N/A: Nuevamente, este cap. va sin betear. Solo le eché unas cuantas revisiones, así que es probable que encuentren más errores.
He notado que, si bien Kagura y Okita no están taaaan fuera de personaje, sus diálogos sí lo están bastante. (En serio necesito una beta xD ). Intentaré ir cambiando esto de a poco. Espero lograrlo.
Gracias a todos los que siguen este intento de fic. Los amo.
Capítulo 5
Pasó una semana antes de que Soyo pudiera volver a ver a su mejor amiga entre los escritorios del colegio. Y, aunque solía visitarla cada tarde, después de clases, no podía evitar extrañar su compañía en los recesos.
Por supuesto que sabía que sería castigada después de causar tal alboroto. Lo que no imaginó, es que estuvo a punto de ser expulsada por su osadía. Tampoco le ayudó el hecho de que el director la encontrara presente en la "escena del crimen", a pocos pasos del cuerpo inconsciente del muchacho, y con una sonrisa de oreja a oreja, intentando tomarme una selfie como recuerdo. Sin duda, una prueba fehaciente de su triunfo. Pero no fue interpretado de la misma manera por los espectadores y, sobre todo, por el hombre de traje y bigote que se encontraba horrorizado frente a ella.
Se cubrió el rostro con las manos cuando el ceño canoso y fruncido del director, apuntó con dureza hacia Kagura, y, sin vacilar, este la invitó ásperamente a que la acompañara hasta su oficina. El profesor Gintoki no tardó en seguirlos a paso firme. Después de todo, era él quien velaba por la seguridad de su "hijastra".
Según se enteró más tarde, por comentarios y rumores, su amiga fue reprendida muy severamente. Sus excusas no fueron del todo válidas por ningún adulto como método de defensa, pero, de todas formas, lo intentó.
Al día siguiente, un docente le confesó a Soyo que habría una reunión a las tres de la tarde, en la cual se plantearía la expulsión definitiva de la chica. Palideció ante la idea. Pero sabía que el hombre al que todos tomaban por vago, loco por la leche de fresa y admirador de las publicaciones de la Shonen Jump, no permitiría que aquello sucediera tan fácilmente. Según entendía ella, el tipo la defendió con uñas y dientes, prometiendo un sinfín de comportamientos "apropiados" que —todos sabían— Kagura jamás cumpliría.
Y no fue el único que salió en su defensa. Hasta donde sabía, el mismo rector Hijikata (quien se dice, luego se retiraría del rubro escolar, para pasar a formar parte del cuerpo policial, el siguiente año), votó por no apoyar la salida del establecimiento de la chica, junto con las profesoras Tsukuyo y Tae Shimura, el conserje Hazegawa Taizou y, la autonombrada asistente del titular Sakata, Ayame Sarutobi. (Aún cuando nadie convocó a estos últimos cuatro.)
Soyo no sabría explicar con seguridad si las súplicas de los profesores, y compañía, surtieron efecto, o si las promesas vacías de Gintoki habían funcionado. Pero sí tenía en claro que su pellejo se había salvado, y solo recibió el escueto castigo de una suspensión, por una semana.
ooOoo
—¿No es bueno volver a clases, Kagura? —preguntó, mientras la acompañaba en el trayecto hacia el colegio, en su primer día de retorno a clases.
—Pues la verdad no sé. Gin estuvo torturándome todos estos malditos días con que debo ya portarme como una señorita, no decir groserías, no golpear a "ciertos idiotas" —elevó la voz, acentuando las últimas palabras—, y todas esas cosas. Pero, por otro lado, me la pasé grandioso en casa, jugando videojuegos y viendo televisión. Creo que podría volver a causar otra suspensión.
Soyo suspiró con una sombra de júbilo en el rostro. Nada había cambiado en su amiga. No le pareció que el escarmiento hubiera tenido efecto en ella.
—Bueno, Okita también está de regreso… —le comentó, suavemente.
—Olvídalo. Gin me obligó a que me alejara de él por una semana. Me insistió tanto en que le hiciera caso… —continuó, gesticulando una docena de muecas, a modo de burla—. De todas formas, no quiero verlo por un tiempo.
—Sí, creo que sería lo más prudente. Y… ¿no quieres saber cómo está?
—Ya, no me digas. Con un brazo vendado, montones de contusiones por todos lados y los ojos como de mapache, ¿no? Además de eso, ¿qué tienes para contarme?
Soyo no tenía forma de responder a esa pregunta. Siendo él, de un grado diferente, no tenía mayor contacto que el de una simple ojeada en los recesos o el almuerzo. El chico había vuelto a clases a los dos días, pero nada sabía sobre su estado de ánimo o si eran ciertos los rumores de que él había dicho que la paliza recibida fue por atreverse a comprobar la existencia de bustos en su amiga. (Lo cual, según ella, servía como buena excusa por haber sido apaleado de forma tan humillante y tan pública.)
Ante el silencio inminente de la joven, Kagura inquirió:
—Entonces no sabes si captó el mensaje, ¿cierto?
—No lo sé, es difícil saberlo.
—Hazme un favor y pregúntaselo. Tú sabes, yo no puedo acercarme por ahora.
Para la joven Tokugawa resultaba esperable que todos los ojos, tanto de profesores como alumnos —y sobre todo del director— estuvieran puestos en ella. Como en ese preciso instante, en el que atravesaban el enorme portón de la entrada principal. Sentía la atención que atraían al pasar, como si fueran dos focos de luz en medio de la oscuridad.
Dudó unos instantes. Quería contribuir en la emocionante y nueva interacción clandestina de su mejor amiga y el amor de su vida. Se imaginaba como la dulce mensajera entre un herido Romeo y una hermosa Julieta. Ambos desesperados por encontrarse nuevamente, vigilados por quienes buscan oponerse a su relación. Ambos pertenecientes a distintos mundos, separados por crueles destinos…
—Eu, Soyo. ¿Estás ahí? —llamó la atención la chica de cabello rojo, chasqueando los dedos frente a ella.
—¿Eh? Sí, sí. ¿Qué pasa? —reaccionó de pronto, despertando de su ensoñación.
—Que le preguntes al "bastardín" si ha pillado mi mensaje. De otra forma, tendré que darle otro "escarmelo".
—Escarmiento, se dice…
—Sí, bueno, eso. Ese estúpido tendrá que aprender por las malas, o por las peores.
Soyo rió entre dientes, divertida por la extraña expresión de su amiga. Le quedaba claro lo mucho que la había echado de menos en todos esos días de su ausencia. Pero ahora que estaba de regreso, no se perdería de ningún aspecto de disfrutar de sus increíbles aventuras.
Y entonces lo decidió.
—Bien. Haremos esto: lo escribes en un papel y yo se lo entrego, ¿de acuerdo?
—Sí, bien.
ooOoo
La ortografía de su querida amiga nunca había sido de las mejores del salón. Más de una vez la vio perder varios puntos en los exámenes debido a su desaliñada gramática (también a su mala escritura, sus malas o vacías respuestas, su falta de estudio, entre otras). Y, aunque siempre se ofrecía para brindarle ayuda escolar en sus áreas flojas, nunca lograba conseguir que su forma de escribir mejorara de forma sustancial. La prueba más fehaciente de ello se encontraba exactamente entre sus manos, doblado irregularmente en tres pliegues.
Como era de esperarse, Soyo desesperó por desplegar el pequeño trozo de papel, una vez que se encontró a solas en el receso, y suspiró divertida al leer lo siguiente:
"Vastardo come mierda: te a quedado claro ya? O quieres que te de otra palisa? No vuelbas a tomarme por estupida!"
Simple y sencillo.
No sabía si llorar o reír por las diversas faltas de ortografía. Le parecía un caso imposible de corregir en ella.
ooOoo
No obstante, cuando corrió a entregarle el mensaje al joven de cabellos castaños, durante la hora del almuerzo, notó que la expresión unánime de disgusto le venía al rostro, casi al instante.
—¿Y esto? —preguntó irritado, estrujando en una mano el trozo de hoja. ¿Por qué no vino ella personalmente?
—Es por una petición oficial del director —fue lo que alcanzó a decir, antes de que el muchacho la interrumpiera velozmente.
—¿Y eso qué? Dile a esa floja que, si todavía le quedan agallas, venga y me lo diga en la cara. —Sonrió de medio lado, exteriorizando toda su distorsionada malicia—. Esa China hija de **** me debe unas cuantas —comentó enfurecido, más para sí mismo que para su "mensajera".
Soyo no creyó que el insulto fuera realmente necesario, pero comprendía muy bien a qué se debía. Imaginaba que, para un chico del último grado de preparatoria, ser derrotado tan insolentemente (y más de forma pública) por una chica de primero, no debía ser nada reconfortante, aun si se trataba de la adolescente más problemática, traviesa y fuerte que alguna vez presenció la historia del colegio. Así que, mientras que para una, el acontecimiento suponía un triunfo inminente y una excelentísima victoria, para el otro, era la peor de todas las desgracias conocidas por (propiamente dicho) El Hombre.
Sintió pena por él. La forma de "amar" de su amiga era muy poco ortodoxa, y requería de un cuerpo fuerte y resistente. Requisito que él poseía a la perfección. Lo tenía desde hacía años, de hecho.
A pesar de todo, si se dejaba de lado ese último comentario despectivo, la respuesta del muchacho sugería un nuevo punto de reunión. ¡Un encuentro en persona! Y eso era lo mismo que pedir a gritos verla con urgencia. No del tipo de urgencia que Soyo hubiera querido, pero una urgencia en sí. ¡El chico desesperaba por verla!
Aunque, si lo pensaba detenidamente, era una verdadera lástima perderse de la perfecta oportunidad de ser testigo del intercambio de mensajitos de papel entre esos dos tercos y tozudos jovenzuelos. Lo cual, según ella, era lo más próximo a una carta de amor que su amiga podría llegar a escribir alguna vez. Pero no perdía la esperanza de que pidiera suceder en otra ocasión.
—Bueno, ¿entonces a la una? —Si no podía propiciar el intercambio de notitas, al menos contribuiría a su encuentro a escondidas. La situación no podía ser más excepcional para ella. Se sentía como en una de sus telenovelas coreanas.
—En el lugar de siempre —concluyó el chico. Y sin añadir nada más, se marchó con un perezoso saludo con la mano.
Emocionada, corrió a toda prisa junto a su amiga con la intención de transmitirle la noticia.
La encontró peleando por colarse en la fila del bufet escolar, riñendo con otros potenciales clientes.
—Él… dijo… —balbuceó, jadeante en cuanto pudo localizarla—, el papel… tú no fuiste… tienes… floja… agallas. —Se tomó unos segundos por normalizar otra vez su respiración, y luego soltó lo que creía más importante del mensaje—. ¡A la una!
—Espera, Soyo, no te entiendo. ¡Ey, tú, idiota, quítate! —le escuchó ordenar a un chico distraído que se salió rápidamente de la fila, patrocinado por un diestro puntapié de su amiga. —Y tú, asquerosa glotona, muévete ya —le discutió a una muchacha de pelo largo que se mostraba muy dispuesta a batallar con ella por el próximo turno en los pedidos de compra.
Soyo aún seguía combatiendo su propia contienda personal contra la falta de aliento, y se alegraba de saber que le estaba ganando con cada pequeña aspiración.
Cuando logró recuperarse un poco, se precipitó al reconocer quién era la contrincante de su amiga, en aquella disparatada pelea.
—Kagura, Okita quiere verte ahora, en donde tú sabes —enunció, firme y decidida. Sin saber muy bien por qué, dirigió toda su atención hacia la melenuda muchacha que se encontraba forcejeando con Kagura. Esta la miró con cierta desorientación.
—Ahora, no, Soyo. Estoy en mitad de algo… importante —completó, luego de lanzar un codazo y esquivar un empujón errante.
—Sougo dijo que es importante. No, más bien dijo que urgente. Muy urgente.
—Que se espere. ¡Oiga, señor! Quiero tres panecillos cubiertos con chocolate, un ramen… Quítate ya, ¿quieres? —Soyo las vio forcejear con más intensidad, mientras que el pobre vendedor no sabía a quién debía atender primero, si a la pelirroja gritona o a la silenciosa de cabello largo, con expresión indiferente.
—Em… eh… Te daré mi almuerzo, si quieres —le sugirió de pronto.
—No bromees. ¿Qué comerás? Esa rosquilla de ahí se ve buena… Las quiero todas. —Un tremendo atropello sacudió el cuerpo de su amiga, que resistió valientemente.
—Traje de sobra —mintió—. Roberta quería que pruebes una nueva receta. No te preocupes por mí, ¿sabes? De hecho, yo ya comí. Anda —dijo mirando de nuevo, fijamente a la otra chica—, Okita te está esperando. Dijo que quería encontrarse contigo… urgente.
La muchacha de pelo negro ni se mosqueó ante la ajena conversación.
—Pero… —intentó replicar su compañera, dudosa.
—¡Ningún "pero", mujer! ¡Ve de una vez! —Cuando ninguno de los anteriores métodos funcionaba, optar por el de "autoritario incondicional" (que en algunas ocasiones daba resultado) le pareció la mejor opción para probar.
Por desgracia, tampoco arrojó buenos resultados. La disputa por el próximo turno era lo más importante en la mente de su amiga.
Fue entonces cuando se decidió, por fin, a recurrir a su infalible Arma Secreta, el que aseguraba un éxito rotundo. Se acercó resuelta hacia ella, cuidando de no quedar en medio de la cruzada, y le susurró despacio al oído.
—Le diré a Roberta que te prepare un cheesecake, de los que te gustan, y un rico pie de fresa para ti sola.
Y como por arte de magia, la muchacha dejó de forcejear y se volteó repentinamente hacia ella.
—¿De veras? —preguntó, emocionada.
Soyo asintió enérgicamente y luego le indicó con la mirada, la dirección hacia la puerta.
Eso fue todo lo que necesitó para convencerla de abandonar la fila y lograr que saliera disparada del bufet. Como siempre, su Arma Secreta nunca fallaba.
ooOoo
Esperó a que se alejara unos cuantos pasos más allá de la entrada. Calculó una distancia prudencial, y luego añadió:
—Creo que esos dos están hechos el uno para el otro. ¿No lo crees tú, Nobume?
La recién nombrada apenas produjo un leve sonido, carente de palabras, que la joven Tokugawa entendió como un "estoy de acuerdo". La chica, por su parte, se hallaba aliviada de tener una contrincante menos (una muy poderosa), y ya se encontraba pidiendo su ración de rosquillas de siempre.
—Además, Okita solo tiene ojos para Kagura. No le interesa ninguna otra —agregó por último, antes de irse.
Le hubiera gustado que sonara más como una advertencia. Algo así como: "Oye, ese es el chico de mi amiga. Ni te atrevas a interferir, perra. No eres ni la mitad de mujer de lo que es Kagura. No eres rival para ella". Pero esas cosas no se le daban muy bien, y prefirió inclinarse por una falsa (pero esperada) afirmación acerca de un amor no concretado aún.
—Es solo cuestión de tiempo —se dijo a sí misma, mientras caminaba ella también hacia el lugar de encuentro—. En realidad no es una mentira, más bien una premonición.
ooOoo
Cuando llegó al punto de reunión, después de pasar a buscar a toda prisa su importante pieza de escondite, creyó que se le había hecho tarde para presenciar la conversación. Pero resultó que la cosa apenas acaba de comenzar.
—¿Perdiste el camino o qué? Llevo un rato esperándote, China tonta —pudo percibir que le reprochó el muchacho. Le costó acomodarse correctamente y acercarse lo suficiente para poder verlos.
—Lo sé. Qué mal, ¿verdad?
Oyó un bufido y luego rápidas pisadas sobre el césped.
—Escúchame bien, engendro del demonio…
—No, escúchame tú, grandísimo idiota. Si me vuelves a tomar por estúpida —amenazó la adolescente de cabellos de fuego avanzando decidida hacia el frente, logrando que su acompañante fuera retrocediendo—, me aseguraré de que tus peores pesadillas se hagan realidad, y te arrepientas de haber nacido. —El tono de su voz cada vez se elevaba más y más—. Si no me vas a tomar en serio, ¡entonces vete a la m*****!
Soyo no pudo evitar lanzar un grito ahogado de aflicción al escuchar a su amiga.
—¿Y esta caja? —preguntó el chico, con aire confundido.
La incontenible exaltación de querer estar al tanto de cada detalle había hecho que se acercara demasiado hacia donde estaban ellos, quedando a muy pocos metros de distancia.
—No quieras cambiar el tema, bastardo come m*****.
—Mira, yo no tengo la culpa de que estés loca, pero no me arrastres a mí también, eh.
—Que seas idiotas no es mi problema…
—Y tú una simplona deforme.
—Y tú un descerebrado.
—Tú, una inútil, repelente de inteligencia.
—Vómito de rana.
—Gusano inservible.
—Pescado podrido.
—¿Oye, esa caja no estaba más lejos?
Estaba en problemas. Sougo la había notado otra vez. ¿Qué había hecho? Se planteó la posibilidad de que él se imaginara cosas, o quizás solo estaba desvariando, para desviar la "charla". O quizás se deba al hecho de que, sin darse cuenta, había avanzado otros diez pasos más hacia el dúo, pasmada por el rumbo que estaba tomando la conversación.
—¿Y? Mira, desecho maloliente, estas son MIS reglas, de MI juego, ¿entiendes? Así que vas a respetarlas o lo tomaré como… como una descalificación, y entonces yo ganaré, y… y… Aún no pensé en qué te haré si gano. Pero no será nada bonito.
—Creo que esa caja me está mirando…
—¡¿Entendiste?! —exclamó Kagura, hirviendo de rabia.
—Ajá, sí, ok. Ya entendí. No más bromas, maldita lunática.
—¡Y no me hagas perder el tiempo explicándotelo todo de nuevo! Estúpido y grandísimo hijo de…
—¿Y qué fue todo eso de las cartas?
—Ningún "cartas", idiota. Tu estupidez me ha costado mucho, ¿sabes?
—No me digas. —El sarcasmo sonaba tan natural en él, que parecía haber nacido con aquel increíble don.
—Estuve una semana en el exilio, condenada a sufrir la soledad en solitario.
—Ajá, sí, me imagino.
—Todos me miran raro ahora.
—Será por tu cara de mandril.
—Y a ti, de seguro, te buscan mucho los niños, ¿no? Les atraes.
Ni siquiera Soyo entendía bien a qué se debía esa conjetura. La miró con gran curiosidad, intentado descifrar qué se traía en mente.
El chico se extrañó de igual forma, y solo levantó una ceja, como forma de exigir una respuesta.
—Digo, por tu cara de niña y todo eso...
Ese fue el momento exacto en el Okita perdió los estribos, y en tan solo tres zancadas llegó hasta la chica con una notoria vena hincándose en su sien.
—Ya me estás cansando. Me debes una de las grandes por lo de la otra semana. Y vas a pagármela.
—Tu novia "rosquilla" estuvo ahí. Te vio y todo.
Si tenía en cuenta todas las veces que se habían encontrado y las pocas ocasiones en las cuales ninguno de los dos salía disparado del lugar, esos últimos días eran de los más tranquilos. Los insultos y desprestigios hacia la masculinidad de uno, no suponía ninguna sorpresa para nadie. Todo aquel que los viera juntos, sabía de buena fuente, que lo mejor sería alejarse de ese par, pues no tardarían en batirse a puños y patadas en cualquier minuto. Fue así como el repentino cabezazo que el chico le regaló a su amiga, no le supuso ninguna sorpresa. Sí un sobresalto, puesto que no lo esperaba tan pronto.
—¡Estúpido, hijo de mil…!
Soyo prefirió taparse muy bien las orejas para no tener que alimentar sus oídos con el florido vocabulario de la chica. No funcionó tan efectivamente, y estaba segura de que no pasaría inadvertido por ninguno que anduviera cerca.
—¿Kagura?
La voz de un tercero los paralizó a todos: A Soyo, que a cada minuto se trasladaba de un punto a otro; a Kagura, quien abrió tan grande los ojos que casi se le salen de las cuencas oculares; y, en menor medida, al chico de mirada asesina. Hasta que lo vio sonreír, otra vez, con la malicia plantada en su rostro.
Reviews: Cap. 4:
I love okikagu: Aww, eres pura ternura. Agradezco tanto tu apoyo, no sólo a mí sino también a las demás usuarias. Es muy difícil lograr que comenten en realidad. Conozco personas que leen bastante y, aunque les guste muchísimo el fic, no se animan a dejar un review xD. Tú en cambio te tomas el trabajo de comentar todo. Eres genial =] Gracias por tu apoyo incondicional, tus palabras son muy gratificantes =]
Yanna: Ajaja, ya veremos qué pasará después. Muchas gracias por seguir este fic :}
Mi-chan: Ajaja. Sougo es todo un pillín, hace de todo para cabrear a la pobre Kagura xD. Muchas gracias por leer y comentar. :]
Merengue: Mmm... Costaría bastante esa pareja xD, pero lo tendré en cuenta. Quizás se pueda dar en otro fic. Gracias por la sugerencia, y por leer y comentar :]
Marisa: Claro que se sintió mal, por eso casi lo desfigura... por atrevido xD. La regla internacional de la Asociación Federal de Fanfickers no oficial (¿?), prohibe que se delate el nombre real de un autor o usuario en alguna página web. Si lo conoces, por favor, no lo andes diciendo tan tranquilamente, ¿no? Que las personas podrían espantarse con ello xD. Al menos decí mi apodo. Algún día me voy a cambiar de nombre, en serio xD. Jajaja. Tenés razón en lo de que Okita quería ser policía y su estado de consciencia. En este cap. se aclara, pero debo tener más cuidado con eso. Mil gracias por decírmelo.
Lo del brillo en sus ojos es porque lo hacía a propósito xD. Él es pura maldad xD. Muchas gracias por comentar. Te adoro =]
