se estaba divirtiendo. Tal vez la mayoría de esos tipos no representarían un desafío en circunstancias normales, pero después de haber exterminado a todos los portadores de donde venían, agradecían cualquier presa. Por lo menos, él había salido beneficiado, si bien no podía decir lo mismo de sus aliados; La mayoría ya habían derrotado a sus oponentes, como Kyokotsu, que estaba masticando al tipo con caparazón; o solo jugaban con ellos para entretenerse un rato antes de dar el golpe final, como Renkotsu y Ginkotsu con el que tenía garras, o Mukotsu con el tipo que disparaba escamas y hacía ruidos raros.
Bankotsu no podía más que agradecer el tener que enfrentarse a un portador decente. Era un tipo alto y esbelto, que se movía rápido y usaba hábilmente una alabarda de dos filos. Decía llamarse Hoshiyomi y parecía en serio creer que su KenKon era capaz de superar a Banryu. No, si todavía Bankotsu no había cortado en pedazos al hombre con alabarda y todo era porque quería darle la oportunidad de presentarle batalla. Hacía días que no se divertía así.
Sus otros dos aliados no podían decir lo mismo. Su hermano Jakotsu peleaba cerca de él, contra un chico pelirrojo bastante mediocre y tan afeminado como él.
-Siempre te quedas con lo mejor.- Había rezongado cuando Bankotsu había desafiado a Hoshiyomi.- Vamos, hermano. Déjame jugar un poco con él, es muy guapo.- Pero no lo había dejado, y por eso ahora el otro luchaba de mala gana, quejándose constantemente.
Suikotsu se había encargado de la chica, que parecía ser la presa más fácil puesto que no llevaba armas .Sin embargo, cuando la mujer había hecho brillar su youkai, un amuleto dorado en forma de estrella, su rival comenzó a tener problemas. Ahora estaba de rodillas, agarrándose la cabeza, sin saber muy bien quién era o dónde estaba. Maldita sea, se estaba comportando como el Doctor otra vez. Bankotsu odiaba cuando le pasaba eso. En su estado normal, Suikotsu era un tipo genial, con sus garras metálicas a lo Wolverine y las carcajadas que soltaba cuando acababa con su presa. Pero a veces, su rostro cambiaba y empezaba a lloriquear y lamentarse por haber matado tanta gente y cosas así. Resultaba insoportable.
Jakotsu, con un movimiento vago de la espada, convirtió al pelirrojo en un amasijo de sangre, carne y gemidos. Bankotsu, deteniendo un ataque de Hoshiyomi con el filo de su alabarda, aprovechó para gritarle:
-¡Jakotsu, ve a darle una mano a Suikotsu que otra vez entró en modo idiota!-El otro se quejó, pero de todos modos corrió hacia donde su aliado se retorcía bajo la luz de la mujer. Ésta retrocedió, alarmada, pero mantuvo su youkai en alto. Jakotsu no le prestó atención; apoyó un pie sobre la espalda de Suikotsu y lo sacudió.
-¡Vamos, no seas imbécil! ¡Olvídate del Doctor!- Pero el hombre se desesperó aún más al oír su voz, y se achicó en su posición arrodillada, ocultando la cabeza entre sus brazos y exclamando que no quería herir a nadie. Patético.
- Uy, ¿qué hago?- Dijo Jakotsu como para sí.- ¡Ah, sí, la canción!- Y comenzó a cantar desganada y rápidamente aquella melodía que muchas veces había logrado recordarle al falso doctor quién era en realidad.- Por el horizonte va. A lo lejos veo el Sol, en el…No, ¿cómo era? Emmh…Uh…¡Ah, ya lo tengo! Brilla en todo su esplendor, por el ancho mar. – Como no se sabía el resto de la letra repitió esos versos una y otra vez, cada vez más acelerados, hasta que Suikotsu levantó la cabeza, aún agarrándose de los pelos y gritó
-¡NO CANTES!¡NO CANTES!- Se irguió de un salto y miró un momento a su aliado para continuar- ¡Deja de cantar, apestas!- La mueca de su rostro decía que ese burdo método había funcionado. Volvía a ser el de siempre. Adiós, Doctor, por favor no vuelvas pronto. Suikotsu se dirigió a la mujer.- Y tú, putita, vas a pagar por eso.-
Jakotsu posó la espada sobre su hombro y bostezó
-Encárgate tú solito. Pelear contra esta mujer será incluso más aburrido que con aquél chico feo.- Hizo un gesto señalando a los restos del pelirrojo, pero Suikotsu lo ignoró.
Tsukiyomi bajó dubitativa su amuleto y retrocedió un poco más. Se suponía que su youkai, Estrella del Inframundo, volvía inofensivo a su oponente por bastante tiempo. No entendía por qué había tenido ese curioso efecto en el hombre frente ella y tampoco sabía por qué de repente había dejado de funcionar. Llevó la mano a la pistolera que llevaba bajo la axila. No le gustaba matar, de eso se encargaba Hoshiyomi, pero esta vez no tenía alternativa.
Bankotsu notó que su oponente se distraía con aquella escena, y adivinó sus intenciones de auxiliar a la que parecía ser su novia. Hoshiyomi se alejó de su alcance e intentó escabullirse en esa dirección, pero le cerró el paso con Banryu. Chasqueó la lengua, en un gesto de desaprobación.
-Dale a tu chica un poco de espacio- Lo regañó. El otro solo frunció el ceño y arremetió.
Sus alabardas chocaron varias veces hasta que se oyó el sonido de un disparo, un grito femenino y una carcajada. Hoshiyomi una vez más quiso correr a ayudar a la mujer, con una expresión desesperada en el rostro. Bankotsu, ya harto, lo golpeó con el plano de la enorme y pesada hoja de Banryu, tirándolo al piso. Cuando el hombre intentó levantarse, Bankotsu le clavó la punta de la alabarda en la pierna, impidiéndoselo.
-No te distraigas.- Le advirtió.
Fue en vano. Cuando la chica cayó, Hoshiyomi peleó con más fiereza, pero también con menos cuidado. Resultó demasiado fácil matarlo.
-Espero que no todos aquí sean como estos.- Se quejó Renkotsu. También le había resultado bastante fácil y soso matar al hombre tigre. Jakotsu se había sentado en el cordón de la vereda, apoyando su cabeza sobre su palma, en un gesto aburrido.
-Ojalá que no.- Suspiró.
-No sean amargados.- Dijo Bankotsu apoyando su alabarda sobre su hombro.-Acabamos de llegar. No sabemos con qué nos podemos encontrar aquí.- Se dirigió a donde había tirado su comida y se agachó para recogerla.
-¡Bankotsu, no seas cochino!- Lo reprendió su hermano. Bankotsu hizo una mueca, pero le hizo caso y dejó su sanguche donde estaba.
Kagome estaba en la cocina cuando ocurrió.
Luego del incidente del grifo, Sango había vuelto a comportarse tan amable como antes, obedeciendo las indicaciones de Miroku para cuidar su pierna y continuando con sus preguntas mientras tomaba el té que el dueño de casa, entre aterrado y divertido, le ofrecía. La chica les contó cómo Hiten la había emboscado y perseguido por los cielos, y cómo Inuyasha la había ayudado. Éste, al escuchar su mención, se encogió de hombros. "Hacía que todo apestara a ozono" murmuró, como justificándose. Olvidándose de sus intenciones de largarse, se había apoyado en la pared y había devorado por fin su ramen frío con una voracidad inhumana.
Sango también les contó, apenada, que su hermano era un portador de un arma llamada Kusarigama. Les dio una rápida descripción, esperando que alguno lo hubiera visto, pero todos lo negaron.
Resultaba que ella y su hermano se habían pasado los últimos dos meses defendiéndose de otros portadores, pero hacía más de una semana, un pequeño grupo los habían rodeado. En medio de la batalla, se separaron, y cuando Sango acabó con sus contrincantes y corrió en busca de su hermano, solo encontró los cadáveres del resto del equipo. Buscó, buscó y buscó, pero no había ni rastro de Kohaku.
Su relato había golpeado a Kagome en un punto sensible; no podía ni imaginar la preocupación que sentiría si Souta hubiera sido arrastrado con ella a ese macabro Juego, mucho menos podía imaginarse qué sentiría si él desapareciera. Sango se veía casi inexpresiva mientras lo contaba, pero en sus ojos había tanto pesar que había obligado a Kagome a bajar la cabeza.
Recordó también lo que le había contado en esa misma cocina Shippo cuando los enviaron a preparar las hierbas.
-Me sacan de ahí para que no me asuste, ¿verdad?- Le había dicho casualmente. Kagome solo lo miró y asintió en silencio. Shippo podía ser pequeño, pero no tonto. –Deben estar hablando de cómo murió o de otros casos parecidos.- Agregó.-O pueden que hablen del caso de mi papá-
Kagome le había preguntado a qué se refería.
-Ellos dijeron que a ese tal Jinenji había sido el portador de un youkai y que lo mataron hace ocho meses- Comenzó.- Mi papá era el portador de Fuego Mágico, y hace seis meses…- La voz se le quebró. Kagome dejó lo que estaba haciendo para abrazarlo y dejarlo sollozar. Al rato, se calmó, se secó las lágrimas con las manitas y le instó a Kagome a seguir con lo que les habían encomendado. A ella le hubiera gustado decirle que lo sentía o algo, pero no se atrevió. Cuando su papá falleció, no existían palabras para aliviar su inmenso dolor. No quería imaginar la desolación que hubiera sentido si lo hubiera matado un asesino en lugar de la enfermedad.
Kagome no podía más que sentirse agradecida por su familia, que se encontraran a salvo y que fueran felizmente ignorantes de aquella pesadilla. Y hablando de la familia, cuando la conversación en la sala se tornó más ligera ante otras preguntas de Sango, el abuelo de Kagome llamó, obligándola a irse a la cocina a contestar. Al sacar el celular del bolsillo de su falda, notó que eran las dos de la tarde, por lo que solo tenía que inventar lo que se suponía que había hecho en el colegio y dónde se suponía que estaba ahora. Para no alejarse de su realidad cotidiana, dijo que estaba en Wacdonalds con las chicas y que se iba a ir a la casa de Yuka.
Mientras seguía hablando y oyendo lo que el otro le decía, notó la bolsa con ramen en la mesada. Su estómago hacía tanto ruido que hasta podía inventar su propio idioma, así que olvidó por un momento sus modales y tomó uno de los potes.
Quería mucho a su Abuelo, pero éste podía llegar a ser muy pesado. Hacía tantas preguntas que Kagome, apoyada contra la mesada con el celular apretado entre la mejilla y el hombro y comiendo tranquilamente , llegó a desear que hubiera sido su mamá la que hubiera llamado. Cuando el anciano colgó, a ella le faltaba poco para terminar su comida. Suspiró, guardando el celular en el bolsillo. No le gustaba mentir, pero todo fuera para mantener a salvo a sus seres queridos. En ese departamento ya había escuchado demasiadas historias sobre los riesgos que correrían si se veían implicados.
Su mente no pudo evitar divagar hasta la idea de qué pasaría si ella era asesinada por su estúpida sangre de desarmada. Tal vez alguien encontraría su cadáver y se comenzarían a hacer especulaciones de por qué había muerto, quién había acabado con ella, sin nunca acercarse a la verdad . O tal vez no. Tal vez Miroku se encargaría de que no la encontraran. De uno u otro modo, su familia jamás sabría lo sucedido, vivirían el resto de su vida con aquella inquietud, aquél hueco en sus corazones. Se le hizo un nudo en el estómago. Era una perspectiva terrible, pero aún así sería mejor que si descubrieran la verdad.
"Cálmate, Kagome. Estás vivita y coleando. Piensa en una manera de mantenerte así" Miroku ya había demostrado que la ayudaría, e incluso tenía la esperanza de que Sango y Shippo se les unieran. En el caso de Inuyasha, esto era más dudoso, lo cual era una pena. Era temperamental, infantil, malhumorado…Pero también muy valiente y fuerte, y parecía tener un buen corazón. Sin embargo, probablemente le gustaba cazar solo.
Kagome sacudió la cabeza mientras le daba la espalda a la puerta para tirar el envase del ramen al cesto de la basura. Cazar. Cacería. Era eso en lo que estaba metida. Si algún día tuviera en sus manos su supuesto youkai, ¿sería capaz de utilizarlo? Por supuesto que agradecería la oportunidad de defenderse, pero ¿Sería capaz de atravesar a alguien con una espada? ¿Partirlo en dos con un boomerang? ¿Absorberlo con un agujero negro? Apretó los puños. No, claro que no. "Entonces, ¿por qué me elegiste a mí, tonto, estúpido youkai que no aparece? ¿Solo para fastidiarme, eh?"
La joven se volteó con un suspiró y se detuvo boquiabierta al ver que ya no estaba sola en la cocina.
Una figura resplandecía con un brillo plateado a su alrededor y se le acercaba, silenciosa. El tiempo pareció detenerse y el ambiente se volvió extrañamente cálido. Kagome retrocedió todo lo que pudo hasta chocar contra la mesada. ¿Un portador se había colado allí dentro? ¿Cómo la había encontrado? ¡¿No se suponía que ese era un lugar seguro?!
Sabía que debía gritar pidiendo ayuda, empujar a la figura y correr o al menos preguntarle quién era y qué quería. Pero en lugar de hacer cualquiera de esas cosas, entrecerró los ojos para ver mejor. Se trataba de una mujer, de eso seguro, pero la luz era tanta que no pudo diferenciar ni sus rasgos ni su ropa. Por un momento, era una chica delgada y de cabellera oscura, al otro, era una anciana menuda, y de repente, pasaba a convertirse en una dama con un pesado abrigo sobre los hombros. Cambiaba tan rápido de forma que su silueta se movía como el mar durante una tormenta. Lo único que tenían en común cada una de sus apariencias eran el objeto largo y borroso que llevaban en sus manos.
Quedó paralizada y muda al ver que la mujer misteriosa atravesaba la mesa que las separaba como si fuera un fantasma. Seguía cambiando y cambiando, brillando y brillando más a cada movimiento. Kagome estaba empapada de sudor para cuando la figura sobrenatural se detuvo a unos treinta centímetros de ella. Al tenerla tan cerca, notó que ya no se transformaba. Lo que tenía enfrente era una muchacha más baja que ella, usando un vestido blanco impoluto y con una larga cabellera a juego. Aunque seguía emanando luz, era casi del todo nítida. Su rostro era lo único aún oculto, como si llevara una máscara también blanca y brillante, que no tuviera agujeros para los ojos, nariz o boca. Parecía una criatura salida de un sueño.
La mujer plateada hizo una reverencia y le tendió lo que llevaba en brazos. Al verlo, el miedo de Kagome despareció y fue reemplazado por una paz que cayó como agua fría sobre su cabeza. De pronto, supo con seguridad que aquella cosa no le haría daño. El objeto se trataba de un arco, largo, hecho de una madera oscura y cuerda finísima. Las puntas eran de plata, como único adorno, además de la tela blanca que envolvía el mango. .
-Azusa- Dijo la mujer con una voz tan suave que era un susurro.
Kagome levantó la vista pero ya no había nadie con ella. El fantasma se había esfumado, así como la extraña atmósfera que había inundado la habitación. Se dio cuenta de que sostenía el arco, aunque no recordaba haberlo agarrado. Lo levantó como en trance, descubriendo que era un poco más pesado de lo que parecía.
Prestó atención y descubrió que Sango y los demás seguían hablando tranquilamente como si ninguna arquera fantasma se hubiera colado al departamento. ¿Y si no? ¿Y si Kagome finalmente había enloquecido y acababa de tener una extraña alucinación? Bueno, el arco parecía bastante real, en su opinión.. Respiró hondo, recordando aquella serenidad que la había embargado al recibir el arma. Nadie le había advertido lo extraño que sería obtenerlo, pero no podía estar más claro; Aquello que llevaba en sus manos era su youkai.
Inuyasha no prestaba atención a la conversación de los otros. Estaba muy concentrado en el silencio.
Su sentido del oído se mantenía en la misma potencia con o sin su youkai activado, y ya se había acostumbrado a captar varios sonidos al mismo tiempo y elegir en cual enfocarse. Cuando Kagome se había ido a la cocina a hablar por teléfono, Inuyasha no había prestado atención a su voz. A la llamada le siguieron un par de sonidos normales, como el de tragar (¿acaso se estaba comiendo el ramen? Bueno, él no era nadie para juzgarla, ¿no?), el de su respiración o su corazón latiendo. Continúo ignorándolos hasta que algo cambió; los latidos se hicieron más rápidos, la respiración se agitó. No podía escuchar nada más, solo silencio aplastante. Era algo perturbador, pero no sabía si era motivo de alarma. Quizá la chica simplemente estaba nerviosa por lo que estaba pasando o algo que le habían dicho por teléfono. Si hubiera contado con su olfato, hubiera podido discernir de qué se trataba. Permaneció expectante.
Aquél silencio horrible desapareció tan pronto como había llegado, y los signos vitales de Kagome volvieron súbitamente a la normalidad. Cuando la chica salió de la cocina, fue esta vez el corazón de Inuyasha el que casi se le sale del pecho.
¿Kikyo?
No, imposible. Kikyo estaba muerta. Esa era Kagome. Ka-go-me, idiota.
Desde la primera vez que la había visto, había creído que existía un parecido entre ellas, aunque no podía identificar dónde. Ambas tenían cabello y ojos oscuros, pero estos eran muy diferentes entre sí. El rostro de Kikyo era delgado y afilado, mientras que Kagome era más bien cachetona. Sus personalidades eran radicalmente diferentes; aún admitiendo que Kagome tenía algo de agallas, éstas palidecían ante el coraje de Kikyo. Kagome hablaba mucho más que ella y parecía ser más torpe e impulsiva. Tenían diferentes gestos, formas de moverse…¡Ni siquiera sus aromas se parecían! Y sin embargo, Inuyasha se había dejado llevar por esa similitud inexistente, como cuando Hiten dirigió ese rayo hacia el pecho de Kagome. Se había desesperado, se había asustado como si la que había estado a punto de ser asesinada fuera la mismísima Kikyo. Pero no, se trataba de Kagome, la chica que solo había visto una vez hacía tres días. La chica que no se le parecía en nada a ella. Sabía que era Kagome. Lo sabía cuando vio a Hiten disparar el rayo, lo sabía cuando le partió la lanza, lo sabía cuando lo mató, y claro que lo sabía cuando se volteó y comprobó que la chica estaba bien. Y así y todo, había sentido ese horrible vacío en el estómago. Todavía se enfadaba al recordarlo; A aquella incómoda sensación se le sumaba la indignación por la estupidez de la chica y la ira por haberse asustado en vano.
En fin, nunca había llegado a confundírselas hasta ese momento, y solo por un segundo. Aún no sabía qué la hacía verse tanto como Kikyo. ¿La mirada serena? ¿Aquella postura desafiante? ¿El maldito arco enorme que llevaba en las manos?
-¿De dónde sacaste eso?-Preguntó.
Porque ese era el arco de Kikyo.
Y aquí el capítulo nunca antes subido a fanfiction! El mas largo hasta el momento y casi sin escenas de pelea! Fue un trauma escribirlo, pero estoy bastante conforme con el resultado. Un par de acotaciones:
-Miroku me hace acordar a los hermanos Winchester ...
-Algo me dice que hice a Shippo muy inteligente, pero es porque realmente creo que lo es! Y este está más crecidito que en el manga/anime, así que tiene sentido, no me digan que no.
-Duda existencial:la palabra pava se usa en toda latinoamérica? Y no me refiero a la novia del pavo. Bueno, si no están familiarizados con ella, es una de esas teteras de metal para hervir agua (? Hablando de palabras, sanguche=sándwich. Por si las dudas. Llega un momento enel que no sé si estoy usando o no argentinismos
-Confesión: nunca comí ramen instantáneo así que tuve que busqué un post de taringa que explica cómo se prepara c:
-¿Recuerdan a los ninjas monstruo? Lamentablemente, yo también. Y tenía muchas ganas de que un verdadero team de asesinos se encargara de ellos. Lo siento por Hoshiyomi y Tsukiyomi, ellos eran interesantes (y una bonita ship)
-Un abrazo bien apretado a fran sanchez que siempre es la primera en leer QGEM *-*
Bueno, dejando de lado todos estos detalles, puse demasiada información de la trama para un solo capítulo por lo que ante cualquier cosa que no les cuadre, REVIEW!
Y esta vez, en serio, gracias por leer!
Bechitos
