Capítulo 15 –Nuclear

Habían sido momentos de calma, de incluso goce, dentro de un centro comercial lleno de cazadores, pero la verdad era que sólo habían durado no más de diez segundos: ninguno de los dos lo había visto venir, perdidos en sus pasados. Ethan sólo lo vio cuando ya era demasiado tarde, y algo dentro de él tembló, y le dijo que había llegado a un punto de su vida en que no sabía qué le pasaría.

Logró verlo, y recordó cada vez que lo había puesto como quien lo había llevado a esa vida, persona que le había enseñado cómo sobrevivir afuera, y a la vez le había obligado a vivir esa vida. Los años no habían pasado en vano.

Era Francis.

Una ira profunda entró en su mente, pero supo que en ese estado no podría hacer mucho contra él; sabía que incluso en buenas condiciones tendría un mal tiempo intentando enfrentarse con él. Y esa ira sólo incrementó cuando notó que tras haber entrado con una expresión alerta y apuntándole, bajó la pistola y sólo se quedó viéndolo. Si Mike hubiera hecho en el primer encuentro, se habría alegrado, pero sabía que con Francis era todo lo contrario. Mike no alcanzó a tomar la pistola que estaba en el suelo, pasando rápidamente a manos del cazador.

-No le creí a Mike cuando nos dijo que eras el traidor –dijo, con su voz seca y gastada, para luego mostrar una pequeña sonrisa –y por lo que veo convertiste a uno de mis hombres

Los meses no habían pasado en vano: su rostro se veía más cansado, y en general se veía más gastado; las canas en su pelo negro eran más numerosas, mostrando que estaba en los finales de sus cuarenta, pero no había enflaquecido, manteniendo su complexión un tanto robusta. Sus ojos azules sin embargo mostraban la misma determinación fría que él había visto durante los años en su grupo: no había cambiado en nada en ese aspecto.

-¿Vas a matarnos? –dijo Ethan, con voz dolorida y una ira contenida; estaba frente a no la fuente de todos sus males, pero sí un gran factor en su vida –así es como eres después de todo

-Mataste a varios de mis queridos compañeros… de tus compañeros… supongo la muerte es un castigo digno

-No has cambiado nada –respondió, respirando agitadamente

-Lees muy bien a la gente al parecer, ¿acaso crees que tú sí has cambiado?

-¿El irme de tu grupo no te responde nada?

Francis se acercó lentamente a él, para luego agacharse y quedar a su altura, viéndolo fijamente, dándole la ocasión para poder ver fijamente esos ojos azules que escondían al monstruo que él había visto durante todos esos años, monstruo que él luchó por dejar de lado.

-Las personas no cambian, Ethan, deja de engañarte, en el momento en que decidiste ser uno de nosotros sólo te liberaste de las cadenas que antes te ataban

Ethan lo observaba fijamente también, con una expresión de odio, mientras Mike, observaba todo desde su puesto; probablemente pensaba en qué hacer, dado que si decidía atacar a Francis, él llamaría a su grupo y acabarían ambos muertos. No escuchaba ninguna de sus palabras, ninguna palabra de alguien como él.

-Estás mintiendo, y nunca lo entenderás

-¿Entender qué? –Respondió Francis, con cierto tono cómico -¿entender que crees que tienes el derecho a pensar que eres una persona correcta? ¿Qué es una persona correcta, Ethan?

-Aquella que no acaba como tú

Su ira sólo incrementó al ver a Francis soltar una pequeña risa.

-Realmente me alegro de que te hayas ido, porque de no haber sido así no estaríamos teniendo esta conversación; cuando estabas con nosotros no tenías una boca tan grande, para hablar tanta mierda

Entonces de un grito llamó a los demás del grupo. Ethan y Mike supieron que el tiempo se había acabado, alcanzándose a mirar por un instante, pero sólo Mike pudo intentar atacarlo con un palo que estaba botado en el suelo, sólo para quedar en el suelo con la pistola de Francis apuntándole directamente a la cabeza. Ethan no se pudo mover mucho, y sólo pudo ver cómo la entrada se llenaba de cazadores, de entre los cuales podía distinguir a varios.

-¡No disparen! –gritó Francis, al notar que llegaban los primeros al lugar -¡Sólo miren! ¡Los traidores del grupo!

Nunca se había llevado muy bien con ninguno de ellos aparte de Mike, por lo cual sólo pudo ver expresiones de burla y desprecio entre sus antiguos compañeros, en medio de un mar de gritos e insultos; pedían sus muertes. Anteriores aliados ahora eran una turba que clamaban por sangre, aunque fuera la sangre de conocidos; los cazadores nunca habían formado una familia.

-¡Váyanse a la mierda, hijos de puta! –gritó Ethan, dándose cuenta de que no tenía cómo salir de ahí -¡vivan en sus infiernos! ¡Yo no volveré a eso!

Entonces notó que Francis se extrañó un poco, no supo decir en qué sentido, pero fue lo suficiente como para obligarle a nuevamente acercarse a él con aquél rostro que Ethan tanto odiaba.

-Ese es tu problema, Ethan… crees que esto es un infierno… ¿por qué no me lo dijiste antes?

Bastaba que diera la orden y acabarían los dos muertos.

-Yo te enseñaré qué es un infierno –terminó, para luego dar la orden

Sumergido en el horror pudo ver cómo varios cazadores acorralaban a Mike, para golpearlo, perdiendo de vista totalmente a su amigo y sus gritos, en medio de la turba, sólo para luego ver que lo habían atado por las muñecas y los talones, y entre varias personas comenzaban arrastrarlo mientras lo pateaban en el suelo.

-Tú también nos acompañarás –le dijo Francis, en medio de sonidos de gritos y disparos al aire, para luego darle un golpe en la cabeza, con el cual perdió la consciencia

Despertó en medio de una jaqueca horrible, producto del golpe, enfocando de a poco la vista hasta lograr ver algo. Se levantó, notó que era de día; inmediatamente empezó a inspeccionar el lugar, para darse cuenta con preocupación de que estaba en una celda, avejentada por el paso de los años, pero todavía funcional por cuanto los barrotes estaban firmes y un candado se encargaba de mantener la celda cerrada; se pegó a ellos, para notar con los ojos abiertos a más no poder que estaba dentro de una prisión.

Se preguntó inmediatamente cuántos días habían pasado; había sido un golpe, pero no podía haber sido mucho, pero la luz del día le daba a entender que había pasado al menos un día; debía ser temprano en la mañana.

-Despertó el traidor –escuchó por fuera, para luego ver a un desconocido acercarse a la celda

Seguramente era un miembro del grupo que se había unido después de que él se hubiera marchado. Pero inmediatamente el desconocido sacó una pistola y le apuntó desde detrás de las rejas.

-Debería matarte aquí mismo –le dijo con rabia, apuntándole con las manos ansiosas –entre los que mataste en la universidad estaba mi hermano, hijo de perra

Era desesperante estar en esa situación, detrás de rejas que le impedían cualquier defensa; era tan fácil matarlo ahí como matar a un perro.

-Detente Joe –escuchó una voz en tono de gracia –cuando tomo prisioneros es porque no los quiero muertos, ¿recuerdas?

Era Francis, quien había escuchado a Joe amenazarlo; éste último se contuvo y bajó su pistola mirando fijamente al líder del grupo, durante unos segundos de un silencio incómodo, para luego irse después de la orden.

-Dile a los demás que no se acerquen –le indicó a Joe, seriamente

Ethan sólo pudo ver que en esas palabras había algo para él, y no pudo sino sentir un pequeño temblor ante esa idea. Y fue esa idea la cual lo tuvo nervioso, encontrándose indefenso tras unas rejas frente a su anterior líder. Pero eso no le evitó recordar inmediatamente otra cosa.

-Dónde está Mike –le dijo, con una decisión que no creyó poder tener en una situación así

-Está cuatro celdas más allá, pero sigue aturdido por la tunda que le dieron

-Hijo de…

-Sigue vivo –lo interrumpió –deberías agradecerme, ¿no? Lo querían muerto por cambiarse de bando

-¿De eso se trata, no? –protestó Ethan –de "bandos", ¿no?

-¿Bandos? Lo veo más bien como individuos que eligieron voluntariamente cooperar; puedes perfectamente no pertenecer a ninguno

-… ¿Qué quieres? –estaba resignado a ese punto, temiendo lo peor, frente a lo peor

-Quiero saber dónde están los otros

La pregunta le heló la sangre; Liz, John, Dom, Julie, Mary y Matt. No podía permitir eso; su traba con Francis era personal, no podía siquiera dejar que ellos quedaran entrometidos en todo el asunto. Jamás dejaría que eso pasara.

-¿Qué otros?

En ese momento sintió un estruendo seguido de un dolor horrible en su antebrazo izquierdo; Francis le había disparado tan rápidamente que no se había alcanzado a dar cuenta de nada.

Cayó al suelo intentando tomar su antebrazo sin tocarlo, sintiendo la bala dentro de su cuerpo, causándole un dolor horrible, sin saber si había tocado o no el hueso.

-No me hagas perder el tiempo… sé que hubieron más en el tiroteo de la universidad

-¿También los quieres muertos, no? –respondió Ethan, levantando la cabeza lentamente, mirándolo nuevamente con odio –jamás los encontrarás

-Es una pena –respondió Francis, para alejarse de las rejas

Por un instante Ethan creyó que le dispararía nuevamente, pero esta vez en la cabeza o en el pecho, sin embargo lo que siguió no pudo esperarlo: vio que Francis se alejó, pero sólo para escuchar que le hablaba a alguien más, diciéndole que despertara. Sólo pudo escuchar mientras Francis golpeaba a Mike, quien gritaba del dolor por los golpes, los cuales a juzgar por el sonido eran hechos con una barra de metal.

-¡Déjalo! ¡Déjalo! ¡Hijo de puta! –gritaba a todo pulmón, sin poder ver nada desde su celda, sólo escuchando los desesperados y ahogados gritos de su amigo

No supo cuánto duró la golpiza, pues entre los gritos de dolor pudieron haber pasado sólo diez segundos, o más un minuto; el tiempo había operado de otra forma en esos fatídicos instantes. Sólo pudo escuchar los gemidos de lamento de Mike como prueba de que seguía vivo, así fuera lastimosamente.

-Ahora entiendes cómo son las cosas –le dijo Francis, para volver, con algunas manchas de sangre en la cara y en su ropa

Ethan sólo lo vio, deseando arrancarle el corazón del pecho con sus propias manos y destruirlo.

-¿Vas a permanecer callado hasta que Mike muera?

No podía.

Pero tampoco podía traicionar a sus amigos, no podía poner en peligro a Liz para quizá salvarse el pellejo; no podía venderlos. Pero a sólo metros de él se encontraba Mike sangrando y sufriendo: para ayudar a uno debía condenar al otro, y ni eso era certero.

No sabía qué hacer, y su cabeza daba vueltas entre todos los recuerdos que tenía con Mike, así con todas las conversaciones y momentos que había tenido con su nuevo grupo.

-Veo que estás pensando –le dijo Francis –eso es bueno; es un avance… te daré un tiempo para pensar… y ¿olvidé decirte que tenemos a un médico en el grupo? Por si recuerdas que tienes un amigo llamado Mike

Si había una forma de redimirse, de dejar atrás todo aquello que lo había perseguido todo ese tiempo, no era traicionando a sus amigos. Con el paso del tiempo sólo concluyó que de haber estado solo ahí habría elegido la muerte antes de vender a su grupo, los cuales a esa altura justificaban su salida; todo lo que había hecho durante esos meses habría sido en vano. Morir como un mártir anónimo, de las causas que aún no estaban perdidas. Nadie lo recordaría, pero eso ya no importaba.

Pero Mike estaba a su lado, y cada minuto que pasaba era uno en el cual él sufría por sus heridas, de las cuales ni siquiera sabía la gravedad con certeza, pudiendo sólo intuir a juzgar por lo que había escuchado. Intentó comunicarse con él, pero al parecer había quedado aturdido, si es que no inconsciente.

Recordó las palabras de Diane, en hacer grandes cosas; vio a su alrededor y sólo pensó en lo patético que se veía atrapado en una celda, y de lo ingenuo que había sido al haberse guiado a esa situación, si es que no ese final.

Si hubiera estado solo, qué fácil habría sido rendirse, sabiendo que John iba a ir con su grupo a Salt Lake City, iban a encontrar la cura e iban a reconstruir el mundo desde los Luciérnagas, el único grupo con valores morales como requisito de entrada. Dom y Julie iban a encontrar su lugar, Mary y Matt tendrían un descanso después de lo que les había pasado, y Liz quizá encontraría chicos de su edad. Recordó cuando podía intuir que entre Matt y Liz pasaba algo, que quizá serían pareja. Era alegre y triste pensar en esos días, y de cómo los sentía lejanos, entre rejas sin poder salir, y con una bala en el antebrazo.

Y no importaba si Francis lo sabía, no importaba si sabía de todos ellos, pues nunca los podría alcanzar, teniendo John y los demás caballos para ir más deprisa a Salt Lake City, no importaba que deseara con todas sus fuerzas alcanzarlos y matarlos, porque nunca podría.

Era casi seguro que de todas formas acabarían muertos, pero ésa era por Mike, y por Francis también.

-Decidí volver solo –le dijo a las horas después –mi grupo se fue a unir con los Luciérnagas; yo era el único con un motivo para volver acá

Francis no soltó un comentario sarcástico, ni tampoco le disparó, ni fue nuevamente a golpear a Mike, sino que lo miró fijamente, con la mano izquierda bajo su boca, pensativo. Era probable que, de alguna forma, le hubiera creído; de todas formas era la verdad y no sabría con qué más salir.

-¡Kent! –Gritó Francis hacia el lado -¡tenemos un herido!

Pudo ver cómo un cazador con una mochila abultada se acercó, para luego ir donde Mike, ante lo cual se tuvo que golpear mentalmente para convencerse de que estaban ayudando a su amigo.

No conocía cómo operaba la mente de Francis, pero entre las opciones bien pudo ver que igual le deparaba un mal final. Recordó las preguntas que lo habían abordado antes, pero pudo ver esta vez una decisión, una dolorosa decisión, pero que al menos, después de lo que había aprendido después de todos esos meses luchando contra su antiguo yo, valía la pena.

-Ahí lo tienes –le dijo –supongo ya no me necesitas… pero déjalo ir… por favor

Francis lo miró fijamente, y soltó una pequeña sonrisa, dando a entender que había leído la mente de Ethan, y lo que había tenido en mente en el momento en que había dicho esas palabras.

-No me malinterpretes, Ethan –le contestó –probablemente habría matado a tu grupo eventualmente, aun sin que me hubieras dicho dónde estaban… lugar que por algún motivo crees que es impenetrable para mí y que jamás podría alcanzar, único motivo por el cual supongo me dirías dónde estaban… si hubiera sido por la matanza de la universidad y los de tu grupo que escaparon, te habría matado tras intercambiar unas últimas palabras contigo cuando te encontré… créeme que después de eso recobrar a Mike habría sido sólo cuestión de tiempo… ¿recuerdas lo que te dije antes de traerte? Me dijiste que esto era un infierno, y te dije que enseñaría lo que era un verdadero infierno, y eso es lo que planeo hacer