Capítulo 24 –Lo mejor está por venir
-¡Ethan! ¡Apresúrate! –gritó Liz a lo lejos
Ethan levantó la cabeza, viéndola; el sol estaba casi a la altura de ella, en lo alto de una colina, pareciendo que el sol era ella misma; no supo qué pensar sobre ella, porque en el fondo una parte dentro de él le decía que no podía decir jamás algo malo de ella. Entonces bajó la mirada y vio el bidón con combustible, recordando a qué habían ido a ese pueblo.
-¡Ya voy! –respondió, para tomar el bidón y ponerse en marcha
Últimamente Liz se preocupaba mucho por él; más de lo normal, incluso pareciendo que ya no era el líder del grupo: desde el suicidio de Dom, Ethan se había mantenido callado, a veces saliendo a dar pequeños paseos por la noche: cuando John y Liz le aconsejaban descansar él se excusaba con que así aprovecharía también de vigilar el área, en caso de que aparecieran cazadores o infectados. Habían tenido que pasar varios días, y luego semanas, para que finalmente los esfuerzos de Liz especialmente, hicieran resultado.
Pero la verdad es que dentro de su cabeza no cabían sino imágenes del pasado, fantasmas de antes que ya no le perseguían, porque ya, de hecho, lo habían alcanzado y se habían vuelto parte de él.
-¿Conociste a Roy? –le preguntó una noche Ethan a John
-No, pero alcancé a saber dentro de las filas de los luciérnagas de él –respondió John, recordando aquellos años –hoy en día sólo los más viejos miembros lo recuerdan
-No te dije, pero… ese día… me encontré con uno de esos viejos luciérnagas… él nos ayudó esa vez
-¿De verdad? ¿Cuál era su nombre?
-Jason… Jason Butler
-No me suena el nombre, al menos no en este momento
-¿Estás de acuerdo con las acciones de Marlene?
-Si lo dices por los atentados y las muertes… y si soy yo el que debe dar su opinión… lamento cada vida que hemos tomado, cada inocente que ha muerto por alcance de balas en los tiroteos, y cada persona que ha muerto en los atentados… cada persona que he visto morir, se ha implantado en mi cabeza y recuerdos, pero precisamente eso me hace continuar; me uní a los luciérnagas para llegar a un ideal, y si no llego… significa que todas esas personas murieron en vano
-¿Y qué opinas de lo que te dijeron de Roy?
-No puedo culparlos, para nada… lamentablemente tuvimos que aprender de la mala forma que no podemos confiar en todos: por ese lado puedo entender la naturaleza de Marlene… los militares no van a jugar limpio, Ethan, y tenemos que tomar cada decisión con eso en mente
-Yo confié muchas veces mi vida en otros, y salí vivo… pero eso lo hace sonar como que sólo he tenido mucha suerte
-Si lo dices por nosotros, difiero… tú tienes algo, Ethan, y eres capaz de ver la naturaleza de cada persona; no arriesgaste la vida, sino que nos diste la opción de conocerte y acompañarte… y no, no vuelvas a culparte; seguimos aquí Ethan, seguimos vivos… y seguimos luchando por nosotros, y por ellos, y eso nada lo va a cambiar
Quizá era posible verlo así: tal y como cuando Diane con esas pocas palabras había impulsado a Ethan a salir de su grupo, había habido otras personas que habían depositado sus esperanzas y sueños en él: si era así, entonces quizá su rumbo seguiría intacto: debería llegar a ese hospital.
Si era así, entonces podría seguir adelante, sin olvidar el pasado, pero yendo con él.
Y era Liz quien más lo ayudaba, día a día a su lado; ya se veían lejanos esos días en que ella había estado distante, pareciendo casi como los tiempos de antes, aunque obviamente él era el único factor que había cambiado desde ese entonces. Viajaban nuevamente en un vehículo, y continuaban camino al mismo lugar, siendo casi como aquellos días.
-Acá está el bidón… me distraje un poco –le dijo, para luego pasárselo
-Ya falta poco para llegar a Salt Lake City, así que mantente un poco más concentrado
-Lo siento… yo…
-No te preocupes –lo interrumpió ella, dándole una sonrisa –tan sólo no te vayas tan seguido
Pudo notar que no se refería a irse físicamente, y no pudo sino asentir, para poder tranquilizarla un poco.
-Sin importar las cosas que he hecho –dijo de repente, notando cómo ella echaba el bidón en la parte trasera del camión –siempre has estado a mi lado… aun cuando yo me había convencido de estar solo, tú siempre estuviste ahí para recordarme que no era así… gracias, Liz
-Al contrario –le respondió ella de inmediato –por si no lo recuerdas la primera vez que nos conocimos yo era quien estaba totalmente sola, no sólo en el aspecto de no tener a nadie… yo ya me había dado por muerta, y una parte de mí quería acabar así, aunque cuando por fin te tuve frente a mí otra parte de mí tembló y dudó en el último momento… pero no me disparaste… yo soy quien te debe agradecer
-No creas que era un mesías… llevaba varios días corriendo por mi cuenta; lo único parecido a compañeros que tuve hasta ese entonces no habían durado más que un par de horas; no están muertos, o eso creo, pero… tomamos distintos caminos
-Entonces, supongo que nos ayudamos el uno al otro –le dijo ella, dejando escapar una pequeña sonrisa
-Sí… supongo que así es
Al menos algo bueno y constante todavía residía en su vida, y era ella sin lugar a dudas. Pero él no había actuado de buena forma ante eso: no le había pagado en la forma en que ella le había pagado a él, y había intentado remediarlo demasiado tarde.
-Discúlpame por lo de Anna
Notó que Liz de inmediato se dio cuenta del tema, recordando la pelea que habían tenido hacía ya tiempo, en invierno.
-Sé que tuviste tus razones… además no habría hecho ninguna diferencia
-Te habría podido entregar esa fotografía, ahí aparecías…
-Yo, ella y mi papá… Troy –lo interrumpió –es de cuando aún vivía tras las murallas
-Deben ser bonitos recuerdos
-Lo son… los atesoro y los guardo con cariño… y esas experiencias que tengo me son suficientes; una foto más o menos no hará gran diferencia
-Yo también tengo recuerdos bonitos… de tiempos pasados
-Pero, ¿sabes algo? Este viaje, aun con todo lo que ha pasado… aun con todo lo que hemos pasado… me trae también buenos recuerdos… había perdido a todos a quienes quería, pero gracias a ti supe que uno podía seguir después de eso, y que puede seguir resistiendo… y quiero creer eso, porque si es así, entonces puedo sonreír al despertar cada mañana
Ante eso Ethan se preguntó por qué no podía hacer lo mismo; por qué no podía ver la luz en la oscuridad que había sido su vida, y nuevamente sintió que por eso mismo Liz era infinitas veces más fuerte que él.
No, no era cierto: sí podía ver la luz; cuando había estado en la prisión, había habido un claro recuerdo anhelado: él en el auto con su grupo, sobreviviendo a tiroteos e infectados, pero también compartiendo almuerzos, conversando a la luz de la fogata, y sobre todo, riendo. Había sido capaz de ver y anhelar esos momentos, porque los atesoraba así como Liz lo hacía también: era capaz, quizá no tan evidente o conscientemente, pero lo era.
-Liz… gracias –dijo, sin agregar nada más de contexto
-¿Eh? ¿Gracias por qué? –le preguntó ella, extrañada
-Por ser como eres… déjame ayudarte con los otros bidones
Si lograba salir por completo, sabía que sólo se debería a ella, y estaba enormemente agradecido por eso.
-Según mis cálculos en una semana deberíamos estar llegando a Salt Lake City –dijo Ethan en medio de última comida del día, cuando ya la noche había llegado, a la luz de una fogata
Pudo notar que John se sorprendió al ver que por primera vez en semanas enteras era Ethan quien empezaba a hablar en medio de las comidas: durante todos esos días John o Liz habían tenido que sacar a luz algún tema para sacarle palabras, si es que respondía siquiera; como guinda puso una sonrisa en su cara, demostrando que estaba mejor.
-Siempre estuve consciente de que no sería fácil, pero ahora que por fin queda tan poco… admito que me siento raro –confesó John –por fin realmente llegaremos… haremos valer cada sacrificio que hemos hecho
-También pensé en que sería difícil –agregó Liz –pero nunca perdí las esperanzas en que llegaríamos, pese a todo lo que ha pasado
-Más vale que Joel haya descubierto en la universidad algo que lo lleve con Marlene
-Si no es así, una vez reunidos allá, enviaremos equipos a lo largo de todo el país si es necesario, hasta encontrarlos, sea donde sea que hayan terminado perdidos, aunque con todo lo que había en ese lugar, estoy seguro de que algo debió haber encontrado
-Tendremos los mejores asientos para ver cómo esto se termina –bromeó Ethan
Y esa fue la primera noche en varios días, en los cuales descansó realmente, acomodado en la parte trasera del camión.
No iba a ser gracias a él, pero sí vería una "gran cosa" siendo realizada frente a sus ojos; el destino quizá existía después de todo, pensó.
-Liz –le dijo al otro día, luego de desayunar unas latas que habían encontrado en el pueblo del día anterior -¿quieres dar un paseo? Lleva un arma por si acaso
El pueblo estaba vacío, y esas áreas sólo tenían árboles y algunos animales que en su momento Julie pudo haber cazado, pero nunca podía ser demasiado cuidadoso; aun así sentía que esa caminata le traía paz, caminando entre árboles y arbustos.
-Gracias nuevamente por lo de ayer –le dijo entonces
-Si es lo que creo, aún no sé a qué iba
-Quiero que sepas que, aun después de todo, yo también atesoro este viaje, y estoy agradecido de haberlos conocido; de haberte conocido y que nunca… olvidaré los momentos que hemos pasado, y los momentos que pasaremos a futuro
-Suenas como mi papá –le dijo ella, riéndose mientras probablemente recordaba otros tiempos –siempre hablaba del futuro; de lo que pasaría a futuro: él sabía que nunca podías pretender predecir lo que el futuro te traería, pero siempre tuvo fe… de que el mañana sería mejor que el hoy… que pese a lo que pasara, algo nos esperaría siempre más adelante… tenía una frase que resumía su forma de pensar
-¿Cuál era?
-"Lo mejor está por venir"… que sin importar lo que vivieras, sin importar cuántas risas y buenos momentos hayas tenido, siempre el futuro de una u otra forma tendría algo todavía mejor para ti… y que incluso después de eso, algo todavía mejor vendría… yo quedé completamente sola, y no quise nada más, pero llegaste tú, luego llegaron los demás… y por eso a pesar de lo que ha pasado, estoy segura de que pasará otra vez algo bueno, porque lo mejor siempre estará por venir
-Tu padre suena como alguien bastante sabio
-Sí… siempre supo cómo lidiar con las personas, por lo cual tenía pocos enemigos… hasta un bandido local, que en ese entonces tenía ya un poco de fama, le tenía respeto y procuraba no hacernos daño; él creía que de alguna forma todo este sufrimiento terminaría… y ya ves… dentro de poco así será: esa esperanza es el regalo que me dejó, y gracias a ti fue que pude volver a guardar ese regalo dentro de mí… gracias a ti lo recuperé después de haberlo perdido
-Mi padre no fue tan optimista –dijo Ethan, recordando imágenes muy lejanas en el tiempo –lo veía triste la mayoría de las veces, siendo que antes de la infección se veía como cualquier otra persona, y como el mejor papá… pero si algo hizo, fue nunca dejar de preocuparse por nosotros… él nos protegió hasta el último momento… a mí y a… mi hermana
-¿Tenías una hermana? –Le preguntó Liz, sorprendida –nunca me habías hablado de ella
Y era cierto: la única persona que sabía que Diane era John, y él nunca había hablado de ella con nadie.
-Así es… su nombre era Diane… era… fue por sobre todas las cosas mi compañera y mi sostenedora… le gustaba ayudar a la gente, de hecho creo que de ella saqué ese deseo, siempre me decía que sin importar cuán mal estuvieran las cosas, y cuán inútil fuera nuestra ayuda, si podíamos ver una sonrisa en la cara de la otra persona, entonces todo había valido la pena; si podíamos sonreír así fuera por unos segundos, entonces nada más importaba, porque no había nada mejor que la felicidad, y en un mundo como éste justamente eso era lo que faltaba
-Suena como una persona agradable
-Se habrían llevado bien ustedes dos, si las cosas hubieran sido diferentes
-¿Está…? –Preguntó de inmediato Liz, notando lo que había hecho –perdóname, no quise entrometerme en ese tipo de temas
-No te preocupes, Liz –la corrigió –tomando tus palabras, si algo tengo de ella, son buenos recuerdos, que jamás olvidaré… sí, se habrían llevado bien, aunque se habría sentido rara si se hubiera lastimado y tú la hubieses curado; estaba acostumbrada a que fuera al revés siempre
-Me hubiera gustado conocerla –comentó Liz, con una leve sonrisa en su cara, imaginando momentos que nunca pasaron
-Al menos conociste a su hermano; no soy tan ideal como ella, pero es algo
-No me quejo… - dijo, para luego detenerse en seco, haciendo que Ethan también se detuviera, para ver qué pasaba -… pero tú al menos conociste a Anna
Ethan la vio en silencio casi abriendo la boca, recordando ese día: esas pocas horas en esa casa.
-Era muy hábil; me capturó ella sola, y me llevó a una casa en la que vivía
-No era una militar, pero tenía entrenamiento… aun así nunca fue fría; era terrible las primeras veces que la veías, con un temperamento tan sensible que muchas veces la vi pelear con hombres mucho más grandes que ella, intercambiado puños y patadas, pero si la llegabas a conocer, descubrías a la hermosa persona que era… más que cualquier cosa se preocupaba mucho por las personas a las que quería
-Estuve poco tiempo con ella, pero también pude notar eso; me tuvo en sus manos, pero me dejó ir, y eso no lo haría cualquier persona
-La conocí porque era amiga de mi papá; había llegado a la zona hacía no mucho, y en ese poco tiempo ya se había hecho de enemigos, pero fue mi papá quien la cuidó de encontrar a los enemigos incorrectos; ella por supuesto en un principio fue lo más cruel posible con él, diciéndole siempre que no necesitaba su ayuda, a veces incluso golpeándolo… pero de a poco se fue abriendo; en las primeras veces que yo me ofrecía para curar sus heridas, ella solía evadirme e irse rápidamente: la primera vez que dejó que tratara sus heridas, porque había tenido una mala pelea, vio hacia el otro lado todo el tiempo, nunca mirándome directamente, pero eventualmente también la conocí… aunque ella nunca admitió abiertamente que nos quería, pero con el tiempo siempre estuvo a nuestro lado…
-Se notaba que los quería mucho a ambos, al guardar una foto de ustedes entre sus pertenencias
-Nunca antes supe que ella guardaba esa fotografía; pienso en cómo igual se comportaba indiferente con nosotros, pese a estar a nuestro lado, pero guardando esa fotografía, escondida de todo el mundo… así era ella –dijo, riéndose
-Lo que importa siempre es lo que uno siente en el fondo
Entonces Liz nuevamente se detuvo, pero esta vez no tan repentinamente, y con una sonrisa dibujada en su rostro, iluminada por el sol del día.
-Gracias, Ethan –le dijo ella entonces
-¿Eh? ¿Por qué?
-Por esto… por esta caminata… gracias por ser como eres
Y decidieron dar la vuelta y volver al camión, conversando sobre decenas de recuerdos y experiencias que llenaban sus días y sobre todo sus vidas, recuerdos que eran parte de ellos y que jamás olvidarían.
Ambos pensando en que lo mejor estaba aún por venir.
