Nota: Uhm, hola. Creo que esta es la primera vez que les dirijo unas palabras como autor de este fanfic. Primero que nada, gracias a todos los que deciden gastar un poquito de su valioso tiempo leyendo mis torpes intentos de escribir. Luego, me gustaría aclarar algo respecto a un par de sugerencias que me planteaban. Estoy consciente de que, en Fate/Apocrypha, Jeanne D'Arc es invocada como Ruler, y que hay unos motivos específicos para ello. Pero aún así, Jeanne clasifica para la clase Saber, y en el caso de esta Guerra del Grial, fue invocada como clase Saber mediante un catalizador que Azaka obtuvo en su momento por intermedio de Touko Aozaki. Luego, los detalles respecto a toda la historia, serán revelados a su debido momento. ¡Ni siquiera el autor tiene derecho a hacer "spoilers" desconsideradamente!

Bueno, además, a partir de este capítulo, incluiré una sección de "Servants" al principio de cada capítulo, simplemente como un pequeño guiño a la fantástica sección de "Status" de la novela visual original. Creo que la actualizaré cada capítulo, o después de que haya cosas que agregarle.

Sin nada más que decirles... ¡Regocíjate, lector!


Servants:

Class: Saber

Master: Kokutou Kasumi

True Name: Jeanne D'Arc

Alignment: Lawful Good

Strength: B

Endurance: B

Agility: A

Mana: A

Luck: B


Class: Rider

Master: Emiya Takumi

True Name: ?

Alignment: Lawful Good

Strength: A

Endurance: B

Agility: B

Mana: B

Luck: E


Class: Caster

Master: ?

True Name: ?

Alignment: Chaotic Neutral

Strength: E

Endurance: C

Agility: C

Mana: A+

Luck: D


Cuando mi hermana y yo no podíamos dormir, papá solía contarnos historias. Como es habitual, había una historia que nos gustaba particularmente, y nunca nos cansábamos de escucharla.

-¿Otra vez esa? ¿Acaso nunca se cansan?- Solía decir mi padre. Nosotras insistíamos, y él empezaba el relato con un gesto exagerado de resignación.- Bien, esta es la historia de una campesina completamente normal, que probablemente no tenía mayores planes que casarse y tener una familia, pero había nacido con un destino muy distinto. Apenas a los diecisiete años, su trabajo fue ni más ni menos que el de cambiar drásticamente el curso de una guerra que ya se daba por perdida. Por supuesto, tuvo que aguantar burlas, y en un principio nadie creyó en ella. En lo que tal vez era un intento de deshacerse de ella, el rey finalmente le puso a cargo de un ejército en una campaña imposible; pero para sorpresa de todos, la campesina lideró el ejército como nadie, y se apoderó de Orleans. Sus campañas militares levantaron admiración en el pueblo de toda Francia- y si se vale decirlo, de nosotras también- mientras salía victoriosa de cada contienda. Pero como todo, también ella tuvo su final.- Llegada esta parte, mi hermana no podía evitar llorar, pero yo solo sentía aún más admiración, por su valor y temple.- En una sucia estratagema, Jeanne fue entregada a los ingleses, quienes la juzgaron como hereje, y la condenaron a muerte. Pero hasta el último momento, ella se mantuvo fiel a sí misma, y a su ideal.

Naturalmente, me quedo sin palabras al darme cuenta de que tengo frente a mí a la heroína del cuento.

-Jeanne D'Arc- Pronuncio, casi en un susurro.

-Entonces conoces mi historia.- Dice simplemente, y yo me quedo callada.- ¿Eh? ¿Kasumi?

-Ah… Lo siento, es solo que te admiraba y eso.- Ella se sonroja ante mi afirmación, tal vez porque no se esperaba que dijera algo así.

-N-nunca hice nada admirable, hay muchos héroes que serían más adecuados…

-Bueno, tú lo tenías todo en contra, y aún así nunca te rendiste. Suena muy cursi todo, pero es admirable.

-No tiene nada que ver conmigo, Kasumi. Fue una mera casualidad.

-Nunca es…- Me interrumpe el sonido de una alarma, y me figuro que ya debe ser la hora de "despertar".

-¿Uh? ¿Qué es eso?

-Es mi despertador. Dentro de poco debo de ir al colegio, y no he dormido.

-¿Irás al colegio, entonces?

-Claro.- Suelto un bostezo.- No quiero que sospechen que pasa algo raro.

-Te acompañaré, entonces. Podría ser peligroso.

-No puedes acompañarme, Saber. Llamarás demasiado la atención.- Una chica tan atractiva, claramente extranjera y con un atuendo tan inusual evidentemente no puede acompañar a alguien tan gris como yo sin llamar la atención.

-Iré en forma espiritual entonces.- Recuerdo como Rider se desvaneció antes en el aire, y deduzco que a eso se refiere con ir en forma espiritual.

-Está bien, mientras no te vean, no tengo problema.

-Y otra cosa, Kasumi. Es importante que no le reveles a nadie mi verdadera identidad. Si los demás descubren mi nombre, estaré en una desventaja muy grande.

-Entendido.- Hago un gesto, y subo a bañarme y a vestirme. Cuando bajo de nuevo, encuentro a Saber frente a la estufa eléctrica, mirándola consternada.

-¿Pasa algo?- Ella salta sorprendida al escucharme.

-Eh… No sé cómo funciona esta estufa. ¿Cómo puedo encenderla?- Inquiere mientras observa las perillas de cerca.

-En realidad, ya está…- Ella me interrumpe con un chillido, pues había puesto el dedo sobre la estufa, incauta de que estaba encendida, quemándose. Por supuesto, estallo en un ataque de risa, pues la escena es muy ridícula. Saber se sonroja, y tartamudea.

-¡K-kasumi! Y-yo no sabía… No veía ningún fuego y…

-Es una estufa eléctrica, no enciende una llama para calentar.- Le respondo entre risas. Es simplemente que no puedo conciliar en mi mente la Saber que peleaba hábilmente con Rider hace unos momentos, y la Saber que se quema poniendo el dedo sobre la estufa.- Igual, ¿qué pretendías?

-Iba a cocinar, obvio.- Estoy a punto de seguirme riendo de ella, pero parece que se está enojando, así que muerdo mis labios para aguantarme, N-no sé qué es tan gracioso.

-Disculpa.- Pasé tanto tiempo deprimida, que casi había olvidado lo que se sentía reírse así. Es irónico que sea en una situación en la que mi vida está peligrando.- Ya cocinaré yo.

Saber se va, algo deprimida y farfullando algo sobre quemarse sin fuego. Al final, preparo un simple desayuno basado en tostadas, y me dispongo a salir, así que Saber se desvanece. La mañana está terriblemente fría, y el viento gélido acuchilla mis mejillas mientras los árboles desnudos me franquean amenazadores. Debería nevar pronto, supongo.

-¡Eh, Kasumi!- Dice una voz femenina que ciertamente no quería escuchar en este preciso momento. La ignoro, y sigo caminando como si no la hubiera oído.- Kasumi, ¿cómo estás?- A mi lado se detiene una chica delgada, de cabello castaño claro y ojos azules. Nunca supe por qué insiste tanto en hablarme, a veces resulta bastante pesada.

-Buen día, Matou-kun.- Le digo ásperamente, sin contestar a su pregunta.

-Te he dicho que me llames Haru. Ha-ru.

-Eso sería descortés.

-Pero yo te digo Kasumi porque tú me lo pediste.

-Eso es porque no me gusta que me digan Kokutou.- No me gusta que me llamen por un apellido que no me pertenece.

-Entonces, Kasumi, a mi no me gusta ser llamada Matou.- Dice con una sonrisa. Acelero el paso, pero ella mantiene mi ritmo.

-Bien, te llamaré Haru. ¿Feliz?- Ella asiente con la cabeza. Lo peor es que parece honestamente feliz. Por algún motivo, me recuerda a un cachorrito. Sobra decir que nunca me han gustado los perros.

-Buenos días, Kasumi. Buenos días, Matou-san.- Emiya Takumi me saluda como si nada hubiera pasado. Yo le observo fríamente, pero él me mira amablemente, como pidiéndome perdón. Finalmente, Haru rompe el silencio.

-¿Por qué a ella si la llamas por su nombre y a mí no? ¿Eh? – Toma a Takumi por el brazo y empieza a zarandearlo. Supongo que todo el que trata con Haru pasa por este tipo de situaciones desafortunadas.- Toda la vida has hecho lo mismo.

Takumi me pide auxilio con la mirada, pero yo lo ignoro y rio, regocijándome en su desgracia. Decido echarle más leña al fuego.

-Oh, sí. El también me llamaba Kokutou, pero le pedí que me llamara Kasumi, y nunca me volvió a llamar Kokutou.- Haru parece haberse enojado en serio con mi afirmación, y aprovecho la oportunidad para deshacerme de ambos y continuar caminando con tranquilidad. Al ver el trato tan cercano entre ellos, no puedo evitar relacionarlo con la última noche, y me pregunto si Matou tendrá algo que ver con la magia también. Al llegar a la puerta del salón, sacudo la idea de mi cabeza.

No es hasta la tarde, cuando finalizan las clases, que vuelvo a ver a Takumi. En realidad, tenía tanto sueño, que me quedé dormida en el aula. Cuando me despierto, la luz carmesí del atardecer baña mi rostro, y encuentro a Takumi observándome embelesado. Siendo sincera, incluso me asusta. Mi cabello es un desastre, y un hilo de baba estaba colgando de mi boca. Eso es una percepción de la belleza bastante retorcida.

-Eh, Emiya, ¿qué se supone que haces, imbécil?- Le espeto, molesta.

-¡A-ah! P-perdón, Kasumi, yo no…-El rostro de Takumi se torna de un color rojizo que podría hasta rivalizar con el del cielo.

-¿Qué haces aquí? ¿Cuánto tiempo llevabas ahí?

-Eh… No, yo acabo de llegar.

Mentiroso.

-Como digas.- Tomo mi bolso y camino hacia la puerta.

-Espera, Kasumi.- Takumi toma mi mano para detenerme. La situación es bastante incómoda.- Lo siento, ¿sí? No era mi intención ofenderte ni nada, fui insensible.

Es cierto, lo fue. Pero yo suelo exagerar todo, y lo hice de nuevo.

-No importa, ya pasó.- El sentimiento de culpabilidad termina aplacando mi ira.

-Entonces, ¿qué dices?

Simplemente le tiendo la mano, decidida a aliarme con él. De cualquier forma, no tengo ni idea de qué hacer a continuación, así que le necesito.

-Kasumi… Gracias.- Me da la mano mientras muestra una sonrisa tan brillante que se funde con los rayos del sol poniente. Ya es de noche cuando abandonamos la escuela, y él insiste en acompañarme a casa, y yo no me quejo. Caminamos en silencio, siendo que ninguno de los dos es conversador, pero al final, él hace una afirmación extraña.

-Oye… A mí siempre me agradaste, ¿sabes?

-¿Eh? ¿Pero qué dices?

-Se que piensas que hago esto únicamente por tu hermana.- Eso es, justamente, lo que he pensado desde ayer.- Pero realmente estoy muy preocupado por ti.

-Takumi…- Probablemente, a la "yo" de cualquier otra hora del día le resultaría repulsivo el tono meloso con el que dije su nombre, pero simplemente me agarra totalmente fuera de base. ¿Cuántas personas en mi vida han tenido siquiera ese mínimo de afecto?

-Es en serio que me intimidabas, solía preguntarle a tu hermana cómo hacer para hablarte y…

Esto es terriblemente cursi, pero igual me siento como una niña a la que le acaban de regalar un caramelo. Esto es, inocentemente feliz, evadiendo la realidad inexcusablemente.

Como si todo hubiera sido cuidadosamente orquestado, soy golpeada repentinamente en el costado, y siento tanto dolor como nunca había sentido en mi vida. En mi último instante de conciencia, mientras vuelo por el aire, no pienso en las costillas que pudieron haberse roto, sino en cómo un hombre antinaturalmente alto me acaba de salvar de quedar como una irremediablemente tonta protagonista de una novela romántica.