Capítulo 23 –Consecuencias
Ya era de noche para cuando se encontró solo entre los árboles, sintiendo el frío, pese a que el invierno ya había acabado, pues era un frío que sentía por dentro, un frío producto de sus propios actos: la culpa.
La luna se alzaba sobre él brillando completamente; parecía casi una guía, como si indicara hacia dónde se encontraba su destino, pero la realidad era que Salt Lake City se encontraba hacia otro lado. Habían pasado los minutos y empezó a notar que nadie se acercaba. Era mejor así, sin importar los motivos; podían odiarlo.
Pero eventualmente escuchó unas pisadas detrás de él; si era John aceptaría sus culpa propia, le diría incluso que no merecía unirse a los luciérnagas; si era Liz no sabría qué hacer, y eso le aterraba más todavía. Pero quien finalmente se sentó a su lado fue Dom, aunque eso no lo alegró en absoluto.
Hubo un silencio entre ambos antes de mediar cualquier palabra, en el cual sólo se siguieron escuchando las hojas danzar con el viento.
-Hicimos lo correcto, ¿cierto? –le dijo Dom
Entonces, al verlo, pudo ver en su cara la misma expresión que había tenido después de la muerte de Julie, después del escape de la prisión: esa expresión que demostraba sólo desolación, como si uno se encontrara atrapado en un callejón sin salida, dentro de su propia mente, y por más que quisiera salir, terminara dándose cuenta segundo a segundo de que no hay escapatoria, porque escapar de lo que lo molesta significaría escapar de la realidad.
Ethan no pudo sino observar en silencio: él había empezado todo eso, y después de que por fin hubiera acabado, no pudo sino sentir que había una culpa directa e imperdonable suya: no pudo distinguir si en realidad, muy en el fondo, había hecho todo eso sólo para matar a Francis, y no sólo el hecho de que eso pudiera ser verdad le hacía avergonzarse de sí mismo, sino también el hecho de que al final podría haber usado a Francis para limpiarse de sus culpas: el cazador que lo había reclutado, el cazador que lo había transformado en uno, el que lo obligó a matar a inocentes, el que no perdonó: Pero nadie lo obligó a ser uno; bien pudo haber sacado a Mike del grupo cuando éste lo introdujo; bien pudo haber insistido todavía más, hasta convencerlo, cuando decidió irse del grupo. Y si eso era así, lo que había hecho no era lo correcto, para nada.
Y luego estaba Dom, quien había perdido a la persona que más amaba; por un lado, su motivo era mucho más directo y no abierto a dudas, pero la verdad es que cuidaba de no hacer ningún guiño a ella, al menos no delante de él, no más. Si lo que él pensaba de sí mismo, al intentar consolar a Liz más que a él mismo, entonces no merecía estar con ellos: antes de llegar a Boulder se consideraba el cazador del grupo, el manchado por el pasado, pero no había sido sólo eso. Se sentía sucio, como antes, pero esta vez sabía que la culpa era sólo de él mismo, y no podía haber ningún otro culpable.
No sabía qué o cómo responderle a Dom, no sabía qué lado abordar; no sabía si siquiera lo que diría sería verdad u otra vil mentira. Merecía morir; si tan sólo aquellos hermanos en Pittsburgh lo hubieran matado en ese teatro, antes de conocer a Dom, o a Liz incluso; morir solo.
-Cuando Julie murió –dijo Dom, tras el silencio que marcaba la ausencia de toda respuesta por parte de Ethan –quise morir, ahí mismo… y matar a Francis no la traería de vuelta, pero aun así sentía que era lo que tenía que hacerse… ojo por ojo… es curioso; esa frase es tan vana y típica, pero al final siempre vuelve con todo el sentido que puede llegar a tener… pero ¿sigue teniendo sentido?
-No a ese precio… -respondió finalmente Ethan, sin moverse
-Matt murió ahogado en gritos… y a diferencia de Julie, no tengo nadie a quien culpar, nadie más que a mí mismo…
-Eso no es cierto, Dom –no se dio cuenta, pero esa respuesta también se la hacía a sí mismo; ese intento vano de convencer
-Pero siempre hay un solo culpable para todo, para todo lo que pasa en esta vida… y no puedo sino culparme también de la muerte de Julie
-No hubo nada que pudiste haber hecho en esas condiciones
-Siempre hay algo que se pudo haber hecho, Ethan… y sea lo que sea, no lo hice… y peor aún… nunca, ni siquiera ahora, supe qué debía hacer en ese momento… lo único que pude ver a continuación fue un infierno… cuando tu amigo murió, esa idea volvió: estaba en la realidad, y sin importar cuánto intentara huir, acaba de ver a otra persona morir frente a mis ojos… pero nuevamente no puedo sino sentir que algo de culpa tengo yo, o incluso tú… si es que no toda
-Es mejor que volvamos con los otros
No, no era lo mejor y lo sabía, pero al menos en ese momento no supo si era peor enfrentar a John y a Liz, quienes se habían mantenido ajenos a lo que siguió, o estar con él, dándose cuenta de que ambos llegaban a las mismas conclusiones, conclusiones que no eran para nada agradables, ni esperanzadoras.
-¿Hicimos bien en volver por ti? –preguntó entonces Dom, antes de levantarse, como acorralado por sí mismo
Ethan sólo lo observó, recordando su encuentro con John en la prisión, recordando lo que él había sentido en ese momento; recordando que había decidido exiliarse de los demás, para hacer de esa su batalla, y eso sólo le hizo recordar también que quien estuvo en la minera no fue él solo; los había arrastrado.
-No –respondió finalmente
No, habría sido mucho mejor si incluso antes todavía hubiera pasado; habría sido mejor si los soldados de Boston le hubieran disparado: debió haber insistido en entrar en la zona de cuarentena.
Recordó cuando había llorado junto al cadáver de Anna, porque en ese momento había sentido un dolor terrible; no había sido la pérdida de un ser querido, sino la pérdida de un ser valioso, y no pudo sino verse a sí mismo en ese momento y notar que sea lo que sea que le permitía sentir ese dolor, de a poco se estaba yendo, dejándolo vacío.
Entonces Dom, sin agregar palabra alguna, se levantó también.
No fue fácil ver el camión detenido, junto a una fogata, sabiendo que quienes estaban ahí estaba tan lejos de ellos por dentro; él, era un luciérnaga que, sin importar lo que dijera Jason, creía en un mundo mejor, y había hecho las elecciones en su vida que le valían el estar siguiendo ese sueño; y ella, una persona que dentro de todo no merecía todo el dolor que había tenido que pasar, que debido al mundo tuvo que aprender a vivir con el dolor, pero a diferencia de él, eso no le quitó esa chispa que tenía: desde ese punto de vista ella era infinitas veces más fuerte que él.
Y él había sido sólo un cobarde que había arrastrado a inocentes a un conflicto en el que nunca debieron tomar parte: el conflicto de él con él mismo. Francis nunca había sido el verdadero monstruo en ese asunto; toda la culpa recaía en él.
-Creo que ya te lo dije –le dijo Dom, cuando ya casi llegaban, a una distancia todavía lo demasiado larga como para que la voz baja fuera escuchada también por John o Liz –pero Julie fue una de las personas que insistieron en volver por ti
No supo si eso era un regaño, o un lamento.
Liz lo veía fijamente, mientras que John miraba el suelo en silencio; Ethan no quería interactuar con ninguno de los dos. Pero al sentarse, sólo pudo sentir los ojos de ambos perseguirlo sin descanso, incluso cuando veía al suelo, sin poder ver de reojo hacia dónde ellos veían, sentía que lo observaban, y nuevamente la verdad era que probablemente ninguno de los dos lo estuviera haciendo, estando todo en su mente.
-La cagué –dijo finalmente –por mi culpa están muertos… por mi culpa están todos muertos
Hubo silencio entre los cuatro, escuchando solamente cómo la leña se consumía por el fuego lentamente.
-No es cierto –dijo entonces Liz, con su voz dulce –no es tu culpa
Ethan levantó inmediatamente la cabeza para verla: ahora sí lo estaba viendo fijamente, pero no con odio o tristeza.
-Si no fuera por mí, esto no… –se apuró a responder
-Nunca deseaste esto, Ethan –le interrumpió ella –por eso no es tu culpa
-Mi mejor amigo y Matt están…
-No –dijo nuevamente ella, empuñando su mano derecha –te he conocido todos estos meses… desde que me encontraste en esa armería… te he visto sufrir por los demás… no tienes la culpa de esto
-Me intentaste detener… aun sin decir nada, pero no hice caso
-Aun así… tú no fuiste a ese lugar para perder a más gente
-¡Deja de defenderme… de mismo! –gritó Ethan, poniéndose de pie, dándose cuenta rápidamente del gesto que había hecho con eso, excusándose tratando de sentarse nuevamente, sin resultado –pudimos habernos ido después de escapar de la prisión… estaríamos los cinco camino a Salt Lake City… con comida, armas y todo lo que necesitáramos… pero mírame; míranos… mira lo que he hecho
-Ethan –dijo entonces John, observándolo –no sabemos cómo van a acabar las cosas, y día a día sólo contamos con lo que sabemos y lo que sentimos… tú fuiste para matarlo y volver los cuatro, no para perder a tu mejor amigo y a Matt
-¡Pero esto es lo mismo de antes… volví a cometer el mismo error! ¡Tú no mataste al responsable de la muerte de tu hermano, pero yo no sólo no hice eso una vez, sino dos veces! ¡Siempre caigo en el mismo agujero!
Pudo notar que Liz se sorprendió al oír eso: después de todo John sólo había hablado sobre su vida con Ethan, intercambiando palabras sobre las historias de cada uno, y las elecciones. De cómo sus elecciones habían sido distintas.
-Eso no significa que yo sea el bueno y tú el malo, Ethan –le respondió John, manteniendo la calma –sólo significa que eres diferente a mí… pero sé que en el fondo te preocupas por los demás tanto como yo o incluso más: no has cambiado, sigues siendo la misma persona que me salvó la vida entonces, sigues siendo la persona que busca encontrar paz, junto a sus seres queridos… todos tropezamos, pero ambos queremos lo mismo
-¿Cuántas veces tengo que tropezar entonces? ¿Cuántas veces tengo que cometer los mismos errores? Mi mejor amigo acaba de pagar por mí
-Nadie tropieza a propósito: es simplemente tu camino; tropezamos las veces que tengamos que hacerlo, pero eso no significa que no pongamos de nuestra parte para mejorar… hacemos lo mejor que podemos con tal de continuar al ritmo que nuestras identidades nos lo permiten… lo que hoy pasó no es tu culpa
Ethan lo observó fijamente, para luego volverse a sentar; no podía sacar esa idea de su cabeza, y no pudo hacerlo ni siquiera después de que John y Liz fueran a dormir al camión: partirían al día siguiente: sabía que ellos también estaban luchando, y lamentaba que eso tuviera que pasar, pero no veía una forma de poder salir de eso.
Y se encontró nuevamente solo con Dom, esta vez frente a la calidez de la fogata; era como si ésta intentara animarlos, o al menos tranquilizarlos, pero la verdad es que el trabajo que hacía era casi nulo, si es que no totalmente.
-Recuerdo que fui yo el que más peleó con Julie, cuando empezamos a discutir sobre si volver o no –le dijo entonces Dom, retrospectivo –aunque ahora no sé quién realmente tenía la razón
Había estado ahí, y había escuchado claramente la discusión entre Ethan, Liz y John.
-Cuando la conocí era muy distinta de ahora, ¿sabes? –continuó –no… era un tanto parecida a como era ahora, o al menos al principio… nunca intercambiando más palabras de las necesarias… cuando la conocí era un cascarón; ruda con todos… tenía su propia fama, más aún con sus pretendientes, cosa que era rara ver en estos días… pero yo logré ver lo que había dentro de ella… sé que nunca habló demasiado con ustedes, abriéndose un poco hacia el final nada más, pero era por lo mismo… en parte por mí decidió unirse al grupo; aunque a su vez eso lo hizo porque yo quería su bien… lo hizo por mí, porque yo lo hacía por ella… siempre fue autosuficiente, nunca exigió nada de los demás, pero yo le demostré que necesitaba de alguien más, así como yo necesitaba de ella… y si dio su vida por uno de nosotros… entonces puedo decir que hice bien, porque al final ella también se sintió parte de este grupo… fuera de la conclusión que tuvo, y todo lo que aún me cuestiono, es cierto que gracias a ti nos volvimos a sentir parte de algo, como en los viejos tiempos… y por eso te doy las gracias
Ethan sólo guardaba silencio, escuchando las palabras de Dom, intentando no tomarlas como navajas.
-Recuerdo que su sueño era viajar a un lugar en Asia… solía contarme historias de ese lugar, y de cómo todo ahí era sano y calmo, que era imposible que la infección hubiera llegado hasta allá… nunca pudimos llegar a ese lugar, pero al menos siento que con ustedes nos sentimos… al menos en parte… en ese lugar
Y el gesto que hizo Dom, dándole una palmada en el hombro, no pudo sino tranquilizarlo un poco, haciéndole ver que incluso con quien había pasado ese infierno, tenía algo bueno que contar; pensó en cuánto quería que eso pudiera borrar todo lo malo.
-Vamos a dormir, Ethan, mañana partimos temprano a Salt Lake City… ya falta poco, y el camión vendrá bien para reponer el tiempo que estuvimos acá
Ethan lo vio, y por primera vez en todo ese día, tuvo una pequeña sonrisa en su rostro, para luego levantarse e ir a la parte trasera del camión, en donde estaban durmiendo.
Quizá si los llevaba, a los tres a Salt Lake City, y encontraban la cura, podría olvidar todo lo que había pasado, o al menos podría dejarlo atrás.
Entonces recordó las palabras de Diane: "grandes cosas".
Tenía que ser fuerte, tenía que salir de ese agujero, y cumplir esas palabras.
Y esa mente suya, que interpretaba como una luchando contra sí misma, ganando de a poco la batalla, fue la que al día siguiente despertó para partir rumbo a los luciérnagas, para darse cuenta de que Dom había despertado antes, para darse cuenta de que no estaba afuera del camión, para empezar a buscarlo en las cercanías para, finalmente, encontrarlo con una soga al cuello, colgado de un árbol.
Era mentira, no era fuerte; no estaba ganando la batalla: se estaba derrumbando bajo su propio peso.
