Capítulo 14 –¿Ves la nieve?
Ethan sólo corría, escuchando decenas de voces detrás de él; Trevor lo había visto. No supo en ese momento si lo habían identificado, o sólo era una presa más en la larga lista que antes había sido suya, pero sí estaba seguro de que los pasos agitados, el sudor que corría por su frente, y todas las personas que le seguían eran reales.
No fue sino hasta que se ocultó dentro de un auto, para luego lanzar unas piedras a unas latas que habían por un callejón, que finalmente obtuvo algo de paz, pero sabía que eso era sólo momentáneo: eso no cambiaba el hecho de que toda la ciudad tenía al menos a uno del grupo por calle. No recordaba su grupo tan numeroso, pero eso en sí sólo le reafirmó que en algún lado estaba su antiguo líder; no sabía aún por qué estaban en esa parte del país, pero en su grupo sólo alguien como Francis habría podido reunir a tal cantidad de gente. Sólo él tenía ese carisma, y esa manera de infundir temor.
Con un grupo así era poco probable que tuviesen bajas mayores, lo cual aumentaba exponencialmente las probabilidades de que Mike anduviese también por ahí, y eso lo tranquilizaba algo; no estaba arriesgando la vida sin ninguna idea de si lo que hacía valdría la pena o no. Al menos ese punto lo tenía.
Vio hacia los lados, y se aseguró de que no hubiese ningún cazador en la calle. Era irónico; durante todo su viaje se había considerado el cazador de su grupo, la oveja negra, pero ahora que estaba frente a su antiguo grupo, notaba lo diferente que era de ellos, lo enormemente diferente que era.
Y pensar que había pasado con varios de esos tipos por tanto tiempo, ante lo cual no podía sino pensar en que sólo había estado tanto tiempo por su hermano de vida. Y justamente por él volvía nuevamente a escabullirse entre aquella pesadilla.
Mientras pasaba entre los edificios, mirando por las ventanas, viendo cómo el grupo se esparcía y entraban a varios otros edificios aledaños, notó cómo varias caras le eran familiares, aunque no recordaba muchos nombres. Su grupo personal siempre había sido el de Howard, Pat y Mike, pese a que con los dos primeros no se llevaba muy bien, cosa que no influyó para nada en que se sintiese enfermo tras darse cuenta de que los había matado, a ambos. Había hablado con Trevor en un par de ocasiones, pese a que nunca logró establecer un lazo con él, y a decir verdad el Trevor con el que se había encontrado hacía sólo unos minutos no pareció identificarlo. Quizá ya se habían olvidado de él, de su rostro. Pensó que era mejor así.
Y entonces lo vio.
Estaba con otra persona, recorriendo una calle cercana. No había cambiado en nada: el pelo negro, la piel blanca pero teñida por la suciedad, y tan delgado como siempre. Una serie de recuerdos abordaron su mente, reconfirmando el que había encontrado finalmente a su amigo de tantos años.
Empezó rápidamente a moverse entre los pasillos de aquel edificio, teniendo que parar en dos ocasiones para darle un descanso a sus piernas; el frío no paraba pese a estar a fines de invierno, y el haber tenido que escapar de Trevor y los demás no había ayudado para nada. De hecho no había ventisca, sino una leve nevada, pero aun así sentía que el frío estaba acentuado, pero tras unos minutos moviéndose entre departamentos abandonados, pasillos desordenados, y lo que antes fuera una tienda de alimento para perros, llegó a un departamento un piso sobre Mike y su compañero; no recordaba el rostro del segundo.
Sentía que con Mike no tendría problema, pero el desconocido significaba detección, significaba una bala antes siquiera de pensar. Chequeaba el estado de su cuerpo y sentía que no podría escapar a toda prisa nuevamente, al menos no sin repercusiones.
No tuvo otra opción: entre sonidos de cazadores comunicándose, esperó, esperó en una cocina, aprovechando de buscar algo para comer. Era cierto que tenía comida en su mochila, pero también era cierto que el no tener que ocuparla siempre era bueno, más en situaciones como ésa. Se preocupaba de revisar cada cierto tiempo por la ventana a Mike, si se alejaba demasiado, o si iba en otra dirección.
Pero fue tras unos diez minutos, que de repente no lo vio más, ni a él ni a su compañero. Se preocupó de inmediato, teniendo que pensar rápidamente en qué hacer. Pero la sorpresa poco duró, por cuanto sintió que de una patada alguien tiró la puerta del departamento, seguido de una voz. Era Mike.
Le había hablado a su compañero: iban a revisar el lugar, habían escuchado sonidos. Se escondió detrás de un mueble de cocina, siguiendo con su oído las pisadas de quien parecía ser Mike.
Sin embargo de un instante a otro sintió una pisada; el otro cazador había salido del departamento para entrar por una ventana a la cocina, flanqueándolo inmediatamente; en el mismo instante corrió hacia él, cuidando el sonido de sus pasos inconscientemente, para terminar con el desconocido contra la pared, con Ethan sosteniendo un cuchillo sobre el cuello del cazador.
Entonces se dio cuenta de que en esa situación no tenía otra opción: el desconocido gritaría por ayuda, y si lo dejaba ir él lo atacaría de inmediato. Dándose cuenta de la situación en la que se había puesto, hundió el cuchillo en el cuello del cazador, para luego sacarlo lateralmente, sosteniendo el cuerpo, para posarlo en el suelo, mientras se desangraba silenciosamente. Todo aquello no había pasado en más de cinco segundos.
No era personal, no sabía nada de aquella persona, ni nunca le había hablado, sólo era supervivencia.
Pero al voltear la cabeza se encontró con una pistola apuntándole directamente, con una cara que él mismo pudo ver cómo se transformaba, hasta un estado de final confusión. Mike lo había encontrado, lo había identificado, pero no entendía nada.
-Mike –atinó a decir, cuidando de no gritar, levantando las manos, dejando el cuchillo en el suelo –soy yo, Ethan… soy yo
Mike lo observó con los ojos abiertos a más no poder, detectando Ethan inmediatamente cierto aire retrospectivo que lo calmó y le dijo que pese a todo lo que habían pasado, pese a todo lo que habían tenido que hacer para sobrevivir, y pese a todos esos meses que habían pasado desde que Ethan se había marchado del grupo, se encontraba frente a la misma persona que había sido su compañero de curso de niños.
-Ethan… -hiló Mike
Pudo ver que su garganta temblaba, pero lo que siguió no pudo verlo.
Mike levantó su pistola y le disparó, fallado sólo por centímetros, y por el nerviosismo de la situación.
-¡Es Ethan! –gritó a los demás cazadores
Alcanzó a ver su rostro por unos instantes antes de correr a toda prisa. Pudo ver la expresión en la cara de Mike; no supo interpretarla, una mezcla de ira y tristeza. Sintió que uno de los dos había traicionado al otro, pero pese a lo que pareciera a priori, no podía decir quién lo había hecho.
Se lanzó desde una ventana de un segundo piso; la mezcla de frío y cansancio sólo hizo que la caída fuera peor, y la pierna izquierda le quedara dolida; no sabía si era grave, pero debía escapar, debía salvarse aunque se rompiera la pierna.
Los disparos no cesaron; pudo oír ciertos gritos de voces que le parecieron conocidas, que a lo lejos eran mensajes que le llegaban en la forma de vozarrones: "traidor", "¿ahora matas a tus amigos?".
Lo habían identificado, y por lo que oía era obvio pensar que lo habían relacionado con el tiroteo de la universidad; no estaban para nada lejos de la verdad.
Corrió lo más que pudo, pero sólo veía casas saqueadas y edificios pequeños. Durante un instante pensó en que ese era su fin, pero rápidamente combatió contra la idea, y decidió entrar a un centro comercial que parecía lo suficientemente grande como para perderlos.
Entró a uno de los locales del segundo piso, tras lo cual se sintió a salvo así fuera sólo por unos minutos, al menos hasta antes que ellos entrasen también en el complejo. Y fue ahí donde su pierna cedió y cayó al suelo, no sólo físicamente.
Recordó a John, recordó el haberle dicho de Mike, recordó haberle mencionado que era alguien a quien valía la pena salvar. Pero era la expresión que éste había tenido tras dispararle lo que lo tenía peor: no sabía si realmente lo había perdido, y de ser así, ante qué; sólo sabía que probablemente ahora también lo estaba siguiendo, entre un grupo de personas que lo llamaban traidor, con justa razón.
Y entonces escuchó cómo el grupo se adentraba entre los pasillos. Se intentó poner de pie, pero se dio cuenta lastimosamente que su pierna sólo le permitiría caminar; recordó cómo había corrido hacía sólo unos minutos, pero ahora parecía una tarea imposible, no sin antes desgarrar todo el tejido y no poder caminar más.
Estaban subiendo por las escaleras, escuchaba cómo se daban órdenes de hacia dónde ir. Y entonces oyó esa voz que temía: la de Francis, una voz ronca que hablaba con decisión y siempre con tono firme; quizá había sido algo que había aprendido con los militares, aunque nunca había pensado a fondo al respecto.
Se puso de pie y se dispuso a salir por una puerta trasera; no sabía si detrás de ella habría algo por donde huir, pero salir al pasillo era suicidio. Le dispararían hasta dejarlo en el suelo, y Francis le daría el tiro de gracia con su ballesta.
Pero cuando puso su mano en el borde de la puerta, para apoyarse, escuchó unos pasos detrás de él. Al mismo tiempo notó que la puerta trasera daba a un cuarto con una ventana demasiado pequeña para que él pudiera salir: estaba atrapado.
Se dio vuelta y vio nuevamente a Mike, apuntándole con su pistola directamente a la cabeza.
-Mike… -dijo Ethan, antes de caer al suelo, rendido por el cansancio y el dolor de su pierna, que ya no podía sostenerlo
Sólo lo miraba, miraba su rostro, mientras la pistola le apuntaba directamente entre los ojos. Había llegado a su fin, ingenuamente tratando de salvar a un amigo, y moriría en manos justamente de ese amigo. Pensó en su familia, su hermana, sus últimas palabras, John, Ellie, Salt Lake City; John terminaría su trabajo. Sólo así no sentía su vida inútil.
Pero luego se dio cuenta de que había estado demasiado ensimismado como para darse cuenta de que los segundos habían pasado; enfocó la vista y pudo ver a Mike aun apuntándole, pero con las manos temblando, hasta que finalmente botó la pistola.
Mike bajó los hombros, rendido, producto de una batalla que había mantenido durante todo ese tiempo, contra sí mismo.
-No puedo –dijo, para luego caer al suelo –no puedo
Ethan lo vio, respirando agitadamente, volviendo al mundo real, dándose cuenta de lo que pasaba frente a él.
-Casi me matas del susto –hiló, con su voz adolorida
-¿Por qué volviste? –Le preguntó Mike, mientras fuera del local se escuchaban las voces de los demás cazadores -¿por qué no te quedaste con tu grupo?
-Porque vine por ti –le respondió Ethan, con una leve sonrisa, aun con el dolor de su pierna –tú siempre has sido parte de mi grupo, así que vine a buscarte
-Tienes que irte, Ethan, vete lo más lejos que puedas; te matarán si te ven
-¿Crees que no quise hacer eso antes de que casi me mataras? –Era extraño, pero aun en esas circunstancias, podía tener un poco de humor, en un reencuentro así –no puedo correr
Pero aun con eso, podía ver la batalla mental que Mike tenía en su cabeza; sólo podía inferir de qué se trataba, con el conocimiento que tenía de la forma de ser de su amigo.
-¿Quieres que deje al grupo? –Le respondió Mike, con un tono angustiado –eso es imposible, Ethan, no puedo ser como tú, no puedo dejarlo… me dijiste lo mismo antes de irte, y te respondo lo mismo… sólo que esta vez no te puedo convencer de volver, porque no puedo mandarte a tu muerte
-Nosotros no somos esto, Mike… no nacimos para esto… míranos, en lo que nos convertimos, todo en nombre de sobrevivir, para que la muerte de nuestros padres no fuera en vano… para que la muerte de nuestras familias no fuera en vano… ambos juramos que haríamos lo que fuera para sobrevivir… pero creo que nunca deseamos que esto fuera en lo que termináramos… hemos causado dolor, y nos hemos vendido por una idea… por favor dime que no soy el único que cree eso, dime que no soy el único que ve a ese Ethan y Mike jóvenes con vergüenza de decirles en lo que me he convertido
Pudo ver que Mike soltó una delgada lágrima por su ojo izquierdo, aun en el suelo, a dos metros de él. La pistola seguía botada.
-¿Qué opción hay? ¿Unirme a tu grupo, esperando a morir en un tiroteo contra otro, o emboscado por infectados? No lo veo muy distinto de cómo hoy vivo
-No moriremos, Mike… nos uniremos a los Luciérnagas, encontraremos nuestro nuevo hogar con ellos, y más importante aún… encontraremos una cura para el virus… una cura
-¿De qué mierda ha-hablas? –Preguntó de inmediato Mike, con un tono indignado –llevan diciendo eso por años, nunca han llegado a nada
-Hay una niña… se llama Ellie –era curioso; jamás la había visto, pero sentía que la conocía de hacía años, que de confiar en alguien, sería ella sin duda alguna –y es inmune al virus… es inmune al Cordyceps, y basta que llegue a la zona de cuarentena de los Luciérnagas, para que gracias a ella se cree una vacuna… es posible acabar con todo esto, Mike
Notó que entonces la expresión de su amigo cambió a estupefacción. Ambos habían creído en un inicio las noticias de los Luciérnagas buscando una vacuna, hacía muchos años ya, y tras tantos años de desesperanza, pudo ver en Mike algo que él había sentido después de que John le hubiera contado sobre Ellie, en aquellos días en que ni siquiera sabían su nombre, y que se podía hilar en pocas palabras, que escondidas tenían todas las emociones que habían sufrido: "¿qué les tomó tanto?".
-¿Es posible? –respondió Mike, tras un silencio de varios segundos
Ethan pudo detectar que la pregunta era la misma que él recordaba con John, sólo que de otra forma. Recordó también preguntarse a sí mismo muchas veces la misma pregunta, de hecho la última vez que lo había hecho había sido en su última conversación con el Luciérnaga, antes de separarse.
-Sí –respondió Ethan, no pudiendo evitar que era una respuesta arriesgada, e incluso apresurada –es posible volver de todo eso… es posible volver a ser esos chicos de Jacksonville después de todo lo que hemos hecho, después de todos estos años, es posible redimirse… esa es mi razón de existir… por eso sigo viviendo… quítame eso… y no tendré jamás hacia dónde ir
Entonces notó qué había mantenido a su amigo por tanto tiempo con Francis: esa misma pregunta.
-Tienes dónde ir, Mike… tenemos dónde ir… me muero de ganas de ver aquél mundo que por tan poco tiempo vimos… en ese entonces no lo apreciamos… nos quejábamos de todo… ahora sólo quiero volver a ese mundo… tú también lo quieres, ¿no?
Mike puso su mano izquierda para tapar sus ojos mientras su cuerpo entero temblaba, para luego empezar a sollozar. Habían sido años y años en los cuales esa pregunta había tenido otra respuesta, en donde su vida había tenido otra respuesta.
Y durante un segundo, aun en la situación en la que se encontraban en ese lugar, pudo ver al Mike de trece años que había conocido en la escuela; de haber habido un espejo frente a él, probablemente se habría visto a sí mismo con esa edad también.
