Capítulo 22 –Preguntas

Tanto Ethan como Dom estaban en completo silencio, parados el uno al lado del otro, la oscuridad seguía jugando con la luz tenue en ese pasillo, entre todos los muebles que habían usado para cubrirse; entre todos los muebles que él había usado para flanquear a Francis.

Ninguno de los podía verlo directamente.

Dom había intentado salvarlo, pero con tristeza y desolación se tuvo que dar cuenta de que era demasiado tarde como para hacer algo: desde el momento en que los gritos habían comenzado ya estaba todo dicho. Matt, la última víctima del cazador.

-Qué vamos a… -dijo Dom, con la voz ahogada –no podemos dejarlo aquí…

Si no podían ni verlo, no sabían cómo haría para siquiera tocarlo, además de que el olor a carne quemada no hacía sino apropiarse del lugar; sabían que pronto no podrían soportarlo más.

Y con el dolor de dejarlo, empezaron a caminar. Ethan al menos no estaba sino destrozado, más todavía cuando se ponía a pensar en la familia que habían encontrado, familia que ya no existía; cuando casi habían intercambiado balas, para luego reunirse en el grupo; desde el momento en que esa familia se encontró con ello, no mejoraron en lo absoluto, desde la masacre en Lakeside, al tiroteo en la universidad, luego a la emboscada en la prisión, y finalmente el lugar en donde estaban.

-Cuando estábamos en la prisión le dije que saldríamos de ahí, y que encontraría una razón para vivir –dijo Dom, en voz baja

Recordó entonces cuando escaparon de las celdas: cuando fue Dom quien sacó a Matt de su celda, pensando en ese momento que uno había apoyado al otro, sin tener ninguna idea del sufrimiento que ambos habían compartido. Se dio cuenta de que no sabía nada de los padres de Dom; probablemente estaban como los padres de todos, y habiendo Matt perdido a ambos en tan poco tiempo, no era difícil imaginar que Dom le había dado unas palabras de ayuda al joven, palabras que ahora Dom sentía en vano. Ambos se sentían culpables de ello.

Habían perdido a más de la mitad del grupo en todo ese asunto.

Pero la pregunta no surgió en ese momento.

Eventualmente volvieron a la sala de los generadores; ahí se encontraba Jason y Hal; Alex ya no estaba; probablemente habían ido a enterrarlo en las cercanías, lo cual le dijo que al menos Jason había confiado en ellos, confianza que había dado resultados, pero a un precio que quizá fue demasiado alto.

Pudo ver la cara de Jason aliviarse al verlos volver; después del tiroteo del pasillo sólo había habido silencio, y eso podía significar dos cosas: atado a moverse lentamente por su pierna, el anciano se había aferrado a la mejor opción, esperando verlo volver, y finalmente ahí estaba.

-Me alegro de verlos –le dijo Jason

Con suerte habían estado juntos unos minutos: esa palabra bien podía significar que estaba feliz porque habían vuelto, o sólo porque Francis estaba muerto, pero algo le dijo a Ethan que era la primera opción, y esa decisión fue fundamentada por la siguiente pregunta.

-¿Y el chico?

Dom y Ethan se vieron de reojo, viendo quién podía decir algo, silencio que se vio interrumpido por la reacción del anciano, dando a entender que comprendía con pesar lo que había pasado.

-Lo lamento mucho… sé lo que es perder a un compañero

Pero Matt no era sólo un compañero: Ethan les había prometido que llegarían a salvo a Salt Lake City, y Dom le había prometido que podría salir del agujero en el que había caído producto de perder a sus padres; ellos tenían un deber para con Matt, deber que no habían podido cumplir.

Si tan sólo hubiera detenido a Matt.

Pero la pregunta tampoco surgió en ese momento.

-Es mejor que nos vayamos –dijo Ethan –tu grupo te debe estar esperando… y supongo te debo las gracias por el asalto a la prisión… estábamos atrapados ahí, y gracias al ataque pudimos escapar

-Me alegro de haberlos salvado, aún sin conocerlos

Gracias al ataque, y gracias a Kent.

Lo recordó, y empezó a pensar para sí mismo.

Demasiada gente había muerto.

Al menos justo en ese momento Jason dijo algo para amenizar el ambiente: un detalle bastante simple, por lo demás, pero que ahí tenía un significado mayor.

-Supongo es hora de presentarnos

No obstante mientras volvían a Boulder caminando lentamente, debido a la herida de Jason, Ethan recordó cierto detalle, que en su momento le hizo confiar en el anciano.

-No me gustaría entrometerme en algún tema privado –avisó de antemano –pero pude ver que tienes un colgante de Los luciérnagas

-¿Éste? –Respondió Jason, levantándolo con su mano; decía claramente "Jason Butler" –es un buen recuerdo

-¿Recuerdo? ¿Ya no estás con ellos?

-Es un buen recuerdo… -agregó Jason, levantando la mirada, retrospectivo –un buen recuerdo de una buena época… yo fui uno de los primeros luciérnagas… la organización ha cambiado mucho… de hecho en un principio ni siquiera era Marlene quien la lideraba

-¿Cómo? –preguntó de inmediato Ethan con extrañeza; Marlene siempre había sido conocida como la que maquinaba todo, anunciando incluso públicamente su participación como luciérnaga

-Es cierto que siempre ella dio la cara por los luciérnagas, pero quien en realidad lideraba todo era Roy, el esposo de Marlene… él era el idealista y el estratega; acabar con el reinado de la FEDRA, encontrar una cura… era un hombre que amaba la vida por sobre todas las cosas, y esa carisma fue la que le dio el primer empujón a los luciérnagas; primero pasabas por Marlene si querías unirte, pero al final lo veías a él, y cuando eso pasaba, ya eras un luciérnaga… ¿cómo crees que tardaron tan poco en hacerse con un buen ejército propio? Persona que se unía era leal hasta la muerte

-¿Y qué pasó con él? –preguntó Ethan, previendo la posible respuesta

-Lo que pasa con todos los hombres buenos… los militares no tardaron en infiltrarse dentro de ellos; Roy confiaba en la gente, y precisamente eso fue lo que le jugó en contra: hasta el día de hoy Marlene debe pensar en cuántas veces discutieron por lo mismo… bastó un operativo… yo estaba ahí; nos defendimos como pudimos, pero yo vi como los disparos también nos empezaron a llegar desde nuestras propias filas… ese día cambió todo… recuerdo que al día siguiente Marlene lloró en la tumba de Roy, y juró que mataría a quien había dirigido esa operación… hasta el día en que me fui no lo había encontrado, y probablemente nunca lo haga… y eso la cambió… yo no me uní a los luciérnagas para pasar día a día asesinando personas y causando atentados; Roy vivió en carne propia en dolor de tener que sobrevivir aun cuando todo parecía derrumbarse, y formó a los luciérnagas para querer sanar ese dolor… Marlene quiere cumplir los objetivos de la organización como forma de venganza; y esa diferencia hace que el modo en que operen sea distinto… aún recuerdo que casi me disparó cuando le dije que me iría; me dijo que sabía mucho sobre ellos, y que era un peligro para ellos… le tuve que recordar el motivo de la creación de los luciérnagas para poder irme tranquilo

Ethan sólo guardó silencio por unos segundos: sentía que lo que Jason decía tenía algo de razón, pero a la vez no podía olvidar su objetivo: Salt Lake City; no podía dudar de ello, pues en realidad no había ningún otro lugar donde ir. Y fue ese punto el que le dio la pregunta.

-¿Y desde entonces qué has hecho?

-Creé mi propio grupo, aunque no tenemos la intención de acabar con los militares… sé de buena fuente que meterme directamente con ellos no es un buen negocio… pero hacemos lo que podemos… recorremos grandes distancias, buscando a gente que nos necesite, y ese tipo de gente está en abundancia en este mundo

-¿Y no han pensado en establecerse en un lugar? –preguntó, recordando a Nathaniel y a Tommy –tener una vida nómade no garantiza seguridad

-Tienes un punto, pero en este mundo tan agresivo, yo creo que es justamente el establecerse lo que te puede matar: si algo aprendí, es que en este mundo debes hacerte a la idea de que no tienes hogar; de que tú eres tu hogar… dejé mi ciudad, dejé a mi estado, lo dejé todo… ahora sólo me tengo a mí mismo, y a la gente que he encontrado y que me acompaña; construyes una casa, otra cosa, luego un pueblo, pero cualquier día puede venir alguien a destruir todo lo que conoces… cazadores, militares, o incluso luciérnagas: ya no importa quién sea

-Entonces la defiendes

-Tarde o temprano te vas a ver superado; debes estar acostumbrado a huir y volver cuando sea necesario, y si no puedes, entonces no volver en absoluto… piensa en Will; creyó que tenía el resto de su vida asegurada, pero O'Connor no tardó en mandar un equipo a su ciudad, y perdió todo lo que había obtenido… comida, armas, y lo que él llamaba su hogar

Recordó entonces las palabras que habían intercambiado Francis y Jason en la minera.

-Debe haber sido difícil haber decidido matar a tu propio hijo

-Will no es mi hijo –respondió Jason, sin ya mucha emoción –pero aun así lo crie y le di todo para sobrevivir… Will es un huérfano de guerra; llegó a Estados Unidos joven y acabó en un orfanato por cosas del destino; cuando era un adolescente escapó de ahí, viendo que nunca saldría de allí, y empezó a vivir en las calles; por sí solo logró educarse y de alguna forma acabó yendo a la universidad; fue entonces que el Cordyceps atacó; perdió todo lo que había construido, se halló totalmente en el suelo, y fue entonces que lo encontré; tenía todavía el espíritu juvenil, y era por sobre todas las cosas un idealista; había crecido sin amor, pero eso no le impidió ver que eso era necesario en la vida: él creía en un mundo mejor; en un inicio los militares no fueron tan estrictos como ahora… aunque eso era porque las cosas recién estaban empezando, y eso lo llevó a unirse al ejército; aún recuerdo que me mostró que como nombre había puesto William Butler al entrar… no puedo ignorar que pasé buenos momentos con él… y que lo recuerdo con cariño… yo ya había perdido un hijo antes… y él había llenado ese espacio… pero no tardó en ver que la FEDRA cada vez se preocupaba más por mantenerse en el poder, y de tener algo por sobre lo que tener poder, que de ayudar a la gente, y fue por eso que me siguió gustoso cuando me uní a los luciérnagas…

Ethan tuvo un pequeño remezón interior tras oír eso: Francis originalmente había sido un luciérnaga.

-Pero ya ves cómo acabó… y lo cierto es que no iba a mejorar… te lo agradezco, Ethan… por el bien del Will de antes, el Will de hoy no podía seguir

No podía olvidar todo lo que había sufrido; su oreja y su dedo le recordaban también el dolor, y todas las personas que habían muerto en sus manos. No podía perdonarlo, pero era extraño saber que, hacía mucho tiempo, esa persona había sido… buena.

-Hay otra cosa… aunque no sé si pueda preguntarlo… ¿quién era Ellen?

Jason lo miró detenidamente, casi parando en seco la caminata, para luego respirar profundamente.

-Ellen era una mujer que encontramos en nuestros primeros años como luciérnagas… era fuerte, decidida, y estaba agradecida con nosotros, pues le salvamos la vida de unos infectados, y la llevamos con los nuestros para que trataran sus heridas… eventualmente se unió a nosotros, y también se retiró del grupo cuando yo y Will decidimos irnos… Ellen y Will tenían un… interés el uno en el otro, pero nunca concretaron algo, por más que yo y varios más los incentivamos, Will tenía su forma de ser y Ellen era bastante orgullosa… cuando salimos de los luciérnagas Will decidió separarse de nosotros: creo que esa fue la única vez en que Ellen expresó sus verdaderos sentimientos hacia él directamente… pero creo que a esas alturas Will ya había empezado a cambiar… eso fue hace demasiados años… la siguiente vez que se encontraron fue hace sólo un par de meses, cuando su grupo atacó al nuestro, y aun sabiendo que éramos nosotros, la mató… Will había cambiado, y su objetivo era muy distinto al original; a ese idealista… creo que la muerte de Roy lo afectó demasiado, y el ataque de O'Connor después de todos esos años sólo empeoró las cosas

-¿Precisamente qué quería? Ni siquiera en sus últimos momentos pude saber exactamente cuál era su meta ahora

-Matar a O'Connor, crear su propio grupo y hacer su parte liberando a las pocas zonas que quedan bajo control, de las manos de los militares, aunque no tenía planes de reestablecer el orden anterior, como es el caso de los luciérnagas… él sólo quería que todos fueran libres, llevando la libertad al extremo; ni ley ni orden; sabía que no podía contra los militares, pero sabía también que si reunía la suficiente cantidad de hombres podía tener una oportunidad contra las zonas de cuarentena: no es necesario, ni posible, acabar con el ejército, pero es mucho más factible retomar esas pocas zonas; si los militares las pierden, bien pueden darse por perdidos… pero como dije; ellos saben bien eso, así que la batalla habría sido casi igual de mortal

Y tras escuchar esas palabras, por primera vez quiso mirar un poco más hacia el futuro, para notar esa interrogante que permanecía en el devenir.

-Escuché que O'Connor quiere retomar ciertas zonas… ¿has pensado qué harás al respecto? –preguntó, mientras se hacía la pregunta hacia sí mismo, junto a los luciérnagas y a Marlene

-Soy realista en cuanto a eso… O'Connor está avanzando desde la costa este… si nos encuentran sus tropas bien podemos darnos por muertos, así que probablemente pensaremos en cruzar la frontera e ir a Canadá, en donde aún no se ha dado una situación así de terminal

-¿Crees que logre su objetivo?

-No creo que alguien pueda detenerlo; tiene tropas entrenadas, armamento y organización… ni siquiera Marlene podría hacerle frente; no sé qué será de ella entonces, considerando su forma de ser

Tanto Ethan como Dom hasta entonces habían decidido guardar el secreto, pero aun considerando la historia pasada de Jason con los luciérnagas, Ethan considero necesario, o al menos oportuno, dar la noticia.

-Marlene y los luciérnagas se están reuniendo en Salt Lake City, y van a encontrar una cura… tienen a una chica que es inmune al Cordyceps… planeamos ir allá y unirnos a ellos… supongo yo todavía creo en ellos… de hecho es lo único en lo que puedo creer últimamente; verás, yo también tengo mi historia

-No me malentiendas –respondió Jason, quien no se mostró muy sorprendido –yo creo que Marlene quiere lo mismo que quería Roy, sólo que los métodos que usan son cuestionables… ahora sobre la cura… no estaría mal, para nada… lo siento si no reacciono tan alegre, pero creo que he renunciado a la idea de ver un mundo distinto a este, así que me cuesta creer lo que dices… pero de todos modos, cuando la veas dile que se cuide de O'Connor… sí, supongo que aún le tengo un poco de respeto

-Supongo que no te puedo convencer de acompañarnos

-Creo que ya he dicho todo lo que debía decir al respecto; creo que puedes entender mi posición

Y entonces pudieron ver entre los árboles brotar la prisión, la ciudad, y en el caso de Ethan y Dom, en la lejanía la parte en la que se encontraba el camión, en donde se encontraban Liz y John, esperando su regreso.

Pero en ese momento tampoco afloró la pregunta.

-¿Tienen a un médico en su grupo? –preguntó Ethan, para ver si los llevaban con Liz

-No se preocupen –respondió Jason –tenemos a unos cuantos; en un mundo en donde cada bala cuenta, cada herida también… son bastante valiosos hoy en día

Ya estaba atardeciendo, y sinceramente el cielo rojizo que de a poco se reflejaba en las hojas en las ramas calmó por ese instante el ambiente, para dar paso a la despedida; ambos sabían que no podían hacer nada por el otro más allá de lo que ya había pasado; un aspirante a luciérnaga y un ex luciérnaga se vieron una última vez, para luego dar paso a la separación: Ethan y Dom hacia el camión oculto entre los árboles, y Jason y Hal hacia la prisión en Boulder. Por un instante Ethan volteó la cabeza para verlos una última vez, antes de continuar camino a reunirse con su grupo.

Y entonces fue que la pregunta apareció.

No se iba a reunir con su grupo: iba a reunirse con lo que quedaba del mismo.

Jack, Julie, Mary, Mike y Matt habían muerto en esa ciudad; cuatro personas que él había rescatado, o eso era lo que él había creído, para llevarlos a su muerte, y su mejor amigo, quien lo único que conoció después de reencontrarse con él fue torturas y muerte.

Y todo había sido por él.

Todo había sido su responsabilidad, su culpa.

Ya no tenía contra quién luchar, ni a quién preguntarle dudas para perderse entre palabras; ahora estaba sólo con su mente, y lo peor es que Dom probablemente estaba pasando por lo mismo.

¿Había valido la pena?

Los dos caminaron en silencio, sin decir palabra ni intercambiar señas; sólo caminaron, escuchando sólo el correr del viento entre las hojas por las que pasaban, sin saber qué decir cuando llegaran finalmente; una parte de ellos incluso quería que no llegaran nunca: estar por siempre caminando al destino, jamás pudiendo llegar a éste.

Pero Ethan vio el momento: vio cuando el camión apareció entre las hojas, para luego ver a Liz bajarse de éste, con una expresión de alegría, probablemente por el hecho de que había vuelto sano, para luego ver esa expresión cambiar al notar que sólo eran dos personas.

Y tenía que decirle qué había pasado.

Liz pudo haberlo visto, haber corrido hacia él, y haberlo abrazado, pero en vez de eso sólo la vio quieta afuera del camión, viéndolo fijamente, con una expresión muerta e inmóvil: no era difícil ver que sabía lo que había pasado, y que su mente estaba procesando aquella información.

Vio a John bajar entonces desde la otra puerta, y pudo ver que John si hizo una expresión: una expresión de sorpresa, de una no grata, entendiendo también lo que había pasado.

Demasiada gente.

-¿Qué… pasó? –preguntó Liz, con voz seca

Ethan sólo la puso ver, para luego bajar la mirada, y fijarla en el pasto que se movía al ritmo del viento. No vio la reacción de Dom, pero pudo decir que había sido la misma, o todavía más esquiva.

-¿Dónde están? –repitió la pregunta

Y entonces recordó: poco después de que Liz se hubiera enojado con él por el asunto de Anna, solía verla con él, jovial y risueña, como la Liz que había llegado a conocer con el paso del tiempo. No pudo sentir sino culpa, y vergüenza de tener que decirlo.

-Mike y Matt… no sobrevivieron –le dijo, intentando amenizar las cosas, aunque sabía que era imposible

No fue la mirada de Liz la que lo devastó, ni el silencio que hubo entre los cuatro en ese momento, ni la sensación de que todos lo miraban incriminatoriamente, pese a que probablemente no era así: fueron sus propias palabras, y el tono en el que las había dicho, lo que hizo que inmediatamente se fuera del lugar, sin decir ninguna palabra.

Sólo una frase resonó en su cabeza.

-Qué mierda he hecho