N/A: Cap. corto, lo interesante vendrá en el siguiente. Lo prometo.


Capítulo 8


Soyo veía, emocionada, cómo el apuesto Hyun Gi Joon tomaba por sorpresa a atolondrada, pero atractiva, Gong Ah Jung y le plantaba un ardiente beso frente de todos sus invitados. Ella sabía que, poco a poco, y sin que ninguno lo supiera, la pasión iba aflorando entre ellos. La tonta excusa de que "era por el bien de la farsa", que la chica se había montado, encendió una chispa tanto en él, como en ella, que nunca más se apagaría.

Esa era una de sus muchas partes favoritas de la tira romántica. Tenía la colección completa de capítulos, y, cada tanto, se daba el gusto de volver a verla. Amaba esa novela y no perdía la esperanza de que pudiera ocurrir algún tipo de milagro parecido con el difícil caso de su amiga.

Por más que ella pensara que esos dos tenían que estar juntos, de algún modo, no veía cómo podía suceder. Sougo cada vez mostraba menos sensibilidad hacia la chica, y ella, por su parte, se veía reacia a denotar algún tipo de simpatía que ayudara a la situación.

Sin duda todo era más bonito y posible en la ficción, allí donde todo podía hacerse realidad, las casualidades reinaban en cada esquina y el destino parecía sonreírles a los protagonistas del momento. La realidad, en cambio, era mucho más abrumadora de lo que imaginaba.

Y al presenciar nuevamente uno de los encuentros no programados de los chicos, sintió la necesidad de recurrir a uno de esos patéticos, pero tentadores, hechizos baratos que había visto alguna vez en una revista femenina. Incluso comenzaba a rebuscar entre sus memorias, dónde podría haberla dejado.

¿Qué demonios te sucede? —oyó que preguntaba su amiga, en lo que se acomodaba, sin resaltar demasiado debajo de la bolsa de nylon, con hojas secas pegadas que había preparado la noche anterior. Aún estaba sin terminar pero la situación ameritaba medidas extremas, y no tenía otra forma de poder camuflarse —la manta y la caja, ya no daban resultados productivos—.

Te devuelvo el "cálido" trato que me diste ayer, ¿o ya se te atrofió el cerebro y lo olvidaste? —le contestó el muchacho, mientras vertía sobre su cabeza una jarra de, lo que a Soyo le parecía, agua sucia con moho.

¡Estúpido idiota! ¡¿Pero qué…?! ¡Demonios, esto apesta!

Lo estaba guardando para Hijikata, pero decidí mejor dártelo a ti. ¿Te gusta? Es agua podrida, especialmente añejada durante ocho meses. ¿Qué opinas?

Kagura aún se refregaba los ojos e intentaba limpiarse el hediondo líquido con las manos. Soltó un pequeño estornudo, y con ello el bromista amplió su sonrisa de satisfacción.

Es… horrible. Esto…

Tienes suerte de que no le haya agregado el ácido que quería, porque me llega el miércoles. Pero creo que el vinagre y las sobras de la pescadería le añadieron un toque especial, ¿no?

La cólera, en su máxima expresión, al fin hacía acto de presencia en el semblante de la joven de cabellos escarlata cuando pudo ver con claridad. Y esa mirada decía que aquel individuo, que estaba parado frente a ella, con la malicia irradiando por todos sus poros, iba a pagar muy caro su atrevimiento.

Lo primero que hizo fue correr hacia el sujeto a toda prisa y con la idea fija de embestirlo, lo cual consiguió, pero no tuvo gran efecto, pues él había estado esperando el ataque, prevenido.

Soyo imaginaba que luego le obsequiaría una intrépida serie de puños, patadas y, si le era posible, mordiscos en lugares perfectamente visibles. Sabía que su marca sería reconocible aún a dos kilómetros de distancia, y no dudaba en realizarla cada vez que tenía oportunidad. Posteriormente, si la pelea todavía seguía en pie, buscaría las técnicas más infalibles de lucha libre para dejarlo tendido en el suelo, suplicando alguna forma de trato para su liberación. Era un hecho que si la cosa dependía de la fuerza bruta, no había nadie que pudiera ganarle en ello (excepto su hermano y su padre biológico, pero aquello no sería solo una disputa por diversión. Si algún día sucedía, ambas estaban seguras de que se jugarían la vida en aquel encuentro).

Pero su arrebatada amiga no tuvo ni tiempo de poder ejecutar alguno de sus métodos de lucha, ya que al poco tiempo de la embestida Sougo le atizó un certero y mortífero codazo en la nuca —aplicado con mucha fuerza—, que la dejó inmediatamente adolorida en el suelo, viendo las estrellas mentalmente.

A veces, observar a esos dos, era como mirar el canal de acción y lucha que se veía a menudo en las películas del estilo Rambo y Jackie Chan, o en combates como Street Fighter y demás.

Haría falta más que un milagro para que la programación usual cambiara al de romance.

Eso me dolió, maldito pedazo de m***** y h*****.

Qué boca tan sucia tienes, eh. Literalmente estás saboreando la derrota.

Ella lo miró desde abajo con los ojos llenos de rencor. Hizo amago de querer levantarse, de forma torpe, y luego volteó a ver sus pies, y de nuevo a Sougo.

Algo andaba mal con sus piernas. Era demasiado pronto para dejarla fuera de combate, y Soyo sabía que todo había sido cuidadosamente planeado.

Eres muy predecible, China. Ahora no podrás correrme hasta nuevo aviso. Salúdame al doctor, cuando lo veas. Y, por cierto, báñate. Estás que apestas —dijo, tapándose la nariz, mientras se retiraba lentamente de la "escena del crimen".

ooOoo

Cuando se aseguró de que no hubiera moros en la costa, Soyo corrió en auxilio de su adolorida amiga, quien aún se encontraba en la fase de ira desmedida. Lanzaba golpes al césped y decenas de insultos dedicados exclusivamente hacia él.

—Ese estúpido me torció el tobillo sin que me diera cuenta. Me las pagará, lo juro. Le romperé todos los huesos y lo dejaré sin pepino. Conmigo no se juega, estúpido infeliz, hijo de una condenada p*** y malnacida…

—Kagura, por favor, cálmate —insistía ella, luego de ya cinco minutos de contemplarla en el mismo estado—. Tenemos que ver cómo llevarte a la enfermería — prosiguió después, tapándose la nariz, a causa de la pestilencia que se negaba a dejarla dar un respiro en condiciones.

—Me las pagará, te juro por lo que más…

—¡Kagura, basta ya! Por favor…

Como último recurso desesperado, acudió a la súplica con ayuda de unas cejas muy decaídas, y unos ojos que amenazaban con aguarse en cualquier momento. Y dio resultado: la chica se obligó a sí misma a tranquilizarse, y luego pensaron en algún plan para dar con la enfermería, sin causar mucho alboroto.

Al final, decidieron avisar al adulto menos responsable y sensato que conocían dentro del establecimiento. Fue así cómo Gintoki apareció en poco tiempo, con cara de nada y un dulce en la boca. Y cuando preguntó por la situación, ambas acordaron dar una tonta excusa, como que se había caído en un charco sucio (que no existía en el colegio) y se torció el tobillo al derrapar. Soyo estaba segura que de que no se creería ni una sola palabra, pero aún así lo vio acceder a llevarse a su hijastra sin más interrogatorios.

No se mencionó la verdadera naturaleza de los hechos, ya que Kagura insistía en que quería cobrar venganza por sus propias manos, sin ayuda de nadie.

Una vez en la enfermería, Soyo sentía que el pecho le oprimía, y una sensación de mal estar se le atoraba en la garganta.

ooOoo

—Hola, de nuevo —saludó Soyo, con algo de timidez.

—¿Y ahora? —le preguntó el joven a quien había llamado discretamente en el almuerzo, para encontrarse con él al término de las clases.

—Kagura fue a casa con Gin. Está mejor, aunque un poco molesta.

—Ajá, y me dices esto porque…

—Creí que querrías saber que está bien.

—¿Solo para esto me llamaste? Tengo práctica de kendo, si no tienes nada más para decir.

—¿No te importa que ella esté herida, Okita? —le reclamó, casi con disgusto.

—Sanará pronto, siempre lo hace. Es un fenómeno anormal. Además, no fue tan grave el golpe que le di. Verá la galaxia entera, por unas horas, pero luego se le pasará. Y de seguro volverá a caminar para mañana —respondía el chico, despreocupadamente.

—Okita, por favor, ¿puedes… ser un poco más amable con ella la próxima vez? —imploró con tono desesperado.

—¿Qué cosa?

—Fue mi culpa, lo siento. Veré que te compense de alguna forma, o que te cocine algo, o yo lo cocinaré para ti, solo…

—¿Qué fue lo que hiciste? —preguntó, interrumpiendo, para saltarse a la parte de la culpa.

—Cuando le enviaste saludos a Kagura, yo le dije que… habías escupido el pastel y luego ella…

—Es cierto —cortó la explicación de Soyo, para luego degustarse con la expresión de sorpresa de la chica.

—¿Qué? ¿En serio? ¿Lo hiciste?

—Sí. No pensaba decírselo hasta la entrega del siguiente "castigo". Esa glotona va a dejarme la billetera en el olvido, si sigue comiendo de esa manera. Dile que haga dieta.

Soyo aún no se recuperaba del asombro. Tiempo después reflexionó sobre la posibilidad de que el joven mintiera para liberarla de su tortuosa carga, pero veía un poco lejana aquella opción, ya que no obtendría ningún beneficio al hacerlo y casi ni se conocían como para simpatizar con ella.

—Am… entonces… Y tú…

Lo vio sacar el móvil de su bolsillo, segura de que consultaba la hora, y luego resolvió que debía hablar sin más preámbulos.

—P-pero intentarás ser más amable con ella, ¿sí? ¿Puedes, por favor?

El espectáculo que le brindó al mirarla muy extrañado le hizo pensar que, quizás, aquello podría no haber sido una buena idea.

"Es cierto lo que dicen de que la proximidad en exceso intimida, pensó al sentir la cercanía que había generado con esa petición. ¡El muchacho le estaba respirando en la frente!"

—¿Y eso por qué?

—B-bueno, es que…

—¿Ella te envió a que me pidieras esto?

—No, no. Ni se lo menciones, o me matará. Solo… sé más cortés, ¿sí?

Por un momento creyó que iba a responderle negándose. Pero luego de verlo levantar una ceja, y achicar los ojos con recelo, comprobó que, en efecto, no recibiría ninguna respuesta en realidad.

—Ella querrá vengarse —fue lo único que dijo, después de alejarse a una distancia más aceptable.

—Yo arreglaré eso. Veré que sea algo pequeño, insultos, cuando mucho.

Él se quedó callado por un momento, sobresaltándola con la fría mirada que sostenía sobre ella, como si se hubiese congelado con el ceño fruncido.

—¿Qué razón tienes para pedirme esto, amiga de China?

—Ah, es verdad, nunca te dije mi nombre. Me llamo Soyo, encantada.

—No respondiste.

Su primera opción como réplica habría sido "Pues, tú me has estado evadiendo algunas preguntas también, así que estamos a mano, chico", pero luego se arrepintió al pensar en que podría incomodarlo a él, y al frágil curso de la conversación.

—Bueno, a decir verdad Kagura está, tú sabes, un poco en la cuerda floja. Y si tú la provocas demasiado, ella responderá el doble (ya sabes, esa es su filosofía). Y eso causará que los castiguen, cosa que no le conviene porque le han dado un ultimátum y…

—Ajá, solo eso, eh.

—¿Lo harás? ¿Podrías, por favor? —precisó saber con impaciencia, queriendo averiguar si su mentira había sido creída.

—Tal vez.

—No, necesito una respuesta concreta —se envalentó de pronto—. O de lo contrario no puedo asegurarte que ella no quiera vengarse.

Las facciones del muchacho se contrajeron rápidamente, y dio unos cuantos pasos hacia ella que le cortaron la respiración.

—En primer lugar no le tengo miedo. Y en segundo lugar, que monte un escándalo no me conducirá a mí, en primera instancia, a un debate de expulsión. Y te aseguro que hago muy bien de víctima.

Soyo no ponía en duda la veracidad de sus palabras, ni la forma efectiva de intimidar al resto de los mortales, y era obvio que las amenazas no funcionaban en él, menos viniendo de ella. Entonces se le ocurrió una manera más propicia de llegar a un acuerdo.

—Bueno, entonces ¿qué pides a cambio?

El chico retrocedió, pensativo. Luego sacó de su mochila, un frasco pequeño y blanco de plástico.

—Vierte esto en el café de Hijikata, y graba su reacción. Si lo haces hoy mismo, accederé a tu extraño pedido.

—Hecho. Te veo después de tu práctica —dijo, cerrando el trato y quitándole el frasco de las manos, para luego correr a toda prisa hacia la sala de profesores.

ooOoo

Hacer travesuras nunca fue su especialidad. Nunca había hecho alguna en su vida y de no haber hablado con Sougo esa tarde de otoño, jamás hubiera pensado en realizarla en algún futuro inmediato (no podría decirse que no lo haría en lo que le restaba de vida. Qué sabía ella si se le ocurría hacerlo de adulta, o en la universidad, o en algún otro momento; se mantenía abierta como un libro a las posibilidades).

De hecho, debía admitir que la sensación de adrenalina, combinada con el miedo que le producía si la llegaban a descubrir, se le colaba entre los huesos como el frío de invierno en una mañana de nevada.

Y, aunque su comportamiento fue algo torpe, en cuanto se adentró a la sala, localizando al rector que tomaba el último aire para retirarse a descansar, logró su cometido sin levantar sospechas. El hombre ni siquiera notó el polvo castaño que ella volcó sobre su bebida, cuando volteó a saludar a un docente que comenzaba su jornada escolar de la tarde.

Sin perder tiempo, tomó su celular, preguntándose en voz alta por la hora (con una pésima actuación) y apuntó hacia la escena, grabando la reacción que obtendría después. Se imaginaba que el tipo bebería y al poco tiempo escupiría lo poco que habría sorbido —a causa del mal sabor—, lo que no esperó fue que, efectivamente, escupiera el café mientras comenzaba a toser y le iban apareciendo ampollas en la comisura de los labios y alrededores.

"¡Dios mío, lo he envenenado!, gritó mentalmente, quedándose paralizada del susto."

El rostro de la joven alumna pasó de un pálido leve a una descolorida facción que nada tenía que envidiar a la de los difuntos.

"Eso no me gusta nada. La vida de una presidiaria no es nada bonita. ¡Ni siquiera podré ver mis telenovelas allí!, se quejaba mentalmente mientras su cuerpo iba perdiendo fuerza con cada minuto."

Hijikata, por su parte, seguía carraspeando mientras se le iba la voz en el camino. Al poco tiempo los demás docentes y axilares fueron en su ayuda, queriendo ventilar alguna solución que funcionara.

—Ma-maldita rata —fue lo único entendible que se pudo escuchar de su garganta. Después de eso, su voz se perdió por completo.

El pequeño aparato cuadriforme finalmente se resbaló de sus manos para estamparse contra el suelo de cerámica ocre. Se salvó de milagro de estrellarse en varios pedazos al llevar una resistente funda de plástico blanca.

—Ah, Tokugawa, estás ahí —le había dicho uno de los presentes que se arremolinaba entorno al afectado—. ¿Te sientes bien? —Soyo señaló como pudo hacia el rector y luego el hombre le habló:— Ah, estás mal por Hijikata. No te preocupes, a veces se le olvida que no debe ponerle canela a su café. Pasa muy a menudo. ¿Ves? Ya le están inyectando su medicina, tenemos una en el botiquín, especialmente para él. No te apenes, se pondrá bien —explicó el sujeto, palmeándole en el hombro.

El color le iba aumentando poco a poco al comprobar que las palabras del sujeto —al que no pudo reconocer de los nervios— se hacían realidad. El rector había logrado calmar su tos, luego de haber sido pinchado bruscamente por el profesor Gintoki con algo de euforia. (Ese era otro caso de mal-llevados que merece una historia aparte.)

Entonces recogió su celular como pudo, y salió corriendo de la sala, aún temblando de miedo.

ooOoo

—E-e-está he-echo, Okita —se anunció en cuanto lo vio en una esquina, colocándose, lo que a ella le parecía, un casco de futbol americano.

—¿Y el video?

Como pudo, le mostró la prueba de su éxito en el pequeño dispositivo que casi muere en el trayecto de la travesía.

Él rió escuetamente, reservándose su regodeo para sí mismo, o atraería la atención de sus compañeros.

—Bien hecho, amiga de China. Lo hiciste muy bien —la felicitaba mientras se enviaba el video, desde el aparato de la chica, a su correo personal—. Pídeme lo que quieras, esta ha sido una de las grandes —anunció un Sougo, muy animado.

—S-s-sé a-amable con Kagura —fue lo único que sus nervios alborotados le dejaron pronunciar.

—Bien, sin golpes ni ataques físicos, pero de los insultos ni hablar, o sospechará Dile que quiero verla mañana, en el almuerzo, ya tengo otros dos nombres. Adiós.

Y con ello, Soyo regresó aturdida a su casa pensando en la salud del rector en el camino y rezando para su pronta recuperación.


Notas:

Bueno, no ha sucedido nada extraordinario aquí pero es significativo para lo que viene después. Las pizcas de romance entre ellos comienzan apartir del siguiente, jojo.

¡Feliz Navidad para todos! :]


Reviews: Cap. 7:

I love okikagu: Oh, no. Todavía no llegan a esa parte jaja (paciencia, paciencia. Tengo reservado algo especial para ese momento xD). Sougo solo se puso a oler su perfume y se le acercó demasiado. En el cap. se dice que ella no pudo continuar explicando porque le daba mucha vergüenza admitir que se puso nerviosa por ello, y que le gustó esa cercanía xD. Es muy orgullosa. Gracias por tus hermosos comentarios.
Lamento que este octavo capítulo no tenga mucha emoción, pero no he tenido tiempo para continuarlo más (además de que necesitaba que se corte ahí, para lo que sigue después xD).
Oh, sí, escribir desde el celular es como misión imposible xD. Yo a veces trato de adelantar el fic en el celular, y cuando llego a casa veo unas palabras que nada tenían que ver con lo quería plasmar xD.
Eres amor. Trabajaré incansablemente para que el siguiente sea emocionante :]

Mi-chan: Me alegro que te haya gustado. El siguiente será más interesante, lo prometo. Gracias por tu hermoso comentario :]

Lu89: Oh, el anterior ha estado bonito, me emocioné mucho al escribirlo xD. Gracias por leer :}

Maru: Sí, es verdad lo que decís sobre la poca información sobre la vida de Kagura. El tema es que la historia se centra en Soyo presenciando una situación ajena, por eso es que no di muchos detalles de la vida de casi nadie. Pero tengo que hacerlo. De a poco voy a ir brindando info de estos dos, para que los lectores se ubiquen mejor. Gracias por leer y comentar. Este cap. estuvo medio flojo, pero en el siguiente va a remontar. Te voy a empzar a consultar, antes de publicar, porque me estoy yendo al carajo con la trama, y necesito un correctivo narrativo xD. Besos, te quiero.

Guest: Gracias por seguir esta historia que tiene un leeeento desarrollo hacia el romance xD. Trataré de actualizar más rápido el cap. que viene. Saluds.