Capítulo 16 –Infierno

Las pestañas le dolían, así como sus ojeras.

Miró hacia los lados, notando que estaba tirado en el suelo.

Nada había cambiado: de a poco fue reconstruyendo lo que su memoria podía retener de lo más reciente, sólo para recordar las torturas, las golpizas, las heridas, los gritos.

No sabía cuánto tiempo llevaba ahí, no sabía dónde estaba Mike, ni si estaba vivo. Lo único que lo acompañaba era un sentimiento de desolación que jamás había conocido.

Iba a morir, o al menos estaba en la parte de su vida más cercana a la muerte.

Había perdido la cuenta de cuántas veces se había imaginado estrangulando a Francis con todas sus fuerzas, pero tenía tan pocas fuerzas que ni odiar podía en ese momento, sólo pudiendo sentir la frialdad del piso en su mejilla izquierda.

Recordó haber estado gritando, haber maldecido de todas las formas posibles a quien se ponía frente a los barrotes. Buscó cientos de formas de escapar, usando cada pequeña cosa que tenía en su celda, ya fuera una piedra un poco más delgada que su dedo índice, una cubeta para hacer sus necesidades, la cual nunca sacaban y estaba empezando a generar un olor insoportable, e incluso las patas de la cama de la celda, que sólo consistía en fierros oxidados; recordó haber intentado dormir ahí a la segunda noche, pero había terminado en el suelo por temor a cortarse con algún fierro e infectarse.

Pero fue ese día, descubriendo luego que era temprano en la mañana, que Francis decidió sacarlo de la celda; Ethan lo habría golpeado, e incluso se habría arriesgado a intentar quitarle su pistola, pero su cuerpo no daba más: las heridas, los moretones y la falta de alimento de a poco degeneraban sus fuerzas, sin hablar de que las pocas fuerzas que tenía las gastó en un grito al darse cuenta de que todo su cuerpo estaba ardiendo de dolor, terminando como un saco que Francis llevó hacia un cuarto más grande, que en un pasado debió haber sido una oficina.

Terminó en una silla, considerando que las ataduras que le había puesto en las muñecas eran innecesarias totalmente, mirando el suelo con la cabeza gacha, el suelo estaba degradado por el paso del tiempo, oxidado y sucio.

-Venga, despierta –escuchó con una voz animosa –quiero charlar un poco

Sintió vagamente como Francis tomó su cabeza y la levantó, apoyándola en el asiento. Pudo ver el techo oxidado y avejentado, tanto sino es que más que el piso.

-Me odias, ¿no? –preguntó Francis, mientras Ethan lo veía fijamente, notando cómo no podía mover la boca a disposición, sin poder responder sin hacer gemidos de cansancio y dolor

Y Francis lo observó mientras intentaba articular siquiera la respuesta afirmativa, pero lo encontró imposible, como si su boca ya no estuviera bajo su control. Se sentía perdido y le costaba concentrarse con tantas cosas en la mente, pero hacía lo posible por mantenerse enfocado en la persona que más odiaba.

-Y me quieres matar

Eso era lo que más quería, quería ver su vida irse de su garganta siendo apretada entre sus manos.

-Ahora dime, ¿en qué nos diferenciamos?

Fue esa pregunta, esa pregunta de mierda la que le recordó nuevamente todo por lo que había pasado desde su huida: quiso con todas sus fuerzas gritarle que se muriera, torturarlo como él lo había hecho. Hacer que sufriera.

-Te traje para conversar, no me ignores

No creyó que seguiría con fuerzas para hacer vibrar sus cuerdas vocales nuevamente, pero cuando Francis se acercó a su cabeza, para con un cuchillo cortarle completamente la parte superior de su oreja izquierda, que lanzó un grito desesperado que bien se pudo haber escuchado en toda la prisión.

Respiraba agitadamente, con un dolor insoportable, jadeando a todo pulmón, con la cabeza totalmente rendida baja, notando como la sangre se escurría bajando por su mejilla.

-Kent –dijo hacia afuera del cuarto, a quien probablemente estaba a sólo metros de la entrada –trata la herida; que no se infecte

Para la noche, lo único que siquiera lo alegró un poco fue el haber visto a Mike en otra celda mientras lo cargaban de vuelta a la propia, pero costaba poder siquiera lograr estar alegre por un instante sintiendo aun el dolor de la cauterización. Pudo ver como Francis tomó su oreja y la lanzó por una de las ventanas.

Tenía que buscar la forma de salir. Tenía que decidirse a sobrevivir, o sería cortado pedazo a pedazo hasta que no quedara nada de él.

Pero era tan difícil; en su mente costaba no asociar eso a una fantasía ingenua, y eso era apoyado porque Mike no parecía haber sido torturado más allá de aquella conversación que había tenido con Francis.

-Toma –escuchó en la reja; era él –si no comes nada te morirás por inanición, ahí tienes

Movió lentamente la cabeza, cuidando de no rozar su oreja con el frío del suelo, para ver una bandeja con comida y una taza probablemente con agua.

-Aprovecha el agua –le dijo, mirando la taza –se acaba el invierno; el agua extra de la nieve se va a ir con la llegada de la primavera, y tendremos que usar sólo la que tenemos… ahí lo pensaré dos veces antes de darte una taza… que tengas una buena noche

Y odió a Francis una vez más, y se odió a sí mismo, cuando lastimosamente junto las pocas fuerzas que todavía podía conservar, para arrastrarse hacia la bandeja, y guiar torpemente la comida a su boca, sólo después de que Francis se hubiera retirado. Todo ese odio, y todo ese orgullo. No le quedaba nada; estaba comiendo de la mano de su amo. Se sentía sucio, se sentía humillado, pero por él mismo. Si hubiera tenido las fuerzas para hacerlo, habría adoptado una posición fetal.

Al día siguiente se despertó al ritmo de unos golpes a los barrotes. Abrió los ojos, sintiéndose un tanto mejor, sólo para ver a Francis.

-¿Qué… quieres ahora? –moduló lentamente Ethan, pudiendo finalmente contestar

-Quería ver esto; ahora podemos charlar un rato

-Yo nunca haría esto por placer, como tú

Era la respuesta a la pregunta del día anterior; si hubiera podido hablar en aquella ocasión le habría gritado un mar de insultos, y de poder haberse movido habría intentado matarlo, aunque le hubiera costado la vida.

-Tus asunciones me incomodan, pero para eso vine; mi incomodidad es lo único que los mantiene vivos –se refería a Mike

-¡¿Acaso te sientes mal mientras me golpeas y mutilas?! ¡¿Qué mierda hacen acá?!

El silencio en la prisión, o al menos el interior, era sepulcral, por lo cual bien aquella protesta se pudo haber escuchado desde fuera mismo. No soportaba tanto cinismo.

-Tu estupidez es la que me molesta, más aún después de pasar todos estos años vivo

-De qué mierda hablas…

-¿Por qué luchas? ¿Por qué sigues viviendo?

-Por mis seres queridos, algo que nunca conocerás, por una oportunidad para todos

-Y supongo tú estás dentro de ese "todos", ¿no?

-Sigue en tu locura, que ahí morirás, como la triste excusa de persona que eres

-Es curioso, según yo tú eres la excusa, y además dices que nunca sabré lo que es un ser querido, ¿crees que nunca tuve padres que me amaran?

-Siento pena por ellos, si es que siguen vivos, de haber criado a alguien como tú

Francis se quedó mirándolo, con una pequeña sonrisa, fijamente, para luego desviar la vista al suelo y al techo, manteniendo aquella sonrisa, que Ethan no pudo distinguir ni entre burla ni cinismo.

-Murieron hace mucho… volveré en unas horas; hasta entonces te dejo de tarea que averigües qué los mató

Y nuevamente vio una bandeja con comida y agua en su celda, bandeja que vio con desprecio y una increíble pena a la vez, sabiendo lo que significaba. La presencia de Francis no ayudaba para nada, sintiéndose obligado a mirarlo en todo momento.

-No seas idiota, Ethan; comiste ayer después de que me fui… no hay diferencia de si comes frente a mí o no

Ethan lo observó con odio, sin acercarse a la bandeja, captando el mensaje que había ahí.

-Cambié de opinión: me iré después de que comas, después de eso te daré un tiempo para pensar… tenemos todo el tiempo del mundo, nuestros compañeros están saqueando todo lo que hay en esta ciudad; la universidad en la que mataste a nuestros hermanos tiene varias cosas en los distintos edificios, así que tómate todo el tiempo que necesites

No tocaría el plato, no tocaría el plato. No lo tocaría. Su estómago sonaba contra su voluntad, y notaba cómo Francis sonreía levemente al notar aquél sonido, aquél grito del cuerpo. No podía.

-¿Haces todo esto porque uno tipos mataron a tus padres? –dijo Ethan, luego de dos horas teniendo a Francis tras las rejas, con el plato intacto

-Mierda, Ethan, ¿tuviste dos horas para pensar y sales con eso? No sé si eres un idealista más o un imbécil

-Nunca entenderás que la única forma de parar eso es acabando con este mundo

-¡Ahí está! –exclamó Francis, apuntándole con el dedo, con una expresión de inmediata alegría –es esa ingenuidad mezclada con malicia la que te tiene acá

-¿De qué mierda hablas?

-De tu mundo, Ethan, mundo que ni siquiera fue tuyo para empezar

Ethan lo observó con una expresión de desagrado y hasta asco.

-Estás loco, no tienes vuelta atrás –le dijo al hombre que se atrevía a preferir el Cordyceps

-Tenía seis años cuando mis padres murieron, Ethan; no fueron los infectados los que se los llevaron, ni los militares reyes de las zonas de cuarentena: fue tu mundo, el mundo que tanto añoras no me dio más que tragedias

-¡Y crees que esto lo arregla! Sólo estás cegado por una ridícula venganza, ¿te das cuenta de cuánta gente está muriendo ahí afuera ahora mismo? Sin contar con cuántas personas han muerto en tus manos

-Volveré en un rato más, para que comas algo… al parecer sin comida te vuelves básico y todavía más predecible

Ethan no sabía qué hacer ya, para cuando comía del plato que le garantizaba durar más horas; daba la idea de que todo sería mejor si se muriera antes, pero algo lo aferraba a la vida, aun cuando sabía que su grupo estaba a salvo.

-Buenas tardes, compañero mío –escuchó a las horas después

-¿Quieres convertirme a tu forma de pensar? ¿De esto se trata todo? ¿Reclutar seguidores? Noté que tenías carisma, pero nunca pensé de ese tipo

-En la práctica podría decir que así es, pero es por otros motivos… eso me recuerda, el otro día entre gritos me preguntabas qué hacía aquí… supongo es hora de que te responda… al poco tiempo de que te fuiste, llegaron nuevos turistas… sólo que eran militares; nos vimos superados en armamento, número y capacitación: intenta lanzarle bombas molotov a un tanque…

-Se lo merecían –dijo Ethan, recordando el rumor que había oído por parte de Rick

-¿Eso opinas? Nosotros matamos para sobrevivir, ellos hicieron lo mismo con nosotros

-No me vengas con esa mierda

-Vivimos en un mundo limitado, Ethan, los recursos son escasos, y nunca tendremos certidumbre de nada, ¿crees que podremos morir en paz, de viejos en una cabaña? No puedes apartarte de los demás e intentar vivir bien contigo mismo, porque vendrán por ti; el fuerte se come al débil, pero ¿qué hay de malo en ello?

-¿Qué sabes de eso cuando tú nunca has sido el débil?

-Al contrario Ethan, yo comencé siendo el débil, en tu mundo, el mundo que tanto aprecias, y pude ver a través de todos los demás; pude ver lo enfermo que estaba el mundo, pude ver el sufrimiento en primera fila, pude ver la agonía, y sobre todo: pude ver la falta de sentido de todo

-¿Y crees que este mundo es mucho mejor que ése?

-¿Qué es lo mejor, Ethan? En mis tiempos habían dos grandes grupos que te decían qué era lo mejor, y dependiendo de en qué grupo nacías adoptabas uno de esos ideales: unos decían que debíamos unirnos como hermanos y abrazar al prójimo como a nosotros mismos, porque todos componíamos un gran cuerpo que abarcaba todo el mundo; el otro gustaba de secularizar grupos, mantener tradiciones y culturas, sin descuidar al prójimo… ¿y sabes la mejor parte? Eran dos grupos que buscaban lo que ellos creían paz, pero siempre acababan en guerras, guerras sin sentido, en las que moría gente que nada tenía que ver con estos dos grupos. Si pertenecías a uno, comandabas a otros a morir por ti, y si no pertenecías a ninguno en especial, te convertías en el pasto que pisaban en sus guerras de interés

-Hoy mismo la gente también muere sin sentidos; nada ha cambiado

-Todo lo contrario: tú eres justamente la prueba de cómo todo ha cambiado, estamos en otra era, Ethan: la última era del hombre, y no podía ser de otra forma

-Has perdido la cabeza…

-Aprende a valorar tu vida, Ethan; si así fuera no estarías detrás de esos barrotes, en ese estado, ¿cuánto ha pasado desde que no te ves en un espejo?

Sabía que tenía moretones y heridas en todo el cuerpo, sin olvidar que sólo tenía la mitad de su oreja izquierda, pero no se había visto ni siquiera en el reflejo de algún charco de agua desde que había entrado ahí, pero recobrando fuerzas se levantó: mientras siguiera pareciendo una persona, nada le importaría.

-Cuando descubres que nada de lo que tengas te alcanzará, te ves obligado a depredar a otros: en mis tiempos el problema era la autoestima, y al no tenerla buscaban de cualquier forma llegar a las cimas que sus sociedades les decían: no importaba el cómo, ni a cuántas personas desaparecería, pero a diferencia de eso, lo que hay ahora es pura supervivencia; tu vida es tu valor más preciado, y tu necesidad de pasar la antorcha te mueve a no morir, ¿quieres que tus ideales de paz y filantropía no se pierdan con tu muerte, ¿no?... La búsqueda de la paz impuesta es lo que ha motivado a todos los conflictos que el mundo ha sufrido: tu ideal llevó al mundo a la ruina

-Cállate –dijo Ethan, apoyado en una pared; sus piernas no soportarían mucho más su peso, pero esta vez por el dolor

-Que duermas bien, Ethan –le dijo Francis, apartándose –y por si acaso, en mi ausencia de hace poco te acabas de comer lo poco que quedaba de Mike; aquí tienes uno de sus dedos, de recuerdo

Ethan abrió los ojos a más no poder, para mirar la bandeja vacía y ver el dedo que Francis arrojó a la entrada de su celda, sólo para llevarse las manos a la cabeza, y gritar frente al horror que tenía frente a él. Se lanzó al suelo, cayendo sobre la parte izquierda de su cabeza, causándole un dolor terrible en su oreja, pero de nada le sirvió para traerlo de vuelta a la tierra: empezó a dar gritos ahogados interrumpidos por sus sollozos, mientras sus ojos se humedecían rápidament Para rápidamente dar paso a náuseas y vómitos incesantes. Vio a Francis levantar sutilmente el extremo derecho de su labio, para luego irse.

No era nada ya.

No podía.

Mike.

Su ingenuidad.

Si hubiera dejado a Mike en el grupo, y hubiera seguido su camino a Salt Lake City.

Quería volver, volver con Liz y John.

Discutir con Dom, conversar con Julie.

Sólo quería irse.

Todo era su culpa.

-Ethan –dijo, atrapado en su mente –Ethan…

Quería escapar, pero no podría. No sabía qué hacer: maldecía el seguir viviendo, y maldecía la incapacidad de resistirse al alimento, maldecía al apetito. Maldecía al ser humano y sus necesidades. Se maldecía a sí mismo.

Sólo quería morir, y reunirse con su familia, y esperar a que pasaran los años, para volver a ver a sus amigos, al otro lado. Quería estar con Mike como antes, y no como en sus últimos momentos.

Se preguntó por qué, después de la muerte de Diane, aquellos militares no lo mataron cuando intentó entrar a Boston.

-Ethan –escuchó tarde en la noche, siendo despertado por Francis –quiero que veas esto

Y entre gritos e insultos, pudo ver cómo en el pasillo frente a su celda pasaban varios cazadores, con gente atada de pies y manos, algunos con moretones y heridas, otros inconscientes.

John, Dom, Julie, Matt y Liz.

Estaba en el infierno.