Capítulo 3. Experimento.
La muchacha no aceptó que Matt le enseñara a tocar el piano. Él no lo entendía, ella era una fan, ella conocía las canciones de MUSE y sabía de la existencia de la familia Wolstenholme. ¿Por qué se rehusaba a tener contacto con él?
—Así que simplemente te irás— demandó cuando ella emprendió marcha.
No hubo respuesta, así que lo poco que quedaba de Matt Bellamy salió a flote y se dio media vuelta también.
Llegó más tarde de lo previsto con Dom, era la hora del crepúsculo. Le tendió la comida y no hablo en lo que restó del tiempo que estuvieron despiertos.
Pero Dom sí lo hizo.
—Mañana saldremos, iremos al pueblo que está habitado y buscaremos ayuda.
Matt asintió como reflejo y Dom se enfureció un poco.
—Hablo de un psicólogo, Matt. Alguien que te ayude.
Matt hizo caso omiso de la advertencia y se volteó hacia la pared. No quería pensar en nada, no quería sentir nada por nadie y tampoco quería que esa muchacha que lo había devuelto a la vida se hubiese marchado así sin más. Pasó toda la noche sin dormir pensando en ella y en lo muy delgada que estaba. Por supuesto era mucho más gorda de lo que Matt había sido jamás pero su ropa delataba que ella había bajado mucho de peso, quizás después de la guerra. Quizás durante ella. Quizás alguien había abusado de ella de alguna manera y por eso no había querido tener nada que ver con Matt. Quizás por eso le había apuntado con el arma al instante. Llegó a una sola conclusión: ésa chica lo había devuelto a la vida sólo porque lo acercó a la muerte.
A la mañana siguiente, Matt seguía sin pegar un ojo. Dom despertó temprano y después de un ligero desayuno, emprendieron marcha.
— ¿Adónde iremos?— preguntó Matt. Esperaba no muy lejos, no tenía muchas fuerzas para un largo camino, de ningún modo.
—A la colonia Roma— apuntó Dom—. La semana pasada, cuando fui por comida al pueblo, me topé con una joven bastante linda, ella me explicó que la única ayuda de esa talla estaría en la colonia Roma. Incluso me dijo cómo llegar. Dice que sigamos las vías del tren. También dice que es casi una metrópoli.
— ¿Una metrópoli?— Matt sintió un mareo.
Metrópoli.
Gente.
Personas.
Ayuda.
¿Por qué la colonia Roma había sobrevivido?
—Dice que las personas poderosas se refugiaban en la colonia Roma, escondiéndose en los sótanos. Sólo allí tienen sótanos. ¡Increíble! ¿No crees?
Matt parpadeó innumerables veces. De cualquier modo no confiaba en Dom. Dudaba que lo que él decía fuera cierto. Habían conseguido dos mochilas de excursión, comida, dos lámparas, una azul y una amarilla. Un poco de ropa y jabón. No tanto pero sí el necesario para un par de semanas. Sin contar que habían llenado dos garrafones de veinte litros de agua el día que la pipa llegó del río, días antes.
Caminaron hacia el tren y cuando entraron se encontraron en un aprieto.
—¡F16! ¡F16!— chillaba una voz aguda mientras corría hacia el tren.
Matt y Dom no entendieron pero en cuanto oyeron los disparos supieron que debían esconderse. Salieron corriendo de la estación a una calle abandonada y se metieron a una casa sin puertas infestada de ratas... y arañas.
— ¡No! ¡NO, AQUÍ NO!— gritó Matt en cuanto dos arañas enormes de jardín le caminaron por los brazos.
Dom lo calló y corrieron hacia la avenida.
Grave error.
Si no hubiese sido por la chica gorda que corría a gran velocidad hacia ellos y los jaló a ambos para meterlos al andén de nuevo, quizás ya no quedaría nada de lo que algún día fue MUSE.
Corrieron por los compartimentos que daban al baño.
Cuando estuvieron a oscuras y los disparos se oyeron lejos, ella por fin pudo hablar.
— ¿Tienen una lámpara?
Dom abrió su mochila y a tientas sacó la lámpara azul, la prendió y pudieron ver que una bala había perforado el brazo de ella y había salido dejándole así un agujero del tamaño de una semilla.
— ¡Oh, dios mío! ¿Estás bien?— preguntó Dom, alarmado.
—Cállate, estúpido. No importa qué me pase, importan ustedes. ¿Adónde iban? ¿En qué estaban pensando? Valle de San Lorenzo es demasiado seguro para que ustedes le abandonen. ¡Dejaron la calle más segura del país! ¡Son unos imbéciles!
Ambos hombres estaban atónitos. Esa herida se estaba cerrando. ¡Se cerraba! Como si fuese un videojuego o un simple holograma. Matt no lo contuvo y comenzó a vomitar el ligero desayuno de esa mañana.
—Qué asco— dijo Dom.
—Eres una princesa, Dominic— reprochó ella pero no pudo reprimir la curvatura de una sonrisa.
—Tenemos que irnos— dijo mirándola sorprendido porque ella supiera su nombre, su ubicación y sobre todo la forma en la que les salvó la vida.
— ¿Adónde? Díganme que del país.
—No. A la colonia Roma. Matt necesita ayuda— explicó Dom al ver la cara de horror de la muchacha.
— ¿Qué? ¡A la colonia Roma! He conocido gente estúpida pero jamás como ustedes— chilló en voz baja, furiosa.
—Lo siento pero es necesario, Matt necesita ayuda— respondió Dom firmemente.
Hubo un silencio en el que la joven meditaba mientras miraba a la nada y después comenzó a hablar: —Soy un experimento fallido de mutación. Hago cosas como curarme sola o plasmar notas de una canción de mi memoria en un piano. Sé que lo hago terriblemente— dijo mirando a Matt que aún estaba enfermo— pero sólo es un efecto secundario. Me llamo Trinidad, por cierto. Y ahora que sé que jamás me harán daño, los guiaré hasta la colonia Roma. Pero será todo.
Los lugares son reales, la historia está tomando forma y creo que más bien será un crossover, ya verán. Si es que hay alguien que ve.
Con amor siempre,
Holly.
