Bostezo desde el sofá en el que me encuentro tirada, y miro de soslayo el reloj de péndulo que marca las siete de la noche. Siento como si su constante tic-tac me acusara de mi desesperante inactividad. Ciertamente, llevo un par de horas sin hacer absolutamente nada, lo cual se ha convertido en una insoportable enfermedad rutinaria. Es como si un demonio hubiera drenado totalmente mi vitalidad, convirtiéndome en una marioneta. Estoy enojada, pero solo conmigo misma. Aunque ya han pasado dos meses, aún no puedo aceptarlo. No puedo aceptar que mi hermana ha muerto, y más aún, que me ha dejado sola con esta… Vieja bruja.

Se suele comparar a los gemelos con las caras opuestas de una moneda, pero suele ser algo metafórico, o tal vez esotérico. Pero en nuestro caso, se cumplía al pie de la letra. Mi hermana Kaede era el tipo de persona que todos adoran. Extrovertida, alegre, hiperactiva y algo tonta. Pero además de mi hermana, era mi única amiga, la única que me forzaba a divertirme. En realidad, yo soy su antítesis, y los únicos amigos que tengo son aquéllos que eran amigos de mi hermana, así que en realidad, no tengo a nadie.

-Kasumi.- La voz que me llama me recuerda que en realidad si tengo a alguien… Desafortunadamente.- ¿Aún sigues ahí tirada?

Mi abuela entra en la sala y se sienta a mi lado, tosiendo.

-Sí, creo que aún no estás ciega. Y no deberías moverte de tu habitación, tu enfermedad está muy avanzada.

Podría pensarse que mi actitud hacia mi abuela es bastante tosca, pero en realidad me es bastante difícil llevarme bien con ella, y a ella le pasa lo mismo conmigo. En realidad, Kokutou Azaka no es mi abuela, sino que adoptó a mi padre, ahora fallecido, Tatsuya. Él y mi hermana fueron las únicas personas con las que llegué a sentirme cómoda, en realidad.

-Has abandonado tus prácticas de la magia.- Me dice con tono desaprobador.

-Claro que no. Es prácticamente lo único que hago.- Suspiro.

El motivo real por el que Azaka adoptó a mi padre fue para crear un linaje mágico. Según ella nos contó, no posee las características habituales para ser una maga, y por lo que entiendo, su habilidad proviene más de una especie de piroquinesis. Entonces, adoptó a mi padre, que tiene algo que llamó "circuitos mágicos". Pero al final, él nunca manifestó interés en la magia, y nunca mostró progreso alguno.

-Entonces ve a hacerlo ahora, Kasumi. Más tarde debo hablar algo contigo.

Cuando mis padres murieron, mi abuela vio una nueva oportunidad, e intentó enseñarle magia a mi hermana. Después de que Kaede demostrara ser completamente inútil para ello, mi abuela intentó enseñarme a mí como último recurso. Como golpe de gracia, funcionó, y de alguna forma, la magia me seduce inevitablemente. Decido levantarme y hacer lo que me pide, así que subo las escaleras hasta mi cuarto. Resisto las ganas de tirarme en mi cama, y en vez de ello, me paro frente a mi espejo. Veo las ojeras bajo mis ojos azules, y siento que yo misma me estoy consumiendo por dentro. Ni siquiera me he molestado en peinar el cabello negro que cae sobre mi espalda, o en cambiarme el uniforme de la escuela. Entonces tomo una decisión, necesito algo que introduzca un cambio grande en mi vida.

Después de completar mi entrenamiento mágico del día de hoy, bajo a buscar a mi abuela, que no se ha movido del sofá donde la dejé.

-Abuela.

-¿Terminaste?

En general, nuestras conversaciones son así, como si nuestra relación fuera meramente profesional.

-Sí, pero quería hablarte de algo.

-¿Qué ocurre?

-Siento que ya no avanzo, abuela. Quiero… Quiero aprender más.

Azaka me muestra una sonrisa, se levanta y toma mi mano. Creo que es lo más cercano a un gesto de afecto que he recibido de ella.

-Acompáñame.- Voy con ella por los pasillos de la casa, y me lleva hasta el sótano. La siento muy débil, como si pudiera quebrar su mano en la mía fácilmente. Por algún motivo, no ha querido llamar nunca a un doctor. ¿Es que la magia ha consumido su cuerpo?- Por favor, Kasumi, trae ese baúl y ábrelo.

Voy hasta la esquina y arrastro hasta ella un baúl de tamaño mediano. Al abrirlo, simplemente veo un montón de libros, y una tela blanca y arrugada. Supongo que mi abuela pretende regalarme libros de magia o algo por el estilo, pero en realidad saca la tela y desdobla lo que parece ser una bandera, cuyo motivo es basado en flores de lis.

-Uhm… ¿Abuela? ¿Qué hacemos aquí?- Pregunto, incapaz de deducir sus intenciones.

-Kasumi, no me queda mucho tiempo.

-Eso ya lo sé.

-Hay algo que nunca pude hacer en mi vida.

-¿Por qué?- Si hay algo que me agrada de ella, es que jamás parece rendirse en nada.

-Nunca llegó el momento adecuado.

-¿Y qué? ¿Quieres que lo haga por ti o algo? No haré nada tedioso.

-Creí que habías dicho que querías avanzar en la magia.- Con esa frase, termina de captar mi atención.

-¿Y qué te hace pensar que puedo tener éxito en alguna magia en la que tú no?

-Ya te dije, no había llegado el momento adecuado.

-¿Y ahora es el momento adecuado?

-Por supuesto.- Me tiende la tela blanca.- Esto es… Una antigua reliquia. La obtuve de la que me enseñó magia la última vez que la vi.

-¿Y qué se supone que haga con esto?- Respondo mientras manipulo descuidadamente la tela.

-Es una especie de invocación.- Me tiende un cuaderno del baúl.- Aquí está escrito todo lo que necesitas.- Me quedo observando la escritura pulcra de Azaka.- Mañana podrás intentarlo… No me decepciones.

Asiento y me marcho a mi habitación. La casa en la que vivimos es de dos pisos, de estilo occidental, y las habitaciones están bastante separadas. Reviso las anotaciones por largo rato, y me termino quedando dormida sobre el cuaderno.

Esa noche, mi abuela falleció mientras dormía.

Al descubrir su cadáver por la mañana, me quedé mirándola, sin saber bien qué debía hacer. No sentía tristeza, simplemente sentía vacío, nuevamente. Ahora me encuentro de nuevo tirada en mi cama, mirando el techo. Me salté la clase de hoy, y en realidad no sé cuantas horas he pasado acostada hasta que mi ensueño es interrumpido por el sonido del timbre. Me visto con una falda negra y una blusa blanca, y me arrastro hasta la puerta para encontrarme un rostro familiar.

-Ah, hola, Emiya-kun. ¿Se puede saber qué haces aquí?

Emiya Takumi es un chico pelirrojo y atlético, quién solía ser buen amigo de mi hermana. Él me agrada bastante, aunque no tengo algún recuerdo especial suyo.

-Esto… Kokutou-san, eh… Hola.- Parece algo nervioso.- Venía a ver si estabas bien.

-¿Eh?

-Faltaste hoy.

-Ah, sí. Mi abuela falleció mientras dormía.

-Lo siento. Creo que no…

Me muevo de la puerta y le hago un gesto para que entre.

-Cierra la puerta cuando pases.- Le doy la espalda, y le indico un sillón en la sala.- ¿Quieres algo? Prepararé té.

Sin esperar su respuesta, voy a la cocina, pues me incomoda la idea de tener que mantener una conversación. Pongo a hervir agua, y noto que Takumi me siguió y está observándome desde la puerta.

-Entonces… ¿Por qué estás aquí?- Le suelto lo primero que se me ocurre.

-Ya te dije. Además, te traje los apuntes de clases.

-Ah, la profesora te pidió que vinieras.

-No realmente.

-¿Uh?- Volteo a mirarle.

-En realidad, estaba bastante preocupado por ti, Kokutou-san.- Desvía la mirada y yo no sé muy bien que decir. Le doy su taza de té y tomo un sorbo de la mía.

-No me llames así.- Le reprocho.

-¿Cómo?-Parece algo sorprendido.

-No me llames Kokutou, no me gusta. Mi nombre es Kasumi.

-Está bien… Kasumi.

-Y bien, ¿qué te preocupaba? Como ves, estoy perfectamente bien.

-No me refería a nada físico. Quiero decir, me doy cuenta de que aún no lo superas.

-¿Superar qué?

-Lo de Kaede, y ahora lo de tu abuela.

-Igual no me llevaba bien con mi abuela.

-Pero sí con Kaede. Escucha, sé que duele perder a alguien cercano. A mí también me importaba Kaede, y además perdí a mi abuelo…

-¿Y por qué tanto interés de repente?- Le interrumpo.

-¿Eh? ¿Qué quieres decir? Es natural preocuparse por los amigos.

-Más bien eras amigo de mi hermana.

-De ambas. Es solo que tú eres bastante intimidante.

-¿A qué te refieres con intimidante?- Le digo, con voz irritada.

-A eso, justamente. Eso es intimidante.

Su manera franca de decir las cosas me agrada bastante, y no parece tratar de medir sus palabras. Dejo escapar una risa tenue, y él responde con una sonrisa; es la primera vez en dos meses que me permito reír. Hablamos tonterías por un rato, hasta que él decide irse. Le acompaño hasta el umbral, y me despido.

-Adiós, Emiya-kun. Muchas gracias por venir, nos vemos mañana.

-Uhm… Sí, adiós.- Empieza a caminar, y luego se da vuelta súbitamente, como si hubiera visto algo extraño.- Esto… Cuídate. No vayas a hacer nada raro.

Se va caminando mientras yo entro de nuevo a mi casa. Es un chico extraño, pero ciertamente, lo que necesitaba era su visita. Me siento llena de energía, así que hago mi práctica de magia diaria y preparo mi cena. Al subir a mi habitación, veo la tela blanca, la herencia de Kokutou Azaka. De repente, siento una curiosidad mordaz sobre el ritual del que me hablaba, así que tomo la tela y el cuaderno, y bajo al sótano.

Reviso las instrucciones cuidadosamente, y me pongo en acción. Dibujo el círculo mágico en el piso, y recito las palabras que ya he memorizado, mientras intento desesperadamente que mi energía mágica fluya a través de ellas. De repente, siento un dolor intenso en la nuca, y pierdo la conciencia.

Cuando despierto, me siento increíblemente débil, supongo que el ritual era demasiado para mí. Cuando miro hacia arriba, me doy cuenta de que no estoy sola. Frente a mí se encuentra una chica rubia y delgada, de aspecto europeo. Parece sacada de una historia fantástica, pues blande una espada en la mano, y entre sus vestiduras lleva piezas de una armadura. Cuando se da cuenta de que desperté, clava sus penetrantes ojos azules en mí, y me pregunta con voz seria.

-Solo para confirmar, tú eres mi Master, ¿cierto?