N/A: Las palabras mal escritas son intencionadas.
Capítulo 2
El atardecer del lunes parecía estar cubierto por una inmensa manta gris. Estaba repleta de nubes celosamente pegadas que formaban pequeños montículos pomposos. Hacia la noche, la espera de las primeras lloviznas era inevitable. Y durante la madrugada el diluvio se había intensificado, mejorando horas más tarde.
Soyo Tokugawa fue capaz de ser testigo de cada uno de los cambios de precipitaciones puesto que se había pasado la mayor parte de la noche del lunes, y la madrugada del martes, pensando en aquellas exactas palabras que el chico Okita le había dicho a su amiga, en voz baja.
Imaginaba que podría haber sido algo así como:
"No te aseguro que pueda contenerme si me entero de que eres tú".
O quizás algo como:
"En caso de que tú fueras esa chica, eso no sería necesario".
Hasta incluso:
"Si fueses tú, China, no me lo pensaría dos veces y te comería a besos."
Bueno, aunque admitía que aquello último era bastante improbable, Soyo no perdía la ilusión de que algún día pudiera hacerse realidad.
"¿Qué tal si él también siente lo mismo?", se preguntaba una y otra vez. Y aunque su amiga le había dicho que dejara de mirar tantas telenovelas, ella creía que podría suceder. O más bien quería que aquéllo sucediera. Se moría de ganas de ver a esos dos juntos. Por eso, estaba dispuesta a todo para ayudar a su amiga a conquistarlo.
ooOoo
A la mañana siguiente, como era de esperarse de una persona que pasó muchas horas en vela, Soyo luchó intensamente por mantenerse despierta durante las horas de clases.
"Al menos resiste hasta el almuerzo", se decía firmemente, a lo que sus compañeros de al lado, reaccionaban con la inocente pregunta que todo buen compañero suele hacer: "¿Te sientes bien?". Y aunque ella afirmaba que nada pasaba, sus párpados cada vez pesaban más.
—Ey, Soyo —escuchó que su amiga Kagura le decía—. ¿Estás durmiendo?
Y de pronto lo recordó, tenía algo muy importante para decirle, no podía perder el tiempo en tonterías.
—Kagura, tenemos que hablar —le dijo de repente, sobresaltando a su desprevenida amiga, y al resto de los alumnos que la observaban.
Se llevó consigo algunos dulces (para incentivar la valentía), y luego salió velozmente hacia el patio arrastrando a su amiga consigo.
—¿Qué es lo que tienes para decirme? —preguntó Kagura cuando se sentaron sobre el césped, en un rincón del patio—. ¿Es por eso que anoche me llamaste unas veinte veces?
—Sí, era muy importante, por cierto. ¿Por qué no contestaste?
—Estaba cenando. Y sabes que para mí lo más importante es la comida y…
—Sí, sí. Bueno, ya no importa. Estuve pensando acerca del juego…
—Oh —la interrumpió su compañera, con una mueca de fastidio—, sobre eso. Yo también estaba pensando y creo que no es una buena idea. Después de todo, si lo descubre me molestará de todos modos, ¿no?
—No, y es de eso de lo que te quería hablar, además de otros términos —dijo Soyo, a modo de introducción a su charla—. Hoy irás a verlo y le dirás que habrá ciertas reglas que debe cumplir. La primera, y más importante…
—Espera, espera. Déjame anotarlo o no recordaré nada.
—Está bien, anótalo.
—Por cierto… ¿podrías volver a llamarlo tú, de nuevo?
ooOoo
El problema con los patios escolares, era que pocos tenían suficientes arbustos por los cuales se pudiera ver a través de ellos, y los árboles no eran lo bastante frondosos para situarse entre las ramas sin ser vistos. Ni siquiera era posible ocultarse detrás de sus troncos, porque tampoco eran lo bastante amplios como para ocultar a una persona.
En definitiva la escuela no prestaba ninguna colaboración ambiental para espiar a dos jovenzuelos queriendo cumplir un juego.
Así que tuvo que conformarse con simplemente escuchar detrás de una pared cercana.
"Esto no va a quedar así. Para la próxima pensaré en algo mejor", se decía a sí misma, planteándose el desafío de proponer nuevos e innovadores medios para fisgonear.
—¿Y ahora qué quieres, China? —escuchó que el chico Okita decía.
—Vine a decirte las reglas de nuestro estúpido juego —le dijo su amiga, firmemente.
—Estoy de acuerdo contigo en que es estúpido. Pero qué puedo hacer, si surgió de una persona estúpida.
—Ja, pero al parecer, alguien estúpidamente decidió participar, así que no soy la única.
—Pero estúpidamente tú me propusiste este estúpido juego que sólo los estúpidos harían.
—Pero resulta que esos estúpidos tienen sentimientos, no como otros estúpidos que conozco, y que estoy mirando, que no se preocupan por nada, excepto por sus estúpidos asuntos.
"Vaya, no debí dejar a esos dos solos. A este paso no llegaremos a nada", se decía Soyo internamente.
Pensó en alguna forma para que pudieran salir de ese estúpido círculo. Mas lo único que se le ocurrió en el momento, fue mandarle un mensaje al celular de su amiga, lo cual no funcionó porque no lo traía encima. Supuso que se lo había olvidado en el salón y rogó para no se lo volvieran a esconder, otra vez, a modo de broma.
"Piensa, Soyo, piensa. La vida amorosa de tu amiga está en juego", se dijo así misma, y como próxima estrategia, lanzó una pequeña piedra, con la esperanza de que pudieran notarla. Sin embargo, ellos estaban tan concentrados insultándose el uno al otro que no notaron la roca.
"Demonios, Kagura, para ya".
—Eso es porque estúpidamente te caíste sobre mí y nos castigaron, ¿lo olvidas? —continuaba el chico, sin reparo.
—Deja de decir estupideces, fuiste tú el que, estúpidamente, me hizo tropezar —rebatía su amiga, firmemente.
La situación se había prolongado más de lo debido, creyó ella. Y como se trataba de un caso extremo, debía tomar medidas extremas. Fue así como un bote de basura se fue rodando hacia donde ellos estaban (doblando la esquina de la pared), volcando papeles y latas de soda por doquier.
—¿Qué hace este cesto aquí? —preguntó Kagura.
—No tengo idea —respondió el chico—. Pero no es buena idea que dejes tu casa rodando por donde fuera, China. No seas estúpida.
Y de nuevo la situación desencadenó en una discusión, solo que esta vez, incluía golpes y empujones.
"Basta, esto se tiene que terminar", se dijo al fin.
Decidida, se alejó unos pasos de la pared y salió caminando como si solo estuviera de paso por allí. Tal como imaginaba, ambos se habían empezado a lanzar puñetazos, en el caso de la chica, y muchos tirones de cabello, en el caso del chico.
—¡Kagura, Okita! —exclamó como si se los hubiera cruzado por casualidad—. Ustedes dos siempre peleando, ¿cierto? ¿Cuándo van a dejarlo? —Dirigió la mirada específicamente a su amiga, levantando las cejas, en espera de que captara la señal—. ¿Es que no tienen mejores cosas que hacer, que estar discutiendo? —Insistió aún más el movimiento de las cejas, pestañeando de par en par.
—Bueno, a decir verdad —decía Kagura, con aire pensativa—, sí tenemos algo de qué hablar…
—Ah. Entonces, siendo así, los dejaré solos para que puedan HABLAR, ¿eh? Adiós.
No creía que fuera apropiado tener que aparecer e interrumpirlos, pero no encontraba otra manera de evitar que terminaran, una vez más, en la oficina del director.
Lamentablemente, el lado de la pared en el que ellos se encontraban era demasiado largo. Si se iba hasta el final, no lograría escuchar ni una sola palabra, así que tuvo que dar toda la vuelta al edificio para retomar su posición inicial. Llegó justo en el momento en el que la chica le enunciaba las reglas para la apuesta.
—Primero, y más importante —comenzó enumerando—, nada de molestar en ninguna forma a la pobre estúpida a la que le gustas. Y con esto me refiero a bromas, golpes, empujones, tropezones intencionales, insultos, patadas, escupitajos, arañazos, tirones de cabello, pellizco de mejillas, pisotones, mordidas, extravío de pertenencias, volverla tu esclava…
Mientras recuperaba el aliento, reflexionó seriamente acerca del momento en el le había dictado cada una de las reglas. En ninguna de ellas había especificado tales ejemplos como los que estaba nombrando.
—Si mal no recuerdo, China, esas son las cosas que hago contigo…
"Sí, sí, sí, Okita. Vamos, descúbrelo. Es ella. Ya lo tienes", pensaba Soyo.
—Sí, lo sé perfectamente. Y es por eso que te exijo que no seas cruel con ella, ¿entiendes?
—¿Se trata de tu amiga?
—Segundo: Tendrás series de cuatro intentos para adivinar de quién se trata. Si fallas a las cuarta vez, tendrás que cumplir un castigo. Si fallas a la octava, otro castigo y así sustantivamente.
—Oye, ¿cómo que un castigo?
—Si es que quieres seguir, deberás seguir las reglas.
—Qué estupidez…
—Por eso —dijo, la chica, haciendo hincapié en las primeras palabras—, te daré pistas cada cierto tiempo.
Quedaron en silencio durante unos pocos segundos y luego Kagura explicó:
—Sabía que te ibas a quejar como una mariquita, así que por eso te daré pistas. Y esta es la segunda vez que nombras a una persona equivocada.
—Eso no cuenta, es la misma persona.
—Pues lo lamento. Si la nombras varias veces, cuentan un intento cada una.
—Tus reglas apestan, China.
—Tercero: No divulgarás bajo ningún aspecto la identidad de esa persona. Y tampoco andes desparramando que le gustas a una estúpida.
—Bien —respondió con voz desinteresada.
—Cuarto…
—¿Aún hay más? Ya para, ¿no?
—Cállate. Cuarto —oyó el ruido de lo que le pareció a ella, eran las hojas de un cuaderno pasando, y luego continuó—: Al término del juego, prosc… pronpiar…, no. A ver, pro… pi-cia…rás un convite… ¿qué?… Ah, sí, un convite dulce y recreativo… a fines de agasajar a tu pre… pretandiente. Sí, eso dice aquí.
Soyo rió en silencio porque había logrado engañar a su querida e ingenua amiga, estableciendo como cuarta regla que se concretara una cita entre ellos. Pero como sabía que Kagura no aceptaría tal cosa, preparó el anuncio de manera tal que ella no entendiera. Y cuando efectivamente le preguntó sobre el significado de esa regla, ella simplemente respondió que él debía darle golosinas para halagarla.
"Te he mentido, amiga. Pero es para una buena causa, ya lo verás".
No escuchó más conversaciones de los alumnos por un breve instante. Dudaba que el chico Okita le fuera a decir la verdad y decidiera no cumplir con lo pedido. Pero al cabo de un rato, rompió el silencio.
—Bien, si es lo que quieres.
"¡Sí, sí, Okita, esa es la actitud!"
—Bueno, entonces…
—¿Es Shinpachi?
Soyo se dio una palmada en la frente, en señal de incredulidad.
—¡No, idiota! ¡He dicho que es una chica!
—Oh, cuánto lo lamento. Me he gastado otro intento, qué pena.
El desganado tono de voz del chico, le indicaba a Soyo que realmente le fascinaba molestar a su amiga.
—¿Me estás tomando el pelo, eso pretendes? —cuestionó ella, enfadada.
El timbre del final de receso se oyó de pronto, a lo lejos, indicando que debían volver a clases.
—Bien, seguiremos mañana… China.
Al poco tiempo, cuando su amiga se disponía a volver al aula por el camino opuesto al que él había tomado (siempre hacía lo mismo), se encontró con Soyo nada más doblar la esquina.
—Tú… ¿estuviste aquí todo el tiempo? —preguntó Kagura, escandalizada.
—Pues sí, ¿acaso esperabas que me lo perdiera? —le respondió, tranquilamente—. Por cierto —le dijo acercándose para darle un coscorrón en la cabeza—, ¿qué demonios hacías perdiendo el tiempo en idioteces? Te pusiste a discutir con él en medio del enunciado de las reglas. No seas tonta.
—Bah, al fin y al cabo, no lo está tomando en serio, Soyo. Sólo se burla de mí.
—No importa, debes ser firme. No te dejes vencer por él. Eres más fuerte, y audaz…
Soyo continuó todo el retorno al aula, dándole ánimos a su amiga. Después de todo, según lo entendía, todo dependía de ella para que la situación terminara en buen puerto.
Corto, muy corto. Pero es lo más que puedo hacer por ahora. ¡Hasta la próxima!
Reviews: Cap. 1:
Guest: Me alegra que el fic te resulte intersante. Gracias por leer y comentar :)
MaruMelli: Ajaja. Mal, yo tampoco me acordaba de casi nada. Hace un año y un mes que no tocaba este fic. Tuve que volver a leer todo para seguir el hilo de lo que quería escribir xD.
Es verdad del error que me decís, sobre el restaurante. Ya lo modifiqué para que quedara un poco más claro. En cuanto a la frase a la que te referís:
"[...] Sabía, de muy buena fuente, todo lo que implicaba esa sola palabra: desafío, reto, apuesta."
Va en singular porque se refiere a todo lo que el término "juego" implica para él. Que representa un desafío y un reto, y que es sinónimo de una apuesta. O sea, "juego", significaba todo eso.
Y ya vamos aver qué pasa con Okita xD. ¡Gracias por comentar y por las sugerencias! Te quiero. Voy a tratar de actualizar en cuanto pueda =).
Editado el 13/11/2015:
Corrección de modismo lingüistico que no se interpreta de la misma forma en cada país.
