Capítulo 2. Amenaza.
— ¿Qué haces aquí? ¿Qué es lo que quieres?— demandó la muchacha de bellos y muy comunes ojos color café.
—Yo... Yo soy... Matt Bellamy— tartamudeó él.
Ella no bajó el arma pero sí lo miró con sorpresa. No me cree, pensó Matt, no cree que sea el hombre que compuso la canción que ella estaba cantando tan fervientemente.
—Too late I already found what I was looking for. You know it wasn't you— habló despacio pero con seguridad en cada una de las letras pronunciadas.
—Sé que eres tú. No soy estúpida. Dime qué es lo que quieres. ¿Comida? ¿Agua? ¿Mi vida? ¿Por qué estás aquí?
—Quedamos pocos habitantes en el mundo, comida tengo mucha y agua la conseguiré en un par de días cuando la pipa llegue del río.
Ella entrecerró los ojos y apuntó a su corazón.
—Aún no me has dicho qué es lo que quieres— dijo duramente.
Matt se puso de pie pero no dejaba de tener las manos levantadas, quería que ella viera que él no iba a lastimarla así que simplemente se limitó a sonreír o a tratar de hacerlo pero las sonrisas ya no le salían como antes.
—Te escuché tocar y cantar. Lo haces terrible. Quisiera... enseñarte a hacerlo— había terciopelo en su voz, había caricias y quizás hasta comprensión.
Ella cargó el arma y se la pegó al pecho.
—No vas a engañarme tú también— casi jalaba el gatillo.
— ¿Ya te han engañado antes?— preguntó neutralmente. Por alguna razón sentía celos en sí. Pero ¿celos de qué?
— ¿Quién más está contigo, Matt Bellamy?
—Estoy solo— respondió automáticamente. No era cierto, estaba con Dom pero él no estaba cerca.
—No te creo— rechistó duramente—. Tú jamás estarías solo. ¿Por qué estás en México?
— ¿No lo sabes?— preguntó dolido— No queda nadie en Londres, no en donde yo vivía. Ya no queda nada para mí allá. Así que tomé el primer avión que salió para acá, lo manejaban unos piratas, nos metimos de contrabando y llegamos hace un par de meses. No sé en dónde estamos exactamente pero he oído que en el sur no queda nada y queda todo. Consigo suficiente comida para irme al último hotel en el que me hospedé en la última gira.
—The 2nd Law— era una afirmación pero aún así Matt asintió con la cabeza.
—Mi novia, mi hijo y su hijo fueron asesinados en mi cara. Me amenazaron. Me torturaron. Y aún así aquí estoy intentando acercarme a una fan que no conozco para tener un poco de contacto humano. Para ver que vale la pena vivir a pesar de haberlo perdido todo.
—Dijiste llegamos. Y también dijiste que no estás solo. Si tanto te disgusta la vida sin todos tus millones y sin tu estúpida novia, ¿por qué le mientes a la persona que te apunta con un arma?— escupió ella.
—Dom está conmigo— era raro hablar de personas que ella conocía pero él no sabía absolutamente nada de ella— y no es el dinero lo que me importa.
— ¿Dominic?— ella se ablandó por unos momentos, Matt vio su oportunidad.
—Howard, sí. Sólo quedamos nosotros dos. Sólo dos— susurró. Tendría un lapso de agonía en cualquier momento al revivir todo aquello con esta muchacha y entonces le suplicaría que lo matara y que por favor le llevara la comida a Dom y le pidiera perdón. Pero por otro lado sabía que no lo haría porque se le notaba a la muchacha que sentía algo por su amigo.
— ¿Y Chris? ¿Y Kelly? ¿Sus hijos...?
—Murieron todos en el primer bombardeo que hubo en Teignmouth— dijo Matt y después tragó. Lagrimas brotaban detrás de sus ojos, inundándolos así de sal y agua. Pero, ¿por qué ella también lloraba?
De pronto, bajó el arma y la guardó en su pantalón, que por cierto, también le quedaba muy grande y estaba muy gastado. Miró a Matt a los ojos y asintió levemente.
—Dom y tú... ¿están solos?
—Sí. Estamos en una casa que no está muy destruida en la calle Río Yaqui.
— ¿Qué hacen allí?
—A un kilometro aterrizó el avión en el que llegamos.
—Bueno, quizás no lo hayas notado pero los aviones aterrizan aquí muy a menudo.
—Lo he notado— respondió Matt.
— ¿Puedes tocar algo para mí?— preguntó después de una larga pausa y señaló el piano.
—No— contestó Matt secamente—. Pero puedo enseñarte.
