CAPITULO 12.- Más horrocruxes y destierro.
Cuando el equipo estuvo listo, Kreacher uso su magia para desaparecer con todos los magos y al duende, y apareció en una cueva, Sirius pensó que estaría completamente oscuro, en cambio estaba completamente iluminada con una luz verde, Kreacher los había aparecido sobre una pequeña isla, un espacio plano de piedra negro, en donde no había nada, excepto la fuente de aquella luz verdosa, la cuál se veía mucho más brillante de cerca.
Los magos tuvieron que entrecerrar lo ojos, al principio creyeron que era una lámpara o algo parecido, pero luego vieron que la luz provenía de una roca en forma de vasija como un pensadero, la cuál estaba colocada en lo alto de un pedestal. Sirius se aproximó a la vasija, y Ramuf lo siguió. Uno al lado del otro, lo miraron. La vasija estaba llena de un líquido esmeralda emitiendo aquella luz fosforescentemente, en el fondo de la vasija se veía el guardapelo (Fragmento de "Harry Potter y el misterio del príncipe").
- Creo que para coger el guardapelo hay que beber el líquido – dijo Sirius lanzando algunos hechizos de diagnostico.
- Podría ser veneno – dijo Ramuf.
- Lo beberé yo – dijo Sirius.
- No amo Sirius, Kreacher descubrió que solo hay que conjurar algún tipo de recipiente y verter el líquido en él, es lo que el amo Regulus trató de hacer antes de que el malvado mago lo matara – dijo Kreacher
- Gracias por la advertencia, Kreacher – dijo Sirius.
Sirius conjuró una vasija del mismo tamaño que la que contenía el líquido, y con un movimiento de varita trasladó el líquido a la vasija que había conjurado, cuando todo el líquido hubo desaparecido, Sirius cogió el guardapelo. Kreacher no esperó la orden de su amo y los desapareció de inmediato, volviendo a aparecer en la sala de rituales de Gringotts.
- ¡Kreacher! ¿por qué nos has aparecido así? – pregunto Sirius confuso.
- Kreacher tenía que hacerlo amo. Cosas malas iban a salir del agua - dijo Kreacher tirándose de las orejas.
- Entonces, muchas gracias Kreacher, buen trabajo – dijo Ramuf.
- Si, Kreacher, gracias – dijo Sirius.
- Gracias, señor Ramuf. Gracias, amo Sirius – dijo Kreacher.
Sirius le dio el guardapelo a Blacksword para que lo destruyera y le ordenó a Kreacher que los llevara hasta el siguiente horrocrux.
El siguiente sería el anillo de los Gaunt. Kreacher los apareció en el jardín delantero de una cabaña que estaba prácticamente en ruinas.
- Kreacher siente que el horrocrux esta ahí dentro, amo Sirius – dijo Kreacher.
- Gracias, Kreacher – dijo Sirius.
- Veamos si hay algún tipo de protección – dijo Ramuf
Ramuf se acercó a la cabaña y empleó su magia para detectar algún tipo de hechizo, cuando terminó, se giró al resto.
- No hay ningún hechizo en la cabaña, pero noto uno de compulsión muy fuerte en un objeto dentro de la cabaña y mucha magia negra – dijo Ramuf.
- Entremos – dijo Sirius entrando en la cabaña.
Cuando todos estuvieron dentro, Kreacher les indicó donde estaba escondido el anillo, Ramuf lo sacó de su escondite y lo depositó en el suelo frente a ellos.
- Que nadie lo toque, el hechizo es más fuerte de lo que pensé – dijo Ramuf
- Kreacher, aparécenos de regreso a Gringotts, Blacksword se encargará de destruirlo – dijo Sirius.
- Si, amo Sirius – dijo Kreacher chasqueando los dedos, segundos después estaban de regreso en la sala ritual de Gringotts y Blacksword se llevó el horrocrux y lo destruyó. Entonces Sirius vio que James y Millicent Bagnold, la ministra de magia.
- Millicent, ¿qué haces aquí? – dijo Sirius sorprendido.
- He venido para hablar con Ragnok sobre el dinero que Gringotts ha requisado a los Lestrange y entregado al Ministerio – dijo Millicent.
- Es mucho dinero, estábamos hablando sobre si los duendes necesitan que el Ministerio haga algo por ellos – dijo James.
- Ya se lo he dicho, el Ministerio ya ha hecho bastante anulando las leyes que permiten la caza de duendes fuera del territorio duende – dijo Ragnok
- A sido un placer – dijo Millicent.
- Ragnok, le hemos traído otro horrocrux a Blacksword – dijo Sirius.
- Si, ya lo veo – dijo Ragnok observando como su gente llevaba a cabo el ritual.
Todos se quedaron sorprendidos cuando vieron, tras finalizar el ritual, que la piedra del anillo no había sufrido daño alguno, eso fue hasta que Iris volvió a aparecer.
- Eso me pertenece – dijo Iris alargando la mano para que Blacksword le diera la piedra.
- ¿Qué es? – pregunto Sirius.
- La piedra de la resurrección, una de las tres reliquias que le di a los hermanos Peverell hace siglos – dijo Iris sonriendo.
- Entonces le pertenece a usted, señora – dijo Ragnok dándole la piedra.
- Gracias, buen trabajo, ya sólo os quedan dos horrocruxes – dijo Iris.
- ¿Solo dos más? – pregunto Sirius.
- Si, Nagini, que en este momento está con Voldy y la diadema de Ravenclaw – dijo Iris.
- ¿Dónde está? – preguntó Sirius.
- ¿Kreacher? – dijo Iris, Sirius pensó que la situación la divertía.
Kreacher supo que su amo Sirius se enfadaría mucho cuando le dijera donde estaba el quinto horrocrux, y cuando su amo se enfadaba actuaba sin pensar en las consecuencias de sus actos, era un Gryffindor después de todo. Kreacher conocía la sala donde estaba, porque había sentido que el amo Regulus había entrado muchas veces allí, al igual que el amo Sirius, durante sus años en Hogwarts. Su ama Walburga, a pesar de no pensar igual que su hijo mayor sobre seguir al mago oscuro, se preocupaba por él, por lo que ordenó a Kreacher que vigilara que Sirius y Regulus estuvieran bien cuando estaban en el colegio, por lo que conocía muy bien la sala, donde estaba y como funcionaba.
- Kreacher se lo dirá al amo, pero el amo debe prometer a Kreacher que no se enfadará – dijo Kreacher decidido.
- ¿Por qué? – pregunto Sirius sospechoso.
- Por que cuando el amo se enfada mucho, no piensa bien – dijo Kreacher, haciendo que los presentes se rieran.
- Esta bien Kreacher, te lo prometo, ahora dime donde está el quinto horrocrux – dijo Sirius irritado.
- Kreacher lo siente en Hogwarts, está en la sala de los menesteres – dijo Kreacher antes de correr a esconderse detrás de Iris.
- ¿En Hogwarts? – dijo Sirius enfureciéndose.
- El amo a prometido a Kreacher que no se enfadaría – dijo Kreacher desde detrás de Iris tirándose de las orejas.
- Cierto Sirius, respira hombre parece que te va a dar un ataque – dijo Ragnok.
- Estoy tranquilo – dijo Sirius respirando lentamente.
- ¿Cómo vamos a entrar sin que Albus se de cuenta de lo que estamos haciendo? – preguntó James.
- Será mejor que nos reunamos en la mansión Black, y pensemos la mejor manera de hacerlo, seguro que al abuelo Phineas se le ocurre algo – dijo Sirius.
- Aseguraos de que Albus no descubre lo que estáis haciendo, él sabe sobre los horrocruxes, tratará de deteneros de cualquier forma, a él no le conviene que los horrocruxes de Voldy desaparezcan – dijo Iris.
- Tendremos cuidado – dijo James.
- Entonces hasta la próxima, mi gente aún está revisando documentos, a saber que pueden encontrar todavía – dijo Iris desapareciendo.
- Kreacher, James y yo aún tenemos que ir a otro sitio antes de ir a casa – dijo Sirius – tú vete a casa, nos vemos allí.
- Si, amo Sirius – dijo Kreacher para segundos después desaparecer.
La ministra de magia se marchó vía flu directamente a su casa. Mientras James y Sirius salieron del banco por la puerta principal, hacia el Callejón Diagon, cuando salieron se dieron cuenta de que estaba anocheciendo, por lo que debían darse prisa o la tienda a la que iban habría cerrado cuando llegaran.
Isobel y Robert les habían avisado de que se habían quedado sin polvos multicolor para su poción de tintes arcoiris, que ellos no habían podido comprarlos cuando habían ido al callejón porque su madre, Minerva, había estado con ellos, y que Hagrid no los había encontrado en la tienda de Hogsmeade. Robert comenzó Hogwarts cuando los merodeadores estaban en su último curso, y el ser el hijo pequeño de su profesora favorita le convirtió en el hermanito adoptivo de James, Sirius y Remus, lo cual le proporcionó su protección, igual que habían hecho antes con Junior e Isobel. Definitivamente Minerva tenía razón, ellos le habían enseñado a sus hijos como ser los mejores bromistas. Cuando llegaron a la tienda, vieron que aún estaba abierto, entraron y enseguida vieron que el dueño se alegraba de verlos.
- Canuto y Cornamenta, como me alegro de volver a veros, ya hacia tiempo que no veníais por aquí – dijo Grober, el dueño de Zonko.
- Hola, Grober. Hemos estado algo ocupados – dijo Sirius.
- Si, ya lo he leído en "El Profeta", siento mucho lo de Colagusano – dijo Grober con pesar – Nunca imaginé que precisamente él se uniera a los mortífagos.
- Ni tú ni nadie – dijo James.
- ¿Y en qué os puedo ayudar? Debo deciros, que me ha llegado nueva mercancía, totalmente innovadora – dijo Grober.
- No es para nosotros, venimos a recoger unos polvos multicolor para Robert e Isobel – dijo James.
- Ah, otros dos de mis mejores clientes, la verdad que no entiendo como se les terminan tan rápido, creo que le tengo un poco de lástima a sus blancos – dijo Grober riéndose.
- No se lo tengas – dijo James dejando confuso a Grober.
- Es Albus – dijo Sirius – ¿Tienes polvos de esos?
- Si, pero estoy seguro de que los nuevos polvos que me han llegado les van a gustar mucho más. Elphinstone me escribió avisando de que vendríais y me mandó el dinero, él no podía venir porque sino Minerva se enteraría, yo no quería deciros nada sobre la nueva mercancía porque pensaba que los chicos los estaban usando en sus compañeros – dijo Grober buscando entre las cajas que había tras él – pero sabiendo que los están usando contra Albus, incluso les daré la primera muestra gratis, y será generosa, aquí está – dijo encontrando la caja que buscaba y poniéndola sobre el mostrador – Los polvos que se han estado llevando, tintan el pelo, éstos tintan la piel.
- ¿Qué son? – dijo Sirius.
- Polvo de urtica urens y de hojas de saúco – dijo Grober.
- ¿Tintan la piel de verde y además producen picores? – preguntó Sirius.
- Si, el efecto dura una semana, lo que sí debéis decirles es que sigan las instrucciones al pie de la letra, de lo contrario Albus acabará en St. Mungo – dijo Grober.
- Tranquilo, lo harán. Ponnos la muestra que les vas a dar y el pedido habitual de los otros – dijo Sirius.
- ¿Cómo se administran? – preguntó James mientras Grober empaquetaba los polvos multicolor.
- Igual que los otros – dijo Grober.
- ¿Se pueden mezclar? – preguntó Sirius.
- Si, sólo que en vez de una dosis, deben poner la mitad de cada uno, de lo contrario el efecto durará el doble y podría ser peligroso – dijo Grober, mientras empaquetaba los nuevos polvos.
- Eso es casi el doble de los polvos multicolor – dijo James al ver la muestra que estaba poniendo.
- Lo sé, con esto tendrán hasta el final del curso – dijo Grober entregándoles los paquetes reducidos.
- Gracias – dijo Sirius.
- De nada, me ha alegrado veros – dijo Grober.
- Hasta luego – dijeron James y Sirius al unísono.
-Hasta luego – dijo Grober mientras los otros dos magos salían de la tienda.
Esa misma noche, James y Sirius les mandaron los paquetes a Isobel y a Robert con una carta explicándoles la utilidad de los polvos extras, esperaban que tomaran fotografías de Albus cuando los usaran, ni siquiera Lily y Amelia les reñirían por ayudar a los chicos. Al menos eso esperaban.
Al día siguiente, todos se reunieron en la mansión Black. Estuvieron horas discutiendo la mejor forma de mantener a Albus alejado de la sala de los menesteres. Al final se decidió que programarían una reunión del Consejo Escolar, durante la cual, Kreacher se colaría en la sala de los menesteres, encontraría el horrocrux y se lo llevaría a Blacksword.
Cuando se reunieron con los demás miembros del Consejo Escolar y les contaron lo que iban a hacer y porque, todos estuvieron de acuerdo con el plan, la reunión fue fijada para el 25 de octubre por la mañana, era domingo y todos los alumnos estarían en el campo de quidditch, y Minerva y Albus podrían asistir. Phineas se encargaría de que los cuadros de Hogwarts les avisaran si alguien se acercaba a la sala de los menesteres y cuando Kreacher hubiera abandonado Hogwarts con el horrocrux.
Cuando llegó el día, todos estaban preparados para su parte del plan.
Kreacher estaba esperando que su amo le diera la señal para entrar, habían usado una técnica que su amo Sirius había visto en uno de los recuerdos que Iris les había dado de la línea temporal anterior. Había sido ideada por la que iba a ser la novia del señorito Harry, y a Kreacher le pareció muy ingeniosa. La ama Narcisa se había encargado de encantar cinco galeones para poder mandarse mensajes, serian repartidos entre el amo Sirius, Kreacher, el señorito James, el señor Kingsley y el señor Ragnok.
El amo Sirius y el señorito James se encargarían de avisar del momento adecuado para entrar en Hogwarts, el señor Kingsley se encargaría de llevar a cabo su misión junto a dos rompedores de maldiciones de Gringotts y tres aurores, entonces Kreacher entraría, cogería el horrocrux, mandaría la señal de que lo tenía y se aparecería en Gringotts donde el señor Ragnok estaría esperando, Blacksword ya estaría preparado para destruir el horrocrux y entonces el señor Ragnok iría al ministerio y avisaría a la ministra de que el quinto horrocrux había sido destruido.
El consejo escolar, Kingsley y Minerva, ya estaban reunidos cuando llegó Albus.
- ¿A que se debe esta reunión? – dijo Albus entrando furioso en la sala de reuniones y cerrando de un portazo.
En ese momento lo tenían donde querían, Sirius dio la señal, era la hora.
En la mansión Black, donde Kreacher estaba esperando, llegó el mensaje.
- Ama Walburga, el amo Sirius a mandado el mensaje a Kreacher – dijo Kreacher al retrato de su ama que el amo Sirius había colgado en la mansión.
- Entonces haz lo que te han encargado, pero ten cuidado – dijo el retrato.
- Si, ama – dijo Kreacher desapareciendo.
Kreacher se apareció directamente en la séptima planta, busco la sala de los menesteres y cuando la encontró, entró.
- Simple, Albus. Nos hemos reunido por que muchos de nosotros, incluido Kingsley estamos preocupados por el nivel de enseñanza en Hogwarts, más específicamente en Defensa Contra las Artes Oscuras (DCAO) – dijo Frank.
- No se de que os preocupáis, el temario de la asignatura es bueno – dijo Albus ofendido.
- El temario no es el problema, lo son los profesores que has estado contratando desde que eres el director – dijo James.
- Es difícil encontrar buenos profesores para la asignatura, recordar que el puesto está maldito – dijo Albus.
- Por eso estamos nosotros aquí – dijo Kingsley señalando a sus aurores y a los dos duendes.
- ¿Qué quieres decir? – dijo Albus irritado, esos mocosos entrometidos lo iban a estropear todo.
- Simple, vamos a revisar el aula, el despacho y el dormitorio del profesor de DCAO en busca de cualquier tipo de hechizo que esté provocando que los profesores no duren más de un curso – dijo Duncan.
- ¡Os lo prohíbo! – grito Albus.
- ¿Qué tú qué? No tienes esa potestad, aquí no eres nadie – dijo Agata Zabini, siempre había odiado a Albus, pero desde que murió su marido aún más, tanto ella como la hermana de su marido, Teresa, tenían la fuerte sospecha de que Albus había tenido algo que ver con la muerte de Carlo, después de todo entre los magos que lo mataron, aunque ellos no eran mortífagos, estaba Peter Pettigrew.
- Agata tiene razón, Albus. El consejo lo ha aprobado antes de tu llegada, a partir de ahora serás el conserje de Hogwarts junto con Argus Filch – dijo Melvin Goyle disfrutando de la cara de Albus al ser informado.
- ¿Me rebajáis a ser un simple conserje? ¿A mí? ¿Al mago más poderoso del mundo? – dijo Albus furioso.
- Tú no eres el mago más poderoso del mundo, después de todo si lo fueras habrías matado a Voldemort la primera vez que os enfrentasteis – dijo Amelia.
- Si, ese título no te pertenece – dijo Narcisa.
- Ese titulo le pertenece a los niños de la profecía – dijo Xenophilius.
- ¿De quien? – preguntó Albus confundido.
- No te hagas el tonto, Albus. Lo saben todo, nosotros se lo hemos contado – dijo Frank.
- Si, después de todo son nuestros aliados – dijo James.
- Y si vas a empezar a despotricar con que no deberían habernos contado nada, déjame decirte que hemos hecho un juramento inquebrantable de no rebelar nada de lo que ellos nos han contado – dijo Melvin.
- Y si fueras el mago más poderoso del mundo, no le tendrías tanto miedo a dos niños, hasta el extremo de ordenarle al sanador que los atiende, que pusiera un limitador de magia sobre ellos – dijo Frank furioso.
- Es por el bien mayor – dijo Albus fingiendo decepción hacia ellos.
- Y una vez más empleas el lema de un lord oscuro – dijo Xenophilius.
- Albus, te lo voy a decir una vez, si vuelves a apuntar con tu varita o le ordenas a alguien que lo haga, contra mi hijo o Neville o de nuestros futuros hijos o cualquiera de sus amigos, te descuartizaré, a ti y a tus aliados – dijo James.
- ¿Queda claro? – pregunto Frank
- Vais camino a convertiros en magos oscuros, yo solo quiero vuestro bien – dijo Albus.
- ¿Nuestro bien? ¿Entonces porque intentaste obligarnos a nombrar a un mortifago como nuestro guardián secreto? – pregunto James
- No lo sabía – dijo Albus
- Mientes – dijo Minerva que hasta el momento estaba en silencio.
- ¿Cómo dices? – pregunto Albus.
- Que mientes, las barreras te avisaron de qué alumnos estaban marcados en cuanto traspasaron las puertas de la escuela – dijo Minerva.
- No lo hicieron, en Hogwarts no existen barreras para eso – dijo Albus tratando de sonar convincente.
- Si que existen, hicimos la prueba el día que vinimos a restaurar las que habías desactivado y reforzar las demás. Verás, nuestros rompedores de maldiciones, en colaboración con los inefables del ministerio de magia han estado investigando, y resulta que la marca oscura sólo es una variante de la marca que los antiguos egipcios y los terratenientes ponían en sus esclavos para controlarlos, por lo que los fundadores, que estaban en contra de la esclavitud, crearon una barrera que les alertaría si alguno de sus alumnos llegaba a Hogwarts con esas marcas. La marca tenebrosa hace que esa barrera se active porque es igual que la marca de la que proviene. Ahora la directora McGonagall tiene una lista con todas las barreras que hay y para que sirven cada una de ellas – dijo Shark, uno de los duendes.
- ¿Tienes alguna escusa, Albus? – dijo Duncan.
- Solo era un niño confundido, si le hubieseis mostrado confianza él jamás se hubiera convertido en un mortifago – dijo Albus mirando a Sirius y James.
- Bastante hicimos con no darle la patada cuando vimos que su forma de animago era una rata, símbolo de la traición – dijo James
- James tiene razón – dijo Sirius.
- Vasta de excusas, tenemos trabajo, vamos a revisar el aula, el despacho y el dormitorio del profesor de DCAO – dijo Kingsley notando la señal de Kreacher, advirtiéndole de que ya tenía el horrocrux.
- Cierto, vamos – dijo Sirius saliendo de la sala.
Kingsley, los aurores y Shark y su compañero estuvieron casi una hora revisando las tres salas que pensaban estaban afectadas. Cuando terminaron supieron que estaban en lo cierto, las puertas del aula y del despacho del profesor, estaban llenas de runas, que maldecían al profesor y la puerta del dormitorio, tenía runas que se alimentaban de la magia del mago o bruja que lo ocupara. Entonces todos comprendieron porque cada profesor que había ocupado ese puesto, no duraba un curso entero, siempre acababa mágicamente agotado y sin fuerzas para seguir enseñando y en algunos casos incluso muerto. A ninguno de los presentes les sorprendieron los hallazgos, lo que si les sorprendió fue el idioma que se necesitaba para desactivarlas.
- ¿Qué sucede? – preguntó Minerva viendo la confusión en los rostros de los dos duendes.
- Las maldiciones, solo pueden ser desactivadas por un hablante de pársel – dijo Shark.
- ¿Lo veis? No podéis hacer nada, jamás permitiré que un mago oscuro atraviese las puertas de Hogwarts – dijo Albus satisfecho de si mismo.
- ¿Desde cuando hablar pársel es sinónimo de ser un mago oscuro? – dijo Sirius.
- Desde siempre, nada bueno puede salir de una lengua que solo unos pocos en el mundo puede hablar – dijo Albus.
- ¿Es por eso que intentaste que el Wizengamot aprobara una ley declarando que los hablantes de pársel son magos y brujas oscuros? ¿Por qué tú no puedes hablarlo? Para tu información, en la India, al menos el 40 por ciento de sus habitantes son hablantes de pársel, y todos son muy apreciados allí, incluido su ministro de magia y los hijos y hermanos del mismo – dijo Kingsley –. ¿Tienen a alguien que pueda desactivar las maldiciones? – le preguntó a Shark.
- No permitiré que un hablante de pársel entre en mi escuela – gritó Albus.
- Una vez más, Albus. Esta no es tu escuela, y sigue interfiriendo en su funcionamiento o en la protección de sus habitantes, y me aseguraré personalmente que pases el próximo mes en las profundidades de Gringgots recogiendo estiércol de dragón – dijo Kingsley, a lo que Shark sonrió.
- El líder Ragnok estará encantado de ello, creo que incluso ya tiene una pala con el nombre de Albus Dumbledore en su oficina – dijo Shark sonriendo.
- Ya basta. Shark, ¿tienen a alguien que pueda hablar pársel? – pregunto Minerva – Quiero que eliminen todas esas maldiciones cuanto antes, mi mayor miedo es que los alumnos también se vean afectados.
- Tranquila directora, si me lo permiten, Coon, mi compañero irá a Gringgots y traerá a uno de nuestros rompedores de maldiciones humano que lo habla – dijo Shark.
- Adelante, cuanto antes mejor – dijo Duncan, a lo que Shark dio una señal de asentimiento a su compañero y este salió corriendo hacia el exterior para poder activar el traslador que portaba.
Mientras Coon fue a por el hablante de pársel, el resto estuvieron analizando cual sería la mejor forma de desactivar todas las maldiciones, al final se decidió que las primeras serían las que había en el aula, después las del despacho y por último las del dormitorio. Unos minutos después, Coon regresó y con él llegó un hombre cubierto con una túnica con capucha y enmascarado.
- ¿Es él el hablante de pársel? – dijo Duncan.
- Lo es, señor. Su nombre en clave es Dragón – dijo Coon, mientras el mago examinaba las runas.
- ¿Puede desactivar y eliminar las maldiciones? – pregunto Minerva ansiosa.
- Puedo, señora – dijo Dragón.
- ¿Necesita que hagamos algo? – dijo Sirius.
- Solo que no me interrumpan, podría ser fatal para todos – dijo Dragón.
- De acuerdo – dijo James, mientras todos se retiraban un poco.
Cuando Dragón terminó de examinar todas las runas, comenzó a retirarlas, sólo faltaba retirar una en la puerta del dormitorio del profesor de DCAO cuando Albus trató de detenerlo, pero sin éxito.
- No podéis hacerlo – dijo Albus sacando su varita.
- Expeliarmus – gritaron Duncan, James y Sirius siendo más rápidos, y evitando que Dragón fuese interrumpido.
Albus salió disparado hacia atrás chocando contra la pared al otro lado del pasillo y cayendo inconsciente. Su varita voló hacia los tres magos, pero se detuvo a mitad de camino en el aire sorprendiendo a todos.
- Por fin puedo recuperarla – dijo Iris apareciendo de la nada y provocando que todos se sobresaltaran.
- ¿Sabes Iris? Si sigues apareciendo así vas a conseguir que me dé un ataque – dijo James sujetándose el pecho.
- Yo también me alegro de verte – dijo Iris evaluando la varita de Albus.
- ¿Qué has querido decir con que por fin puedes recuperarla? – pregunto Sirius.
- Pues que esta varita es la reliquia que le di a Antioch, el primer hermano Peverell, la varita de saúco – dijo Iris.
- ¿Qué haces? – pregunto Randall viendo como Iris pasaba su mano por encima de la varita sujetándola con la otra.
- Una copia, Albus no debe saber que la ha perdido – dijo Iris haciendo aparecer otra varita que se veía idéntica a la anterior.
- Pero si le das una copia, será como si la siguiera teniendo – dijo Melvin confundido.
- No, visualmente es idéntica, pero no tiene poderes propios, Albus solo podrá usar su propia magia, por lo que será mucho más débil, hasta ahora ha estado alimentando su magia con la de Fawkes y la de la varita de saúco – dijo Iris.
- Genial – dijeron James y Anthony al unísono.
- Ahora me voy – dijo Iris.
- ¿No tienes ninguna advertencia para nosotros? – preguntó Narcisa antes de que desapareciera.
- Solo una, tened cuidado y preparaos, Voldy se ha dado cuenta de lo que estáis haciendo y ya está volviendo al país, llegara en un par de dias – dijo Iris.
- ¿Sabes donde podremos encontrarlo? – pregunto Kingsley.
- Gracias a Peter, sabe que tanto la mansión de los Potter como la de los Longbottom están en Godric's Hollow, pero gracias al Fidelio, no puede recordar donde, por lo que el día de Halloween atacará el pueblo para haceros salir – dijo Iris.
- Entonces le tenderemos una trampa, evacuaremos el pueblo y lo llenaremos de aurores y aliados – dijo Randall.
- Randall tiene razón, todos estaremos allí, nosotros mantendremos a ralla a los que le acompañen y de evacuaremos el pueblo, vosotros dos os encargareis de Voldemort – dijo Melvin mirando a James y Frank.
- Lo desterraremos y podremos vivir en paz durante al menos una década – dijo James.
- En realidad un poco más, según mis libros, Harry y Neville matarán a Voldy en su cuarto año – dijo Iris.
- Estarán preparados, te lo prometo – dijo James a Iris.
- Lo sé, por cierto – dijo Iris acercándose a James – puedes quedarte con la capa – le susurró en el oído – Suerte a todos – dijo Iris, a todos y desapareciendo.
- Cuando Iris desapareció, Dragón quitó la última runa y entonces llevaron a Albus a la enfermería, dejarían que fuera Poppy quien se encargara de él.
Todos se fueron a sus respectivas casas, no sin antes acordar reunirse en la sala de reuniones de la oficina de aurores, para planear el modo de tenderle la trampa a Voldy y sus mortifagos.
La siguiente semana pasó rápidamente para todos ellos. Lo primero que hicieron fue alertar a los habitantes de Godric's Hollow de que debían evacuar el pueblo, algo que todos hicieron sin quejarse cuando les dijeron que sospechaban que Voldemort atacaría el pueblo.
El día de Halloween, todo estaba preparado para hacer frente a Voldemort, para desterrarlo hasta que los chicos pudieran matarlo.
Kingsley se encargó de que sus mejores aurores estuvieran rodeando la zona donde sospechaban se aparecería Voldemort, James y Frank estarían en sus respectivas casas esperando a que apareciera y el resto estarían escondidos en las casas cercanas. Todos ellos tenían en su poder una espada impregnada en veneno de basilisco proporcionadas por Ragnok, todos preparados para matar a la serpiente.
Cuando pensaban que no atacaría, Voldemort se apareció en la plaza, con Nagini sobre sus hombros, también observaron que no iba solo, Peter iba con él, ambos caminaron hacia donde Peter creía que estaría la casa de James y se detuvieron frente a ella. Voldemort y Peter alzaron sus varitas y comenzaron a lanzar hechizos tratando de romper el encantamiento Fidelio. Esa fue la señal. James y Frank salieron de sus casas e hicieron frente a Voldemort.
- No debiste venir aquí, Tom – dijo Frank apuntándole con su varita.
- ¡NO ME LLAMES ASÍ!¡YO SOY LORD VOLDEMORT! – gritó Voldemort.
- Peter, rata traidora, debimos matarte el día que descubrimos tu forma de animago – dijo James furioso al ver al que había considerado un amigo, al lado del lord oscuro.
- Siempre me menospreciasteis, ahora me aseguraré de que estáis muertos y todo lo vuestro será mío – grito Peter.
- ¿Despreciarte? Siempre te tratamos como un hermano – dijo Frank.
Mientras James y Frank discutían con Voldemort y Peter, Kingsley y Sirius vieron desde sus posiciones como la serpiente se deslizaba de los hombros de Voldemort hasta el suelo y desde allí hasta el jardín de una de las casas. Kingsley sonrío maliciosamente por la coincidencia, la serpiente había sido tan estúpida como para refugiarse en la casa donde estaba el auror que más odiaba a su amo, el auror Roberts. Definitivamente su madre tenía razón, las mascotas y sus amos, tarde o temprano, terminaban pareciéndose.
Allan había estado observando los movimientos de la serpiente desde que Voldemort había aparecido en la plaza. Odiaba con toda su alma a ese monstruo y lo único que deseaba era ser él quien destruyera a la odiosa serpiente, ahora sus deseos se habían hecho realidad cuando la serpiente fue a refugiarse en el jardín de la casa donde él se escondía.
- No podéis hacer nada contra mi, soy inmortal – dijo Voldemort lanzando maldiciones contra James y Frank.
- No, no lo eres, nos hemos encargado de eso – dijo Frank respondiendo al ataque con hechizos de corte y explosivos.
- Y si no podemos matarte, te desterraremos – dijo James haciendo lo mismo que Frank.
- Podéis intentarlo – dijo Voldemort riéndose.
- Tus horrocruxes han desaparecido, Tom – grito Frank.
Esa era la señal. Allan no se lo pensó, abrió la puerta de la casa, la serpiente presintiendo el peligro se alzó para atacar, pero antes de que pudiera hacerlo y de que Voldemort o Peter pudieran reaccionar, Allan decapitó a la serpiente con la espada que Ragnok le había dado, la cabeza cayó rodando hasta los pies de Allan y se desintegró y una nube negra salió gritando del cuerpo y se evaporó, haciendo que el cuerpo de la serpiente también se convirtiera en polvo.
- Nooooo – grito Voldemort al ver como mataban a su serpiente destruyendo así su horrocrux.
- Adiós, Tom Riddle – dijo Frank.
Entonces tanto él como James y Lily y Alice que habían salido de las casas apuntaron a la cabeza de Voldemort, como habían hecho en la línea temporal anterior sus hijos y lanzaron el mismo hechizo.
- ¡REDUCTO! – gritaron los cuatro al unísono.
Voldemort no pudo reaccionar, antes de que pudiera alzar su varita para protegerse, los cuatro rayos impactaron y su cuerpo fue destruido. Haciendo así que una parte de la profecía se cumpliera: nacidos de los que lo han derrotado tres veces. El fragmento de alma que quedaba de Voldemort, huyó y se evaporó antes de que pudieran contenerlo. Peter al ver como su amo era vencido, se convirtió en su forma de animago y huyó antes de que alguno de los presentes pudiera inmovilizarlo.
Todos celebraron el haber desterrado a Voldemort, pero todos sabían que el ganar esta batalla, sólo era un paréntesis de poco más de trece años en la guerra, pues sabían, tanto ellos como los demás magos y brujas a los que Iris había visitado, que solo Harry y Neville, combinando sus poderes, podrían vencer de una vez y por todas al Lord Oscuro Voldemort.
Mientras, en un barrio al sur de Londres:
En una casa unifamiliar, una mujer estaba acostando a su hijo en su cuna y lo tapaba con su mantita, era Halloween y su pequeñín había cumplido dieciséis meses, puso a su lado su osito de peluche, su favorito y salió de la habitación.
Estaba preocupada por su hermana pequeña, esa mañana había oído a dos vecinas hablar sobre su cuñado, ella sabía que en su barrio vivían muchas personas que tenían conocidos en común, por eso se había vuelto tan cotilla. Por culpa de su marido, esa era la única forma de estar al tanto de lo que sucedía en el ambiente en el que se movía su hermana, en momentos como éste se alegraba de que sus padres decidieran mudarse al barrio cuando su hermana y ella eran adolescentes, lo único que lamentaba era que no lo hubieran hecho antes. Ojalá hubieran escogido este barrio la primera vez que se mudaron en vez del barrio en el que vivieron antes. Todavía recordaba el día que se mudaron por primera vez, su hermana acababa de cumplir tres años, la fiesta de cumpleaños había sido extraña, cuando las velas de la tarta y los globos habían comenzado a cambiar de color, entonces su tía abuela les había contado a sus padres lo que pasaba y le había dicho a su padre que lo mejor para ellos y las niñas era que se mudaran, acabó recomendándole dos barrios, uno era éste, el otro el barrio al que terminaron mudándose. Lo hicieron a tiempo para que el septiembre siguiente ambas hermanas pudieran comenzar a ir la escuela de infantil y primaria que había a unas pocas calles de la casa, ella estaba feliz, su hermana y ella irían a la misma escuela, ya no tendría que estar sola todo el día, ahora podría estar con su hermana. Poco sabía ella en aquel momento que aquello sólo duraría unos pocos años más. Maldito desgraciado grasiento, maldita la hora en la que apareció en sus vidas. ¿Por qué sus padres no eligieron este barrio en primer lugar? Todo hubiera sido tan diferente. Poco sabían ellos que no vivirían mucho tiempo para lamentar su decisión, a pesar de haberse mudado de nuevo, el bastardo los encontraría. Toda la familia lo lamentaría. Y ahora su hermana volvía a estar en peligro por su culpa. Ojala su cuñado lo matara. Haría un favor al mundo.
Mientras la madre se preparaba para irse a la cama, el niño estaba sentado en su cuna preguntándose porque su mamá le había dado al señor oso cuando lo había acostado, el peluche que él le había pedido era el señor león, últimamente su mamá estaba muy despistada, cuando él le pedía un juguete ella le daba uno diferente.
Unos minutos después, el niño no sabía como había pasado, solo sabía que había estado mirando al pequeño leoncito y deseó tenerlo en su cuna estirando hacia él sus pequeños bracitos, cuando el pequeño peluche llegó volando a sus brazos desde la silla junto a su cuna, como ya había pasado otras veces, así que se tumbó en su cuna, se abrazó al peluche sonriendo y se durmió.
Por la mañana cuando su madre fue a despertarlo y vio el otro peluche junto a su hijo, lo único que pensó fue que el niño lo había cogido de la silla a través de los barrotes de la cuna, como solía hacer desde que cumplió un año. Pronto estaría preparado para dejar la cuna y dormir en una cama. ¡Su pequeñín crecía tan rápido!.
Ahora era hora de ir al parque, tal vez podría escuchar algún cotilleo sobre su cuñado y descubrir que estaba pasando que tenía tan nerviosas a sus vecinas, su marido se había ido al trabajo un par de horas antes, por lo que ella volvería mucho antes de que el regresara a casa. Ella había notado que, desde que le llegó una carta de su hermana diciéndole que había nacido su sobrino, su esposo estaba siendo mucho más odioso con sus vecinos de lo que normalmente era. Y desde ese mismo día, ella había tenido el presentimiento de que algo estaba a punto de pasar. Ella no sabía que era en realidad, solo sabía que fuese lo que fuese cambiaría su vida y la de su hijo para siempre, sólo esperaba que fuera para mejor. Ojalá hubiera escuchado a su madre cuando le dijo que no se casara con él. Casi podía escucharla decirle "Te lo dije", su frase favorita cuando ella, su hermana y su padre no hacían caso de sus consejos y luego se demostraba que ella tenía razón.
La mujer salió de su casa con su hijo, si saber que unas horas antes, a miles de kilómetros de allí, el destino de su hijo y de su familia, había sido sellado al aparecer el nombre del pequeño en el libro de registro de alumnos de Hogwarts. Su hijo lograría lo que ella no pudo, su hijo y su sobrino acudirían juntos al Colegio Hogwarts de magia y hechicería. Y pobre de aquel que se interpusiera en el camino de ambos niños.
Juntos demostrarían que eran dignos herederos de sus madres. Ambos les recordarían a sus enemigos el lema de la familia, un lema que su abuelo había inculcado en las mentes de sus dos únicas nietas, y que su propio abuelo había inculcado en la suya:
"Ataca a mi familia y no habrá lugar en el mundo donde puedas esconderte".
En el reino de Iris
- Ya sé quién quiero que sea mi primer cargo – dijo Regulus entusiasmado mirando al pequeño durmiente.
- No – dijo Iris con una pequeña sonrisa.
- Pero... – dijo Regulus confuso.
- He dicho que no, ya tengo a tu cargo, sólo que todavía no ha nacido y faltan unos años. Mientras aprenderás las funciones de un ángel guardián y me ayudarás, junto a Charlus y Dorea, a revisar la inmensa cantidad de documentación que se ha generado debido a las manipulaciones de Albus y el regreso de los Weasley y los niños – dijo Iris.
- ¿Quién será mi cargo? – preguntó Regulus.
- No puedo decírtelo, pero te va a encantar, formareis un buen equipo – dijo Iris sonriendo, haciendo que Regulus también sonriera.
- Vale – dijo Regulus resignado. Solo esperaba que Iris tuviera razón, y su primer cargo y él hicieran un buen equipo.
