Capítulo 5. ¡Explícame de qué hablas!
Rachel los condujo a una habitación que estaba amueblada rústicamente. No había ventanas, no había cámaras, no había cuadros o pinturas ni fotos en las paredes desvaídas y amarillentas. Rachel tomó asiento en un viejo sillón azul para dos personas y les invitó a sentarse a los demás en el sillón de enfrente que también era azul.
— ¿Quetzal-qué dijiste? — preguntó Dominic en cuanto se sentó junto a Rachel.
Esta se puso tensa por la cercanía del baterista pero él ni siquiera la miraba a ella, Dom miraba fijamente a Trinidad.
—Quetzalcóatl— contestó ella firme y claramente.
—Explícate— dijo Dom sin paciencia— ¡Explica todo! ¿Por qué dices que hay vida en Norteamérica?
Rachel se aclaró la garganta y todos la miraron súbitamente.
—Lo siento— dijo y su cabello se tornó rojo claro, como el rubor de sus mejillas—. Tenía algo en la garganta.
Trinidad se rió por lo bajo y después se puso bastante seria.
—Tenemos lecturas, testigos y evidencias de que queda muchísima gente en Norteamérica. Se están encerrando. Están construyendo una enorme y electrificada muralla en los finales de Guerrero, colindando con el mar, nos están rodeando también a nosotros pero no han llegado a la altura del centro del país, es por eso que tu avión pudo entrar.
—Eso no tiene ningún sentido. Nosotros no vimos ninguna muralla enorme ni nada que se le parezca— repuso Dom.
—Eso es lo curioso, ¿no crees? La muralla es invisible a los ojos humanos pero no a los radares. Cornelius Snow, jefe máximo de la armada americana ha implantado todo tipo de armamento desconocido habido y por haber. ¿Sabes qué mueve a la ciencia, niño? — Dijo acercándose a él, siseando con furia— Guerra. Eso impulsa a la ciencia. ¿Sabes qué planea Snow? Matarnos a todos los que no queremos ser parte de su maldita ciudad construida sobre las cenizas de México, Estados Unidos y parte muy pequeña de Canadá.
"Hay soldados que escaparon y que están aquí sólo para vengar la muerte de sus seres queridos. Para liberar al mundo del detonador de la tercera guerra mundial. ¿O es que no sabías que fue él quien lo planeó todo para quedarse solo en el mundo?
—Basta— cortó Rachel pero Trinidad no le hizo caso y se puso de pie.
— ¡Eres nuestra última maldita esperanza, Quetzalcóatl! Eres todo lo que hemos estado esperando. Sin ti, no llegaremos lejos. Como ya te dije, aquí la magia existe. Tú existes. Saliste de Londres y viniste aquí sólo para conquistar tus legendarias tierras y liberar al mundo de esa maldita peste.
— ¡Ya basta, Trinidad! — demandó Rachel.
—Vine aquí porque Matt necesita ayuda— contestó Dom lentamente, No daba crédito a sus oídos.
— ¡Estás aquí para salvarnos, Dominic! Tu estúpido amigo sólo sobrevivió para traerte a este maldito y desquiciado lugar, llámalo destino o magia, llámalo estupidez o condena. Estás aquí sólo para ayudarnos a detener a Snow.
—¡He dicho que pares, soldado!
Trinidad comenzó a temblar y Rachel le advirtió que se tranquilizara o haría estallar el escondite.
Ella desapareció en un parpadeo.
Matt y Dom estaban volviéndose locos. Tenían tantas preguntas como miedo y querían, sobre todo, salir de allí cuanto antes.
—Tendrán que disculparla— dijo Rachel lentamente—. Ella está esperanzada porque cree en los héroes. Hace muchísimos años, creo que sabrán sobre la cultura Tolteca… Ellos escribieron que Quetzalcóatl regresaría a hacer justicia sobre aquellos que despoblaran al mundo y sobre todo aquellos que intentaran hacerse con las riquezas de éste. Pero ellos no se referían al dinero. Se referían al conocimiento. Trinidad tiene razón, lo que impulsa a la ciencia es la guerra. Quetzalcóatl vendría en su forma humana, como la primera vez. Un hombre rubio de ojos de color distinto al de la tierra, alto y fuerte.
—Dom está flacucho— respondió Matt en burla. No era el momento pero aún así Rachel sonrió.
—Ella está desesperada, como todos nosotros. La leyenda corrió como un rumor hace apenas unas semanas.
— ¿Hace un mes? — preguntó Matt extrañado.
—Sí, más o menos.
Le lanzó una mirada a Dom y este negó intensamente con la cabeza.
—No seas estúpido, Matt.
—Puede que sea cierto.
—No digas idioteces.
— ¿Qué pasa? — preguntó Rachel al no entender nada.
—Nosotros llegamos a México hace un mes— respondió Matt.
Bueno, para ser sincera, desde el principio supe que sería Dom y no Matt pero eehhhhh las engañé. Bueno, a ti, Ann.
Con amor siempre,
Holly.
