Capitulo 7
Miradas a través del cristal
-¿Chiaki tú crees que Zenki nos dijo la verdad anoche sobre que estaba trabajando?- preguntó Sayaka sentada en el sillón comiendo palomitas de maíz y viendo la televisión con Chiaki, ambas se quedaron extrañadas de que Zenki saliera en la mañana a trabajar.
-No lo sé Sayaka, me parece demasiado extraño que él hubiera buscado un trabajo con lo flojo y haragán que es-
-Lo sé por eso te pregunto, no se tu Chiaki pero yo lo veo un poco más cambiado, ahora está más tranquilo y "obediente", ¿No viste como se te quedó mirando fijamente cuando lo vimos en la cocina?-
-¿Qué- que estas insinuando Sayaka? Zenki a pesar de que sea hombre no quiere decir que tenga atracción por las mujeres, es decir, a él siempre le han interesado es su orgullo, su estomago y las batallas, su cerebro no está pendiente de una chica-
-¿Y cómo lo sabes?- Sayaka se le quedó mirando de una manera sospechosa a su amiga.
-Por qué…por qué yo sé como es Zenki y desde que lo conozco el no ha mostrado algún interés por alguna mujer, además lo que estamos hablando es de cómo consiguió trabajo ¿no?-
-Pues si pero ¿Qué pensarías tu si Zenki se enamora de una chica?- Chiaki en ese instante se sonrojó ante la pregunta porque ahora que lo recapacitaba nunca había pensado en eso, Zenki jamás demostró sentimientos de cariño o amor por alguien y ella no sabía si en realidad los sentía, nunca pensó en él como una persona que tuviera un corazón capaz de sentir porque sencillamente a él no le importaba en lo absoluto.
-Nada porque simplemente Zenki no es humano y él no siente las emociones y los sentimientos, recuerda que varias veces dijo que los sentimientos humanos le eran indiferentes y no deseaba tenerlos pero cambiando de tema, aún me preocupa donde pueda estar trabajando ¿y si vamos a ver donde esta?-
-Pero no sabemos donde pueda estar esa cafetería ni sabemos cómo se llama-
-Zenki dijo que era cerca de la calle Shinjuku-dori así que podemos empezar por ahí-
-Jajaja tienes curiosidad de ver que hace el allá ¿No es cierto?-
-Claro que no, solo quiero verificar si en realidad está trabajando o es una excusa para salir de la casa-
-Está bien me voy a bañar para irme a vestir- dijo a la vez que se estiraba y luego apagaba el televisor.
-Yo también, quiero estar presentable- Sayaka se giró al ver a su amiga con picardía, ella se sonrojó y protestó- Quiero estar presentable porque…. Porque si me consigo un chico lindo trabajando con él tengo que estar bonita- Sayaka se fue a su habitación riéndose por dentro, quizás ella podía hacer algo para esclarecer la situación entre su amiga y el nuevo inquilino, las ganas de actuar como Cupido le entusiasmaba bastante.
En la calle, Chiaki y Sayaka estaban caminando por uno de los paseos principales de Shinjuku-nori observando por todos lados a ver si conseguían la cafetería, pero era casi imposible porque cada vez que veían una tienda de ropa se acercaban a las vitrinas por lo cual se distraían fácilmente. Ya al final del camino se encontraron con un local pequeño que estaba en malas condiciones, sino fuera porque Chiaki ya conocía el color rojo intenso del cabello de Zenki hubieran pasado de largo. -Creo que ya lo encontré- dijo Chiaki mirando a Zenki afuera del negocio limpiando la vitrina.
-Guao sí que necesitan un arreglo, esa cafetería esta que se cae con un soplo-
-Vamos tenemos que ver mejor esto- Chiaki jaló por el brazo a su amiga y se dirigieron donde estaba Zenki. -Aún no me creo que limpies mejor los vidrios de este negocio que las ventanas de la casa en Shikigami-sho- exclamó la chica sacerdotisa sin quitarle la mirada al hombre que estaba frente a ella. Zenki se giró al escuchar la voz de Chiaki, y efectivamente ella estaba ahí con su amiga Sayaka, y como la vez anterior se quedó hipnotizado al verla en jeans con una franela amarilla y el cabello suelto, lo que más le llamó la atención fue su mirada fija en él, sus ojos eran atractivos y escondían una cierta picardía y sensualidad.
-Holaaa- Sayaka colocó su mano frente a él para despertarlo de su hipnotismo, Chiaki soltó una pequeña risa tapada con su mano. Zenki meneó la cabeza sonrojado y enseguida se dio la vuelta al vidrio para que no le miraran el rostro -¿Qué hacen ustedes aquí?-
-Vinimos a ver en donde trabajas, al parecer este lugar necesita mucho quehacer - Chiaki se acercó a la vitrina para mirar por dentro colocándose al lado de él. -¿Y la dueña del local?-
-está adentro limpiando creo- Zenki miraba al lado contrario donde estaba la joven para no verla, ya había quedado como un tonto dos veces al quedarse impresionado por su presencia, cuando la observó hace un momento no podía evitar verla muy atractiva. En ese instante se acercó una anciana de baja estatura donde estaba el grupo reunido.
-Zenki-san necesito que….ah hola buenos días, lo lamento pero estamos en remodelación en este momento- exclamo la señora haciendo una reverencia.
-Buenos días señora, nosotras somos amigas de Zenki, yo soy Enno Chiaki y ella es Takashi Sayaka y vinimos a visitarlo a su trabajo pero al parecer tienen mucho que hacer- respondió Chiaki con una reverencia.
- Es un placer conocerlas, mi nombre es Miyazawa Nagi, pero pueden decirme abuela Nagi como todos los que me conocen y si mis niñas este local necesita mucha ayuda que no se si podre continuar con este negocio- Exclamó la anciana con un tono de tristeza, le tenía mucho cariño a la cafetería y le deprimía pensar en la posibilidad de venderlo.
-Pero si quiere la podemos ayudar, ocho manos valen más que cuatro y Chiaki y yo tenemos bastante creatividad para colocar este sitio un toque femenino, ¿no te parece Chiaki?- Sayaka le picó el ojo a su amiga que afirmó todo lo que dijo ella.
-¿De verdad lo harían? ¡Qué estupendo! Ahora si podré sacar esta cafetería adelante, si es así acompáñenme adentro para decirle en que me pueden ayudar-.
Las chicas siguieron a la abuela Nagi que entró enseguida al negocio, Zenki miraba a través de la vitrina como Chiaki se sentaba en uno de los asientos del recibidor y hablaba junto con las otras dos personas, repentinamente ella giró para verlo y sus miradas se encontraron por unos instantes antes de que él volteara la vista para otra parte y ella observara varias hojas que la anciana le enseñaba.
Mientras pasaban las horas, las cuatro personas trabajan afanosamente transformando el local, Sayaka y Chiaki limpiaban los estantes para después colocar las cajas de dulces y chocolates, la abuela estaba en la cocina arreglando los platos y cubiertos en las gavetas y alacenas, mientras Zenki cargaban y distribuía las cajas para meterlas en los almacenes. Después las chicas arreglaron las mesas con sus sillas, colocaron los manteles y acomodaron los cuadros y cortinas, la anciana se concentraba en los pagos de las deudas que tenía que solventar al día siguiente en la mañana. Al final del día la cafetería había quedado renovada en su totalidad; y las miradas inocentes no dejaban de suceder.
