Capítulo 17 -Tocando fondo

-Déjalos ir, déjalos ir, yo fui el que te desafió, yo fui el que renegó de tu grupo, yo fui el que mató a los cazadores en la universidad, yo maté a Pat y a Howard…

-No

Y en medio de la noche, más resonaron los gritos de Ethan, quien clamaba por libertad para sus amigos, quien gritaba a los mismos para que huyeran, sin escuchar ninguna respuesta. El escándalo producido por los demás cazadores ya había cesado y sólo podía escuchar el propio, que de a poco parecía cada vez más inútil. No podía estar pasando, y él no podía estar viviéndolo.

-Tranquilo, mañana podrán verse, y charlar un rato

Todo estaba perdido si no hacía algo pronto; ya no era sólo su vida, ya no era sólo él. Todo por lo que había luchado peligraba, su sentido peligraba.

-Parece que conozco mejor a los de tu tipo que tú mismo

Tenía que actuar.

No supo en qué punto de la noche logró quedarse dormido nuevamente, pero no tardó en llegar nuevamente al amanecer; ya no sabía cuánto tiempo llevaba ahí. Pero al menos sabía que los demás sólo habían pasado ahí la primera noche.

Y fue temprano en la mañana que Francis lo sacó a punta de pistola, junto a otros cazadores, dado que ahora estaba en un estado relativamente mejor que en los previos días, lo suficiente como para oponerse; Francis sin embargo sabía que como disuadirlo, carta compuesta de cada una de las personas que Ethan había recogido durante todos esos meses.

Y esta vez fueron necesarias las cadenas y ataduras al llegar a la oficina, cadenas que de todos modos aceptó sabiendo lo que arriesgaba de resistirse; era irónico y triste decirlo, pero ése había sido su mejor día en cuanto a estado físico.

Y entonces vio que dos cazadores entraron con John siendo arrastrado, para ser puesto en otra silla, con un improvisado paño en su cabeza, cubriendo una herida dado lo rojo de la tela.

Francis los vio, a ambos, y luego se retiró del cuarto.

Estaba solo con él, con la persona en la que había confiado.

-¿Por qué volviste? -le preguntó Ethan

Pero notó entonces lo desorientado de su antiguo amigo; probablemente lo habían recibido igual que a él. Pero pudo ver que John empezó a mover la cabeza, pero lo que vio en su rostro lo perturbó profundamente.

-¿Quién… eres? -le preguntó con la voz ahogada, y un leve tono moribundo, con un rostro que demostraba que lo veía como a un total extraño

No, no podía ser amnesia; el golpe no pudo haber sido tan grave como para causar tal efecto, sin tomar en cuenta incluso el poco tiempo. Pero las siguientes palabras hicieron que reanudara su respiración normal.

-¿Sabes si hay aquí… una persona llamada Ethan?

Y por un momento se sintió de nuevo entre brazos amigos, parecido a cómo se había sentido en el centro comercial con Mike, aun cuando el lugar estaba lleno de cazadores.

Recordó, y casi vomitó nuevamente.

-John -le dijo, buscando tener su atención dada la desorientación -soy yo, Ethan

Primeramente vio un leve guiño de alegría en la mirada de John, pero eso luego dio paso a una tristeza que lo abordó completamente, traspasa do a Ethan de forma clara el mensaje.

-Ethan -dijo John, levantando la cabeza para mirarlo frente a frente, aun cuando su cuello temblase de sostener su cabeza - ¿Qué… te pasó?

Y entonces recordó que su aspecto en esos días había cambiado drásticamente, pero que en ningún momento había sabido exactamente cómo estaba; ahora estaba frente a un espejo, representado por las reacciones de su amigo.

-¿Qué te hicieron?

Recordó su oreja izquierda, sin hablar de cómo estaría su cara; bien podría estar irreconocible, teniendo como única forma de demostrar su identidad su voz. La expresión de John empeoraba todo.

-¿Por qué volvieron? Les dije que se fueran… esta es mi batalla - batalla que hasta hacía un día había perdido

-No… te pudimos dejar… solo… tú nos salvaste…

-¡Les dije que me dejaran!

Y el motivo de aquel grito era claro; recordó haber visto a Liz forcejeando. Tenía que hallar la forma de salir en poco tiempo; tenía que recobrar aquellas fuerzas que había perdido, y recobrarse para poder hallar una forma de escapar. Y si tenía que tomar la decisión, no tenía problema alguno en sacrificarse para que ellos pudiesen escapar; para que ella pudiera escapar.

-¿Cómo están los otros? ¿Cómo está… Liz?

-Están en unas celdas contiguas a la mía, en la parte oeste de la prisión –Ethan estaba en la parte norte, y hasta ese lugar habían arrastrado a John –Liz está bien

"Protege a Liz" recordó en su mente, y por un instante se le hirvió la sangre al ver a John. Les había dicho que no volvieran; sus intenciones pudieron ser buenas frente a ellos… pero…

Su mente no funcionaba bien; le costaba concentrarse, quería pensar en razones y sabía que las tenía, pero no sabía cómo tomarlas.

Entonces recordó el detalle de la noche recién pasada.

-¿Dónde está Mary? –era la única persona del grupo que no había estado en la fila que vio pasar frente a sus ojos

Bien podía haber escapado en el momento en que habían sido capturados, y bien con ella tenía una opción para salir de ahí, recibiendo alguna ayuda de afuera. Bastaba que tuviesen un plan o algo y podrían escapar.

Pero tras hacer la pregunta notó cómo la expresión de John se entristeció a tal punto en que no sólo la tristeza, sino la vergüenza, se implantaron en su rostro. Por un instante pensó en su viaje; en cómo durante todos esos meses parecía que nada les podría pasar, como si algo superior los estuviera protegiendo, como si merecieran ser protegidos, pero ahora sólo podía pensar en lo ingenuo que había sido; en cómo rescató a Matt sólo para que perdiese a ambos padres, después de haber perdido a su grupo en manos de Joel.

Nada habría pasado si Joel no hubiera ido a Lakeside

Fuera como fuera, había arruinado la vida de Matt, y sentía que no quería verlo; no quería afrontar lo que había creado, pero lograba distraerse en un objetivo claro: no dejaría que lo mismo pasara con Liz.

Era bastante probable que Francis pudiese escucharlos detrás de la puerta, así que hablar de escapar no era precisamente la mejor opción, pero supuso que no hablar de lo mismo también sería sospechoso. No sabía en qué momento Francis volvería a entrar, por lo cual no podía perder ningún segundo. Ya tendría tiempo de hablar con John después; eso claro, si es que Ethan no moría en un escape apresurado.

Sin embargo no tuvo tiempo de seguir pensando en su actuar, por cuanto el cazador entró nuevamente, para darle indicaciones a otro de llevarse a John.

-¿Me quieres matar?

-Es lo que más deseo en este momento –fue su respuesta inmediata

-No eres ningún héroe ni ser moral, Ethan; quieres venganza, como cualquier otro

Y lo tenía claro a esas alturas. Había hecho muchas cosas en su vida de las cuales se avergonzaba y lamentaba, pero tenía claro que aun siendo así, iba a arreglar las cosas: si significaba matar a Francis si es que tenía la oportunidad lo haría sin ningún arrepentimiento.

-Si me hubieras matado por la espalda, cuando estabas todavía en mi grupo, nada de esto estaría pasando… el grupo se habría desecho, habrías sacado a Mike de ahí –el estómago de Ethan nuevamente se revolvió, a la vez que sus ojos se inyectaban de ira –¿y de ahí qué?

-Iría con los Luciérnagas

-Eso es lo mismo que ir con los cazadores

-No tienes idea de lo que hablas

-¿Qué es un "cazador"? Ese término que nos ganamos con los años

-Cualquier persona que dejó de lado todo valor

-Un cazador es sólo una persona que entiende que no está solo en el mundo, Ethan… y que siempre va a haber alguien que va a venir por ti… los Luciérnagas bien podrían tener un laboratorio en una zona de cuarentena… mierda, incluso podría aliarse con los militares con los cuales llevan años en guerra: ¿por qué los Luciérnagas formaron su propio ejército? ¿Por qué están dispuestos a matar sin mayores problemas? Porque saben que no todas las personas afuera son lindas ovejas que saltaran a tu lado, y lo mismo sabemos todos… los militares no quieren sino controlar a todo lo que puedan, y lo que no les sirva lo botan: no lo dejan entrar a sus santuarios… los Luciérnagas sólo quieren un espacio que ellos puedan controlar

-Pero a diferencia de ustedes, ellos quieren encontrar una cura –y entonces algo sonó en su mente –y están a punto de encontrarla

-Eso lo he escuchado desde siempre, Ethan… cielos, desde incluso antes de que estallara la infección: habían personas que daban los pasos para la paz mundial, diciendo que debíamos abolir todas las armas, aceptar a seres místicos en nuestros corazones y darle la mano a toda persona que jamás hallas conocido en tu vida, ¿realmente les crees?

-Vive en tu mundo, porque se va a acabar pronto… encontraron a una persona que es inmune… van a hacer una cura, una cura para el Cordyceps

-¿Has comprobado que esa información es cierta?

-No; ni siquiera la conozco, pero confío en esa persona… Ellie se llama la persona que acabará con tu mundo

-Ethan… si estuvieras diciendo la verdad, te encerraría en esa celda y te daría tres comidas diarias… cielos, hasta buscaría un cuarto más grande y te dejaría vivir con lo que queda de tu grupo…

Ante eso Ethan se levantó de su silla, casi botándola dadas las cadenas que lo tenían atado a ella, causando una pequeña sonrisa en Francis.

-… sólo para que vieras que el mundo no cambiará nada… mierda… es decir: ¿tú crees que los militares construyen esas fortalezas para refugiarse de los infectados? Las fortalezas seguirán tan altas como siempre, no dejarán entrar a nadie, y si alguna vez volvemos a ver alguna línea de comercio en este país será entre ellos, por ellos y para ellos, los militares… ¿sabes? Te seré sincero, dado que estamos en un buen momento… siempre los odié; por eso nunca estuve en una zona de cuarentena por mucho tiempo; lo único que agradezco fue el entrenamiento que recibí, que sí que me ayudó… porque claramente pensaban que trabajaría para ellos… y siempre los vi como putos burócratas inalcanzables; de todos modos ellos jodían a los incautos que entraban a vivir a esas zonas, para morirse de hambre pasados los años con las mierdas de raciones que les daban… ellos jugaban su juego, y yo el mío… eso hasta hace unos meses, cuando O'Connor mandó una de sus unidades a nuestro hogar… ¿lo recuerdas, no? Teníamos hasta comida guardada para el invierno, cuando se ve menos gente en los alrededores… mandábamos grupos a las cercanías… nos encargábamos de los infelices que iban a nuestro nido… lo perdimos todo ese día… ¡lo perdí todo! –momento en el cual tomó una barra de fierro que estaba en el suelo y con ella golpeó la pared de metal, generando un estruendo que sonó en todo el cuarto como un chirrido molestoso –…voy a juntar hombres, armas, vehículos… lo que sea, y me vengaré… voy a ponerle una bala a ese hijo de puta por haberse metido conmigo… no me quedan muchos años, pero me encargaré de cortarle la cabeza antes de que mi hora llegue

-¿Esa es tu meta? –Le dijo Ethan, en modo despectivo -¿matar a un hombre por venganza?

Ante tal pregunto sólo recibió una mirada fija por parte de Francis, tan concreta y decidida que por un instante le generó temor.

-Aún no entiendes… yo ya cumplí mi meta… ni siquiera eso… se cumplió sola… ahora mismo, si es que puedes escapar de esas cadenas, eres libre de matarme, porque eso es lo que crees que debe hacerse… antes te era imposible; imagina lo de los militares, pero multiplicado por cien veces… en cada rincón vigilándote, cada segundo bajo su guardia… ellos te decían que no podías matarme, y así se quedaba, mientras que yo podía caminar libre por la vía; lo que hizo el Cordyceps no fue sino hacerle ver a la gente que esos "líderes" no eran tan místicos como creían… fue un golpe de estado a nivel mundial… y hoy lo que tenemos es gente como tú, que ante la menor oportunidad asegurada, me matarás… hoy el poder resta sobre ti; no sobre algún gordo de traje que ni siquiera sabe que existes… hoy la gente mata y muere por sus razones: no por las que otro les implantó en la cabeza, ¿por qué crees que ya no hay guerras a gran escala como antes?

-El mundo no era perfecto, pero era mucho mejor que esta mierda; tú sólo quisiste ver lo malo, pero eres un triste psicópata más

-Quizá lo sea, pero tampoco olvides que soy producto de tu mundo… ahora mismo quieres vengarte de mí, ¿no? Que no te avergüence la venganza: todos la hemos querido al menos una vez, es parte de nosotros… sigue tus razones, Ethan; no las de otro

-Si me das la oportunidad no lo dudaré

-Así me agradas más –le dijo, sonriendo nuevamente –ya no se trata de los amigos, ¿no?

Si hubiera estado a una distancia alcanzable, le habría escupido en la cara en ese mismo momento. Su mente era un revoltijo en ese momento, y sabía que de una forma enferma Francis se estaba metiendo en su cabeza. No podía permitirlo; no había sufrido tanto para eso.

-Y ahora me decepcionas –respondió Francis, viendo el gesto de ira contenida, sólo retenida por las cadenas que amarraban a Ethan a la silla –si te aferras tanto a ellos te ayudaré a nunca olvidarlos

Entonces vio que Francis sacó un cuchillo y rápidamente fue hacia él, para deslizarlo por su frente, generándole un ardor dando a entender que la punta se deslizaba por su piel dejándole un corte superficial.

-¡Vete a la mierda!

-La vez pasada fuimos un tanto bruscos; esta vez seré un tanto más persuasivo, ¡chicos!

Y entonces vio cómo tres cazadores entraron, de los cuales no conocía a ninguno, con confusión y un poco de temor, sin saber qué iban a hacer, pero su nerviosismo se apuntó cuando entre los tres empezaron a sostenerlo, como medida para inmovilizarlo adicional a la silla y las cadenas.

-Ethan, para salir y matarme sólo necesitas decir una cosa

-¡Qué mierda me estás haciendo, hijo de puta! –gritó Ethan, intentando liberarse, sin resultado alguno

-"Mata a mis amigos y déjame ir" –le dijo Francis –es fácil, ¿no?

La única razón que podía calmar su venganza eran justamente ellos, y lo sabía. No podía dejarlos, no podía dejar a las personas que le habían demostrado que había una segunda oportunidad. Si el precio de una venganza era ese, entonces era imposible: no estaba dispuesto a pagar ese precio. No estaba dispuesto a venderla para salvarse; esto era distinto a decirle a Francis que sus amigos se habían ido con los Luciérnagas. No iba a cambiar una vida por otra.

-Jamás diré eso… antes muerto

-Tú lo has dicho, ¡sosténganlo!

La mano de Francis en ese momento tomó la suya, liberándola de la cadena que la tenía atada al mango de la silla, para estirarla hasta tocar la mesa que estaba frente a él, la cual estaba oxidada y gastada por el tiempo. Y firmemente aplastando su palma contra el metal de la mesa, posó un cuchillo sobre la parte más baja de su dedo anular izquierdo, inclinando la hoja de forma tal que los demás dedos quedaran sobre la hoja y no bajo ésta. Entendió de qué se trataba y se le erizaron los pelos de los brazos.

-Dilo –le dijo entonces Francis, mientras Ethan luchaba por liberarse sin resultados, dado que otro cazador ayudó a sostener su brazo izquierdo para no poder moverlo

-¡No vas a conseguir nada de mí! ¡Nunca!

-¡Abandónalos!

-¡Jódete, jamás lo haré!

-¡Ethan!
-¡Hijos de perra!

Y en ese momento fue que su visión se nubló a la vez que un dolor chirriante abordó su mano, su brazo, y su cuerpo entero a tal punto que lanzó un grito con fuerzas insospechadas, grito que en solo segundos se convirtió en un llanto desesperado a la vez que sus ojos se llenaron de lágrimas de tal modo que no pudo volver a ver claramente. Clamó y gritó de mil formas, sintiendo como sus lágrimas bajaron por sus mejillas desordenadamente dada la forma en que se retorcía.

Y luego vino el segundo corte, dando a entender que su dedo había seguido ahí.

La forma en que se retorció fue tal, que dejó ir a los tres cazadores que lo sostenían, para caer al suelo junto con la silla, sin liberarse de las cadenas. El dolor no paraba, el llanto tampoco, y su mano izquierda permanecía en el suelo, sin poder moverla no por incapacidad, sino por el ardor infernal que se extendía hasta su misma cabeza.

-¡Calienten un fierro! –escuchó de la voz de Francis, pero estaba demasiado ahogado en sus propios llantos que no pudo decodificar esa simple orden, ni su significado

Y se preguntó cómo el mundo podía haber llegado a eso, implorando a lo que fuese, que todo se detuviera, en el momento en que sintió el ardiente metal haciendo contacto con su mano presa por los cazadores, incapaz de alejarla del calor tartáreo. Imploró, suplicó, y rogó para que se detuvieran, preguntándose en qué punto había hecho algo que había definido su llegada a esa situación.

No quería más. No quería más.

Se encontraba tirado en el suelo, amarrado por cadenas sucias a una silla de acero, temblando y llorando, rodeado de cazadores que sólo permanecían de pie, observándolo.

-Llévenlo a la celda –escuchó borrosamente –y déjenle comida y agua, va a estar débil

"Sáquenme de aquí" escuchaba en su mente, mientras era cargado de vuelta, para acabar nuevamente en aquella celda en la que había estado una cantidad de días ya incierta. Y notó conscientemente la palabra que pasó entonces también por su mente: "mátenme".

Y fue ahí que por primera vez pudo ver su mano izquierda nuevamente; deseó no haberlo hecho: su mano estaba roja e hinchada, y podía ver la piel quemada en donde antes había estado su dedo anular; ya no quedaba nada. Adoptó una posición fetal en el suelo, al borde del llanto nuevamente, pero las lágrimas no eran por dolor ni pena; era la impotencia. Se sentía sucio, se daba asco.

Liz.

No sabía qué hacer. No sabía cómo sacarlos.

Se dio cuenta de lo fácil que era hacer un plan de escape en donde todos estuvieran en riesgo, pero las probabilidades de escape fueran altas, y lo imposible de uno en donde la única muerte permitida fuera la propia. No sabía nada de la prisión, y durante días sólo había visto su celda, la oficina, y el pasillo que separaba ambos lugares.

Quería morir, pero los demás aparecían en su mente; ella aparecía en su mente.

No podían acabar como Mike.

Y en ese momento no pudo sino hacer la enferma relación entre las palabras de Francis y lo que había pasado; recordó el dedo de su amigo, y no pudo salir de la conclusión de que era el mismo dedo.

Eso le esperaba: iban a matarlo lentamente, y luego comérselo.

Canibalismo: le enfermó la idea, y más todavía el revisarla, y ese era el motivo por el cual no había dirigido la mirada hacia la reja; ahí estaba el plato. Ni siquiera el agua se atrevía a tomar.

No quería vomitar, ya tenía suficiente; solamente no debía mirar hacia la reja.

Y entonces, ya tarde en la noche, escuchó un susurro en la reja. Buscando llamar su atención, mencionando su nombre.

Debía ser él.

Lo ignoró, lo ignoró con todas sus fuerzas, con toda su rabia y pena.

Pero tras varios segundos notó finalmente que esa voz no era la de Francis; volteó la mirada hacia la reja, evitando inconscientemente la bandeja con comida, y vio a Kent, agachado a su nivel, con un bolso.

-Déjame ver tus heridas, por favor –le dijo, con un tono tenue

Ethan lo observó desconfiado, demasiado perturbado como para considerar las palabras de aquel cazador, moviéndose torpemente hacia el fondo de la celda, demostrando su falta de interés.

-Me estoy arriesgando el cuello al estar acá -le dijo Kent, un tanto más serio -sé que no me perdonarás por lo de tu oreja, pero déjame ayudarte en algo

-Qué quieres? -preguntó finalmente Ethan, mirándolo con dureza, recordando aquel día, cuando pensaba que las cosas no podían empeorar

-Sacarte de aquí

Sintió aquellas palabras como un duro golpe en el estómago, y por un momento se conmovió al creer que tal cosa era posible. Pero la desconfianza nuevamente lo abordó; qué pasaba si sólo estaba jugando con él, dándole falsas esperanzas, para luego hacerlo caer nuevamente.

Nl podía tomarlo a la ligera; bien ése podía ser su boleto para salir, o uno directo a la muerte, dejando a su grupo a su suerte. Sospechó que seguían vivos sólo por él: dejó de lado toda opción, y apostó su vida junto a la de las personas que había conocido durante aquellos, ahora, maravillosos meses, pese a los infectados, los tiroteos y el hambre.

Se acercó a la reja, y aquellas heridas y moretones fueron desinfectadas a través de los barrotes. Sintió un ardor con cada aplicación, pero después de lo que había pasado, se sentían como leves picaduras.

-¿Por qué haces esto? -le preguntó Ethan, tras unos segundos

-¿No te parece irónico que sea un médico? ¿Haciendo este tipo de cosas? No me uní a Francis para esto… lamento lo de tu oreja… y tu dedo…

-Al menos sigues entero

-Cuando el mundo me abandonó tuve que dejar de lado todas mis normas éticas… para sobrevivir… pero esto no es sobrevivir; esto es simple maldad

-Me recuerdas a mí -le dijo Ethan, notando cierto tono en aquellas palabras, sin evitar poder sentir cierta empatía, pese a todo lo que había pasado entre ambos, aunque sin poder establecer una relación real por lo mismo

-También vine para decirte… supe que Francis te dijo algo sobre Mike…

inmediatamente Ethan se puso a la defensiva, recordando algo que no quería recordar.

-… es mentira; Mike sigue vivo, aunque también le cortaron el dedo

Entonces Ethan sintió una extraña fuerza, que nació a la altura de su diafragma y se extendió rápidamente hacia la cabeza. No se pudo dar cuenta de que tenía la boca abierta y se había puesto de pie.

-Llévame con él -era la única forma de aceptar su culpa; él había arrastrado a Mike a esa situación, más todavía si su amigo también había sentido su dolor, el de un hueso del dedo siendo cortado

-A eso voy… cada vez encontramos menos alimentos y cosas útiles… calculo que en dos días más Francis empezará a pensar en empacar, y ahí tendrán que revisar lo saqueado para meterlo en los camiones… sobrevive hasta entonces y aprovecharé esa oportunidad para sacarlos, a ti y a todos tus amigos

Al menos dos días; sonaba como tan poco pero era tanto que hasta parecía una broma, y qué hablar de sus amigos, qué hablar de cómo estaría Mike, o Liz.

-¿No puedes convencerlo desde antes? -preguntó, un tanto desesperado

-Si yo le doy la idea me estaría delatando; debo esperar a que se le cruce la idea

-Es demasiado tiempo…

-Si quieres puedo ir a dejarle un mensaje a tus amigos… es lo único que puedo hacer ahora; Francis tiene patrullas en todo el perímetro

Realmente se estaba jugando no sólo la vida, sino la de sus amigos también. Mierda, ya no eran sus amigos, eran su familia: el producto de su deseo de cambiar.

-Diles el plan, diles… que aguanten… -se sintió mal al decir eso -diles quepronto esto acabará

Quizá por qué infierno debían de estar pasando ellos; el llamado natural era a no imaginarlo, pero en su situación era su obligación.

-¿Alguna forma de hacerles saber que digo la verdad? -le dijo Kent, chequeando todo

-Diles… dile a Liz, la más joven, que no los dejaré atrás, ni aunque me cueste la vida; no será como con Anna