Una vez terminan las clases, me reúno con Emiya Takumi en el sitio acordado.
-¿Estás preparada, Kasumi?- Me dice, mostrándome su sonrisa habitual, sin rastros de su extraña actitud de esta mañana.
-Sí, supongo.- Es un decir, no hay manera de que pueda estar preparada para arriesgar mi vida en un bosque sin ningún tipo de garantía.
Decidimos llamar a un taxi, que nos deja en la entrada de la confusa masa de árboles. El chofer nos mira fijamente por unos instantes, después suelta una sonora carcajada y se marcha. Pensándolo bien, es lógico que aparezcan ideas raras con una pareja que decida adentrarse sin motivo aparente en un bosque solitario. No es como si yo misma tuviera ese tipo de pensamiento depravado, de cualquier manera, pero me hace pensar en la idea de que todo esto podría ser una trampa de Takumi. Si Saber estuviera ocupada en pelear con Rider, me costaría bastante defenderme ante Takumi, que pareciera ser un mago bastante talentoso. Creo que sería capaz de al menos mantenerle un rato la pelea, al menos defensivamente, pero no creo que sea muy útil en este bosque.
-¿Te pasa algo?- Inquiere él.
-No, nada.- Lo habría estado mirando fijamente, tal vez con una expresión algo peligrosa.
Una vez que nos adentramos en el bosque, Rider y Saber se materializan, como dos extravagantes guardaespaldas. El silencio solo se interrumpe por el sonido de las ramas crujiendo bajo nuestros pies y el ruido producido por las criaturas del bosque. La luz del atardecer, ya débil, apenas encuentra su paso entre la pantalla de vegetación. Conforme va oscureciendo, el aire se va haciendo más opresivo, causándome náuseas.
-¿Estás bien? Luces un poco enferma.- Me pregunta Saber.
-Todo este bosque es enfermizo.- Replico, asqueada.- ¿Realmente hacía falta venir de noche?
Takumi suspira, ignorando mi pregunta, y continúa caminando. Ya debemos llevar más de una hora caminando, y empiezo a pensar que Emiya no tiene la más mínima idea de lo que hace, o que tal vez sea realmente una trampa. Cuando estoy a punto de quejarme, escucho una voz infantil resonar por el bosque. Es una chica tarareando, con una voz ominosa, que se siente realmente helada. Es una melodía melancólica, que te da esa particular sensación de familiaridad, aunque no la hayas escuchado antes. Algo me dice que debo correr, correr a cualquier lugar, alejándome de los brazos doblados de los árboles. Saber posa una mano sobre mi hombre, y me insta a seguir con una mirada seria.
Mientras más avanzamos, más nos acercamos a la voz, y eventualmente alcanzamos su origen. En un claro iluminado tenuemente por la luz de la luna filtrada de la luna, está la figura de una niña acostada sobre el piso. Desde sus pies descalzos hasta su rostro inocente, su piel presenta una palidez mortuoria. Esto, combinado con el cabello plateado largo, la hace parecer más una prolongación de los rayos de la luna que un humano. El sencillo vestido negro que la cubre destaca con su cuerpo. Lentamene se incorpora y alterna su mirada entre Takumi y yo. Sus ojos rojos completan el extraño conjunto que es esta niña.
-Buenas noches.- En contraste a la frialdad de su semblante, su voz es muy dulce.- Takumi Emiya, Kasumi Kokutou, es un placer conocerlos. Mi nombre es Elise von Einzsbern.- Un escalofrío recorre mi columna cuando pronuncia mi nombre.
-Eres el Master de los Einzsbern.- Afirma secamente Emiya.
-¿Master? ¿Vinieron a verme a mí o a mi hermano? Es muy triste estar tan sola aquí.- Responde ella mientras camina hacia nosotros lentamente. A pesar de su aspecto frágil, siento una terrible sensación de peligro con solo tenerla cerca.
-Kasumi.- Me susurra Saber al oído.- No te dejes engañar por su aspecto. Y trata de evitar darle la espalda, esta chica te supera por mucho como maga.
-¿Entonces vinieron a visitarme?- Va caminando lentamente, como mesurando la distancia entre nosotros.- Debieron haber avisado, es fácil perderse en este bosque.- Nos muestra una sonrisa inocente, como si de verdad fuera nuestra anfitriona.
Entonces, siento la temperatura del aire caer drásticamente. Reacciono instintivamente con el único tipo de magia que soy capaz de dominar. Como persona, tiendo hacia el aislamiento; entonces mi magia no puede responder a otro fin. O de cualquier forma, es la explicación que soy capaz de pensar. En un instante, una barrera de calor estabiliza la temperatura para mantenernos con vida, a Takumi y a mí. En ese mismo instante, todos me miran con sorpresa. Supongo que daba la impresión de ser medio inútil como maga.
Rider es el primero en reaccionar, e intenta atacar a la chica, siendo detenido por una mujer que aparece para protegerla. La recién llegada, quién presumo es el Servant de Elise, es alta, de cabello negro y largo y tez bronceada. Su expresión feroz, en conjunto con su atlético y bien formado cuerpo de mujer, le confieren lo que se podría describir como belleza salvaje. Su vestimenta, junto a la jabalina que lleva en su mano, me hace pensar que podría ser alguna especie de heroína griega. Apenas tiempo de fijarme en más, pues Takumi me toma del brazo y me aparta.
-Gracias, Kasumi. La verdad te había subestimado, no pensé que…
-No importa ya, no es el momento de hablar.- No es que me haya molestado, es que realmente no es el momento.
-Correcto, entonces deberíamos…
Interrumpe la oración a la mitad para empujarme al lado, tirándome al piso. Cuando logro reponerme, veo a Takumi frente a un chico alto de pelo negro y expresión cruel, tal vez un poco mayor que yo. Antes de que pueda terminar de procesar todo, Saber llega a mi lado para enfrentarse a la figura de un Servant desconocido que acaba de aparecer, tal vez el del chico que se está enfrentando con Takumi. Es un hombre bastante apuesto, de cabello y barba negros cortos, y una contextura atlética similar a la de Rider. Lleva una armadura consistente en un peto y espaldar de color bronce, y una capa color escarlata cubre su espalda.
Me levanto y me alejo como puedo para evitar quedar en medio de una pelea entre Servants. Antes de que pueda verificar el estado de nadie, me doy cuenta de que Elise está caminando hacia mí con una sonrisa retorcida. Ya sé que hasta cierto punto puedo defenderme de su magia, pero eso no me ayuda mucho.
Después de todo, ni siquiera tengo una manera de atacarla.
Emiya Takumi mira de frente al chico de expresión cruel que se encuentra en frente de él. Había intentado atacar a Kasumi con un hechizo simple, tratando de tomarla por sorpresa, pero igual había sido una idea muy ingenua.
-Entonces tú eres el Master de los Einzsbern, y ella solo es una marioneta que puedes usar a tu favor.
-A veces es una marioneta bastante inútil.- Suelta una risita desagradable.- Si iban a crear a alguien para servirme, podían haberme dado alguien sin personalidad, que no hiciera falta corregir tanto. Igual, es suficiente como para tener asegurado el Grial.
-Entonces no tiene ningún motivo para obedecerte.- Replica Takumi mientras revela una sonrisa.- No hay confianza entre ustedes, ni siquiera están al nivel de una alianza entre Masters, como Kasumi y yo.
-La confianza no importa.- Se encoge de hombros.- Igual su vida está en mis manos, en el momento en el que decida actuar en contra mío, no vivirá más. Además, esa chica que traes contigo no confía en ti tampoco, no sé qué intentas hablarme de confianza.
-Es lógico, pero por ahora basta con colaborar juntos, sus Servants no están a la altura de los nuestros, y tu magia no está a la altura de la mía.
-¿Puedes decir lo mismo de tu amiga?- Soltó una carcajada.- Un placer conocerte, Emiya Takumi. Mi nombre es Egbert von Einzsbern.- Lejos de la respetuosa reverencia que había hecho la que se hacía llamar su hermana, la única carta de presentación que dejó fue la ráfaga de magia que descargó sobre su enemigo.
Rider se sentía muy irritado con su oponente. Si Saber era rápida, la agilidad de esta mujer sobrepasaba lo ridículo. Además, no había intentado aún atacarle, simplemente se limitaba a mantenerlo ocupado, lo cual le frustraba aún más, pues sabía que en el momento en el que decidiera darle la espalda, su Master sería fácilmente asesinado. Es la frustración del guerrero al que no se le concede el placer de la batalla.
Por otro lado, Saber intercambiaba golpes con el otro Servant, que probablemente sea Lancer. En habilidad, están prácticamente igualados. Ella lo ataca sin pausa, para obligarlo a concentrarse en defender, pues sabe que la espada está en desventaja ante la lanza. Saber descarga un golpe tras otro, aprovechando su velocidad para evitar que Lancer pueda reponerse e intentar contraatacar. En un segundo, ella esgrime su espada para descargar una serie de golpes con intervalos de tiempo casi infinitesimales entre cada uno de ellos, a una velocidad a la que un humano ni siquiera podría imaginar lo que ocurre, pero aún así Lancer sigue sin recibir daños. No solo es su habilidad en combate, sino que siempre parece estar ubicado en la posición perfecta para bloquear su ataque, pero nunca intenta buscar un contraataque que ralentice la ráfaga de Saber. Solo queda una conclusión en la mente de la espadachín rubia: el objetivo es asesinar a su Master.
Elise ha invocado una especie de pájaros que usa para atacarme, y yo no paso de buscar alguna forma de usar mi magia para anular sus ataques. Hasta ahora parecía estar sondeándome, pero ahora ya se ha dado cuenta de que mi capacidad ofensiva es prácticamente nula.
-Así que al final si eras una inútil.- Lo que más me inquieta es que su tono de voz no muestra ninguna hostilidad.- No tienes que morir, Kasumi. Puedes entregarme tus Hechizos de Mando, y entonces yo te protegeré en el castillo. Seguro que mi hermano me dejará conservarte como recompensa por derrotarte, y podré jugar contigo.
No sé por qué, pero no puedo evitar imaginarme a Elise con un afilado cuchillo en la mano y a mí misma amarrada en una mesa de disección gigantesca. De cualquier forma, no es una propuesta que esté considerando en este momento. Estoy a punto de echar a correr hacia el bosque, como la cobarde que los eventos recientes me han forzado a descubrir que soy, pero ambas volteamos al escuchar un rugido salvaje entre los árboles. Mis costillas parecen recordar el terrible dolor al ver a Berserker salir de entre los árboles, lo que provoca que Elise se olvide totalmente de mí.
Terminé corriendo por el bosque, de todas maneras. No sé si hay alguien persiguiéndome, pero solo pienso en alejarme de ese campo de batalla en el que no puedo encontrar más que la muerte; después de todo, Saber solo puede seguir luchando mientras yo siga viva. Me detengo jadeando, y me cercioro de que no me está siguiendo nadie. Entonces, alguien pone su mano en mi hombro, lo que me hace soltar un chillido, y termino cayendo al piso.
-Tranquila, Kasumi, soy yo.- Inclinada sobre mí y dirigiéndome su sonrisa habitual está, para mi enorme sorpresa, Matou Haru.
- ¿E-eh? ¿H-Haru? ¿Qué haces aquí?
-Finalmente me llamaste Haru.- Dice ella mientras me dedica una radiante sonrisa.- Me alegro de que estés bien, le advertí a Takumi de que no te trajera acá, pero él me ignoró totalmente.
-Esto… ¿Entonces tú también…?- Ni siquiera sé como formular la pregunta. Igual sospechaba que ella estaba relacionada, pero la sorpresa de encontrármela acá fue demasiada.
-Sí, también participo en la Guerra, pero aún no estoy muy segura de lo que quiero hacer.- Responde a mi pregunta inconclusa mientras me tiende la mano.
-Eso significa- Digo mientras me incorporo.- que tú y tu Servant pueden ayudarnos, ¿cierto?
-Oh, no… Realmente lo siento, mi Servant no está conmigo.- Parece como si se hubiera deprimido muy súbitamente.- Y mi magia tampoco es muy útil para la batalla.
-¿Entonces qué haces acá? Corres mucho peligro.- Me siento muy agradecida de encontrar algo de descanso de la locura de la que acabo de salir. Además, me siento muy débil, y Haru me ofrece su hombro para ayudarme a caminar.
-Venía justamente a sacarte de aquí. No puedo hacer nada por el terco de Takumi, y seguramente el estará bien, no le será difícil buscar algún método para escapar. Pero a ti te pusieron en un peligro muy grave al traerte, me alegro mucho de haberte encontrado, Kasumi.
-Lo siento, Haru, pero realmente no creo que pueda irme, debo…
-Pero mira en qué estado estás. Apenas te puedes mantener en pie.
-Claro que no, puedo caminar…- Ahora que lo dice, realmente me cuesta moverme, y las piernas me tambalean.
-¿Ves? Estás temblando. Que la adrenalina te haga pensar que estés bien, no significa que lo estés.
-Tal vez me siento un poco débil, pero necesito ayudar a Takumi.
-Solo le estorbarás. Además, ¿cómo piensas ayudarlo si no puedes ni mantenerte de pie?- Mis piernas me fallan, y termino cayéndome al piso de nuevo.
-Ugh… Ayúdame a levantarme, por favor. Realmente creo que me estaba forzando demasiado.
-No, será mejor que te quedes aquí.- Dice mientras se arrodilla a mi lado. Debo de estar enferma, porque ni siquiera puedo incorporarme usando las manos.
-Lo siento, Haru, ni siquiera puedo moverme, de ninguna forma puedo salir del bosque por mi propio pie, y creo que ni siquiera con tu ayuda. Ni hablar de intentar ayudar a Takumi.
-Vaya, Kasumi. Al final resultaste ser bastante débil.- Suelta una risita.
Una risa que, de algún modo, me pone sobre alerta. No es la risa habitual de Matou Haru, que tanto me molesta. Es una risa que escuché en otra parte, pero no logro conectar donde.
-¿No puedes pedirle a tu Servant que venga? Realmente estoy preocupada.
-Ya lo hice.- Responde ella mientras pone la mano sobre mi frente.- ¿Tienes fiebre? Te ves algo enferma.
-E-eh…N-no creo…- Alcanzo a balbucear. Haru está inclinada sobre mí, casi puedo sentir su aliento caliente sobre sus mejillas, y está tocando mi frente con su mano delicada. Creo que suelo ser una persona bastante calmada, pero después de todo, Matou Haru es muy popular entre los chicos por ser muy hermosa, supongo que en esta clase de situaciones, es normal que me sienta un poco confundida. Siento la sangre subirse a mis mejillas, y seguramente estoy sudando.
-¿Segura? Luces realmente mal, estás sudando y tus mejillas están rojas. Estoy preocupada.- Más que verse preocupada, parece estarse divirtiendo con mi reacción, pues acaricia suavemente mi mejilla. Una voz en mi cerebro está intentando decirme que hay algo que está muy mal, pero estoy muy confundida como para poder concentrarme en pensar en ello.
-Haru, no creo que sea esta una forma de medir la fiebre, realmente.- Trato de alejarla de mí, pero no tengo ningún tipo de fuerza en las manos, y pareciera como si mi cuerpo entero no quisiera más que someterse al suyo.
-No estoy tratando de medir tu fiebre.- Ahora la sonrisa de Haru es realmente inquietante; solo siento miedo, pero mi cuerpo no responde ante mi mente. Haciendo un esfuerzo horrible, intento darme vuelta, pero a ella no le cuesta nada inmovilizarme. Se sienta sobre mi abdomen, y se inclina hasta que puedo sentir su aliento húmedo en mi oído, y me susurra.- Eres muy débil, Kasumi. Ni siquiera deberías estar participando en esta guerra. Incluso después de sufrir a manos de Berserker, sigues insistiendo en luchar una batalla que no puedes luchar.
-H-haru… Basta.- Apenas puedo ya hablar débilmente. Entre la difusa nube de ideas que flota en mi mente, se me ocurre que mi energía pudiera estar siendo robada, pero ni siquiera puedo concentrarme en evitarlo; mi cuerpo no me pertenece más.
-De paso, esa chica de la iglesia interfirió no una, sino dos veces para salvarte. Es tan detestable. Por suerte, al fin estamos solas, tu y yo. Me sorprendería bastante si alguien pudiera pasar a través de Berserker para llegar acá.- Incluso en mi deplorable estado mental me doy cuenta de lo que eso significa. Matou es la Master de Berserker, le envió a atacarme, y cuando falló, me atacó ella misma con su magia con la noche. Magia que ha usado en mí de nuevo, tal vez combinada con algún otro tipo de influencia para resquebrajar mi voluntad.
-¿Por… qué?
-¿Por qué? ¿Qué significan mis motivos para ti? Yo para ti no significo nada… Para ti, ni para nadie.- Su voz empieza a tornarse demencial, y su saliva cae sobre mi oreja. Ya mi garganta no puede producir más sonidos que un par de gemidos incomprensibles, y la única reacción del miedo que siento, son las lágrimas frustradas que caen de mis ojos.
Afortunadamente, la noche me depara otra sorpresa. De entre los árboles, aparece un extraño espíritu, que embiste a Haru, apartándola de mí unos cuantos metros, y regresa al sitio del que vino. Simplemente, como si hubiera aparecido para ayudarme.
Igual no es algo que me de muchas esperanzas. Después de todo, mi voluntad ya ha sido subyugada, difícilmente podría levantarme sin que antes Haru me lo pidiera. Solo quiero dormir, al menos hasta que vuelva a pasar esta pesadilla. Y es lo que hubiera hecho, de no ser por ese par de ojos.
Ese par de ojos que brillan en la oscuridad, como si fueran ojos de gato, con un color que no soy capaz de reconocer. No puedo ver nada, ni siquiera a quién pertenece, pues todo es oscuridad… Excepto esos ojos.
