Capítulo 28 –El túnel

-… Y entonces llega mi papá para ver lo que estaba pasando –relataba ella, haciendo gestos y tonos de voz para ambientar la situación -sólo para decir "si esto es lo que obtengo por confiar en extraños… lo tomo", mientras Nick bailaba ebrio sobre la mesa de pool y Anna observaba todo desde un rincón sin saber qué decir al respecto

Ethan sólo pudo reírse imaginándose la situación hacía un par de años, pensando también en que probablemente aquél Nick también se había ido, pero que justamente eran recuerdos como ésos los que evitaban que muriera realmente: todas las personas que nos dejaban pasaban a vivir dentro de nosotros, en aquellos recuerdos que atesorábamos, y que nunca olvidaríamos, como lo eran sus amigos y las personas que habían quedado en el camino.

-Oh –dijo ella, interrumpiendo su carcajada –llegamos nuevamente

Ethan vio el lugar: habían regresado caminando lo que ambos habían corrido a toda prisa, pasando nuevamente por el lugar del tiroteo, por los pasillos sin paredes, e incluso al volver a la terraza habían vuelto a ver a las jirafas, que ya se preparaban para la noche, pues en cualquier momento el sol se pondría en el horizonte, anunciando que el día acabaría. Y finalmente habían llegado nuevamente al campamento médico en donde se habían encontrado con Nathaniel y sus hombres, sólo que ahora podrían seguir su camino, pudiendo ver en la lejanía el hospital Saint Mary.

-No te lo había dicho –le comentó Liz, viendo el hospital –pero dentro de poco cumpliré veintidós años; supongo hoy en día esas cosas no importan tanto… ¿tú cuando cumples años? ¿Y cuántos?

-No me hagas sentir viejo, Liz… -reclamó él, con una sonrisa por dentro –mi cumpleaños fue hace varios meses, cuando aún no llegábamos a la planta de Tommy… y ahora que lo pienso… cumplí treinta y siete años… por algún motivo no recordaba bien si eran treinta y siete o treinta y seis… quizá ya me está fallando la memoria

-No te pongas fatalista –lo animó ella –todavía te quedan varias décadas por delante, además no eres para nada viejo… ¡los treintas son los nuevos veinte!

-¿Y los veintes son los nuevos diez? –le preguntó él, burlón, recordando en cómo de todas formas Liz demostraba a lo más unos diecinueve

-¿Te estoy animando y me respondes así? Qué cruel… pero de todos modos supongo que te debo el regalo

-Nah… -le respondió Ethan, agitando su mano –antes los cumpleaños eran una fiesta que anticipábamos durante varios meses, esperándola… además si es por un regalo, puedo decir que los recuerdos que tengo de esos tiempos son más que suficientes; cuando estaba con ustedes, viajando en el auto… oh, mira

Le habló a Liz, indicando un túnel que conducía al hospital: John los había llevado hacia el campamento, y el túnel era como la vía más obvia hacia el destino desde ese lugar, así que probablemente por ahí tenían que pasar si querían llegar con los luciérnagas: era la continuación subterránea de una autopista, y podía ver que en la entrada se encontraba un camión que tendrían que saltar, pues bloqueaba todo el camino.

-Casi me olvido –dijo entonces Ethan, metiendo su mano en su mochila –debo tener esto al alcance, para cuando vea a Marlene… supongo en el bolsillo estará bien

Podía apreciar cómo la luz del sol que pronto se iría se reflejaba en el colgante de John, en donde aparecía su nombre y su número; cuando volvieron caminando, al pasar por el lugar en donde estaban las tumbas de John y de Nathaniel y sus hombres, cambió de opinión y decidió llevarlo.

-Deben de tener un mural de compañeros caídos o algo así… -comentó –y supongo él hubiera querido volver con ellos así fuera sólo de esa forma

-Yo también lo creo –respondió ella, apoyándose en él de costado –… vamos

Ethan la vio, para darle una sonrisa, y partir. Si todo salía bien, llegarían una vez entrada la noche al hospital.

El lugar era inmenso; tras pasar por sobre el camión pudieron darse cuenta de que nuevamente los autos abandonados estaban amontonados en el lugar, aunque al menos no estaba completamente oscuro, gracias a roturas en la pista que servía de techo, roturas que permitían que finalmente el sol entrara e iluminara el lugar. Había charcos grandes de agua de poca profundidad, y podía ver que el camino que seguirían por ahí era largo y grande; sólo podía imaginar décadas atrás cientos de autos pasando por ahí cada día, si es que no miles.

-Me pregunto cuántos lugares como éste hemos pasado a lo largo de todos estos meses –preguntó Liz, observando el lugar

-Al menos yo perdí la cuenta

Dieron una última parada viendo el panorama, y luego empezaron a caminar, aunque esta vez ya no iban tan distraídos, llevando ambos armas de fuego en las manos, listas para ser usadas: no los tomarían por sorpresa nuevamente, yendo también el costado izquierdo de la autopista, cuidando de no exponerse demasiado.

Entonces fue que ella se dio cuenta: había un cadáver cerca, y a juzgar por el olor recién se estaba descomponiendo: llevaba varios días ahí, por lo que pensaron que era probable que algo estuviera rondando ese lugar, aunque esta vez aceptarlo no fue tan chocante como lo había sido en su momento el darse cuenta de la presencia de Nathaniel en la ciudad, en parte por haber renunciado a sentirse seguros incluso en esa ciudad.

Entonces recordó un detalle sobre él y ese lugar, detalle que le obligó a mirar de reojo a Liz; no estaba con una sonrisa marcada en la cara, debido al lugar en el cual estaban, pero podía ver su luz de siempre. La vio por unos segundos y se tranquilizó, regulando su respiración por pasos, cuidando que el ritmo de sus pasos no se viera interrumpido, con tal de no dar ninguna señal de lo que estaba pasando por su mente.

-¿Te pasa algo? –le preguntó ella, dándose cuenta de que algo andaba mal con él

-No… nada… no te preocupes

Él le había dicho a Nathaniel que los luciérnagas estaban en esa ciudad, antes de irse de la granja: por si es que él cambiaba de opinión y decidía unirse a la causa de Marlene, sin saber en ese entonces que eso desencadenaría los eventos ocurridos ese día.

Vio nuevamente a Liz, se concentró, y siguió caminando.

Le había hecho una promesa a ella, y no pensaba romperla.

Podía hacerlo.

Era su responsabilidad, pero no podía dejar que eso lo hundiera.

No obstante su concentración en sí mismo fue lo que hizo que no se diera cuenta de los alrededores: fue nuevamente Liz quien lo detuvo, para hacerle ver que habían varios cuerpos, quizá demasiados, y que unos eran definitivamente de chasqueadores: incluso llegaron a ver a dos o tres hinchados en el suelo: sea lo que sea que hubiera pasado en ese lugar, había sido grande.

-Probablemente fueron los luciérnagas que quisieron limpiar el lugar… pero son demasiados… -comentó Ethan, en voz baja –nunca había visto a tantos infectados juntos… debió haber sido una cruda batalla

-Recuerdo que antes le tenías una especie de miedo a los infectados, aunque ahora veo que ya no se nota

-¿Te diste cuenta? –Le respondió él, recordando que efectivamente había sido así –a decir verdad no sé desde qué momento empecé a estar menos nervioso cuando teníamos que enfrentarnos a ellos

-Siempre los enfrentaste –le dijo ella, con una sonrisa retrospectiva –aunque vi tu rostro en esos momentos… no querías estar ahí

-Podría decir eso para cada tiroteo en el que nos encontramos también

-Era diferente, y lo pude ver… pero por eso digo: de todas formas estuviste ahí

Sin embargo entonces escucharon pasos; pasos agitados y rápidos, provenientes de los rincones oscuros de ese lugar, por lo cual ambos se prepararon para lo que viniese, dándose cuenta de que efectivamente no estaban solos en ese túnel, mentalizados para tener que defenderse. Pero nada los preparó para ver que desde unas puertas apareció una manada de infectados, para luego ver que desde el techo caían otros; pronto se vieron superados en número, pudiendo ver chasqueadores, corredores e hinchados por igual en el lugar junto con ellos.

Fue un corredor el que empezó a gritar, haciéndoles saber que sabían que estaban ahí, y fue esa señal la que obligó a Ethan a ordenarle a Liz inmediatamente que, ante tal situación, no había otra alternativa que correr.

Habían tenido que enfrentarse al último tiroteo en ese viaje, y como el destino no podía sino hacerse notar, tenían entonces que vérselas con los infectados por última vez.

Su respiración agitada, su vista tambaleándose por cada paso que daba, el sudor que pronto empezó a correrle por la frente, no sólo por el cansancio físico, sino por el psicológico en esa situación: estaban corriendo por sus vidas. No pasó mucho antes de que el piso con charcos se convirtiera en una pequeña laguna que les dificultó un poco seguir el paso, aunque todavía podían contar con la distancia que le habían tomado a los infectados, especialmente a los hinchados, distancia tal que les impediría lanzar sus bombas.

-¡Vamos, Liz, un poco más!

Pero aparecieron más infectados desde el otro lado corriendo hacia ellos de inmediato: viéndose sin otra alternativa tuvieron que subirse sobre uno de los camiones que tenían cerca, para desde lo alto empezar a dispararles, aun cuando sabían que con las armas que tenían no podrían con todos.

Disparaban a todos los que intentaban subir, en especial unos corredores debido a que tenían una vía en la parte delantera del vehículo, lo cual les facilitaba el llegar hacia ellos. Disparaban con todo lo que tenían, pero pronto notaron más que antes que no podrían seguir así por mucho tiempo; se les estaban acabando las balas y las flechas, y además la primera bomba que explotó a un costado del camión les recordó que los hinchados ya los estaban alcanzando.

Si seguían ahí, eventualmente serían superados y morirían.

-¡Ethan! ¡Qué haremos! –le gritó Liz, debido a que entre los gritos de los corredores costaba escuchar incluso a quien estaba a tu lado

Vio hacia los lados

Podía ver que más allá se encontraba otro camión, y una caja que les serviría para poder saltar hasta el otro lado siendo la altura la justa como para que los corredores no pudieran seguirlos, tras lo cual podrían dar por perdidos a todos los infectados; tenía que encontrar el modo de llegar hasta allá y podrían sobrevivir.

Le quedaban unas cuantas balas y podía contar unas cuatro flechas, mientras que el camión estaba siendo abordado por todas partes por igual; al menos los hinchados aún estaban en camino, y de todos modos venían del lado contrario.

Fue entonces que, revisando en todas direcciones en busca de algo que les pudiera ayudar, vio a unos metros del camión algo pequeño que dejaba ir una pequeña señal de humo: parecía un tarro de metal con ciertas hojas cortantes sobresaliendo, colocado a un costado de otro camión, casi estratégicamente.

El humo y la pequeña vibración que tenía ese objeto no podía engañarlo: era un artefacto explosivo, y no era descabellado pensar que lo habían dejado ahí los luciérnagas.

-Liz –le dijo entonces a ella –haré algo… si resulta, disparamos con todo lo que tenemos a los infectados que estorben y correremos a ese camión… lo saltamos y nos salvamos

Apuntó con la pistola, extendiendo más el brazo al sostener el arma para mejorar su puntería, y deseando lo mejor, jaló del gatillo. Apenas la bala sonó, un estruendo retumbó en el túnel, al explotar la bomba dejada ahí: siguiendo la lógica de una granada de fragmentación, las hojas cortantes saltaron por todos lados, alcanzando a herir a varios infectados que estaban cerca, salvándose los dos por estar en altura. Pero lo que realmente les dejó esa explosión fue el sonido: los chasqueadores, hinchados e incluso algunos corredores dejaron de concentrarse en el camión y fueron al lugar en donde había estallado la bomba.

-Ahora Liz –le dijo Ethan, dando la señal

Quedaban sólo unos pocos corredores abajo, por lo cual aprovechando lo silencioso de la ballesta, fue Ethan quien comenzó a dispararles, con tal de abrir un camino: cuando ya no hubieron flechas optaron por las pistolas, siendo más rápido, pero atrayendo a algunos otros infectados.

Pero ese instante de tiempo era todo lo que necesitaban: saltaron del camión y empezaron a correr hacia la caja para poder subir y salvarse; para cuando los otros infectados se dieron cuenta de la huida era demasiado tarde: llegarían al otro lado.

No obstante en ese momento, cuando ya estaban a unos cuantos metros del camión, aparecieron tres corredores de la nada, frente a ellos, los cuales se abalanzaron sobre los dos inmediatamente: Ethan rápidamente le disparó a uno, para luego ser embestido por otro: hizo lo posible por alejar sus dientes de su cuerpo, en medio del forcejeo mortal, para luego tirarlo hacia un lado, pero entonces se volteó para ver que Liz no podía deshacerse del corredor tan fácilmente.

-¡Liz! –gritó, para luego tomar al corredor y empujarlo hacia un lado, para dispararle inmediatamente

Pero era demasiado tarde: el tiempo que habían pasado forcejeando con esos infectados había sido suficiente como para que los otros infectados los alcanzaran: con el camión a sólo unos metros, pudo sentir las sucias manos de aquellos infectados tomándolo por los brazos, para empujarlo hacia atrás, a ambos y finalmente caer.

En el suelo sólo pudo verse perdido entre los corredores que intentaban de todas las formas posibles matarlo o morderlo.

-No, no puede terminar así –pensó

Forcejeaba entre manos agresivas que iban y venían, intentando alejar, con pies y manos, las caras de los infectados para evitar ser mordido, sólo para notar que eran demasiados para él, o para cualquiera.

-No

Pero en ese momento su mano derecha pudo empujar al corredor que sostenía, dejando su mano libre para tomar la pistola nuevamente y empezar a disparar sin parar, acabando con todos los infectados que pudiera, que estuvieran encima de él, para luego empujar y tirar hacia los lados a los pocos que quedaban sobre él, sabiendo en todo momento que esos no eran todos: que aún quedaban otros corredores que iban por ellos, y eso sin hablar de los chasqueadores e hinchados, que si bien eran más lentos, con su sola llegada podían significar una muerte instantánea. Pronto se vio completamente libre de su prisión de agresores, sólo para darse cuenta de que nuevamente Liz estaba teniendo un momento difícil con los que a ella la habían abordado.

-¡No! –gritó, para dispararle a todos los infectados que pudiese sin herir a Liz con las balas, para luego él mismo empezar a sacar a los infectados de encima suyo

Cuando la vio finalmente surgir entre los corredores, notó que estaba agitando sus brazos intentando repelerlos, pero con los ojos cerrados, con claras lágrimas en sus ojos, luchando desesperadamente, incluso cuando él la tomó para levantarla.

-¡Soy yo! ¡Liz!

Le tuvo que decir varias veces eso, mientras la levantaba y empujaba hacia el camión, viendo que se acercaban los otros infectados, para que finalmente Liz abriera los ojos y lo viera, respirando agitadamente, dándose cuenta de que estaba a salvo, de que no estaba muerta.

Ambos por instantes se habían visto acabados, y cada uno lo sabía respecto al otro.

Y tras finalmente enfocarse, no perdieron tiempo en correr al camión, camino que ahora estaba despejado, para saltar encima de la caja y finalmente librarse de la manada: estaban a salvo.

Ambos estaban agitadísimos, como pocas veces en sus vidas, y las lágrimas aún se notaban en las mejillas de Liz, pero al escuchar detrás de ellos a todos los infectados, pudieron convencerse finalmente que los habían dejado atrás.

-No… volvamos… a hacer… eso –dijo Ethan, jadeando todavía por lo que habían tenido que pasar –nunca… más…

Entonces notó que Liz continuaba agitada y atemorizada por lo que había ocurrido, respirando rápidamente aun cuando ya estaban sentados en el suelo, al otro lado del camión. No le tomó mucho tiempo imaginar lo que había sido para ella pasar por eso, tomando en cuenta que él mismo lo había pasado, y entonces se dio cuenta de que ya definitivamente no le tenía miedo a esas cosas.

Pero no podía dejar de notar que no era lo mismo para ella: acababa de ver su vida irse, para luego darse cuenta de que no había sido así.

Se acercó a ella y la abrazó fuertemente, haciéndole saber que no estaba sola, aunque a la vez también lo hacía para recordarse eso a sí mismo.

-Seguimos vivos, Liz –le dijo, sonriendo aun cuando su respiración todavía no se había regulado –seguimos luchando, ¿lo ves?

Pudo notar que, al estar en contacto directo con ella y sentir su corazón agitado, éste se empezó a relajar un poco en ese momento; no bastaron más palabras entre ellos para que ambos se calmaran un poco, incluso con los gritos de los corredores de fondo; ambos, a su manera habían cuidado del otro, y en ese momento ambos se estaban consolando y tranquilizando mutuamente, con el solo hecho de estar abrazados.

-Sí… -le respondió ella

-Ya falta menos –le dijo ella, recordando que tenían que seguir

Aunque no significó que fuera de inmediato: incluso con lo que les esperaba se dieron cuenta de que necesitaban todavía un poco más de tiempo para recuperarse, aunque ya no necesitaron abrazarse, sino sólo sentarse al lado, recuperándose mentalmente.

-Vamos, Liz –le dijo él, tras finalmente levantarse, notando que los infectados ya estaban empezando a retirarse -¿Liz?

Agachó la cabeza para verla, para hacerle saber que tenían que seguir: Liz lo vio y tras salir de aquél estado se levantó, pidiendo disculpas por ese momento.

-No te preocupes… no te culpo

El resto del túnel estaba inundado, aunque una tubería a un costado les permitiría caminar hasta el otro lado, en donde había un camión, con una escalera ubicada perfectamente para subir: eso junto a la bomba daban a entender que hacía poco personas habían pasado por ahí.

-Ethan –le dijo ella después de subir la escalera -¿apenas llegues te unirás a los luciérnagas?

-¿Eh? –Le respondió él, confundido por la pregunta –sí; apenas llegue les explicaré todo y les pediré unirme

-Me alegro –respondió ella

-Y no olvides que tú también estarás ahí… señorita Elizabeth Hug

-Tendremos varias historias para contar…

No podían continuar por el túnel, pero podían ver que hacia el costado una puerta abierta les daba una alternativa; de cualquier forma tendrían que salir por el otro lado y llegar al hospital, y si habían señales de que personas habían pasado por ahí, era porque había no sólo una entrada sino también una salida, y eso sumado al hecho de que John fuera en esa dirección les daba la confianza como para decir que debían seguir.

Cruzaron una puerta en una reja que había, hasta llegar a aquella puerta abierta: se habría en un pasillo que daba a la izquierda a lo que probablemente era la vía de escape, y a la derecha un cuarto en donde habían un par de cadáveres.

-Supongo que sólo hay una opción –comentó Ethan, para moverse hacia la izquierda

Había un gran espacio lleno de agua, probablemente por los daños en las tuberías, esparciendo el agua por todas partes, tal y como en el túnel, pero unas escaleras del otro lado junto a una escalera de metal colocada precisamente a modo de puente, probablemente por los luciérnagas, permitían llegar a una parte alta desde la que probablemente podrían seguir.

Y encima de todo ello gracias a un agujero podía ver el hospital, tan cerca que parecía que podía tocarlo.

-Bueno –dijo Ethan –llegó la hora de mojarnos

No obstante al lanzarse al aguay sentir lo helada que estaba, notó que no hubo un segundo chapuzón después del suyo: extrañado vio hacia los lados, para ver que Liz no estaba en ningún lado. Confundido, salió del agua y se dispuso a volver, tras lo cual no le tomó mucho encontrarla: estaba en aquel cuarto que quedaba para el otro camino.

Estaba sentada ahí, en silencio, como perdida, con la cabeza baja.

-¿Qué te pasa? –Le preguntó Ethan, viéndola -¿Liz?

Silencio; silencio frío e incómodo.

-¿Cómo ha sido tu vida, Ethan? –le preguntó ella finalmente, levantando la cara para verlo

-¿Eh? –Respondió, nuevamente extrañado, mientras ella seguía sentada –después tendremos tiempo para contarte, pero ahora hay que continuar

-Me gustaría…

Entonces se puso de pie, frente a él, a no más de un metro de distancia, y levantó su brazo derecho: cerca del codo por la parte trasera del brazo se podía ver una mordida entre sangre suya. No dijo ninguna palabra, ni hizo ningún gesto adicional: sólo levantó el brazo y mostró la mordida producto de haberse defendido con los brazos en medio de los infectados.

-No…

Ethan cayó al suelo de rodillas, y un sinfín de cosas pasaron por su mente: el hospital, las luciérnagas, la cura; qué pasaría si aún no estaba lista; hasta qué punto podían deshacer los efectos del virus; si podría recuperarla; si es que todavía tenía tiempo.

-¡Tenemos que correr! –gritó, reponiéndose, saltando con lo primero que apareció en su mente

Pero ella no se movió.

Ethan insistió, incluso jalándola con el brazo, pero ella no cooperaba.

-Sólo tenemos que llegar allá y curarte, nada más… Liz

Ella lo miró a los ojos.

-No sabemos cuánto nos tomará llegar al hospital, ni si llegaremos antes de que me convierta… no estamos seguros de que ya tengan la cura…no estamos seguros de si Joel llegó incluso con Ellie o todavía están en camino… no estamos seguros de nada, Ethan

-Pero por eso vamos a ir y averiguarlo

-No puedo ir… no sabemos en qué momento me convertiré y te atacaré… y lo sabes

-Por favor no me hagas esto… no… -sintió un dolor en su cuello –no te dejaré, Liz

Ella le tomó la mano con la suya fuertemente, como un gesto propio de ella.

-Tranquilo –le dijo, con voz suave –no me estarás abandonando… si efectivamente tienen la cura, volverás por mí y me llevarás con ellos para curarme… y si no… pues ojalá que el destino sea bueno y puedan encontrarla antes de que el daño sea irreparable

-¿De qué estás hablando, Liz? ¿De qué…?

-Este cuarto es grande y tiene una puerta que puedes bloquear –le dijo ella, revelando finalmente su idea –supongo me puedo acostumbrar a quedarme un tiempo acá

-No te dejaré acá, si eso es lo que planeas

-No sabemos qué seguirá en el túnel, ni si encontraremos un lugar como éste: sólo tienes que bloquear la puerta con algo y volver cuando tengan la cura… pueden dormirme con tranquilizantes o si me pongo agresiva dejarme inconsciente… y si muerdo a alguien no importará porque ya tendrán la cura…

-No…

-… no se pone mejor que eso –lo interrumpió –lamento no tener otro plan

-No… yo lamento no tener otro plan –le respondió él

-Tranquilo, Ethan… recuerda que siempre hay algo bueno que está aún por venir… y qué mejor forma que ésta…

-Lo lamento… pero no puedo aceptar esto… simplemente…

-Hazlo por mí, Ethan… por favor

Dejarla ahí, para él ir con los luciérnagas: lo peor de todo es que realmente sonaba como un plan que podría resultar, y eso era o que justamente lo rompía; la idea de que para poder llegar los dos allá tendría que dejarla atrás temporalmente para ir con Marlene, y no tenía ninguna opción contra eso, ningún plan alternativo con el que pudiera solucionar todo.

-Sabes que no hay otra forma en que podamos acabar bien –le comentó ella, notando cómo Ethan se mantenía pensativo, intentando ver una forma diferente –después podremos estar con ellos y recordaremos todos estos momentos

Dejarla: lo que jamás había pensado en todo ese año se cruzaba por su mente, y no podía aceptarlo, desde el momento en que se habían encontrado en la armería, cuando él decidió protegerla de las personas que intentaran lastimarla, y ella decidió protegerlo de su propia forma de ser.

Y más cuando todos ya se habían ido: no podía sino recordar su grupo del cual era líder; de qué servía ser un líder si es que al final llegabas solo a la meta.

-Yo le prometí a un grupo de personas que los llevaría con los luciérnagas… no puedo llegar solo al hospital… jamás me lo perdonaría

-No llegarás solo, porque no me habrás abandonado… yo estaré aquí esperando tu regreso, ya sea en esta forma o en otra… pero te estaré esperando… un virus tomando mi cuerpo no me hará cambiar de parecer

-Pero…

-Sí… sé que estoy siendo egoísta, pero déjame serlo esta vez… perdóname por hacerte pasar por esto, pero si vamos a llegar con ellos, esto es lo mejor que puedo hacer…

-Yo soy el que pudo hacer más

-No, Ethan… hiciste lo que pudiste hacer… y yo hice lo que pude hacer… si salió de esta forma no podemos perdernos en el pasado… sino concentrarnos en lo que podemos hacer en el presente por el futuro… y ahora mismo esto es lo que podemos hacer

Le había prometido a Liz avanzar, lo cual en ese mismo momento ella se lo estaba recordando: si hacía lo que ella le pedía no la tendría a su lado, y tendría que vérselas solo sin su compañía, sin su ayuda y él tampoco podría ayudarla. Tendría que hacerlo, si es que quería demostrarle que estaba dispuesto a esforzarse por cambiar, cumpliendo lo que había pasado tras la muerte de John.

De todas formas se tomó un momento de silencio, sin decir ninguna palabra, segundos en los cuales ella tampoco le dijo nada.

Respiró profundamente.

-Lo haré –le respondió -… pero no planeo irme inmediatamente

-¿Qué dices? –Le preguntó ella –mientras antes te vayas mejor

-Te dejaré ser egoísta… pero tú permítemelo también… quisiera tener unos últimos momentos contigo antes de ir con ellos y saber finalmente qué pasará… quiero creer que lo mejor está por venir, pero una parte dentro de mí no puede evitar dejar de pensar en eso… así que aquí me quedaré por un rato… al menos hasta que el sol se haya puesto y el cielo se vuelva naranjo

-Supongo que no puedo hacerte cambiar de parecer…

-No –le respondió él, para sentarse en el suelo –no puedes… ni yo puedo

Ella se acercó y se sentó a su lado: había un par de cadáveres en las cercanías, y el olor sólo se soportaba porque en general el olor de la muerte y humedad eran generales ahí, adaptando al olfato. Pero la verdad es que incluso si hubiera sido de la otra forma, no les habría importado. El uno al lado del otro, como siempre.

-Lamento lo que te dije antes… lo de mi hermana y tú

-Tranquilo –le respondió ella, comprensiva –después de todo lo que hemos pasado, no puedo sino pensar que tuviste tus razones… y si estamos acá es porque lo has superado… no tengo nada contra ti, Ethan… no te preocupes

Quería decir "no te pude proteger, al igual que con ella", pero con todo lo que había pasado, se tuvo que tragar las palabras, al menos en ese momento especial.

-¿Cuánto es tu cumpleaños, Liz?

-El quince de Julio

-Faltan sólo un par de semanas ya…

-Al menos ya sabemos cuál será el regalo que me darás, ¿no? –le dijo ella, haciendo alusión clara a la cura

-Procuraré tener otro regalo aparte… pensaré en qué darte entonces

-Y ¿cuándo fue el tuyo?

-Dos de Noviembre… te dije que fue hace mucho

-Hemos pasado por harto, ¿eh? –le dijo ella, recordando aquellos días

Ethan empezó a pensar y recordar: su huida del grupo, su primera parada en Pittsburgh; aquellos hermanos.

Había pasado realmente mucho.

-Recuerdo que antes de conocerte me encontré con dos hermanos –le comentó entonces; nunca había tocado el tema –en Pittsburgh… también querían unirse a los luciérnagas

-¿En serio? ¿Qué pasó? Espera… ¿están…?

-No –le respondió él, calmándola –o al menos eso creo… nos separamos porque… digamos que no respondieron como tú respondiste tras saber mi pasado… si los vuelvo a ver en el hospital planeo explicarles todo… aquella vez no tuve mucho tiempo para hacerlo

-Sé que comprenderán –le dijo ella, apoyando su cabeza en el hombro de Ethan –estoy segura de que así será

-Espero que así sea… y espero que lleguen… fue tiempo después de eso que te encontré

-Todavía pienso que si no hubieras sido tú el que me hubiera encontrado estaría muerta hace mucho tiempo

-No pienses tanto en eso… hay tantas formas en que podemos morir que te podrías perder si empiezas a pensar mucho al respecto

-Tranquilo… me mantengo en la tierra… sólo es para recordarte lo agradecida que estoy contigo

-Yo no me quedo atrás si es por estar agradecido… cuando éramos sólo los dos, cuidándonos el uno al otro…

-Día tras día…

-Liz…

-¿Sí?

-Te quiero

-… ¿De verdad?

-Sí

-Pues yo también

-… Gracias

-De nada, y gracias a ti también

-Liz

-Adelante

-Te quiero

Ella se rio.

-Yo también te quiero, Ethan

Ella seguía con su cabeza apoyada en su hombro, y así se quedaron por unos segundos, en completo silencio, sin moverse, escuchando sólo los sonidos del lugar, y sintiendo la calidez del cuerpo del otro, incluso a través del chaleco antibalas.

-Si pudiera vivir este viaje nuevamente –dijo entonces él –incluso con todos los altos y bajos –levantó su mano izquierda y la vio fijamente, notando el dedo que le faltaba, para luego tomarse la oreja –lo haría nuevamente…

-Ha sido duro, pero sí… yo también lo viviría nuevamente

-No existen palabras que puedan expresar lo agradecido que estoy de haberte conocido, y nunca lo habrán

-Ethan… -le dijo ella, levantando su cabeza –creo que ya es hora de que te vayas

-Sólo diez minutos más –le respondió él, sin moverse –dame diez minutos y saldré para bloquear la puerta

-Está bien –le respondió ella, para apoyar nuevamente su cabeza en el hombro de él

-Y… ¿has tenido novio?

-¿Qué clase de pregunta es ésa? –le dijo ella, sin poder evitar reírse

-Nada… sólo quiero saber

-Mi papá solía ser un tanto estricto con los chicos que conocía… pero hubo uno que logró convencerlo… su nombre era Brad… Bradley

-Yo sólo he tenido un amor en mi vida… vergonzosamente era un amor de la infancia… su nombre era Emily… ¿sabes? Yo y Mike peleamos por quien podría confesarle su amor… yo gané y ella aceptó… éramos jóvenes… más jóvenes que tú; no sabíamos nada del mundo… si mi infancia fue buena pese a todo, fue gracias a mis padres y a ellos… Mike, Emily y Diane

-Brad era un tanto tímido, pero por mí se decidió a dejar de serlo… aunque admito que en el fondo siempre me había gustado, incluso cuando lo era… su compañía me calmaba siempre, y me alejaba de los problemas… yo tenía entonces catorce años… fueron cuatro años que nunca olvidaré…

Ambos hablaban de aquellas memorias, riendo ante los buenos recuerdos, de aquellos momentos que les habían sacado sonrisas incluso cuando todo alrededor de ellos se estaba cayendo. Pero en el fondo sabían que no debían hablar del final: en ese mundo era obvio que muchas historias no habían acabado bien, así que ninguno preguntaba sobre la conclusión, suponiendo lo peor de inmediato, supuesto que probablemente no estaba muy lejos de la realidad.

-De hecho una vez Brad pensó que Nick me había quitado mi almuerzo… ahí Brad sacó su luchador interior y nadie lo pudo contener sino hasta que Anna llegó y lo alejó de Nick… y la verdad era que yo simplemente había pasado de almorzar porque había comido algo antes… de no haber sido por el buen humor de Nick eso habría acabado mal… al final todos terminaron bien

-Hubo un tiempo en el que Mike no me habló; después de saber que estaba saliendo con Emily se alejó… probablemente me consideró un traidor, pese a que ambos habíamos acordado quedar bien con el otro… hasta que un día fui a su casa, golpeé la puerta, y al abrirme él le di un helado y pasé como si fuera mi propia casa… de mala gana lo obligué a ver televisión conmigo y eventualmente hice que se riera… después de eso sólo recuerdo carcajadas al aceptar que volveríamos a ser amigos

De no haber sido por los recuerdos, aquella escena habría sido depresiva y triste: se reían con recuerdos, soportando el hecho de que todas las personas que mencionaban ya estaban muertas.

-Ethan –le dijo ella, tras parar de reír –nunca tuve un hermano mayor… y lo más cercano a una hermana mayor fue Anna… pero creo que contigo puedo decir que tengo al menos una idea de cómo se siente… me pregunto cómo habrían sido las cosas si nos hubiéramos conocido antes

-Probablemente tu padre me habría repelido –le dijo él, sonriendo

-No lo creo… creo que él habría visto lo que hay en tu interior, y te habría dado la bienvenida… creería eso sí que con Anna quizá no te hubieras llevado bien al principio, pero al parecer ahí me equivoqué, por lo que me contaste de tu encuentro con ella

-Aún sin saberlo, nos ayudó bastante en el viaje… incluso ahora mismo te está ayudando –comentó él, mirando el chaleco antibalas, que había sobrevivido a todo ese viaje junto a ellos

-Y ahora me protegerá por última vez

-Luego no habrá necesidad de protección… finalmente… tuve esa impresión cuando vi a las jirafas

-¿Eh?

-Que somos jirafas… buscamos paz y vivir en armonía con otros, pero la existencia de leones allá afuera nos obliga a estar siempre atentos incondicionalmente…

-Es una comparación rara, pero me agrada… me gustan las jirafas… a decir verdad nunca había visto una porque… bueno… cuarentena y eso… pero una vez vi fotografías en un libro de animales que me compró mi papá a cambio de unas tarjetas de racionamiento… si hay algo que vale poco hoy en día lamentablemente es la lectura… aunque espera… eso es bueno; así se pueden comprar más

-Yo fui a un zoológico antes de que… bueno… pasara todo esto… y eso recuerdo de ellas: pacíficas y sin querer dañar a nadie… somos un par de jirafas

-Voy a tener que ver la forma de alargar mi cuello… no paso muy bien como jirafa ahora mismo

-Ya tendremos tiempo de hacer eso…

-Ya falta poco… Ethan…

-Lo sé

-Es mejor que te vayas

-Lo sé

Y sabía a qué se refería exactamente, de hecho ambos lo sabían; el dolor de tener que separarse no podía ser apagado ni con la mayor esperanza a futuro: ambos habían vivido y muerto juntos durante ese año, y ambos se daban cuenta de que mientras más tiempo pasaban ahí, más dolorosa era la despedida.

Ethan la vio una última vez, recordando su objetivo y el plan, para ponerse de pie junto con ella.

-Volveré por ti y te curaremos –le dijo él, para luego abrazarla –sólo espérame

-Te estaré esperando –le contestó ella, sin soltarlo –estaré esperando en este mismo lugar

Entonces él revisó su mochila, notando lo que le quedaba, y en una última ayuda, le pasó a Liz la ballesta, notando que había un par de flechas en el lugar que podría usar, y le dejó balas por si acaso.

-¿Y qué llevarás tú? –le dijo ella, viéndolo

-Ya no me falta mucho… con una pistola bastará

-Ethan…

-Por favor, Liz… déjame hacer esto

Entonces vio a Liz sosteniendo la ballesta negra con la noche, junto a su chaleco antibalas.

-Al menos así puedo pensar que ahora no sólo Anna te está protegiendo, sino también yo

-En ese caso toma –le dijo ella

Entonces tomó un jirón de tela negra de la parte baja de su polera, bajo el chaleco, y lo sacó, para luego anudarlo en la muñeca izquierda de Ethan, junto a otro jirón rojo que llevaba tiempo ahí.

-Veo que alguien más tuvo la idea –le dijo ella, sonriendo –lamento no tener algo más… ¿a quién pertenece?

Ethan recordó la prisión en ese momento: las torturas, los días sin esperanza, y quien finalmente lo ayudó a salir, a costa de su propia vida.

-Su nombre era Kent –le dijo, recordando –pertenecía al grupo de Francis… él fue quien me liberó de la celda, aunque a cambio pagó un precio demasiado alto… gracias a él seguimos vivos

-Estoy seguro que desde algún lugar, esté donde esté, Kent sigue feliz con su decisión… y ahora yo también te protegeré de esta forma… te estaré cuidando desde este cuarto

-Volveré apenas pueda, Liz…

-Sé que será así

El adiós nunca fue tan amargo, al menos no en su memoria: no había muerto, pero la estaba dejando atrás, así fuera temporalmente, pero tenía que hacerlo, por el bien de ambos. Tenía que ser fuerte.

-Sí, Liz –le dijo, antes de irse

-¿Eh? –dijo ella, extrañada

-Tendremos varias cosas para contar –respondió él, recordando las palabras que hacía unos momentos ella había dicho

Y mientras cerraba la puerta, pudo verla sonriendo, mientras agitaba la mano en señal de despedida; justo antes de cerrarla por completo extendió su mano también, para luego cerrarla y bloquearla con unos muebles que pudo arrastrar hasta ahí.

-¡Vas a ser la primera persona curada del Cordyceps! –gritó él, desde detrás de la puerta bloqueada -¡Pasarás a la historia como tal!

-¡No puedo esperar! –le respondió ella

Y dando pasos lentos, empezó a partir hacia el otro camino, para luego lanzarse al agua helada que antes había sentido, subir las escaleras, cruzar el puente improvisado, subir otras escaleras y llegar a otra autopista abandonada, que sólo tenía una pequeña alfombra de agua, debido a que varios escombros habían tapado completamente el canal por el cual antes hubiera pasado el agua; por la posición de algunos carros pudo predecir que la corriente que por ahí pasaba antes había sido fuerte, pero ahora sólo quedaba esa pequeña alfombra.

Podía ver una luz al final del túnel.

Y empezó a avanzar, esta vez sin nadie a su lado, escuchando sólo sus propios pasos en el agua mientras caminaba lo último.

Un año.

Pudo ver ciertas algas que le reafirmaban que antes ese lugar había sido poblado con más agua, la cual desembocaba finalmente en la salida, pasando entre los diversos autos que habían quedado atrapados ahí, décadas antes.

La luz estaba más cerca.

Jack, Mary, Julie, Mike, Matt, Dom, John y Liz.

Ése era su grupo, y sin importar lo que pasara, siempre lo sería, y jamás lo olvidaría.

Esto era en especial por ella.

Y dando pasos cansados, llegó al final del túnel, sucio, exhausto, herido, fatigado y solo.

Pudo entonces ver el hospital Saint Mary a sólo unos pasos de él.

Lo había logrado.

Cayó al suelo, y estalló en lágrimas.