Capítulo 19 –El camino
Ethan cayó de rodillas, casi llevándose al suelo a Liz consigo, viendo cómo Francis escapaba de Boulder, sintiendo que algo dentro de él le empujaba a ponerse de pie e ir tras él, aprovechando las posiciones en las que se encontraban ahora.
Y su cuerpo fue transportado en el tiempo; su mente presenció otro momento en su vida, y su mente no hizo sino ser recorrida por sensaciones similares. Pero esta vez había un choque, algo que, ni siquiera detenía la acción, sino que la dificultaba: si iba tras él, ¿sería lo mismo que con Diane? Y la persona con la cual había buscado reemplazarla inconscientemente estaba a su lado de testigo de cual fuera su elección.
Culpa, tristeza, vergüenza.
Vergüenza.
Pero no veía otra forma de acabar las cosas: lo único que lo había apartado de esa ira había sido Liz, pero ella ya estaba a salvo, lejos de todo lo malvado que tuvo que vivir durante esos días. Era tan fácil pensar en ir a correr tras él hasta cazarlo, pero también era tan fácil pensar en recordar que había cambiado y que tenía una misión.
Todo era tan fácil, menos tomar una acción.
-¿Ethan? –escuchó por encima de él; era Liz
-… Váyanse
Era la segunda vez que les decía tal cosa, pero era la primera vez que lo decía con ese motivo.
Pero esta vez ni siquiera John dijo algo; Dom quizá pudo haber hablado, pero entonces recordó lo que había pasado sólo minutos antes, o quizá horas; ya no sabía.
Y sintió el que era probablemente el aire más pesado que jamás había sentido en ese ambiente, rodeado de esas personas, con las que había reído y disfrutado de la vida aun en esas condiciones.
Recordó cuando había manejado el camión fuera de Boulder, viendo pasar los primeros meses en el auto. Los pueblos, el bosque, la granja, la hidroeléctrica. Francis había tenido éxito en algo: los había enfermado.
Probablemente no era el único que tenía esa disfuncionalidad en su cabeza; probablemente el silencio de los demás era aprobatorio, pero avergonzado, como él mismo se veía en su mente. Acurrucado, pidiendo ayuda.
Ayuda que nunca llegaría.
Estaba solo: estaban solos.
Junto las fuerzas, para abrir la boca nuevamente, sin pensar en las consecuencias; era mejor no hacerlo.
-Voy a buscarlo…
Silencio.
-Por nosotros… porque es lo que debe hacerse
Y no había nadie que se lo prohibiera, más que sus propias capacidades, lo cual no era el caso.
Se preguntó cómo se sentiría si alguien se lo impidiese, y que efectivamente él no pudiese levantarse. Se sentiría horrible.
Estaba vivo.
-Te acompañaré –le dijo Matt, quien se puso de pie
Y no hubo ninguna palabra en contra. Nadie se opuso por su seguridad, por su edad, ni por su inexperiencia enfrentándose al mundo.
Tampoco cuando Mike se levantó, viendo su mano izquierda, moviendo los dedos, viendo qué pasaba en aquella zona donde ya no había uno. Ethan vio su mano también, notando que aun podía sentir ese dedo ahí, podía sentir cómo el viento le llegaba, pero podía ver al mismo tiempo que no había nada ahí; todo eso pasaba en su mente.
No sólo fue un dedo, no sólo fue una oreja. Vivió la lucha, la negación e incluso la aceptación de la muerte, vivió la experiencia de haberse comido a su mejor amigo. Francis nunca se limitó sólo a lo físico. Algo dentro de él ya no estaba, pero no podía saber qué; no todavía.
No importó todo el viaje, todo el sufrimiento por sacar a Mike de ahí. Ni siquiera pensó en si valdría la pena devolverlo a ese lugar. Sólo lo miró, para luego cerrar los ojos lentamente mientras levantaba la cara en señal aprobatoria. Qué medida aprobaba eso, no tenía idea, pero no le importaba.
Entonces notó que Liz ya no estaba a su lado; se había movido lentamente al lado de Dom. Lo vio: tenía la cabeza agachada, mientras Liz estaba junto a él, hablándole; no podía distinguir qué le decía. Pensó que sería lo contrario a lo que él estaba haciendo en ese momento. Pero eso no lo detuvo de acercarse a él, tomarlo por los hombros, y verlo directo a los ojos.
Pocas veces en su vida había visto tal mirada. Durante meses, y durante mucho tiempo más previo a su encuentro, ellos dos habían dado todo de sí, uno al lado del otro. Se sintió pequeño y miserable aun con su propia historia que contar: lo más cercano que tenía a alguien tan cercano era la joven que había encontrado en la armería. Pero Dom y Julie tenían su propia historia; después de todo ellos también habían sobrevivido a ese mundo… habían.
Se preguntó cómo les habría ido si no se hubieran unido a su grupo. Los habían encontrado en un pueblo, buscando comida con Liz: en esa ocasión sólo estaba con ella. Había sido un encuentro de dos a dos, y al final esos dos se parecían más de lo que él creía, o de lo que había creído.
La granja y la hidroeléctrica.
"¿Qué habría pasado si…?" sonaba en su cabeza. Recordó las discusiones después de haberse encontrado con Nathaniel y haber oído su oferta.
¿Qué mierda habría pasado si su viaje hubiera acabado ahí? Sobre si Joel había descubierto pistas en la universidad que lo llevaran a Salt Lake City no tenían más que asunciones: nada era seguro. Estaban jugando con las probabilidades, y no habían jugado ninguna influencia en esa probabilidad, ni siquiera los habían alcanzado. Si se hubieran quedado con Nathaniel todos, habrían encontrado lo que buscaban: paz.
Eso era lo que querían en un principio.
John no tenía la culpa: su meta es una innegable, una que los arrastró a todos, una fantasía que todos habían tenido al menos una vez en sus vidas después del estallido del Cordyceps, pero que por fin podía ser una realidad.
Una fantasía tan grande que incluso desesperanzó a la gente con el tiempo.
Rick.
Se preguntó si Dom y Julie habían seguido con ellos para ver el inicio del regreso del mundo que ellos conocieron por tan poco tiempo, o si lo hicieron para seguir con su grupo.
-Dom… vamos a ir por ellos… quedan pocos –dijo Ethan
No pudo identificar el significado de la mirada que Liz le dio entonces.
-Dom… -le dijo ella, ignorando la presencia de Ethan –Julie murió protegiéndome…
Pudo ver cómo la mirada de Dom se movió levemente hacia donde estaba Liz, pero en sí la mirada no cambió para nada. Sus ojos temblaban, y se movía lentamente. Ethan ya había retirado sus manos.
-Ella me salvó la vida
-¿Se sacrificó…? –le dijo Dom, respondiendo finalmente, pese a que sus ojos seguían iguales
-Ambas habríamos acabado mal de no haber sido por lo que hizo… halló una forma de liberarse de la silla y atacó a esos cazadores
-Julie… Mi… Julie… Debí haberla sacado de ahí… darle un entierro digno…
-No teníamos otra opción –le respondió Liz, tomando su hombro –no es tu culpa
-La abandoné incluso después de su muerte… nunca estoy para ella cuando más lo necesita… nunca…
-No, Dom –lo detuvo Liz –diste lo mejor de ti… ¿recuerdas cuando se la iban a llevar y tú gritaste para tomar su lugar? Incluso en los peores momentos, ella pudo contar contigo
-No puedo abandonarla… no puedo…
Volver a la prisión era un suicidio, pues estaba siendo saqueada por un grupo aun mayor al de Francis, pensó Ethan; no era una opción volver por el cadáver de Julie.
-No puedo arreglar lo que pasó –dijo Dom, con una voz más fluida –pero puedo arreglar lo que pasará…
Ethan vio que Dom dirigió su mirada a la prisión, y pudo jurar que él había llegado a la misma conclusión sobre el cadáver, y probablemente esa fue la razón de lo siguiente.
-Voy a vengar a Julie –terminó, dirigiendo su mirada esta vez directo a Ethan –es como debe acabar eso… ¿no es cierto, Ethan?
Ethan lo vio, y por un momento sintió una mirada de Liz. Todo habría sido más fácil si Liz lo hubiera visto de forma reprobatoria, pero nuevamente no pudo distinguir la mirada. No sabía que era lo correcto, pero a la vez se preguntó si eso importaba a estas alturas.
-Vamos a vengar a Julie… y a tus padres –agregó, para voltear y ver a Matt –vamos a honrarlos
Y entonces escuchó un llamado a él: era John, y recordó que era un Luciérnaga.
Aquellos que intercambiaron sus vidas a cambio de un ideal.
Exactamente lo contrario a lo que todos los demás hacían.
-¿Dime? –dijo Ethan, con voz seca tras alejarse de Dom
Notó que John estaba incómodo; no supo si esa incomodidad le dio fuerzas en su decisión.
-No estoy de acuerdo con esto… pero si es lo que necesitas… no hay nada que pueda hacer
Lo necesitaba; todos lo necesitaban.
-Por favor, John, no quiero ir con tu sombra en mi mente
-Mierda Ethan… esto es complicado… pero si algo he aprendido en todos estos años es que el odio nos ha llevado a este estado…
-Por favor, John
-Si te soy sincero, ya no estoy tan seguro… combatí por años contra el ejército en defensa propia… discutí con otros luciérnagas por esto mismo…
-Dame la luz verde y partiré
-… Me quedaré a proteger a Liz… perdóname si la vez pasada no pude hacerlo
Probablemente se sentía culpable por haber vuelto a esa prisión; quizá dentro de su mente había considerado el haber deseado no haber vuelto a buscarlo a Boulder.
Y lo entendía perfectamente, porque él también había pensado en eso.
-Gracias –le contestó Ethan
Una pequeña paz entró en él en ese momento. Pensó en los Luciérnagas, pero la imagen de Francis se interpuso.
Caminó hacia el camión, y abrió la parte trasera.
Ahí estaban; podía ver comida, unos bidones con agua.
Y las armas.
-Francis –le dijo esa vez –te quería pedir un favor
-Dime, Ethan
-Hay un grupo de cazadores no muy lejos de aquí… y quisiera que… que los ataquemos
Francis lo observó con una breve perspicacia, buscando algo para saber de qué se trataba todo eso. Ethan ya llevaba tiempo en el grupo, y Francis siempre se había encargado no de entablar una relación real con los del grupo, pero sí conocerlos, y se encontraba ciertamente ante una duda.
-¿Tienes un motivo para que arriesguemos nuestras vidas en un tiroteo?
-No son muchos… y tienen comida, y armas que podemos quitarles…
-No creí que fueras de ésos, Ethan… ¿o hay algo más? Por lo general se requiere más que eso para que todos nos involucremos
Pudo ver un titubeo en la cara de Ethan; escondía algo. Lo había considerado siempre un tanto blando para ese mundo, incluso a veces se sorprendía de que hubiera sobrevivido por tanto tiempo, y por ese mismo motivo la petición sonaba demasiado discordante.
-Ellos mataron a mi hermana…
-Y los quieres matar –respondió inmediatamente Francis
-… Sí
-Ya eres parte de la familia, Ethan, y nadie se mete con uno de nosotros… indícame cuál fue el que lo hizo y yo mismo me encargaré de traértelo vivo para que sea tuyo… no te estoy haciendo un favor, Ethan, eso tenlo claro: debiste decírmelo antes
No había sido por la comida.
Miraba el camión, las armas, a sus amigos, a su 'familia'.
Quería convencerse de ello: no era por venganza directa. Era más que eso; era, tal y como había dicho previamente, lo que debía hacerse.
Pero algo seguía resonando en su cabeza.
Se preguntó cómo podía diferenciar la justicia de la venganza.
Lo iba a hacer: y buscó entre lo que había, un rifle con mira telescópica, una pistola y una mágnum. Vio nuevamente el jirón de ropa roja que tenía en su muñeca, y sacó más armas, a la vez que llamaba a los demás.
Uno a uno, les pasó armas. Cuando le dio la pistola y la escopeta a Matt, por un instante se preguntó si sabía siquiera dispararlas bien; dejó de lado la duda y sólo se las entregó.
-Esto es por Julie, y por todos nosotros –le dijo a Dom, mientras le entregaba las armas que iba sacando
Se sintió extraño, cuando también les pasó armas a John y Liz; se quedarían cuidando el camión, el cual esconderían en el bosque, aunque de ser necesario se irían si se veían superados por algún ataque; después de todo sólo eran dos personas. Por un instante pensó en decirle a uno de los que iban que se quedara, pero entonces notó que los cuatro estaban lo suficientemente afectados como para siquiera llegar a considerar esa opción.
Y viendo que no quedaban muchas más líneas por ser dichas, se acercó a Liz.
-Volveremos, y podremos seguir con nuestras vidas –le dijo
La sentía lejana; no tanto como después de decirle lo de Anna, pero ni de cerca a cómo eran antes.
"Podremos seguir con nuestras vidas"; quiso creerlo, pese a que no sabía nada.
Se armó, revisó una última vez a quienes iban, y se despidió de Liz discretamente, sólo con el adiós, despedida que fue igual para John.
Y emprendieron camino hacia el lugar donde había huido Francis y aquel puñado de cazadores. Iban armados y decididos, decididos por la misma fuerza que los había sacado de ahí.
Fue recién en ese momento que, mirando el cielo despejado sobre él, pudo notar que ya estaban en primavera.
Y vio el camino hacia su destino, el camino que su mente requería.
Nada más importaba.
