Capitulo 6
Como cambian las estaciones
Era sábado y Chiaki se quedó durmiendo hasta tarde mientras Sayaka se había ido a su trabajo de fin de semana, ambas laboraban como vendedoras de ropa en una tienda en el centro comercial de la zona pero desde que Soichiro se cruzó en su camino todo en su vida cambió.
Zenki se encontraba en su habitación viendo la televisión, tenía hambre pero sabía que ya nadie lo alimentaba sino que ahora precisaba buscar un trabajo y así podría comer todo lo que quisiera, Sayaka le dejó un periódico con los posibles trabajos que él podía hacer al parecer la abuela Saki si hablaba en serio cuando le explicó que las cosas serian diferentes en la ciudad. Como suponía que Chiaki no quería verlo decidió ir a buscar el trabajo que a regañadientes tenía que hacer, se colocó unos pantalones negros y una camisa negra, al salir pudo ver que la sacerdotisa se encontraba en la cocina preparando algo.
-Ya te lo dije si quieres comer tendrás que buscarte tu comida, yo no te voy a alimentar Zenki- dijo ella mientras removía la sopa de fideos, esperó a que le respondiera con una de sus acostumbradas patadas pero solo escuchó el cerrar de la puerta principal, sencillamente se había ido sin responderle nada, siempre acostumbraba a reclamarle y en especial si era relacionado con la comida pero esta vez solo la ignoró. Sin darle importancia al asunto volvió de nuevo a su tarea culinaria.
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Zenki caminaba sin rumbo fijo por las calles de Tokio pensado en Chiaki, por alguna extraña razón se sentía dispuesto en esta vez complacerla en lo que le pidiera y no llevarle la contraria como acostumbraba hacerlo, desde que comenzó a vivir en esa forma humana empezó a entender los sentimientos humanos y del por qué aparecían de pronto en determinadas circustancias, antes solo le importaba en luchar, comer y obtener todas las semillas del mal que fuera posible, ahora todo era distinto, en ese instante veía las cosas con una mirada diferente a como lo hacía antes, entendía la forma en que los humanos vivían y por primera vez algo en él nacía y ese "algo" comenzaba con Chiaki. Mientras recorría una cuadra, observó a lo lejos el nombre de un centro comercial que coincidían con varios de los enunciados del periódico -Bueno veamos cómo me va aquí- murmuró.
Durante toda la travesía ninguna de las tiendas le ofreció el trabajo, unas le pedían que llevara algunos documentos con sus datos y experiencias laborales junto con mucho papeles más, otros le hacían preguntas personales que él respondió con un simple "Eso no le importa", y la gran mayoría solamente le dijeron que no solicitaban un "Heavy", metalero o simplemente un hombre de mal aspecto, así que salió de ahí sin ánimos de seguir buscando un empleo. Cerca de donde estaba había una pequeña cafetería que de lejos se veía que estaba en malas condiciones, él revisó sus bolsillos y vio q tenia algunos billetes de yenes que solo le alcanzaban para un café, el destino no hallaba como castigarlo. Cuando estaba entrando en el local, encontró a una pequeña abuela detrás del mostrador siendo sometida por tres hombres corpulentos de traje.
-Por favor señores, denme un poco más de tiempo y les pagaré lo que les debo, por favor se los suplico- exclamaba la anciana.
-Lo siento abuela, pero ya sabe como son las reglas… ¡O pagas o pagas!- uno de los grandulones tomo varias cajas del recibidor y se las llevó mientras que el otro comenzó a patear todas las cosas que habían en el sitio. La pobre anciana no sabía qué hacer solo llorar de desconsuelo por lo que le hacían, Zenki al ver esto no pudo resistirse en intervenir.
-Ja nunca pensé que unos grandulones como ustedes se metieran con personas que no pueden defenderse, como se notan que han caído tan bajo que prefieren robarle a una pobre anciana…patético-
Los maleantes se voltearon inmediatamente al verlo frente a la puerta iluminado como si fuera un héroe de comics por los rayos del sol, uno de ellos se acercó hasta donde estaba él y tocándolo en el hombro con el dedo le preguntó - ¿y Quién eres tú y que haces tú aquí? ¿Acaso no sabes quienes somos? Te arrepentirás de haberte metido con nosotros pelirrojo-. Zenki se le quedó mirando fijamente a los ojos y le respondió - ¿Y tú no sabes quién soy yo, verdad?- el hombre que tenía en frente de él temblaba de miedo al ver como se transformaba a su verdadera forma.
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Chiaki estaba lavando los enseres cuando el timbre comenzó a sonar, después de secarse las manos fue abrir la puerta descubriendo detrás de ella a sus amigas Ako y Ayame.
-Hola Chiaki, vinimos a buscarte, colócate los zapatos y acompáñanos- Exclamó Ayame con una sonrisa de oreja a oreja.
-¿Qué están tramando?-
-No preguntes y vente tenemos mucho que hacer y el tiempo corre, vamos confía en nosotras-
-Está bien, déjenme buscar mi cartera y mis zapatos- dijo Chiaki mientras corría a su cuarto para buscar su bolso y sus zapatos mientras sus amigas la esperaban en la sala.
Después de haber salido del edificio apresuradas, Chiaki les preguntó a sus amigas a donde iban a los cuales ellas solo le respondieron "es una sorpresa", a ella le daba curiosidad saber que estaban planeando sus amigas pero solo le quedaba confiar en ellas y rogar de que no hicieran algo alocado.
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La suerte de Zenki había cambiado mejorablemente, después de haberle dado una paliza a los tres ladrones que acosaban a la anciana, llegó a un acuerdo con ella de trabajar y ayudarla a cambio de que le ofreciera algo de comida y dinero, la abuela estaba encantada de que él se hubiera aparecido en ese momento ya que después de haber corrido a los malos, Zenki la ayudó a reparar la mayor parte del negocio además de limpiarlo, pasaron todo el día arreglando y mejorando el local, al menos ahora se veía más decente que la última vez.
Al llegar al departamento cansado y con hambre, no pudo dejar de escuchar las voces y las risas que salían de la habitación de Chiaki, se preguntaban que estarían haciendo adentro pero decidió aprovechar la situación para tomar algunas cosas de la nevera, esta vez usaría los enseres para servirse.
-¡Jajaja Chiaki te ves fabulosa! vamos a la cocina para prepararnos unas botanas, esto hay que celebrarlo- escucho decir Sayaka acercándose hasta la cocina, también pudo oír que detrás de ella venían las demás. A Zenki no le dio tiempo de probar los fideos que se terminaron de calentar en el microondas cuando vio al grupo de chicas en la sala observándolo, pero fue cuando vio a Chiaki que se quedó estupefacto.
Ella ya no tenía las usuales coletas sino que ahora el cabello estaba suelto y cortado hasta los hombros con algunos mechones recogidos atrás con un sujetador, llevaba unos leggings negros con una camiseta blanca y un cinturón rojo, se podía ver las curvas de su cuerpo más sensuales que antes; ahora estaba maquillada de forma sutil, los labios llevaban un rosa claro que les hacía ver carnosos, sus ojos estaban delineados haciéndolos ver más definidos y con una sombra roja delicada que la colocaba sexy. Estaba hermosa, muy hermosa.
-¡Zenki cuantas veces te tengo que repetir que no quiero que toques la nevera!- su grito lo hizo volver a la realidad y se dio cuenta que lo agarró con las manos en la masa- lo siento pero tengo hambre y en el trabajo que conseguí no me pagan todavía-
-Sí pero no debes… espera ¿Conseguiste trabajo? ¿Dónde y cómo?- pregunto ella atónita con los brazos cruzados en el pecho, no creía lo que sus oídos escuchaban.
-En una pequeña cafetería cerca de la calle Shinjuku-dori, la anciana que lo atiende me dijo que necesitaba a alguien que le ayudara a levantar y recoger las cajas y los paquetes que llegaran, arreglar algunos desperfectos de la tienda y a atender a los clientes así que acepte y empecé a trabajar desde hoy, pero como te dije todavía no tengo dinero para comprar mi comida- dijo mientras se volteaba para sacar los fideos del microondas. No quería contarle los detalles de cómo convenció a la dueña.
-¡Guao! esa es una buena noticia ¿no te parece Chiaki?- las chicas tampoco salían de su asombro en especial Sayaka.
-Sí, lo es- Chiaki no dejó de mirar a Zenki mientras tomaba el plato de fideos y el vaso con jugo que alcanzó de la nevera, después se fue a su habitación sin decir una sola palabra, no pudo creer que después de años de peleas le hiciera caso por primera vez sin gritarle o decirle algo estúpido, notó un cambio en él que seguramente las chicas no percibieron.
