N/A: De seguro habrá algunos errores y/o falta de letras o palabras. Si me hicieran el favor de indicármelas, sería muy feliz. Gracias.


Capítulo 6


La voz que se oía desde lejos —y que cada vez se acercaba más hacia ellos— no se oía nada amigable. Había en él un cierto tono de reproche. No creía que fuera posible que algún adulto pasara por allí. De hecho, no creía que nadie fuera capaz de transitar cerca de allí. Estaba bastante alejado de toda aglomeración de alumnos que buscaban un sitio de descanso. Sin embargo, fueron encontrados.

Kagura estaba en problemas.

¿Qué rayos…? ¿El inepto de tu tutor no te avisó que debías alejarte de los problemas, por un tiempo?

El rector Hijikata en persona apareció doblando la esquina del edificio. El despoblado rincón, detrás del salón de básquet ya no era seguro.

¿D-de qué hablas, Mister Mayora? E-e el idiota y yo solo estábamos hablando —comenzó a tartamudear, mientras le tapaba la boca a Sougo con una mano—, como dos personas normales, eh. No hay nada que reportar aquí, ¿no es cierto? No es necesario que se lo cuentes al viejo bigotón, eh.

Pues ustedes dos —puntualizó, mirando al chico que, en el suelo, luchaba por quitarse a la muchacha de encima— no son de ninguna manera "normales". Cada vez que se encuentran algo termina destrozado y ustedes en detención. ¿No pueden solo… darse un tiempo antes de causar problemas otra vez?

P-pero, rector mayonesa, no estábamos haciendo nada —continuó ella, tratando de defender lo indefendible—. ¿No es cierto, bastardo?

El adolescente apenas pudo emitir unos gruñidos que no se escuchaban para nada alegres. Sus ojos la fulminaron con tal ferocidad que podría haberle penetrado el cráneo, si tuviera poderes mentales. Aún cuando tenía sus dos manos libres, y ella tenía los suyos cubriendo no solo la boca, sino también la nariz y parte de su rostro, no le era posible librarse del agarre. Y Soyo percibía que cada vez le costaba más respirar.

¿Ves? Dijo que sí. No estamos peleando ni nada.

Pues, la palabrota que soltaste recién no parecía que estuvieron solo "conversando".

Ah, eso. Puf… así nos llevamos siempre, tú sabes. Yo le digo "come m*****" y él me dice "China malnacida". Es nuestro saludo —explicaba la joven, mientras forcejeaba cada vez más con su prisionero.

Te recuerdo que esa clase de "saludos" no están permitidos en el colegio —acentuó, mirando a un desesperado Okita, ya con signos de falta de aire—. Kagura, no hagas que nos arrepintamos de salvarte el pellejo la última vez. Al menos, mantente en discreción, ¿no?

Sí, sí. Me mantendré en distinción, no se preocupe. Este… no le digas a Gin, ¿sí? Me matará si se entera.

Hijikata permaneció unos segundos en silencio, con aire pensativo. Miró de nuevo al muchacho que comenzaba a ponerse verde por falta de oxigenación y luego sentenció:

De acuerdo, pero no comiencen a pelear de nuevo, eh. Y si se "saludan", que sea en el mayor silencio posible. Atraerías al director, inclusive, con tus gritos. Y ya, por el amor de Dios, suelta el Sádico.

Fue entonces cuando Soyo captó que la chica se percataba de la situación que estaba ayudando a favorecer. El homicidio de idiotas, como lo llamaría ella, aún no era una posibilidad en su vida. Quizás en algún futuro lejano.

Estúpida perra, casi me matas —fue lo primero que arrojaron las palabras de Sougo, cuando se lo liberó al fin.

Oh, así que te estabas quedando sin aire. Qué mal, Sádico putrefacto. No volverá a pasar, la próxima definitivamente te robaré todo el aire.

"Espero que sea por un beso —pensó Soyo, con picardía."

No si antes te mando a volar.

Oiga, oigan. Esperen a que me vaya por lo menos, par de tontos. No hagan que lo lamente.

¿De haber nacido, Hijikata?, eso es lo que todos nos lamentamos siempre. Auch.

Idiota, deja que se marche, luego lo insultas todo lo que quieras —lo reprimió la chica, aplicándole un pequeño "correctivo".

No tiene caso que me burle de él si no está, tonta.

Soyo observó al rector masajearse la frente y palpar el paquete de cigarrillos que, sabía, tenía en el bolsillo. Entonces le vino a la mente que el sujeto probablemente buscaba un sitio tranquilo en el cual consumir la nicotina que tanto ansiaba y le era vetado dentro del establecimiento. Pero tuvo la desgracia de encontrarse con unos jovenzuelos muy traviesos que solo le daban unos horribles dolores de cabeza.

El año que viene todo cambiará —escuchó que se dijo a sí mismo, antes de irse, sujetándose las sienes e ignorando al dúo problemático.

Pero lo que no sabía el rector, era que el muchacho Okita pregonaba por todo el colegio que planeaba unirse a la fuerza policial, en cuanto terminara la preparatoria. Y eso significaba que no tardaría en reunirse con él en el futuro.

Maldito, lamedor de gusanos, ¿qué demonios estabas haciendo? Compórtate al menos —escuchó que volvían a la conversación.

Yo no soy el que está en problemas —explicó el chico, para justificar su falta de tacto frente a la situación.

Entonces tratabas de sabotearme, ¿no? Si me expulsan, daré por finalizado el juego, y yo ganaré.

¿Qué tontería de reglas te estás inventando?

Ya. ¿Vas a tomarte esto en serio, sí o no? Si no te interesa, esto se termina aquí.

No estaba segura que Sougo comprendiera del todo lo que estaba sucediendo allí, pero sí creía que imaginaba porqué había sido apaleado tan despiadadamente.

Bien, ya lo tengo. Por cierto, ¿no tenías que darme otra pista?

Me lo estoy pensando, ahora que veo tu horrible cara.

Sí, cómo no. Pero la chica a la que le gusto no piensa lo mismo. —Le pareció que Kagura ganaba algo de color en las mejillas con el comentario descuidado del muchacho, mas no dejó que fuera tan evidente—. A ver… si lo pienso un poco… Kyubey. Siempre me enfrento a ella en el club de Kendo.

¡Que no está en el club, idiota!

¿Ah, no? Entonces…

Piensa en ello durante el día. Nos vemos mañana.

Pero…

—¡Se terminó el cupo de nombres por hoy! —exclamó la adolescente, inventándose nuevas reglas por el camino—. Ah, y tendremos que vernos en otro lugar.

¿Qué tal en el vestuario de hombres? O, si lo prefieres, en el de mujeres. Sí, en el de chicas sería mejor.

¿En qué piensas, estúpido? No es buen lugar.

De nuevo, Soyo no pudo evitar golpearse la frente con incredulidad. Ella no había captado en absoluto la indirecta. Lo que la hizo dudar.

Vamos, piensa en un lugar que nadie visita. Usa tu retorcida cabeza.

El muchacho, divertido, al ver que su broma no había sido entendida, soltó una ligera sonrisa juguetona, y su mirada dejó en evidencia sus claras intenciones de burlar a la chica.

Está ese lugar donde… —caviló ella, en voz alta—. No, no. Ahí solo van las parejas a besuquearse. A ver…

Soyo tuvo la perspicacia de notar una ceja levantada en el joven Okita. En cierta forma, ambos estaban sorprendidos del caudal de conocimiento de Kagura; nadie esperaba que tuviera tal nivel de consciencia para ciertos temas. A lo mejor, creyó que su amiga pensaba más en él de lo que ella imaginaba.

¿Tienes ganas de ir ahí? —le preguntó un extrañado Sougo.

No estaremos solos en ese lugar. Tiene que ser… déjame pensar…

Oye, China, a tu amiga, la misteriosa, no le gustará que te andes con esas mañas. No sabía eso de ti.

¿Ah?

Era típico de ella no saber comprender las ambiguas insinuaciones.

No te la pondré fácil si intentas besarme. No soy chico fácil, eh.

¿D-d-de qué demonios hablas? Si alguien me reporta, golpeándote, tendré que golpear a ese alguien también, y el director me expulsará de la escuela, y tú perderás el juego, imbécil.

Aunque Kagura nunca lo admitiera, se había puesto como un tomate de un segundo a otro. Soyo imaginó que, por su cabeza, la suma de las palabras dichas por el joven y las de ella, habían encontrado un punto de asociación. No la culpaba. La misma Soyo moría por ver a esos dos uniendo labios y saliva. Daría lo que fuera por tener la oportunidad de contemplar, en primera fila, una novela de semejantes magnitudes. Ya comenzaba a colocarle un título que fuera más apropiado para ellos: Amor apático: dos jóvenes enfrentados por tontas circunstancias y unidos por una inconfundible pasión. Ya veía el éxito que tendría. Hasta pensaba en la posibilidad de escribir un libro y todo. Sería afamada por todos.

No te hagas, si querías eso. No soy un "cualquiera", te lo aviso.

—¡Ya, idiota! Nos vemos detrás del edificio de natación.

Queda muy lejos. Si vas a abusar de mí, es mejor que sea en un lugar cerca del baño, ¿no?

¡Cállate ya, estúpido idiota y… y…!

Ey, ey, recuerda bajar la voz, o "Hijimayonesa" te acusará.

El chico bastardo, como suele llamarlo su amiga, tenía razón. Pero eso no evitó que Kagura enrojeciera de rabia y de puro enojo. Le parecía que en cualquier minuto explotaría y comenzaría con la lluvia de golpes habitual. Odiaba perder una contienda.

Más te vale que mañana me traigas tres nuevos nombres, solo por ser mañana, y que sean buenos. Adiós.

Se despidió mucho después de haber comenzado a caminar en dirección hacia los pasillos que conducían al bufet. Era evidente que escondería su frustración en la comida (de hecho lo hacía cuando estaba feliz, triste, aburrida, cansada, con sueño, y bueno, en todo momento).

Soyo, por su parte, recibió un último vistazo inquisidor del muchacho, antes de que se marchara, y sintió que todo el sudor de su cuerpo había sido invitado a una fiesta de la cual ella no era parte. Pero, al cabo de unos segundos, partió sin más, riéndose de —según ella imaginaba— lo fácil que había podido conseguir ruborizar a la chica más fuerte y ruda de todo el colegio. Eso, sin duda, era algo para recordar.

ooOoo

Cuando salió al fin de la caja, desecha como un hielo en verano y envuelta en mucha transpiración, sintió el impulso de salir corriendo en busca de su amiga, pero una fugaz idea la detuvo. Miró el adornado reloj que llevaba en la muñeca y se lamentó por no poseer más tiempo libre para concretarlo. Era demasiado tarde para ese día. Así que solo se dedicó a regresar a su siguiente clase. No dudaba que encontraría allí a una Kagura hecha una furia en carne propia, escupiendo destellos de enojo y violencia. Solo esperaba poder contenerla para que no ganara otro nefasto castigo.

De vez en cuando, encontraba la oportunidad para voltear hacia el asiento trasero y preguntar por lo que sea que pudiera responder la chica. Pero lo único que lograba arrancarle de la garganta, eran alaridos cargados de rabia y disgusto. Odiaba perder.

Para la hora de salida, pudo interceptarla antes de que se alejara veloz (a golpear lo que tuviera en el camino), y la invitó a merendar a su casa. Eso significaba comida, y la comida siempre representaba la cura de todos sus males. Como esperaba, aceptó sin chistar y cambió rápidamente de rumbo en un solo instante.

ooOoo

—Si el adicto a la mayonesa no hubiera aparecido, iba a darle una paliza, sí.

—¿No ha recibido mucho, ya?

—Nunca es suficiente para él.

—Ah, bueno —aceptó Soyo, dándole por su lado. No tenía caso que intentara persuadirla de algo que ambas sabían a la perfección: él se divertía molestándola y ella se dedicaba a golpearlo (porque era el único de la escuela que podía darle batalla sin terminar desplomado).

A los pocos segundos, Roberta entró en la habitación con una bandeja de panecillos y cupcakes —con un crucifijo bendecido, dadas las circunstancias en las que habían recibido a la invitada—, y se alejó rápidamente. Soyo se daba cuenta de que no quería ser partícipe del destrozo de las almohadas. Hacía pocos días que habían comprado cojines nuevos, y ambas sabían que muy pronto los verían renovarse de nueva cuenta. En el fondo, las dos sentían pena por los muebles y no-muebles de la habitación.

"Si ese demonio, al que llamaban Kagura, se pasa más de tres tardes en la casa, de seguro terminará colapsándola —le escuchó un día comentarle al cocinero. Pero no tenía intenciones de reprochárselo. Lo tomaba como un comentario inofensivo."

—Pero bueno, debemos pensar positivamente, ¿no? El plan está marchando. Sí —se apresuró a confirmar, antes de que su visitante agregara algo a la conversación—, no se lo está tomando muy en serio, o es lo que él quiere hacerte creer. —Cuando la chica la buscó repentinamente con la mirada, supo que había captado su atención—. Pues claro, está tanteando el terreno. Piénsalo. Al principio me nombró a mí, lo cual es perfectamente entendible. Si tú vas y le dices que tiene una admiradora, lo primero que pensaría cualquier persona es que se trata de la amiga que no se anima a confesarse en persona. Lo de Shinpachi y el perro fue para cabrearte, está claro. —Kagura pronunció unas palabras ahogadas en masa, que no supo entender muy bien, pero imaginaba que se trataba de algún insulto en honor a él—. Lo de Nobume y Kyubey también es comprensible, dada la pista que le hemos proporcionado. Le dijiste que peleaban a menudo, así que…

—A ver, a ver, ¿cuál es el punto de todo esto? No me digas que lo estás defendiendo —la amenazó, con un panecillo en la mano.

—No se trata de eso, intento dar con una explicación razonable. Es menester que comprendamos…

Pérate, Soyo, habla en español, ¿quieres?

La anfitriona de la casa suspiró con pereza. Estaba tan concentrada en tratar de expresar su punto de vista, que olvidó por completo guardar compostura en el uso de su vocabulario.

—Lo que yo digo es que Okita de verdad está tratando de adivinar de quién se trata. Creo que está fallando a propósito.

—No te creo —insistió la muchacha, con recelo.

—Pues yo creo que sí. Es más, te aseguro que mañana te dará tres nombres de círculos distintos. Él intenta ver por dónde anda la cosa.

—Cuál cosa, si no soy un objeto. —Soyo se llevó una mano a la frente, sosteniendo la paciencia que a veces le costaba mantener—. Pero supongamos que es así, aunque no lo creo, ¿qué logra con hacerme enfadar?

—Pues… —De pronto las palabras "baño, lugar, parejas, beso" le vinieron a la mente y no pudo evitar estallar en emoción—. Oye, oye, por cierto, ¿qué fue todo eso de las parejas, el beso, que "Okita no es un chico fácil"? —Rió con ganas, mas era la única que lo hacía. A su amiga no le hacía ninguna gracia.

—¿Ves lo que te digo? Ese idiota solo se burla de mí, es un tarado —se mofó, cruzando de brazos y haciendo un puchero.

—Hasta parecía que estaba coqueteando contigo, Kagura. ¿No lo crees tú?

—¿De qué demonios hablas, Soyo? Estaba burlándose de mí, y luego… —En todos sus años de amistad y en lo que llevaba conociéndola, esa era una de las pocas veces en que la veía perder el habla de manera tan repentina. La última vez había sido a causa del hallazgo de un "mega-descuento" en los primeros días de apertura de un nuevo restaurante. Prácticamente corrió tras la tienda sin tener reparo de lo que estaban haciendo en ese momento (que era ir a comprar el nuevo uniforme escolar. A los pocos días, Kagura aparecía por las aulas vestida con cualquier otra ropa, que no pertenecía de ninguna manera a las prendas del colegio).

En esta ocasión en particular, no salió corriendo para ningún lado, pero sí enrojeció hasta el punto de tomar los dos vasos con jugo de ananá, que había sobre la mesa, y colocarlos en ambas mejillas para enfriar la situación.

Suspiró pesadamente y con dificultad, le pareció que apenas podía hablar.

—¿T-tú… lo crees, Soyo? No me mientas, eh. No quiero lástima ni palabras de consolación. Quiero la verdad.

Entonces notó lo mucho que en verdad le afectaba esta suposición, y se arrepintió enormemente de habérsela mencionado.

A decir verdad, nunca vio a Kagura especialmente emocionada cuando lo veía, o cuando hablaba de él, o cuando se encontraban a solas. Sí, era cierto que reaccionó de muy mala manera en el momento en que el chico Okita mencionó las múltiples atribuciones de Nobume, y, aunque sospechaba que podría tratarse del bichito de los celos, jamás imaginó en verdad fuera real.

De hecho, jamás había visto ponerse así de nerviosa a su valiente y temeraria amiga. Desde la primera vez que comenzaron a tocar el tema de su amor por Sougo, ella jamás había demostrado tales sentimientos, más bien, todo lo contrario. Había encontrado en sus palabras negación, duda, sorpresa y, sobre todo, ira. Mucha ira por estar enamorada de su peor enemigo. Imaginaba que no debía sentirse nada bonito despreciar a alguien y luego descubrirse a sí misma adorarlo en lo más profundo de su ser. Comprendía bien que, si existiera la posibilidad de que alguna vez, por algún milagro, esos dos estuvieran juntos de verdad, no sería una relación "normal" como las demás. Sería, en realidad, una relación de amor-odio. Lo tenía muy en claro. Lo que más la tenía en vela por las noches, en más de una ocasión, era la intriga sobre qué pasaba por la mente del chico, y qué haría cuando lo supiera al fin. No iba a mentirse diciéndose un "que sea lo que tenga que pasar", si se moría de ganas de que el milagro sucediera. Pero, si a la mismísima Kagura, le había costado tanto trabajo admitir sus sentimientos, tratándose de él...

—Pues... En realidad, eso es lo que parecía, por las cosas que dijo. Pero tienes razón, es muy probable que también te esté jugando una mala pasada. No hay que fiarnos de él —dijo, tratando de sonar convincente, aunque ella creyera otra cosa. Decidió que lo mejor sería guardar cautela y manejar la situación con más calma, o alguien terminaría con ilusiones imaginarias, y no sería ella.

—Oh, sí —respondió su invitada, menos animada—. Espera, ¿nos estuviste espiando de nuevo? ¿En qué momento?

Soyo rió a carcajadas. Su amiga era en verdad una caja llena de sorpresas.

ooOoo

Cuando se despidió de su amiga, luego de que le vaciara la mayor parte de su alacena, se acostó en silencio a meditar sobre algo que le rondaba en la cabeza, desde hacía mucho tiempo. No se animaba siquiera a decirlo en voz alta, ni para ella sola. Eran solo hipótesis, conjeturas y cavilaciones, no un hecho puntual, pero aún así le daba interminables vueltas al asunto.

Y se durmió pensando en ello y en lo mucho que aún desconocía de su amiga.

Temía por ella.

ooOoo

Al día siguiente, tal y como se anunció, los chicos se encontraron. De nuevo discutieron acerca del comportamiento de ambos, la permanente vigilancia que se concentraba en ella, la puesta en duda de la virilidad del muchacho, y entre otras cosas, burlas y algunos golpes leves. Ese era su modo habitual de encontrarse. Un ritual de enfrentamientos que realizaban cada vez que se veían. Era inevitable.

Soyo tuvo que cambiar la magnífica y reluciente caja, por una manta pintada —por ella misma—, que se confundía con el césped, los delgados árboles y los escuálidos y pocos arbustos. (Un intento barato de imitar la mítica capa élfica de El señor de los anillos.)

Los pequeños agujeros, estratégicamente hechos, dejaban ver lo justo y suficiente de la escena; y daba una vista precisa de los protagonistas de la novela del día.

De nuevo, como imaginó, Sougo miró directo hacia ella. Lo tenía en claro ya.

Escuchó que nombró a la rectora Tsukuyo, como primera nominación, a lo que su amiga reaccionó con la queja de que había dicho "chica", de mujer joven, y no de una adulta. Pero el alumno de último año, soltó de todos modos a Shimura Tae, la hermana mayor (dueña de una tienda de cosméticos) de un amigo y compañero del salón.

(Segunda ronda de nombres fallidos. Ambos lo entendían bien.)

Como esperó, él no lucía sorprendido ni derrotado. Hasta lo notaba animado.
Como castigo, Kagura le hizo traerle una torta de chocolate, cubierta de crema rosa y decorada con frutillas. Le pareció que había exagerado en las especificaciones, pero, un castigo era un castigo. Y como tal, él debería cumplirlo. Era el trato.

Aun así, quedaba una última selección que su pelirroja amiga había demandado, y escogió a Matsudaira Kuriko, la hija del Comisario Matsudaira Katakuriko, superior de Kondo Isao, Suboficial Mayor de la Fuerza Policial de Edo (quien estaba locamente enamorado de Tae Shimura).

Soyo conocía a la muchacha porque compartían aula, en clase de cocina. Y está al tanto de cómo Sougo, (a pesar de que no está en su curso) la conocía también, pues él visitaba con frecuencia al Suboficial Mayor, y su jefe rondaba siempre por allí. Era normal que la chica de rubios cabellos igualmente lo hiciera.

Sin embargo, para Kagura, ese nombre le sonaba totalmente desconocido. No tenía ni la menor idea de quién se trataba. De nuevo, el chico había fallado.

Se despidieron con la promesa volver a encontrarse para la entrega del "objeto del castigo", pero no habría nombres hasta la próxima semana. Todo a petición de la muchacha de fuertes temperamentos.

ooOoo

La entrega de la minuciosa torta fue entregada casi de la misma forma que en la vez anterior. Solo que, para esa ocasión, él se abstuvo de arrojarla (y bien sabía Soyo que iba directo al rostro de la destinataria) gracias a la atenta mirada del profesor Gintoki, que aún no se había retirado, y gracias a la mortífera mirada que estaba recibiendo, al ver que el muchacho sostenía en alto el delicioso postre.

—Si lo quieres ven a quitármelo de las manos —fue lo único que le dijo, y ella se lanzó veloz y ágil hacia la mano derecha que sostenía el premio. Se le dibujó una malévola sonrisa en su ya perversa expresión, y supo que ella había caída, una vez más, en la trampa. Pequeña trampa, en realidad, pero bastó para que el docente tuviera que interferir. Y solo necesitó colocar un pie en el lugar y momento indicado. Por suerte, el pastel se había salvado.

ooOoo

Kagura no quiso hablar de aquello en todo el día, ni tampoco aceptaba menciones, insinuaciones o alusiones. Solo le quedaba el premio de consolación y la certeza de que había tenido que pagarlo muy caro.

ooOoo

Al día siguiente, se armó de valor al fin para hacer lo que ella creía que tenía que hacer. Sabía dónde encontrarlo y fue derecho hasta allí, sin titubear ni temblar.

—Pss… Ey… —lo llamó, discretamente. Cuando captó su atención, le dijo:— Ella quiere verte, en el mismo lugar de siempre.

El muchacho de ojos café, con tono rojizo, —que estaba mirando distraídamente su móvil— alzó la vista son desgano. Entonces ella observó que se veía extrañado, y sabía que se debía a que ella había decretado "no más nombres hasta la siguiente semana".

Pero aun así asistió.

—Me has engañado, eh. Qué sorpresa —expresó al llegar y ver a Soyo, esperándolo.

—Lo siento, no sabía si vendrías, de haberte dicho la verdad —le confesaba, con pena.

—Continúa.

—Yo… te traje hasta aquí porque… —Se le entrecortaba la voz y la fluidez de la plática. No sabía cómo abarcar la situación.

—Nos estuviste espiando, ¿verdad? —A él, por su parte, no le costaba demasiado hablar sobre lo que quería.

—Sí… No puedo dejarla actuar sola, ya sabes, es muy impulsiva.

—¿Eres la que está detrás de todo esto?

Dudó un momento, reflexionando si aquello sería una buena opción.

—Puede ser —soltó al aire, dejando que sus interlocutor interpretase lo que él quisiese—. Y tú… Ya lo sabes, ¿no?

—Puede ser —le respondió de la misma manera, y Soyo se lamentó por ello. Hizo una larga pausa, mientras caminaba en círculo, haciendo girar un llavero en su dedo índice derecho. Luego añadió—. Tengo mis sospechas, pero aún no estoy seguro. —La miró a los ojos, atento—. ¿Me lo dirás tú?

—No, lo siento. No puedo. Y… dime, ¿qué harás cuando lo sepas?

Sougo detuvo el movimiento de su llavero.

—No lo sé aun. Si es la persona que creo… debo elegir bien.

—No seas malo con ella, ¿de acuerdo? Prométeme que respetaras el acuerdo.

—¿No lo estoy haciendo ahora, comprándole a esa loca lo que se le antoje?

—Pero esto es diferente. Tú… promete que no le harás daño, ¿sí?

"O ella te lo causará ti, en una forma que no te gustará —pensaba para sus adentros."

Sougo miró hacia otro lado, con aire desinteresado y encaminándose para partir. Creyó que no le respondería, pero, a los tres pasos, le dijo:

—Ok.

Corto y conciso. A su manera, entendió que cumpliría con el trato, con las reglas del juego y que no buscaría hacerla sentir mal por ello. Como "auto-recompensa", estaba segura que se había empeñado en cobrárselas con burlas, en el proceso del juego. Si se lo pensaba un poco, él estaba actuando impecablemente al ejecutar las reglas y promesas sin rezongar demasiado. Era una proeza de la que estaba dispuesta a retribuirle de alguna manera.

—Por cierto, dale mis saludos a la China —agregó como despedida, sin tomarse la molestia de mirarla.

ooOoo

—Ey, Kagura.

—¿Mmm?

—Me he encontrado a Okita, de regreso al salón, y me ha dejado un mensaje para ti.

—¿Mgnhj? —le respondió la muchacha, con la boca llena de bizcochos.

—Dice que ha escupido en tu querido pastel.


Aclaraciones:

Bueno, me olvidé de mencionarlo en el anterior capítulo, pero la alusión a la Caja, es en honor al juego Metal Gear Solid, en donde (en sus misiones) es habitual esconderse en, valga la redundancia, una caja, a modo de gracia.


Notas:

Me he tardado un poco más de lo normal, lo siento. Estuve con poco tiempo.

Quiero aclarar que, desde ahora, intentaré expresar lo mucho que agradezco y me alegro de que me comenten y lean, en mensajes más cortos, para que no se vuelva muy extenso. Solo lo acortaré, ¿sí? Amos sus reviews.

Em, creo que no tengo nada más que decir. Dudas, preguntas, sugerencias y observaciones, serán todas bien recibidas. Los amo :]

Reviews: Cap. 5 y anteriores:

A: I love okikagu y Mi-chan: Mil gracias por seguir apoyándome y leer mi fic, me llenan de alegría. Y mil gracias también por hacerme saber si les parecía que los personajes estaban en Ooc. Se los agradezco mucho :]

A: Yanna y Lu89: Muchas, muchas gracias por leer y, sobre todo, por tomarse el tiempo de comentar. Gracias :]

A: Maru: Adoro que me critiques, y me expreses los puntos débiles del fic. Lo tengo todo muy en cuenta. Ya vendrá la parte del recuerdo XD. El resto, te lo digo en persona, porque sé, que de todas formas, no ves lo que te escribo aquí xD. Te adoro, gracias.

Y a los invitados que piden actualización: Mil perdones por tardar un poco, a veces se hace difícil. Trataré de subir más a menudo. Gracias por leer.