Capítulo 18 –El mundo de antes
No había sido sacado para un interrogatorio doloroso, por lo cual al menos al despertar no había sido delatado, y había escuchado por las ventanillas, que por fuera unos cazadores se quejaban de que quedaba poco o nada que saquear. Casi no había dormido durante la noche pensando en el escape; se le había olvidado preguntar a Kent si los caballos seguían vivos, o habían sido asesinados durante la captura de su grupo. Dusty lo había acompañado por varios senderos, pero si debía dejarlo lo haría: en el mejor de los casos podrían huir en uno de los camiones, que para entonces estaría cargado con suministros.
Y si todo resultaba ser cierto y salía bien, Kent iría con ellos; quería unirse también a los luciérnagas, después de haber pasado unos años como militar, en donde había recibido instrucción como médico, para luego renegar al ver los abusos cometidos en las zonas de cuarentena. Y si gracias a él podían escapar, si gracias a él podía volver a ver el sol sobre su cabeza, estaba dispuesto a olvidar todo lo que había pasado entre ellos. Después de todo, Kent estaba pasando por lo mismo que él había pasado, desde los dos turistas, que había dejado ir, asesinados por Francis frente a sus ojos, hasta el momento en que había asesinado a un niño por unas latas de comida. Pese a las ganas de vivir, hay un límite, en donde la mente decide detenerte: si Kent había llegado al límite, estaba dispuesto a darle otra oportunidad.
Pero pasaron los minutos, y luego las horas, y si bien escuchaba ruido fuera y dentro del edificio, podía notar que nadie se acercaba a su celda; en parte se tranquilizó sabiendo que, pese al hambre, podía tener un pequeño lapso de paz, y eso sumado a que sus heridas al menos estaban desinfectadas para sanar lo tranquilizó aún más; era cierto que su mano izquierda seguía recuperándose de a poco frente a sus ojos: una venda habría sido evidente ante los ojos de cualquiera y podría haber delatado al médico, pero al menos había comido la noche anterior, después de saber que Mike seguía vivo, pese a que probablemente debía estar con la mano igual.
Y por primera vez, desde que había entrado a esa celda, lleno de golpes y heridas, se sintió calmo, dejándose llevar por aquella vía de escape que de a poco se afirmaba en su cabeza. Hacía sólo unos días había aceptado que iba a morir, para luego incluso desearlo. Se preguntó qué lo aferró a la vida, y la respuesta no tardó en llegar.
Ellos.
Ella.
Y entonces notó que no tenía claro qué era Liz para él: John se había encargado de sacarle de la mente su obsesión con Diane, pese a que literalmente le tomó meses finalmente hablarle a Liz, aunque fuera sin siquiera nombrar a su hermana. Liz fue la primera persona con la cual compartió su vida fuera de sus años de cazador; recordó la fogata, cuando a la mañana siguiente le había confesado su pasado, cuando ella había intentado escapar, sólo para volver ante un Ethan destrozado y rendido, y abrazarlo. Sintió un breve cosquilleo en su pecho, y algo en su garganta, emocionándose recordando cada momento valioso que había vivido a su lado. Ella había sido su prueba de que tenía otra oportunidad.
Pero de ser así sentiría lo mismo por cada una de las personas que había conocido y aceptado; no pudo completar sus pensamientos, pudiendo sólo concluir que Liz tenía algo especial: quizá Liz era especial para empezar. Y recordando, se dio cuenta de que su mente armó una frase: daría lo que fuese para estar con ella. Pensaba en cómo anteriormente había pensado en cómo lo que más había deseado había sido matar a Francis.
Francis no merecía perdón, pero no pudo ver eso como dos caminos, donde uno era lo correcto, y lo otro lo incorrecto: él creía en la redención, pero se preguntó qué hacer con alguien que no la quiere. Matarlo era la idea que se había implantado en su cabeza, pero la imagen de Liz en su mente le decía otra cosa.
No, no podía perdonar, era imposible.
Quizá cuando volviese a verla, le preguntaría, cuando ya estuvieran lejos de Boulder, alejándose, para nunca más volver a ese lugar.
Y se rio por un momento: si lo que habían concluido, o apostado, era cierto, lo más probable era que Joel y Ellie ya estuviesen llegando a Salt Lake City. Las cosas debían salir bien, y si habían cruzado la mitad del país, podría cruzar ese último tramo.
Tenía sentimientos encontrados con Joel, sobre todo al pensar en Matt, pero decidió concluir que tendría que oír su versión, que tendría que ver razones.
-Por favor, Joel, no te mueras y llévala con Los luciérnagas
Era el todo o nada del todo o nada. Si podían escapar, y salir de ese infierno, entonces Joel habría podido llegar también sano a Salt Lake City.
Entonces fue que oyó el primer disparo.
Se sobresaltó de inmediato, temiendo lo peor; corrió hacia los barrotes para aferrarse a ellos, intentando ver algo afuera, viendo sólo la pared frente a su celda y una parte del pasillo.
-¡Salgan ahora! –escuchó; era la voz de Francis
No entendió nada, limitándose sólo a escuchar gritos y bullicios, ahogados en decenas de pasos que dirigían hacia la salida, para luego dar paso a un mar de balas.
Algo estaba pasando.
¿Un enfrentamiento? ¿Contra quién?
Se le cruzó por la mente la idea, pero le sonó ridícula: los militares no podían ser tan rápidos.
Pero si eran ellos, barrerían con todo.
Barrerían con ellos.
La desesperación de a poco se metió en su cabeza, y pronto empezó a golpear los barrotes llamando a alguien, a quien fuera, sólo para obtener vacío como respuesta. En tanto afuera, empezó a escuchar explosiones y la cantidad de balas disparadas se incrementaba; pudo distinguir un rifle automático.
-John, Dom… Julie… Liz… Matt
Tenía que salir; se preguntó dónde estaba Kent, pero pronto comprendió que lo más probable era que estuviera afuera, luchando. Luchando porque sabía que no podía morir sólo días antes de poder escapar: la vida no habría valido de nada si así resultaba.
Y entonces escuchó un paso lento que se acercó de a poco a su celda: era Kent.
-Ethan… ¿ves que no… bromeaba?
Y abriendo los ojos, notó que Kent tenía su polera con una mancha roja que abarcaba toda la parte inferior de su torso.
-Kent… no
-Fui un estúpido… primero le quité tiempo a Francis para evitar que viniera a verte… o que viniera poco durante estos últimos días… y luego decido intentar convencerlo de irnos antes…
Y con su mano manchada con su propia sangre, le pasó la llave del candado que sellaba la reja; Kent ya no tenía las fuerzas para abrirlo por sí mismo.
-Lamento no haber podido venir antes… la única razón por la que pude recuperar la llave fue porque Francis tuvo que correr a defender la cárcel… según entendí son otros cazadores… y se le olvidó llevarse la llavecita con él…
-Kent… tú eres un médico –le dijo Ethan, mientras abría el candado rápidamente, para abrir la puerta –Liz también sabe de estas cosas… sólo hay que llegar con ellos
Y su sucia ropa se manchó con la sangre de Kent, a la vez que decidía cargarlo por el hombro.
-Ethan… sé harto de esto… y sé cuándo una herida es mortal… ya no puedo ver bien ni mi propia mano –le dijo, mientras estiraba su mano frente a sus ojos –ve al final del pasillo y baja la escalera; ahí están las otras llaves… Mike y los demás están siguiendo la puerta trasera de ese cuarto, girando a la izquierda… pasa varios cuartos y llegarás a otro pasillo como éste… ahí están
-No bromees, Kent; te sacaré de aquí
-Por favor… quién sabe cuánto durará el tiroteo… no tienes mucho tiempo… huye… además Liz y la otra chica –se refería a Julie –fueron movidas a una oficina esta mañana; sé que Francis estuvo con ellas antes de que despertara… te deben estar esperando
No, no con Liz. Ese hijo de puta no se pudo haber metido con Liz o con Julie.
-Sácalos a todos, y luego sigue hasta el fondo; ahí hay una salida de emergencia… afuera verás un camión… úsalo para escapar y no te detengas hasta que no quede nada de gasolina… lo siento, tus caballos murieron en un tiroteo cuando capturaron... a… tus amigos… lamento no acompañarte… con Los luciérnagas…
-¡Kent!... ¡Kent!
Y de a poco el peso del ex cazador se fue haciendo mayor, dándole a entender que su cuerpo ya no se sostenía. Ethan lo vio, y con pesar y hasta tristeza lo dejó en el suelo amablemente, cuidando de dejarlo sentado, apoyado contra la pared.
Él no tenía que morir.
Y pudo olvidar todo lo que había pasado entre ellos, para ver su cadáver con una profunda tristeza.
Era él mismo.
Mismo grupo de cazadores, misma decisión.
Extendió su mano derecha, y cerró los párpados del médico gentilmente, para luego agarrar su polera, por el lado en que estaba cortada por la puñalada, para arrancar un girón de tela sucio y rojo, y amarrárselo en la muñeca izquierda.
Era hora de escapar.
Corrió incesantemente, aun escuchando nada más que gritos y balas, hasta llegar al cuarto de las llaves: pudo notar cómo el rastro de sangre que había visto en todo el camino se transformó en un pequeño pozo rojo, que marcaba en el lugar en el cual Kent había estado luego de ser atacado por Francis. Ethan había sido liberado sólo gracias al tiroteo, por cuestión de mera suerte.
Tomó todas las llaves que encontró y corrió por las mismas direcciones que recordaba, notando cómo calzaban los cuartos con lo que Kent le había dicho. Y su respiración se detuvo por un instante, al notar que estaba en otro pasillo de celdas: el pasillo en donde estaban sus amigos.
Corrió incesantemente, viendo celdas vacías una tras otra, sucias y deterioradas, pero fue llegando al final que finalmente vio a John tirado en el suelo, un tanto aturdido, probablemente por alguna golpiza, aunque no presentaba ningún signo de amputación.
-¿…Ethan? –escuchó por parte del Luciérnaga
-¡John! Soy yo… los sacaré de aquí, tal y como prometí –le dijo, intentando con una llave tras otra, hasta que finalmente pudo abrir el candado –se acabó, nos vamos
La voluntad de un Luciérnaga nunca se iba, por cuanto John aun con todo lo que había sufrido, completamente a espaldas de Ethan, quien había permanecido en su celda aislado, se levantó lenta pero firmemente, para comenzar a caminar hasta salir de su celda.
-Los demás están más allá… y…
-Ya lo sé –lo interrumpió Ethan, refiriéndose a Julie y Liz
Cuando finalmente vio a Dom, pudo entender el peso que le significaba no saber cómo estaba Julie; su Ethan no hubiera sido el que los estaba liberando uno a uno, habrían estado par a par, carcomidos por la preocupación y el nerviosismo. Pero debía mantenerse bien, debía ir finalmente a ese cuarto y sacarlas.
Y finalmente llegó el momento que había temido, cuando vio a Matt acurrucado en un rincón de su celda, hacia el fondo; ni siquiera era un adulto y había tenido que pasar por todo eso. Pero fue Dom quien le quitó las palabras a Ethan y lo sacó, levantándolo del suelo, para ayudarlo a salir.
No supo cómo describir el momento, pero sólo pudo saber que Kent finalmente siempre fue sincero con él: Mike estaba sucio y con su mano sin el dedo anular en su celda.
Cada uno había encontrado su forma de sobrevivir en un entorno como ése, y por lo visto Dom había mantenido a Matt con vida, psicológicamente hablando, o al menos eso pudo deducir en ese momento.
Cada uno había pasado un infierno en ese lugar, pero finalmente todo se acababa.
Y fue llegando a la puerta final, la que daba al cuarto en donde estaban Liz y Julie, que empezó a correr inconscientemente, sólo para darse cuenta que Dom también estaba corriendo. Llegaron a la puerta, y aceleradamente abrió el candado para abrir la puerta.
Y cuando entró, sólo pudo oír el grito ahogado.
El grito ahogado de Dom, quien corrió hacia Julie.
Tenía la garganta cortada, y su polera, pantalones y parte del suelo estaban manchados con su sangre.
Ya no se movía.
Dom rompió en llanto mientras abrazaba el cadáver de Julie.
Ethan se rompió al ver esa triste escena, se rompió de un modo que no creyó posible; de un modo que en ese momento no pudo ni siquiera entender.
-¡Ethan! ¡Ethan! –escuchó, una fracción de segundo después, por parte de John, quien lo devolvió a ese cuarto
Y volvió la vista, para ver a Dom aferrado a Julie, y a unos metros, Liz, quien respiraba agitadamente, en su silla, atada tal y como él había estado el día anterior, y el anterior.
Y fue recién en ese momento en que las lágrimas brotaron de sus ojos, para luego dar pasos tan acelerados y descoordinados que casi ocasionan su caída al suelo, los cuales lo llevaron finalmente a Liz.
La abrazó de forma tal que casi olvida las cadenas, pese a lo cual decidió hacer durar aquél momento un segundo y medio, antes de desprenderse y probar con las distintas llaves.
Notó que su cara estaba sucia, y sus ojos estaban rojos: había estado llorando, y escuchando los llantos de Dom, podía fácilmente adivinar el porqué.
Y cuando finalmente las cadenas cayeron al suelo, fue ella quien lo abrazó, apoyando su cara contra su pecho.
Jamás la iba a dejar nuevamente, jamás.
Empezó a acariciar su pelo, tranquilamente, pese a que ambos respiraban agitadamente por la adrenalina de esa situación.
-¡Lo siento! –Gritó Liz, gritos que se interrumpían por sus sollozos -¡Lo siento!
Y Ethan apretó sus brazos para retenerla contra sí, destrozado por dentro; estaba dispuesto a dar lo que fuera a cambio no de estar con ella ya, sino de poder borrar todo su dolor; todo lo que había tenido que vivir y ver.
Y notó que en una mesa cercana estaba el chaleco antibalas de Anna; corrió rápidamente y se lo puso a Liz cuidadosamente, tal y como lo había hecho meses atrás.
-Dom… -escuchó detrás de sí; era John –hay que irnos… no hay otra opción
Y pudo ver, al voltear su cabeza, que Dom le dirigió una de las peores miradas que había visto en su vida, a John; era casi como si en cualquier momento fuera a matarlo con lo que encontrase.
Pero entonces notó que, justo cuando Dom levantó el puño derecho vio a Matt. No supo qué había pasado entre ellos durante esos días, pero considerando que ambos habían perdido a alguien importante, pudo pensar en algo.
Mierda, de qué estaba hablando; todos habían perdido a alguien importante en ese momento. Algo entró dentro de él en ese momento, pero decidió contenerlo; no quiso mirar el cadáver de Julie en la silla, luchó por no hacerlo.
-Hay que irnos… -dijo finalmente
Y pudo ver, tras abrir la puerta, como Dom le dio un último beso a Julie en la boca, antes de levantarse y partir con la cabeza baja, mirando al suelo mientras corría para escapar también.
Ahí estaba: el camión.
-¡Corran al camión! –indicó inmediatamente Ethan, recordando que no les había dicho nada sobre eso
Se sentó en el asiento de piloto, notando cómo su cuerpo le dolió de forma insospechada: había hecho demasiados esfuerzos para el estado en que se encontraba, mientras los demás se subían también; terminaron apretados, pero nadie se quejó cuando Ethan piso el acelerador y emprendió marcha, mientras de fondo seguían las balas; si la herida de Kent no hubiera sido mortal, habría alcanzado a llevarlo.
Y por un momento, aún mientras escapaba a toda velocidad por su vida, tuvo un tenue recuerdo: el recuerdo de ir en un auto, recorriendo el país, mientras iba conociendo de a poco a las personas que iba encontrando en el camino.
Julie…
Edificios, casas… carretera…
Y empezó a reír, para luego mezclar esas risas con sollozos, cuando finalmente se dio cuenta de que efectivamente estaba escapando de Boulder.
Estaba escapando.
Y ya cuando estuvieron a una distancia prudente, no pudo sino detener el auto, para posar su cabeza sobre el manubrio, y romperse una última vez: estaba pasando.
Pero había otra cosa en ese llanto: por primera vez en mucho tiempo había perdido a alguien de peso para él. No se atrevió a mirar hacia atrás y ver a Dom.
El plan no había salido como lo planeado: dos muertos, y ninguno de esos era él.
No supo qué pensar, pero saber que estaba Liz a bordo no pudo sino darle un leve toque de alegría a su corazón, incluso sabiendo que en ese momento ninguno de los que estaba en ese camión estaba sonriendo.
No pudo guardarlo más.
Abrió la puerta y se bajó; acto seguido escuchó cómo varias personas se bajaron también, al menos ya estaban fuera de peligro.
-Dom… lo siento…
No escuchó respuesta alguna.
-Dom…
-No te preocupes… Julie sabía bien a lo que iba… ella apoyó la idea de volver por ti… ella sabía lo que arriesgaba
Vio a Dom, pero notó con tristeza que la expresión de su rostro se contradecían totalmente con lo que decía: estaba a punto de romperse de nuevo.
-… ¿Verdad? –completo Dom, con los ojos humedecidos
Cuál era la respuesta a eso. No lo supo, y no supo qué responder. Sintió nuevamente un abrazo en su torso: era Liz, pero en ese momento no supo si fue bueno o malo, porque no le hizo sino notar más que Dom, en su mundo, había quedado completamente solo.
Pudo ver a Matt a unos metros de él, mirándolo fijamente, como esperando también una respuesta. Quizá él también se estaba haciendo la misma pregunta.
No supo qué responder.
No supo qué hacer.
Y sólo se quedó de pie, junto a Liz, sosteniendo su mano, sólo para que ella notase su dedo anular.
-¿Ethan…? –le dijo ella, totalmente atónita
-Es mejor no hablar de eso –le respondió
Y eso sólo empeoró las cosas, porque notó que todos pudieron darse cuenta no sólo de su dedo, sino de su oreja. Ethan notó sorpresivamente que ninguno de ellos tenía alguno de esos cortes, a excepción de Mike, quien lo observó, logrando una comunicación de miradas: era el mismo dedo.
No estaba bien. Estaba la mayoría ahí, pero nada parecía estar bien.
Y quizá nada estaba bien, de hecho.
Pero qué era. Qué se necesitaba para poder descansar finalmente.
Habían escapado, pero en sus mentes seguían cautivos.
Se sentían sucios, asqueados, manchados.
Inconclusos.
Y pudo ver a la distancia que una parte de la prisión empezó a arder en llamas, así como un camión. Francis y su grupo habían sido superados.
Y pudo ver cómo los otros cazadores abordaron la parte de la prisión que estaba intacta.
Y pudo ver a Francis escapando sólo con un puñado de sobrevivientes por la parte trasera, en dirección a una de las salidas de la ciudad.
No eran más de cuatro o cinco.
Recordó las palabras de Francis.
Matar por las propias razones.
Matar.
Tenían un camión lleno de provisiones y armas.
Vio a Dom, y a Matt.
Y vio a Liz a su lado.
