Intermedio 2

Mientras tanto...

El asesino observó a su víctima agonizante. Había sido difícil acercarse a ella y ahora también era difícil acabar con su vida. Se resistía, se aferraba a la consciencia con uñas y dientes, gimiendo. Yacía a pocos pasos de él, tirada de costado en el suelo, agarrándose de la herida que la mataría lentamente. La sangre se le escapaba entre los dedos y formaba un charco bajo ella.

De repente, diez de la casi centena de pájaros muertos apilados a su alrededor volvieron a alzar vuelo, siguiendo las órdenes mentales de su portadora. Él se puso en guardia y los recibió de la misma forma que los había recibido quince minutos antes: tratando de ser más rápido que ellos, describiendo arcos con su arma y partiéndolos a la mitad antes de que pudieran clavarle sus picos blancos y sedientos de sangre. No siempre podía detenerlos a tiempo, de hecho, ese día había estado a punto de morir una docena de veces. Pero a él eso no le importaba.

La mujer gimió débilmente cuando el último pájaro cayó muerto por segunda vez. Había usado todas las fuerzas que le quedaban para arrastrarse hasta la puerta y no estaba segura de poder volver a utilizar sus poderes para reanimar a más de sus bestias. Trató de incorporarse otra vez pero el muy maldito también le había hecho un corte profundo en ambas rodillas. La pierna izquierda estaba tan mal que a ese paso y si lograba sobrevivir, podría perderla en gran parte.

-Hijo…de puta…- Murmuró al oír que el asesino se le acercaba. No podía creerlo. Lo había subestimado y había bajado la guardia. Su confianza la había dejado en esa situación. Si salía de esa, tendría que enfrentarse a la humillación de casi haber muerto en manos de alguien como ese portador. Pero viendo cómo estaban yendo las cosas, probablemente no tendría que preocuparse por eso.

Otra vez, el asesino se detuvo a mirar su rostro contorsionado por el dolor, sus ojos fríos, como muertos, fijos en ella mientras levantaba lentamente su arma para dar el golpe final.

-¿Te gusta lo que ves, hijo de puta?- Gruñó ella y con toda la energía que fue capaz de reunir, se concentró en el cadáver de un ave que se encontraba detrás de su oponente. Al mismo tiempo que el animal despertaba de un salto y salía disparado en su dirección, el asesino bajó su arma y atravesó de lado a lado el cuello de Abi. Sintió algo clavarse en su espalda, empujándolo para caer sobre la mujer muerta. Rápidamente, se torció para golpear al pájaro infernal, decapitándolo. El cuerpo, esquelético y similar al de un pequeño pterodáctilo, cayó al suelo, pero la cabeza seguía clavada en su espalda. No los suficientemente profundo como para matarlo, pero sí para que le doliera como nunca nada le había dolido antes. Dejó escapar un jadeo de desesperación. Pero al segundo siguiente, el asunto dejó de importarle y se las arregló para tomar la cabeza por el cuello cercenado y tirar hasta separarla de él.

Se incorporó. Su ropa estaba manchada con sangre, suya y de la mujer. Sentía las gotas cálidas que se habían salpicado en su rostro al dar el golpe final. Tampoco eso le importaba.

Porque a Kohaku no podía importarle nada, o podría acabar por volverse loco.


Sí, ya sé. Super flojo. Pero esto era lo único que tenía terminado por el momento. Bueno, no hay mucho más que decir, no?

Gracias por leer!